miércoles, 27 de agosto de 2014

EL LADRÓN Y LA NIÑA

Hubo un ladrón, tiempo atrás, casi una vida,
Que con solo mirarla le robó el corazón,
Pasaron los años y la pérdida se transformó en amor,
El más dulce y profundo, pero con felicidad prohibida.

Y el ladrón amó a la niña hasta la locura
Y la niña lo quiso más que al cielo y a su salvación,
Pero los dioses se opusieron a la divina devoción
Que aquel romance lo convirtieron en tortura.

Amanecieron otoños y muchos más inviernos,
Y la niña seguía rogando expiación,
Que le quitaran los ojos a cambio de su ladrón,
Ofreciéndose a la censura de sus años más tiernos.

El ladrón la amaba, mas lo dioses envenenaron su destino:
Con una nueva víctima que le incrustó dolor en el pecho,
Disfrazando cantares diabólicos que lo obligaron a otro lecho,
Hasta que por afán somero, volvieron  a cruzar sus caminos.

Entonces un mundo se condensó a una cuidad,
El ladrón seguía ladrón y la niña, ahora toda una mujer,
Se encontraron en la calle con el amor sin envejecer,
Reconociendo en la mirada una segunda oportunidad.

Y ya no les importó el sufrimiento que pagaron por separado;
Era propicio dedicarse a ser felices juntos y a oscuras,
Deshaciendo de a poco de sus cuerpos  las ataduras,
Durmiendo, después de tanto tiempo, por fin, abrazados.

Era el mundo contra ellos, pero se tenían el uno al otro,
Aunque fuera en secreto y en un cuarto,
Pero el ladrón en sus celos, la hizo tanto sufrir
Que lo único que pudo entregarle fue un corazón roto.

Y la niña lloró un mar entero
Maldiciendo el desperdicio completo de su existencia
Con un ladrón que por falta de prudencia
Llegó y clavó el puñal certero.

Quiso cerrar los ojos y no volverlos a abrir,
Preguntando el porqué  de tanta maldad a los dioses
Y le contestaron: “niña, a culparnos no oses
Porque te advertimos que por amor, hay que sufrir”

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

viernes, 15 de agosto de 2014

HISTORIA DE CAMA.

Yo no fui solo otra mujer en tu cama,
Fui la mejor de tus amigas durante largo tiempo,
El abrigo del frío cuando llegó el invierno,
Una risa diluida que agotaba tu sed.

Fui la confidente de tus penas cuando había llanto,
La sirena bohemia que te llevó al puerto,
Al oasis fecundo en medio del desierto,
Y la música pagana que le faltó a tu canto.

Yo no fui otra más de las que por tu vida pasaron,
Fui la base donde apoyaste tu cimiento,
La guía que lideró tu crecimiento,
El mar más profundo donde tus penas se ahogaron.

La candidez que faltó cuando todo fue oscuro,
La estrella brillante en medio del firmamento,
El único reto que se escapó a tu conocimiento,
El aliento de vida cuando respirar se hizo duro.

Así que no pretendas alejarme así de la nada,
Que tu indiferencia barata no resulta conmigo,
Porque son años los que llevamos de amigos,

Porque tú sabes, que fui más que una historia de cama. 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

martes, 12 de agosto de 2014

LA MUJER DE TU VIDA

La mujer de tu vida, era la mujer que por muchos años se refugió en el disfraz que le prometía una amistad y te relegó al silenció, haciendo que tus labios se sellaran por inercia si es que había algo que confesar si de amor se trataba, porque por allá en esa época, el amor era un fantasma taciturno que solo atacaba cuando uno lo permitía, y ella, no habría de hacerlo.
La mujer de tu vida, hacía que todo el mundo danzara al compás del rugir de sus tacones, solo porque podía hacerlo, por ser la perdición de varios y la más grande distracción que te pusieron en frente, por ser  la confluencia escalofriante entre divinidad y pecado, la sumatoria de todas tus reglas y la excepción a todas. La que si solicitaba tu compañía para caminar por las noches bajo el amparo de la oscuridad, la tenía, mientras la ciudad se hacía pequeña para los planes que tenían para el futuro, no obstante, el futuro se hizo demasiado.

La mujer de tu vida, es esa mujer de carácter forjado al fuego, inquebrantable de convicciones y de una sola palabra, mas, de vez en cuando, se convierte solo en una coartada bien hecha para impedir que alguien, alguna vez, le volviera a romper el corazón, mas, ahí estuvo el error, en mostrarse como realmente era ante ti y darte el poder, de que ahora, con el pasar de los años, seas tú quien le rompa lo poco que le queda de corazón.

La mujer de tu vida, habla mucho y pocas veces dice algo en serio. Calla sin importar que con eso destruya su propia felicidad  por privilegiar la ajena y cuando se encuentra en el borde del abismo, grita lo que se hace intolerable, aunque, las más de las veces, ya es demasiado tarde, pero  va dejando rastros de lo que piensa, siempre plasmado en papel y en palabras difíciles, o que solo los implicados son capaces de reconocer, entonces ¿Por qué nunca las reconociste?

La mujer de tu vida, ten por seguro que siempre te amó, a su manera, pero siempre te amó, así que si alguna vez lo preguntaste, ahí tienes tu respuesta, con varios años de retraso,  pero, mejor tarde que nunca ¿O no? Si es así, dónde quedó el mejor de todo esto, porque hasta el momento, hay solo llantos desesperados, de aquella, que por complacer, le regalaste tu vida.

La mujer de tu vida, nunca supo que lo era hasta que por azares del destino, se armó de valentía e hizo la gran pregunta “¿Nosotros nos queríamos de verdad?” y no lo hizo por pretensión ninguna, sino porque era una pregunta que le rondó la mente desde hace ya tiempo y el único con la respuesta eras tú, aunque nunca pensó que con eso, desataría los demonios que mantenía en cautiverio, por ser ella misma la que juró adormecerlos si alguna vez amenazaban con encontrar su vida con la vida de otro, en un mismo rumbo hacia un final feliz, pero no, resultó ser peor: su vida en rumbo de colisión por las palabras pendencieras que tú dijiste y que aniquilaron su razón.

La mujer de tu vida, aparecía con las primeras luces del alba, con todos sus cabales limpios y dispuestos, llenos de ilusiones y de juventud vibrante, y hacia al medio día sus pensamientos se nublaban con recuerdos pasados y su alma se volvía incapaz de soportar el dolor de las mil reencarnaciones, se quebraba en lamentos que nunca lamentó, mas, al ver tu sonrisa mirándola desde el otro extremo de la habitación, volvía a la realidad, con más fuerzas de las que se vanagloriaba.  Desaparecía en las horas de calor y hacía de nuevo su entrada triunfal cuando las estrellas eran cómplices de sus secretos y de las manos que, por escasas horas, dejaban de pender en suspenso, pues tú las albergabas tierno. Pero esas malditas reencarnaciones o quizá el exceso de juventud no la hizo darse cuenta de que ella podría haber sido la mujer de tu vida. No fue su culpa, sino del alma vieja en un cuerpo demasiado joven.

La mujer de tu vida, recién hace unas cuantas noches supo todo de un golpe y el mundo se condensó sobre sus hombros al saber que había cometido el peor error de su vida, al haber permitido que tú te marcharas sin retorno, porque tarde, siempre tarde, el destino le mostró lo que era conocido para todos: que la mujer de tu vida está ciega, porque dejó escapar lo que más quería, sin atreverse a refutarle a Cupido la decisión trágica de separarlos, tal vez, porque para ti ya fue suficiente el dolor que ella te causó, o porque ella, en su afán de alcanzar la perfección, le hizo desprecios a la felicidad que rondaba cerca por los callejones vacíos que miles de veces recorrieron juntos.

La mujer de tu vida, está aquí, ofreciendo su corazón, porque, y mira que es graciosa esta historia, resultó ser, que tú eras el hombre de su vida.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 7 de agosto de 2014

EL TIEMPO DESDOBLADO.

Al pasar los años se hizo evidente la verdad,
Se corrió el velo de la cara de Dios
Y el meollo del asunto quedó al descubierto:
Entre los suspiros, hubo amor.

Pero era tarde, no era preciso, no había luz,
Todavía gobernaban las sombras en el páramo,
La voz no fue rimbombante,
Y así, en el intento, se quedó la ilusión.

Se conoció el causal  que siempre estuvo cerca,
Aunque a varias millas náuticas de diferencia,
Al otro lado del mundo, si se quiere, pero cuidándole el sueño,
A la distancia de un beso congelado en doscientos años.

Sin embargo, no era correcto, no ahora, no todavía,
Y el tiempo  se hizo burdo, tan ridículo y lastimero,
Desdoblándose sobre sí mismo y perdiendo los límites,
Confundiendo la claridad de los deseos compartidos.

Era cierto lo que toda la vida supieron: estaban destinados,
Se hiciera lo que se hiciera el mundo no era tan extenso,
Ni el día, ni la tormenta, ni los ríos circulares,
Llenos de agua, de tiempo, de la mísera nada.

Ella había descubierto el secreto de la felicidad,
Y fue el encontrar la simpleza, tan escasa estos días,
Pero él, ahora no quería ser plenamente feliz,
Pues la muerte asecha a la dicha.

Fue entonces, que se alteró el orden del sentido,
Porque en algún camino alguien equivocó la vía,
Porque ella, por niña, tarde abrió los ojos,
Y el por cobarde, no quiso cruzar el río.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 


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