lunes, 14 de marzo de 2011

No sé qué tienes!


No sé qué tienes, pero cada vez que me miras siento en mi corazón el bombardeo incesante de mil flechas que lo atraviesan sin pedir permiso antes de la guerra, y me rindo ante la tentación de sentir el amor de nuevo, pese a que mi conciencia me manda lo contrario, porque ya he sufrido lo que en una vida y dos más, porque siento como nadie en el mundo y no podría soportar ver quebrantarse mi voluntad ante tus pies. No sé qué tienes que me haces desvariar con solo sentir tu voz que está deambulando cerca, donde pueda escuchar los quebrantos que invaden los tonos claros de melancolía, respirando al tu ritmo y rogando a Dios que nunca te alejes de mi.
No sé qué tienes, pero me gusta que me mires, que me dirijas una sonrisa esquiva y coqueta en los pasillos, que no me hables con palabras, pero que con los ojos me digas todo y me dejes fantaseando la tarde entera hasta que te vuelva a ver y poder pensar en otra cosa que no seas tú o cómo conseguirte.
No sé qué tienes que me llamas la atención de tal manera que no encuentro motivo alguno para alejarme del alcance de tu nombre: donde termina, se acaba mi mundo y el aire que puedo respirar sin dificultad.
No sé qué tienes que me es difícil escribir esto….


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 11 de marzo de 2011

SENTIDOS




 Oler un perfume que descansa en el cuello
De una camisa almidonada de momentos mejores,
Y presentir la razón por la que quedó como sello,
Haciendo que alguna clase de romance crezca con las flores.

 Después de un tiempo, palpar las manos y la piel entera,
Estremecerse hasta el éxtasis con una fantasía,
Conocer de la vida con perversidad certera
Que enloquece los sentidos, dejando olvidada la agonía.

 Deslumbrar los ojos con la desnudez primera,
Y quedar catatónicos con la dulzura de la sangre en fulgor,
Aceptar el destino, la luna, el invierno, la primavera,
Y sentir en el alma cuando se mezcla sexo y amor.

Escuchar tremolando los divinos alaridos,
El crujir de las maderas, la fricción de la cama,
Continuar hipnotizados, uno contra otro, gemido a gemido,
Cambiar las palabras por el placer que se aclama.

Terminar la travesía con besos demenciales,
Y sudor empedernido que resbala por el rostro,
Descubriendo con los labios caminos celestiales,

Y caer exhaustos uno al lado del otro.

ESCRITO POR : FRANCISCA KITTSTEINER

ÉL...


Él tiene veinticinco, parece de treinta y piensa como si tuviera diecisiete. Yo tengo dieciocho, parezco de veinticuatro y pienso como si llevase ciento cincuenta años acuestas.
Yo soy parte de su vida y mi vida entera se resume a él…
Por él he vivido muchos más años de los que llevo respirando en esta tierra, condensando mil reencarnaciones, adelantando mi futuro y mi pronta muerte con tal de verlo sonreír.
He dejado en suspenso las temporadas que nos enfrentaron con las reiterativas y pérfidas despedidas, manteniéndome intacta, tal cual como él podría recordarme, prendida a la promesa de que volverá cuando amanezca Septiembre 8 y sienta su aliento cerca de mi boca en vez del frío matutino, sin embargo, ese día rehúye de mis encantos lascivos… por él, yo soy Penélope.
Él me ama, es cierto, pero yo lo deseo, lo adoro y lo extraño. Te extraño, mi Odiseo, más todavía por las noches. Falta tu calor trémulo junto a los arcos dorados de mi espalda, el asecho constante en los límites de lo permitido y el pecado. Extraño las invasiones de legiones sanguinarias sedientas de locura carnal, los recorridos a ciegas de tormentos espirituales, barreras pudorosas que contaminan el prodigio de la satisfacción momentánea. Extraño sucumbir ante el insomnio, no por falta de sueño o acumulación de cansancio, sino por su escasez y el miedo lacerante de perder un segundo de su exquisito mirar penetrante, tímido y febril. Extraño no querer dormir, las respiraciones agitadas, la sonrisas a medio morir y el descanso en tu pecho palpitante.
Yo soy la unificación de sus reglas solicitantes y él, es la excepción a todas mis reglas.
Doblega mi voluntad con una magnitud increíble, aunque sigo en pie, erguida y firme, entonces, ataca por donde sabe que faltan vigilantes y puertas de acero forjado en la llama de un amor en explosión retenida, son débiles, haciéndome caer en sus brazos, enredándome en sus sábanas, asfixiándome en besos dulces y desesperación.

Él es el príncipe del cuento y yo la cenicienta a medio camino del baile, divagando entre las opciones que presenta una encrucijada nunca antes conocida, sin mapa, sin madrina, sin escolta ni cochero, solo yo, armada de coquetería ensayada, un lápiz e ideas abruptas con tonalidades de incoherencia clara, con la ofrenda de un corazón casto entre las manos y un abrazo que no aguanta la represión eterna ni un minuto más. Soy una cenicienta descalza que sacrificó sus cristales para adornar las lágrimas que él derrama.

Él se va y yo me quedo, siempre en espera perpetua, disfrutando de los recuerdos tórridos e ignorando las luces fluorescentes de nuevos romances que buscan mi atención con llamados seductores. Cuando él no está, soy ciega porque mis ojos se niegan a ver otra cosa que no sea su rostro hermoso, soy muda porque no puedo pronunciar palabras que atenten contra las suyas y su corazón, soy sorda porque no existe sonido si su voz no está mezclada en el aire de primavera y en los alaridos del mar. No existo, porque no hay pensamientos que camuflen mi agonía. Soy solo un cuerpo al que le robaron el alma, la esencia y los matices de relativa felicidad. Cuando él vuelve, vuelve también Francisca, los colores habitan de nuevo las sombras, se oye música en medio de un temporal, veo auroras desplegarse en el cielo y hablo de mi amor perenne....



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

PATRAÑAS


Parece que el destino nos quiere juntos, pese a que hemos renunciado al trayecto que hay que recorrer tomados de la mano, pese a que hemos separado los caminos, en los miles de desvíos que nos presenta la vida y nos resignamos a continuar sin compañía, justo ahora que aprendí a olvidarte de una manera extraña fundida con el recuerdo apetitoso de tus besos ahumados con chardonnay del 2001.
parece que el azar está ligado a tu nombre, a tus mandatos y deseos y hacen de mí una esclava que tiene que acatar con la cabeza baja, sumisa ante la redención que profeso a tu imagen sagrada, consumida por las acciones que la vulgar coincidencia me obliga a realizar. ¿Qué tienes? ¿Qué haces? ¿Qué tipo de trato tienes? ¿Y con quién? ¿Por qué nos siguen nombrando juntos? ¿No es acaso que esto terminó mucho antes de empezar? ¿Por qué Ignacio?
El mundo entero no es lo suficientemente grande como para perderte en un lado y yo en el otro. Hay algo que insiste en mantenernos unidos (aunque muchas veces yo no quiera), que juega a acercarnos hasta el límite que podemos soportar, nos acostumbra a la presencia punzante del otro, a las discusiones triviales y las competencias por el último beso tibio del día y de la nada, uno tiene que partir lejos (como tú hace un par de años), recomenzar a vivir en absoluta soledad, hacer de tripas corazón, secar las lagrimas y continuar… ahora, soy yo la que tengo que cambiar de rumbo, más cerca de ti que de mí en este instante, y no porque lo así lo dispuse, sino porque el “destino” me manda, se camufla como LA oportunidad que tengo de salir de donde estoy y de ser grande en un futuro pero ¿estarás tú en él? ¿Y si no acepto? ¿Y si me quedó petrificada con cemento en los pies? ¿Tendré que ser valiente? ¿Otra vez?

Parece que la batalla encarnizada que libro con mis pensamientos por expulsarte de mi cabeza, la perderé conforme pasen los años y los Dioses hagan de nosotros lo que les plazca, destruyéndonos, acabando con nuestras esperanzas porque tienen envidia de lo que sentimos estando en esta cercanía relativa a la hemos habituada, solo, y en esto hago hincapié, porque no tenemos alternativa. Nos envidian y descargan sobre nuestras cabezas la furia que los victimiza. Nos odian y disfrutan con el sufrimiento que provocan en mí cuando te vas, vuelves, luego te vas, y no regresas y en ti, cuando desfallezco por un abrazo, por las veces que juro al cielo no repetir tu nombre, porque me hace daño, aunque es lo único que me mantiene cuerda, que me exige resistir.

Sea lo que decidamos, es lo que nos tocó, la infinita separación, los reencuentros con puntos suspensivos, las noches que nos faltan por concretar y que son causal de mi funesta demencia, los rastros de tiempos mejores, las maldiciones que invento cada vez que se repite la historia, cada vez, que recuerdo el porqué de todo, cada vez que te arrancan de mis brazos con premura dejándome a tirada a mi suerte, lamentando el hecho de haberte conocido y contigo al amor, el cariño, mi perdición.
Cada vez que intento borrarte, hay algo que me recuerda que dejaste marcas de fuego en mi piel, que hay senderos inexplorados por las manos y que tientan al descubrimiento y conquista de lugares que nadie ha habitado antes. Hay veneno en mis labios para quien intente probarlos y que no seas tú, hay alambres en mis ojos, paredes en mis oídos, ladrillos en mis pies y nieve en mis pensamientos, es la condena que cargo por amar a quien no debía, por retar al destino y salir perdiendo.

Cada vez que me alejo de ti, hay más de una forma de toparse con tus ojos verdes escarlata.
Cada vez que trato de odiarte, crece el ímpetu maquiavélico de arrepentirme de lo que he dicho, y castigar mi lengua por profanar tu sagrado nombre…

Esta vez…me abandono mi afán y me entrego a lo que se viene… beso los azotes que he de sufrir.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

CAER


Caer juntos, de pronto8, en el lecho,
Estremecerme de caricias sin tocar suelo,
Encontrarnos en las sábanas y en silencios estrechos,
Llorar de alegría al saber del consuelo,
De escuchar tu latir fundido en mis pechos.
Extasiados del yermo pasional,
Los dos sin amnistía, cegados en los hechos,
De encontrar un cuerpo al desnudo y carnal,
Tendido a un lado, trepando manos cuales helechos,
Descubriendo lugares, fronteras, parajes y un arrabal
De gemidos errantes que se elevan hasta el techo,
Desapareciendo tras tocar la luz del hastío matinal.

Rancagua, 7 junio de 2010


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

LIBERTAD


Ayer me acordé de ti, sólo por un momento, pero lo hice. Sentí nostalgia. No de ti, sino de nosotros.

Siento que estoy traicionando a lo que creamos por generación espontanea, y que de la misma forma, falleció. Asumo que tenía que pasar.

Trato de sacarte de mi cabeza y reemplazarte cada vez que puedo con un poco de rencor amoroso, envenenando a cada célula de mi cuerpo que osa hacer frente con rebelión inoportunas, sobre todo las del corazón, condenándolas a la apoptosis suprema del olvido.

Ahora volví a pensar en ti, por eso estoy escribiendo esto. No de hecho, buscaba entre cosas antiguas un vestigio de mi existencia, la Francisca que algún día se perdió y que hoy intenta retornar a casa cuando le han cambiado los mapas, y apareciste tú. Creí haberme deshecho de lo que te trajera de vuelta de esa caja oscura, donde te confiné hace algún tiempo, pero creo que el destino disfruta con hacerme malas pasadas vez que puede ¿su afán? El retenerte fiel.

Ya no quiero volver a verte, ni saber de ti, ni escuchar tu voz, tus pasos, tus suspiros al mirarme ¡ya no quiero quererte! Y así como aclaré mis dudas acerca de mi futuro porvenir, aclararé el odio que te profeso como máxima religión de la que soy partidaria.

Una flor, de esas que me regalaste, ya no lo serán más, las transmuto en cardos espinosos, en un bombardeo de coprolalia afónica con sonetos agridulces por palabras sabias. Los cielos se cierran escondiendo la cara a las maldiciones que te hecho encima, porque, y en serio lo digo, son hurañas y con ordenes de matar. Las canciones que solíamos oír, los chistes estúpidos que el ocio nos hacia inventar, desaparecieron, dejando el silencio que en los sepulcros suele haber.

Te obligo al averno descender, a ser consumido por el orgullo que rompiste y que era mío. El infierno es tu puesto. Y pese a todo lo anterior, no me siento culpable de odiarte tanto.

Yo hice las advertencias necesarias, que no las escucharas no es mi problema, como si lo es el daño que me auto infrinjo al romper mis propias reglas: las de no enamorarse, las de no querer hasta el colmo, que no es sano, definitivamente no es sano, las de no caer en locura pasional, las de vivir la vida que pertenece a los muertos.

Ahora, se me ha hecho muy tarde y hay mucho por hacer aún, pero me quise dar este tiempo para, de una vez y para todas, decirte lo que tenía atravesado en la garganta y que por fin, puedo digerir.

Es agradable respirar del aire puro, sin tu aroma… es agradable la vida… es agradable sentir la libertad…




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

SE LE HA PODRIDO EL CORAZÓN


Ahora veo que el tiempo es sabio, que el destino tenía razón...
al hombre al que amaba se he podrido el corazón,
ahora es un colgajo de amargura, distinto al que se marchó,
lleva de roca la armadura, por ningun lado un Subercaseaux.

Ahora entiendo las lágrimas, la repentina separación,
solo era un vaticinio, la retórica representación
de nuestras vidas alejadas, asesinado el amor,
hechos trizas los planes de olvidar el dolor.
El dolor lascerante de un romance sin control,
que alguna vez nos tomó de rehenes, espíritus en reencarnación,
y que nos dejan morir nuevamente sin ninguna compación
por el alma que aún gime, que aún tiende a aceptar el perdón....

Al hombre al que amaba se le ha podrido el corazón...
no merece que lo recuerde con tanta desesperación...

Ya no rezaré por ti, desde hoy comienza tu camino hacia la perdición,
y cuando vuelvas a mi lado, ya no existirá nuestra historia, ni una puta canción.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 7 de marzo de 2011

ME ESTOY ENAMORANDO


CCreo que me estoy enamorando de nuevo,
Pero no quiero asumirlo porque daña mi cordura,
Convirtiéndome en otro eslabón en la cadena del juego,
Un simple soldado despojado de su armadura.

Creo que me estoy enamorando sin que me dé cuenta,
Aunque no hago nada para impedir la conquista
De mi frágil espíritu destrozado y sin puerta
Que detenga la caravana del llanto masoquista.

Y es porque en tiempos de flaqueza atacan los amores
Porque no brillaron hasta que cayó en el manto de la oscuridad
Sobre mis ojos caducos que siguen lamentando sus dolores
Por otros que no me tenían lo que aparentaban de humanidad.

Me entrego lánguida a lo que dicte mi corazón,
Pese a que levante conspiraciones de guerra sangrienta
En contra de lo poco que me va quedando de razón,
Que ya se ha alimentado de ilusiones reventadas y sigue hambrienta.

No sé si sea lo correcto o actúo porque me aburrí de conformarme,
No sé si sea mi desquite en contra del mundo entero,
Pero ahora se me antoja que él comience a mirarme
Con los ojos que yo tengo de romántico pendenciero.

Creo que me estoy enamorando y me dejo enamorar
Porque tengo sed de besos dulces y tiernos desde hace mucho,
De abrazos apretados donde la lasciva puede morar
Sin que la azote la coherencia ingrata con la que lucho.

Es el motivo que tengo para continuar el camino pedregoso
Que se ha puesto antes mis pasos tambaleantes e indecisos,
Que me conducen hasta la entrada al infierno forzoso
Antes de encontrar mi calma en sus labios precisos.

Si he de morir por el error que cometo en pleno uso de mi mente
Que así sea o que me encierren por cobarde y loca
Si se me ocurre correr en dirección contraria para salvarme de la muerte
Y perder lo que más anhelo al haber tirado la primera roca.

Creo que me estoy enamorando...Creo que ya estoy enamorada…






ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 4 de marzo de 2011

NO ME GUSTA



No me gusta sentir lo que empiezo a sentir,
Porque me vuelve vulnerable a los deseos del destino,
Obligándome por tener miedo a vivir
Y  a mantener los ojos cerrados mientras absurdamente camino.

No me gusta tener que pensar todo el día en alguien especial
Teniendo que enfocar mi vista tras sus pasos
Coartando mi albedrio y reduciéndome a lo esencial
Dejándome vulnerable para caer en sus brazos.

No me gusta rezar por él en la noche antes de dormir,
O preocuparme por las sorpresas que traerá la fortuna
Porque presiento ataques de galantería sin a nadie prevenir
Que estoy por perder la guerra sin ganar si una batalla.

No me guste tener que temerle a lo oscuro,
Pensando que esta vez no va a parecer de entre la nada
Aniquilando cada minuto que con el odio que mesuro
Provocado por la potestad de mí actuar ausente y resignada.

No me gusta que me quite el sueño cada que se le antoja
Y que lo devuelva cuando se aburre de su compañía,
Haciéndome débil para despertar a la cobardía que en mí se aloja
Cuando aquí, conmigo, quitándomelo por placer, debería.

No me gusta que seas tú por quién yo escriba estos versos
Y no me gusta que te hubieras clavado en mi pecho tan fuerte,
Porque conozco como piensas y tus planes perversos
De venir y robar lo que me resta de corazón para marcharte de repente.

No me gusta darte el tiempo para que te apoderes de mí ser,
Ni de mis secretos enterrados o del pasado del ya muerto
Porque no volviste cuando se suponía tendrías que aparecer
Porque la luz de mis ojos se apagó después de dejar mi mundo incierto. 

No me gusta imaginar que no estarás conmigo en mi sofá desierto,
Y me rehúso a aceptar las trampas vengativas de Cupido
Porque así como me derrota más sale al descubierto
Que jamás fue menester dejar este amor interrumpido.

No me gusta que me gustes tanto ni menos ahora,
Pero, qué le voy a hacer si así me lo dicta la conciencia
¿Pelear contra ella y contra ti para conseguir que pase la hora
Y disipar las nebulosas de espera que me agobian la paciencia?

No me gusta que estés lejos viendo solo el amanecer en el tren
Preferiría que me abrazaras hasta que se acabe el infinito
Y dar rienda suelta a nuestras manos para que demuestren

Que pertenecen la una a la otra porque así el mundo es más bonito. 


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 2 de marzo de 2011

UN CIELO LLENO DE ESTRELLAS


Cerré los ojos y mil estrellas resplandecieron de entre la oscuridad, siendo un vaticinio de que todo estaría bien, que ya no había más porqué llorar, que los días de penumbra se acabarían para mí. Aparecieron cometas incendiándose uno por uno en un suicidio masivo, acabando con las penurias que continúan asechando al universo en expansión, cayeron al vacío.
Los soles brillaron en la gala de valses suaves que Dios tocaba para calmar los conflictos que mantengo conmigo misma y me tomaron la mano, haciéndome girar hasta caer rendida sobre nebulosas de algodón. En ese momento, supe cuál era el rostro de la gloria y potestad.
La noche era el día y el día era una invención a la que me aferraba, pero ya no más.
Ya no me dolían los parpados de tanto llorar en vano y el peso que Prometeo puso sobre mis hombros en su ausencia, cada vez disminuía, pudiendo respirar la tranquilidad tras un largo tiempo de desconocer el concepto. Volvió la somnolencia, los perros dejaron de ladrar, el viento masajeaba mi piel y fluyeron las palabras que se habían dispuesto a desaparecer por rebeldía a mis suplicas. Pude escribir, descubrí que era más que una cara bonita y un cuerpo atrayente, aclaré mi fortuna y era buena, próspera, pero tenía que esperar….
Comenzaron a soplar aires de tiempos mejores, cuando sucumbía ante la asfixia de la polución empedernida que afanaba con entregarme a la parca por diversión. Yo ya no era el bufón de la corte, sino la señora ostentaba la corona y el cetro….
Las galaxias me rendían honores al pasar entre ellas, proclamándome su reina y libertadora de las aprensiones ufanas que un mendigo les prometía. Era yo de nuevo y a nadie se lo debía, excepto a mí.
Entendí al final, el valor de los sacrificios que tuve que hacer; pagué el precio que tiene la victoria con sangre caliente y no me arrepiento, porque es empalagosa y saciaba.
Recuperé la confianza que me robaron, descongelé mi corazón esperando que alguien venga y lo reclame como suyo.
Di sepultura a mis fantasmas y el planeta cupo en mi palma, luego en una perla y lo puso como diamante de un anillo que no me quitaré hasta el día en que me arrebaten la vida en batalla.
Tenía un fin mi existencia, un propósito, un lugar donde ir, cuando rebeláronse los mapas de mi viaje al infinito y me sentí orgullosa.
Entendí quién era, por qué estaba aquí, por cuánto tiempo, si tendría compañía, cuándo fue que desaparecí y cuándo encontré el camino de regreso a casa, todo cuando cerré los ojos y vi un cielo lleno de estrellas multicolores.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

¿QUÉ PODRIÁ SER LO QUE ME HACE AGONIZAR?




¿Qué podría ser lo que me hace agonizar?
¿El retenerte a mi lado o el quererte olvidar,
Sentimientos malditos encontrados
De frente al quererte encarar,
Al decirte que te amo, y que no lo puedo controlar,
Que eres mi vida, mi presente y toda mi realidad,
Que es imposible que te quiera si yo te amo?
¿Qué podría ser lo que me hace agonizar?
¿Las ganas de adorarte contra mi propia voluntad,
El deseo escondido bajo un nombre varonil,
Aquel causal de mis desgracias, el causal de mi fin?
¿Qué podría ser lo que me hace agonizar?
¿El vestigio del recuerdo de lo que pudo pasar,
La imagen presente que mi mente no ha logrado borrar
De mis memorias crueles que me han de condenar
Por no tener la valentía de tomarte sin luego tener que escapar?
¿Qué podría ser lo que me hace agonizar?
¿La amarga displicencia que me hace pensar
En cosas del pasado que no puedo perpetuar
O el olvido desquiciado que no me deja continuar?



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

SE BUSCA



Se busca a alguien capaz de arriesgarse en la conquista
De este suicida  corazón legendario.
Se busca  caballero de armadura acorazada detallista
Que arriesgue su vida para detener mi calvario.

Se busca compañía nocturna en los laberintos de las sábanas,
Que a media jornada se vuelven de acero y son frías al invierno.
Se busca joven intrépido, ágil de caricias siniestramente cargadas,
Coqueto en la dicha y sutil en el más puro encanto de un romance tierno.

Se busca a quién pueda procurar un beso divino a estos labios secos,
Y estremecer con el aliento a unas piernas débiles y enmarañadas.
Se busca consuelo cuando el viento suena  entonando sus ecos
De guerras futuras, con sacrificios de piel e historias de lujuria procuradas.

Se busca príncipe azul, verde, rojo o burdeo  como pareja en el baile
De esta triste Cenicienta enclaustrada en sus harapos hilachentos.
Se busca un segundo que nos aparte de todos para flotar en el aire,
Despojados de ataduras y sin  las trabas de los arrepentimientos.





Se busca escolta para el resto de mi vida agitada
Que tenga conciencia del lío en que se está metiendo.
Se busca fiscalizador externo de ojos grises y moral relegada,
Por años de hambruna sin boato y de pasión sediento.

Se busca un amigo con ganas inefables de dejar de serlo,
Y se aventure al galope contra mis fortalezas enemigas.
Se busca  un ladrón que me quite todo lo que tengo,
Para que a mi vida con tu amor bendigas.

Se busca quién alumbre mis pasos cuando siento desvelo
Y me cuente canciones de tiempos mejores pasados.
Se busca comprensión oportuna que sostenga mi pelo

Cuando las lagrimas tiñan hasta mis pies cansados.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 1 de marzo de 2011

Cuando hay penumbras...



Cuando ya no hay luces en las calles es cuando comienzo a pensar en ti, en lo que pudo haber pasado si hubiera sido capaz de distinguir los colores que habitan en las tinieblas de los ciegos, si tan solo, en uno de los tantos abrazos, te hubiera retenido por un segundo más entre mis brazos que quedan vacíos de tu esencia, a la que, fatídicamente, me he acostumbrado a percibir cerca.
Cuando ya no corre viento y las copas de los arbolas son iluminadas por el plenilunio, sucumbo en las trampas que mi mente crea para atormentarme por ser cobarde de lo que no me atrevo a entender, por ser víctima de las mentiras que invento para mantenerme segura de la realidad, tibia entre las frazadas que mis fantasías depositan sobre mis hombros y quedo ensordecida sin poder escuchar los llamados cándidos que tu voz dulce me hace bajo las entrelineas de una conversación mundana. Soy cobarde...
cuando aúllan los perros y no me dejan dormir, es cuando pienso en las mil formas que puedo disponer para pasar solo un segundo más a tu lado, las excusas que acompañan a mis motivos y las ganas que tengo de que se acaben algún día, pero sé que no lo harán porque han nacido cuando yo nací y morirán cuando yo muera, al igual que las ansias por poder escribir lo que siento en lo más hondo de mi pecho, pero que no encuentro la forma de hacerlo...Creo que dentro, podría habitar la verdadera razón que me impulsa a seguir, pero me da miedo (como el resto de las cosas) averiguar.
Cuando las estrellas aparecen brillantes en el horizonte es cuando comienzo a entender lo que no he podido hasta ahora, y veo que me he olvidado de vivir, que desde hace años que no soy la protagonista de mi historia, sino que las vicisitudes de mi limites me mantiene confinada en la torre de los reos, abandonada a mi suerte, sin príncipe que me rescate, porque yo los mantengo lejos. Soy prisionera de mi misma, de mi cabeza, de mi conciencia egoísta que no me permite ser feliz de la mano de alguien. Soy esclava de mi presente, temerosa de mi pasado y víctima del futuro.

Cuando ya no hay más canciones por escuchar me convierto en Rapunzel siempre a la espera de que, en el horizonte, llegase a aparecer quién venga a rescatarme y se lleve de mi la amargura y las nostalgia que vienen a visitarme al caer el sol. Soy Rapulzel a la espera de bailar el primer vals guiada por el que le ha robado el corazón sin previo aviso. Soy Rapunzel enamorada de los cuentos de hadas y de la belleza de los sueños. Soy Rapunzel sin cabellos que soltar.

Cuando ya no hay ruidos, mi imaginación comienza a volar y me lleva a donde tú estás, donde ya estuvimos, y donde podríamos estar…
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© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.