martes, 23 de abril de 2013

LLANTO PERDIDO



¿Dónde estás?
¿Quién eres, amor?
¿Tiene tu nombre rostro conocido?
¿Sabré reconocerte entre la ceniza?

¿Por qué tardas tanto en llegar?
¿Qué te entretiene lejos de mi falda?
¿Me haré vieja esperando?
¿Llegarás al amanecer?

¿Te llevarás el frío de mi piel?
¿Traerás primaveras eróticas?
¿Hay algo más allá del vacío?
¿Y si muero y no apareces?

¿Existes siquiera?
¿De qué color son tus ojos?
¿Y a qué saben tus mordiscos?
¿Se retorcerá el Diablo en su tumba perpetua?

¿Amaste antes de venir por mí?
¿Y si tú no me reconoces al pasar?
¿Te conozco acaso?
¿Temblará en un par de horas?

¿Y si bailamos mientras tanto?
¿Y si el vino ayuda?
¿Cuántos suspiros tengo que expeler aún?
¿Importa acaso, que te escriba?

¿Habrá catástrofe esta noche?
¿Y si envenenamos a la noche en lascivia?
¿Se detendrá el hambre de besos?
¿Dormiré en tus brazos?

¿A que huele tu cuello?
¿A qué saben tus aromas?
¿Será mía tu perdición?
¿Dejará de doler mi pecho?

¿Hay victoria para mí, si me congelo?
¿Hay batallas que luchar por conseguirte?
¿A quién debo matar?
¿Quieres que lo haga sufrir?



¿Puedes ser más perfecto de lo que espero?
¿Serán tus manos garridas?
¿Una taza de café con limón?
¿Caricias con gusto a menta ahumada?

¿Cicatrices, cenizas, cenicienta, sin príncipe?
¿Príncipes sin corona, corona sin reino?
¿Reino sin castillo, castillo sin romance?
¿Romance sin amor, amor sin nosotros?

¿Futuro sombrío sin el candil de tus ojos?
¿Y si a mis ojos son ciegos los tuyos?
¿Palabras, versos, bostezos, cansancio?
¿Dónde vienes?

¿Por qué demoras tanto?
¿Por qué las fuerzas flaquean los miércoles?
¿Traerás flores o serenatas?
¿Y si mejor traes nada?

¿Te duelen los labios, tanto como a mí?
¿Me extrañas de vez en cuando?
¿Aparezco en tus sueños febriles?
¿Te gustaría que yo emprendiera rumbo de colisión?

¿Alguien te dijo que soy sirena?
¿Bruja, doctora, asesina?
¿Amante, doncella, gitana?
¿Gigante, pequeña, peligrosa?


¿Qué necesitas de mí?
¿Y si no lo encuentras?
¿Habrá desesperación si titubeo?
¿Y si Dios se opone?

¿Viene roto tu corazón?
¿Lo podré sanar con cirugía o cirugía de lisonjas?
¿Quieres que lo sane, primeramente?
¿Y si mueres en pabellón?

¿Entiendes lo que digo, o cambio de idioma?
¿lo sé o debo aprenderlo?
¿Me enseñas?
¿Ya empecé a hablar estupideces?

¿Te rendirás a mis palpitaciones?
¿O debo conquistar tus flotas?
¿Traes ejércitos de barro?
¿Atacarás cuando todo este oscuro?

¿Tienes ganas de jugar a las escondidas?
¿Cuánto tiempo más demorarás?
¿Y si me voy a dormir por hoy?
¿Te presentarás en las tinieblas?

¿Y si el ruido desaparece, oiré tu voz?
¿Contestarás a mis gemidos?
¿Cantas algo para aturdirme?
¿Regocijarás mi alma indemne?

¿Se acabará el mundo?
¿Llegarás antes de eso?
¿Tú destruirás el mío?

¿Tendré mi final de cuento?


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

MURIERON LAS SIRENAS


Hay tanta belleza desplegada frente a mis ojos, kilómetros infinitos de mar turquesa, caravanas multicolores de peces que flotan por la rivera de la costa y la brisa de juventud que viene a tocar mi hombro preguntándome el porqué de la amargura que se amalgama en mis ojos cansados por falta de un sueño tranquilo o a quien dedicarle mis quimeras sin miedo al rechazo pueril de cualquier que los ocupe por tiempo contado. Tanta vida percibida bajo mis pies descalzos, y sin embargo  se congelan en la espera intermitente de que al volver a casa, mi suerte haya cambiado de la tierra a la luna dos veces, ida y vuelta, por un acto de magia o mera redención de la cantidad de pecados que cargo sobre mi espalda; tanta energía me regala el sol que me es imposible no devolverle a cambio una sonrisa por tratar de levantarme el ánimo, aunque sea inútil, porque me falta algo, pese a que lo tengo todo.
Me falta la candidez de un amor tierno que me acompañe justo ahora, en vez de estar escribiendo lo que me condena.
Veo tantas cosas hermosas y ninguna de ellas consigue sacar de mis pensamientos ese par de ojos verdes que nunca parpadean, que me observan desde las sombras, como si yo fuera la presa de un cazador oculto tras muros de concreto y a 10.00 kilómetros de distancia de mi cuello, porque lo único que espero es que clave en él sus colmillos feroces o que lo llene de besos dulces de principio a polo, pero no, nada, y vacío y la brisa que afana en recordarme que todavía quedan muchos años por vivir para sufrir tanto, en tan poco tiempo y por tan poco a secas.
Solo la melodía intermitente de la canción mas triste que se me puede ocurrir ocupo el lugar del sonido de las olas y veo los cadáveres de las sirenas salir a la superficie, mutiladas, exangües y a todas les arrancaron el corazón. ¿Moriré yo así? ¿Sin corazón?
Las veo florar hacia el horizonte donde se camuflan con los arreboles dibujados al atardecer y justo en el limbo entre la cordura y realidad, entre cielo y mar, vuelven a la vida y nadan en contra, evitando desbarrancarse hacia las aguas de la ultratumba, luchando por poder vivir lo que les restaba, cambiando su expresión de muerte por desesperación y desgarro ¿Por qué, si se les ofrece una segunda oportunidad tienen a la parca asechándole las aletas?...
Vuelven a morir, pese a todo, porque les faltaba el corazón.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 
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