viernes, 29 de abril de 2011

CONFUSIÓN










Hay tantas cosas dando vueltas en mi cabeza, que casi no escucho lo que dice alguien delante de mi, aunque éste muriese delante de mis ojos, creo que no me importaría mucho, porque todo para lo que tengo tiempo y dispocisión es para lo que está relacionado a ti, pese a que yo no provoque lo mismo sobre tu mente ¿Por qué? ¿Acaso eres inmune a la artillería de seducción que desenvuelvo ante tus ojos cansados y somnolientos? ¿No gustas de mí?





Y es que me atrapaste con solo decirme "hola", cayendo de rehén en tu trampa quisquillosa y si hay que esperar hasta que el cielo se desprenda del piso de Dios para que me mires distinto, sepas lo que ocurre dentro de este pecho acorazado y cambies de parece, te armes de valentía y te atrevas a lanzarte al vacío tomado de la mano conmigo, ten por seguro que esperaré, cual Penélope vigilante por su Odiseo.





Hay tantas ilusiones sin bases cementadas que se elevan narcisas sobre mi sien, que opacan la luz del camino opalescente que trato de seguir. Tengo miedo de no encontrarte en un futuro, de no poder llegar a degustar la lascivia desde tus labios, de no abrazarte cada que se me venga en gana, de no ocupar un lugar en tus pensamientos, de ser simplemente silencio cuando te hablen de mí...tengo miedo de que esta vez, todo quede en nada.





Me hablan de contexto, de emisor, receptor, pero me es indistinto, solo tengo ganas de tomar mis cosas, pararme y confesar lo que ocurre en mí cuando llega la noche y las ideas revolotean bailando un tango con olor a naftalina avejentada, de tomarte y darte un beso para luego, desaparecer entre la caterva. Creo que he perdido la templanza de la que hacía alarde.





Hay un reconcomio carroñero por tu culpa, pues no haces otra cosa que quedarte quieto, estático, pero que sigue siendo el candil de mi ser: no existe explicación lógica en los Reales, ni en los Imaginaros....










ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

domingo, 10 de abril de 2011

CONFESIÓN


No sé la causa funesta de la maldición que me ha tocado sobrellevar: mi falta de entereza en el criterio débil que tengo como carga perpetua; la fragilidad casi absurda de mis emociones y el vestigio estacional de depresiones profundas que ocupan el alma sedienta de drama de mi dolor carroñero.

Ya no me puede arrepentir más de habar elegido la vida que pretendo vivir, porque no soy tan fuerte como creí serlo en su tiempo remoto ¿ué pasó conmigo desde entonces?  ni  Dios sabe y tampoco tiene tiempo ni ganas de averiguarlo por su mano o por las inquisiciones apresuradas de espías volátiles revoloteando entre mis pensamientos huraños de tantas ñácaras que se han infiltrado por los recodos hambrientos de épocas mejores ¿No pudieron haberme escogido otro tipo de afán por el cual, mantenerme firme frente a los enemigos dispuestos a dar con las flechas cargadas de andróminas boáticas, justo en el centro de mi herida supurante de incertidumbre? aún me aferro a la posibilidad de despertar un día y que el monzón haya amainado, dejando catástrofe por doquier, pero sin afectarme tanto, o simplemente, jamás volver a despertar.

Puede ser que yo sea la custodia de los males dispersos en el mundo y todo porque no tengo otro propósito que regar las semillas de marañas con mis lágrimas opalescentes que cautivan don demostraciones lascivas la locura de la tierra agonizante.
Podría ser que grandes pesares tenga que aguantar, que prepararon mi espíritu sin adiestrar para recibir el cambio de mi dolor: la llegada ansiosa del final de mis tribulaciones carentes de arlequín que las interprete.
Siento que no hay manera de no volver a llorar de noche, no menos a la edad que se dice que tengo, ni podré detener el efluvio del hálito espectral que se ha enamorado de mis ojos cansados, rojos y sin líquidos que ofrecer como pago de rocío a la mañana tenebrosa que espera por mí a la vuelta de la rueda.

Hay tanta sangre en mis sueños que ha comenzado a tener miedo de dormir, caminando entre las personas como un espanta cuervos que no hace otra cosa que llamarlos con los encantos de los que fue despojado porque su pobreza no le hacía parte con la belleza demoníaca de su concepción febril. creo que las musas sienten envidia de mí, que Venus ha redirigido su ataque contra mis pasos ciegos, que Hera ha visto como Zeus osa mirarme y me considera una amenaza latente, por lo que han unido fuerzas para provocar mi afable destrucción y no me lastima decir: lo están logrando...

¿Cuándo yo muera se habrá muerto también el último poeta? ¿Se acabaran los versos enardecidos, pasionales, orgiásticos, inexistentes y silenciosos? ¿Habrá una nueva forma de reír aguantando el nudo de remordimientos condensables en la garganta abstemia de humo con matices de menta en descomposición tardía? ¿Será una buena hora para imaginar la constelación dedicada al lapsus tomentoso que tuve que aguantar pese al rechazo antecedente de mi voluntad corrompida? ¿Por qué tengo tanta sed? ¿Esta es culpa mía por permanecer atada al recuerdo lacerante de un romance destinado al fracaso supremo tras años de convertirse en metástasis en torno a mi corazón repleto con cáncer de ausencia? sí, definitivamente, esto es tú culpa y te responsabilizo de mi defunción por falta de besos salinos y caricias antisépticas, de abrigos lánguidos en tus brazos incipientes. Yo te culpo de asesinato calificado en complicidad absoluta con la exanguinación de llagas sin procurar.
Yo te culpo de todos mis males y presta atención que son demasiados para anotarlos en cualquier lado.

Confieso que aprendí a mentirme, a tomar esas mentiras y amalgamarlas con mis más paupérrimas esperanzas y credos efímeros. Declaro, en pleno uso de mis facultades cognoscitivas que ocupo falacias para poder dormir sin sentir explotar mis caudales de napas virginales y que no me da vergüenza alguna, porque es el único opiáceo que anestesia los urdidos planes que traigo asimilados en las células, de derrocar a mis verdugos, tomar su lugar y sus cabezas como trofeos que debo ostentar antes que se acabe mi suspiro de intereses triviales.

Miento, pero solo a mí misma, para poseer algo por lo que agradecer antes que el letargo empaste mis párpados con concreto refinado y transforme en quimeras carnívoras mis fantasías fluviales.

Y todo lo que hago por esta humanidad relativa que me va quedando es llorar y escribir en párrafos de difícil entendimiento y rendirme ante las evocaciones que el destino idealiza como lo mejor para mí, siendo claro, que lo mejor es quitarme los miedos y la libertad de engañar sin darme cuenta.




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

sábado, 2 de abril de 2011

HOY...


Hoy, sé que él ya no vendrá,
Pues se marcha de mi lado
Para nunca regresar.
Deja pronto, los recuerdos enterrados
Y escondiendo la verdad,
De que yo lo amo,
Como jamás lo debí amar.
Hoy se cierran mis labios,
Los que ya no besará,
Porque el destino ha separado
Los caminos que habríamos de cruzar,
Convirtiendo al tiempo en verdugo manipulado,
Que destruyó la felicidad,
La que celosamente he guardado
Dejos de la tormentosa realidad.
Hoy, nuestra historia acabará
Mas, qué puedo hacer yo, la que ha jurado
Amarte toda la vida, toda la eternidad.
Solo esperar a que de llanto
Mis ojos se hallan secado
Para, así, algún día verte retornar.

ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER
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