miércoles, 17 de agosto de 2016

DE CUANDO GANÓ EL ORGULLO

¿Un mundo? ¿Cuándo la distancia ha hecho su trabajo? Hay lazos que no se pueden romper y hay vidas que no se pueden separar. Te lo dije.

Es como si de una forma viciosa se persiguiera el rastro de caminos conocidos, pese a  nunca haberlos andado, simplemente por engatusarse en el perfume de una piel añorada: O tú sigues el mío o yo sigo el tuyo.
La estela nunca desaparece, aunque dos metros de nieve le caigan encima, son más poderosas las jugarretas tortuosas tendidas por el destino cuando se aburre ¡Me importa un reverendo rábano que juegue a lo que quiera! Pero por Dios, nos deje tranquilos.  O nos junta de una vez y definitiva, o nos manda a cada uno por su lado, tú en Marte y si me permite, me cambio de galaxia.

Levantarse con el presentimiento de verte, casi todos los días y deambular con los ojos abiertos, los oídos afinados y el corazón vulnerable, para que llegada la noche, cuando le estoy poniendo llave a la puerta, algo muera en mi interior por no haberse cumplido, me está quitando la cordura gota o gota, al buscarle la quinta pata al gato con tal de hacer coincidir cualquier cosa con tu nombre: Procurar, por ejemplo, que el cabito de la manzana se salga justo cuando, recitando el abecedario, se le da vueltas hasta llegar a la letra inicial de tu nombre (Aunque sea a la fuerza). Se supone que delata a quien está pensando en ti. Nunca comí tantas manzanas.

Vuelve la esperanza de reparar el daño en lo que no alcanzó a existir. Un cabal agonizante me escupe en la cara el hecho de tu olvido. musita fracasos por todos lados. No sé perder. Quizá te soy indiferente y soy yo la penitente de un fantasma, estando menesterosa de ti, por apegarme a lo conocido y sucumbir ante el terror horrible de arriesgar el amor a lo incierto.  ¡No puede ser! El instinto me dice que no es así, sino la desesperación engendrada por el raciocinio. La razón no siempre tiene la razón… “Principio de incertidumbre”.

¿¡Para qué seguir haciéndonos los tontos!? Aún puedo sentir a tus pensamientos llamando a los míos y más por las noches, mientras apareces intermitente en mis sueños con mensajes sin descifrar, pero que cuentan una vida entera al parpadearme ilusiones de que todavía mi nombre genera ruido en tu planeta.  ¿A        quién hay que darle explicaciones? Si esto es entre tú y yo ¿Al orgullo? ¿Y qué sacas?  Tú, allá tal vez dónde, llenándote el vacío quién sabe con qué y yo aquí, otra vez escribiendo porque le tengo miedo a dormir y que no vengas a conversar un rato antes de abrir los ojos cuando cante el gallo.
Tú y yo sabemos que aunque hagamos lo imposible para tratar de vivir en paz, tú en tu rincón y yo entre mis libros, siempre está el viento advirtiendo porvenir, diciéndome que me extrañas y diciéndote que te espero, noticias lleva y trae, besos lleva y trae, es por eso los escalofríos sentidos a media tarde. ¡Somos muy cínicos! Haciendo como si nunca hubiera pasado, nunca habernos conocido, dejar correr el tiempo hasta convertirse en varios años, rellenando resentimientos con pieles prestadas, después de encontrarle un sucedáneo al amor, sin preguntarle jamás a nadie por los huesos del otro y muriendo de ansias por mandarnos recado…

No nos hablamos, no nos vemos, no nos “amamos”, no nos “buscamos”, no nos interesamos, y sin embargo, tú y yo, sin querer, aprendimos a hablar viento. 


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 
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