sábado, 14 de mayo de 2016

LA MISERIA



Rescátame de ésta miseria de vivir buscando tus ojos en cualquiera que vea pasar sin encontrar ni rastro de mis añoranzas, esos donde el mar podía hundirse y desaparecer para siempre tranquilo. Los ojos que alguna vez robaron mi cordura.
Esta miseria de necesitarte al despertar y en cada segundo del día, todos los días, todos los años, viviendo de la esperanza disoluta de verte pasar haciendo de cuenta que el tiempo no ha transcurrido entre nosotros, que lo dicho, no se dijo jamás, que nuestras manos nunca vagaron huérfanas…Que tú sigues siendo mío.
Me agota mi propio afán por sacarte de mi cabeza de una vez y por todas, tratando desesperadamente de reemplazarte con cualquier luz que se asemeje a la tuya, pese a que sea sólo una ilusión destinada al fracaso desde el minuto en que nació. Nadie se parece a ti, por mucho que intente convencerme de lo contrario.
Rescátame de  esta miseria y regálame el futuro que nos prometimos cuando éramos críos, pero que hoy es menester recuperar. Nunca es tarde para enmendar el daño. Era ciega y ahora puedo ver. No estás.
 No encuentro consuelo en mis conversaciones con el mar porque necesito conversar contigo de la ausencia crónica de todo lo que pudimos ser terminando siendo nada, incluso cuando lo fuimos todo. No hay consuelo en mi descanso porque apareces tal como te vi la última vez con los galardones que le ofrecías a mi corazón y la luna que pusiste a mis pies. Era ciega y no supe que me pertenecía tu cariño desde que nos conocimos ni que agonizaba tu espíritu al relegarte a mi indiferencia. En ese momento no tenía nada más por ofrecer. Había piezas de mí esparcidas por todo el lugar sin poder componer el personaje que te gustó.
Anoche soñé que te volvía a ver caminando en la misma dirección que mis pies, sin rencores y con las ilusiones renovadas. Lo supe porque te vi reír. Después yo corría por un pasillo como escapando de algo que me perseguía desde el principio de los tiempos para cobrarme la vida y al acabarse el camino, un balcón desplegado con vista al océano tenía una mesa donde muchos de los que presenciaron el derrumbe de nosotros, se encontraban riendo. Tú estabas de espaldas, pero sabía que eras tú. Tú sabes por qué. Toqué tu hombro reconociendo en el tacto que ya no había el rencor que me profesabas y que tus heridas cicatrizaron sin dejar marca. Hubo un lapsus. Recuerdo las cosquillas propiciadas entre los dos y tus dedos jugando con mi cabello, ahora mucho más corto y algo más claro de lo que conociste, sentada en tus piernas porque no había otro sitio donde hacerlo, no había sitio más seguro ni más familiar. Había vuelto a casa. Era la misma que construimos entre charlas inocuas, la famosa casa submarina para que yo pudiera invitar a tomar el té a la sirenita. Desperté.

Rescátame de esta miseria porque ya extrañarte como lo hago me agota la vida y ya no estoy segura de que exista algo después de la muerte o si es que la muerte dejará de ser mezquina, conformándose  con alejarse de la felicidad para que podamos… Estoy tan cansada de todo esto que ya ni  ganas de escribir me quedan, renunciando así a la posibilidad de que algún día por cualquier razón escudriñes una de las piezas que no pude encontrar  y veas que mis intenciones son puras, que mi arrepentimiento es sincero, que ahora soy yo la que te trae la luna y que si escribo es para ti.

Renuncié a lo que más me aferraba con tal de ti, pero parece que ya no es suficiente. No sé qué más hacer. No sé dónde buscarte. No sé si ya me olvidaste o si me sigues odiando.
Te pido que me odies a que me dejes de pensar. Ódiame si eso sirve para curar tu corazón después de no haberlo cuidado cuando lo tuve en mis manos. Ódiame si te da paz. Ódiame si la melancolía te ataca robándote la sonrisa. No resignes tu sonrisa. Ni siquiera por mí.

Rescátame de esta miseria por piedad. No es de cristianos dejar en agonía a un moribundo. Ven a rescatarme pronto o ahógame en las profundidades de tu olvido, pero ahógame y no vuelvas a aparecerte en mis sueños, ni en mi inconsciencia, ni en mis pensamientos. Cierra para siempre lo que nos conecta. Libérame de ti y deshace lo que hiciste conmigo, porque no puede ser natural todo esto  y sé de lo que hablo y tú también, porque para bien o para mal, conoces mi naturaleza y  lo que llevo a cuestas y por la misma razón traigo arraigado un presentimiento con respecto a ti desde un tiempo después de dejarnos de hablar que sigue luchando para generar ruido  en mi interior, inquietud en mi andar y con los sentidos espabilados para no pasar nada por alto. Todavía quedan puertas medio abiertas y ahí estoy, esperándote  hasta el día que decidas regresar, mientras tanto seguiré respirando de tu ausencia y dedicándole una oración a tu alma complicada.  Sigo aquí, en el umbral peleando con el tiempo por insolente  al hacerme creer que 7 años tú pudieras guardar tu amor, tras no hablar hace 3, tras no hablar sin pelear hace 4, tras enseñarme a parpadear cuando lo perdí todo hace 2, por no sacar de mi cabeza lo relativo a tu nombre desde hace 1, por tenerme aquí angustiada sobre el computador desde hace una hora, por suplicar amnistía y expiación  para mis errores hace 10 minutos y por preguntarle a Dios hace 1 segundo el motivo de tanto mal… Insolente.
Ésta es la miseria… La vida sin ti.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


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