jueves, 28 de noviembre de 2019

LA AGONÍA DEL VIENTO




Escucha el viento como llora. Grita y se desgarra la garganta, cambiando dolor por dolor y gemido por gemido. Cuenta cómo fue que le arrebataron el corazón: sin piedad un día cualquiera, sin haberlo esperado, sin siquiera pensarlo, fue de golpe y sin aviso, con tan solo recordar a un par de ojos oscuros insolentes. Cuenta azotándose contra los vidrios, la búsqueda incesante de esos ojos para quizás, encontrar tras un cristal el resplandor que su alma perdió tras mirarlos de frente. Puede ser que se asomen al escucharlo agonizar. Ese es el plan.

Vaga entre las copas de los árboles buscando un dejo de un perfume familiar, un olor entre castañas asadas y el final del verano, entre salado y dulce, entre la vida y la muerte, el aroma del desquicio o bien, uno que otro veneno sutil, tal vez un hipnótico potente para adormecer sus ansias de seguir gastando la vida en una cruzada infructuosa. Pero no lo encuentra, ni al perfume, ni al veneno, por lo tanto, sigue de árbol en árbol, de kilómetro en kilómetro, mientras la noche se profundiza trayendo silencio y quietud, agonía y oscuridad… la misma que revive a aquel par de ojos que enamoraron al viento.

De vez en cuando, baila cueca sobre las planchas de zinc, a ver si alguien se aburra del escándalo y le diga dónde es que su amor se ha ido a esconder, sin embargo, nadie se levanta pues el amanecer se acerca amenazante y el mundo aún tiene sueños a medio soñar.  Pese a la insistencia de saber, nadie le cuenta siquiera noticias falsas para darle alivio a su penar, es como si su destino fuera morir solo sumido en la tragedia de lo que pudo ser y no pasó. Nadie se apiada de él ni de su amor canceroso, arraigado tan dentro que es casi imposible separarlos sin destruir la esencia misma del ser.
Clama por un nombre, por una coincidencia vana, por una nueva noche para desatar su amargura y contar su desgracia. Yo lo escucho, sin importar la hora y que comience  a hacer frío, porque escondo en su lamento, mi propia tortura;  mientras queden días, seguiré esperando, así como el viento espera por encontrar a su amor.  


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER  

lunes, 28 de octubre de 2019

POR SI ACASO




Mientras más me resisto es más difícil ignorar el dolor. Me aniquila los planes,
me destroza el alma, muero lento y la noche llega sigilosa, cargada de recuerdos donde prolifera tu sonrisa ¿el mañana será benevolente? ¿Cómo termino con esto antes que se me vuelva a ir el día sumida en tristeza? 

Mientras más tiempo pasa, en vez de disolverse esta angustia mezquina, se incrementa exacerbada por el hastío provocado en la continua espera de verte cruzar la puerta y pedirme empezar desde cero, borrar de un golpe el lapsus ponzoñoso que hizo divergir a nuestros caminos, condenándonos a extremos del mundo, pese a estar tan cerca. Hay que destruirlo todo, abrir la herida para que cicatrice como corresponde. Yo la puedo curar…

Ya no vivo sola, vive aquí también  el miedo; se levanta conmigo, va al trabajo conmigo e incluso, antes de dormir, me abraza, envolviéndome entre susurros con relatos de pesadillas venideras, contándome sobre la certeza de que tu nombre y el mío no volveran  a aparecer en la misma frase… nunca más.

Estoy muriendo y no lo sabes.
Muero de desesperación, atosigada en suplicas por una coincidencia, por una segunda parte o quizás, un beso somero.
Estoy muriendo de frío por la escarcha implantada en mi piel: aquí los inviernos son eternos desde la última vez que te vi. Hay tormentas por todas partes y huracanes revolviendo el pasado, trayendo entre diluvios tu voz oculta entre canciones que no supe interpretar.

Mientras más te extraño, más creo me olvidaste sin consideración. ¿Qué pasó? Te hice daño. Robé tu alma y tu corazón y pedí perdón, lloré sangre y desgarré mi garganta gritando por amnistía. Puse mi cabeza a tus pies... nada importó. Diste media vuelta sin mirar atrás. Yo sigo aquí, por si acaso.

Toma mi mano, abre mis venas y arráncame la vida si con eso se calma tu espíritu, pero no me olvides.
Dios parece no querer escuchar mis rezos.
Puede ser que ya no exista nada a mi alcance.
Solo hay silencio cuando clamo un porqué para poder culpar.
¿Por qué sigo amándote si hace tanto que no estás?
Yo sigo aquí… por si acaso. 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

viernes, 25 de octubre de 2019

DE CUANDO TE FUISTE

Mis caminos se cerraron, desvaneciendo todo rastro tuyo.
Volví a la virginidad por la ausencia derrochada en los alrededores.
Te extraño, y no sé cómo encontrarte.
La vida se agota lento, como el sonido tortuoso de una gota al caer.

Estoy atada de manos, ahogándome en lo profundo del mar,
Siendo olvidada por el amor que me arrebató todo,
Sufriendo la angustia constante de presentir la muerte.

El rumor del viento cambió de pronto, y gritos aparecieron por las noches,
Era mi alma suplicando benevolencia por lo que fuera:
Un día más, un beso más, una resurrección más,
Pero el vaticinio era absoluto, tú y yo, tan lejos como sea posible.

Se llenó de llagas mi piel con los años y el desvanecimiento de tu presencia.
Duelen las heridas a causa del frío crónico en mi cama,
Duele el vacío del despertar sola cuando atacan los miedos,
Sangra mi cuerpo miasmas de rencor con locura,
Al saber que nunca te podré volver a abrazar.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 9 de septiembre de 2019

RÉQUIEM



Aquí estoy yo: detrás de una cortina de humo, bajo un reflector que alumbra mis inseguridades, mientras comienza a sonar una canción gris, de esas que cargan al alma con melancolía añeja, de la exacerbada con el licor de la copa a medio consumir.

¿Qué soy?, me pregunto de pronto, al encontrarme sola... ¿Qué soy en verdad? Una mujer temerosa de los designios del destino y del castigo de Dios ante mis pecados. ¿Qué quiero? El cuento de hadas y toda la parafernalia, aunque no sea una doncella en peligro, aunque el castillo lo haya erguido con estas mismas manos, aunque el dragón sea mi amigo y el villano de la historia, se trate de mi reflejo frente al mar. ¿Qué espero? Un beso tierno, capaz de congelarme la sangre y haga volver el amor a mis pensamientos proliferos, a las probabilidades absurdas, las únicamente posibles en universos alternos. ¿Qué necesito? Tranquilidad, silencio y oscuridad. Bajo esta fachada de "todo está bien" hay un huracán de desavenencias destruyéndolo todo, incluso la fuerza para abrir los ojos y enfrentar un nuevo amanecer. Soy buena actriz, cuando quiero, porque mostrar vulnerabilidad puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte, sobre todo en este nido de víboras donde me encuentro. ¿A qué le temo? A la soledad. Al paso de los años y verme estancada en lo mismo, escribiendo para calmar a los demonios atiborrados en mi interior, a despertar un día con los estragos de las arrugas cobrando poderío y no ver a nadie socorriendo mi llanto. Le temo a conformarme con lo que estoy acostumbrada.

 Aquí estoy yo: desnuda sobre una cama, sangrando el veneno antes de que termine aniquilándome el alma tras guardarlo como si fuera el santo grial; no soy más que una niña asustada, sin saber dónde ir o qué hacer con el camino que escojí ¿Puedo devolver el tiempo atrás y arrepentirme? No estoy lista para lo que se viene. Nadie advirtió que sería tan amargo este sendero. Nadie me dijo que clausurar el corazón tras haberlo empeñado a lo tonto, sería la peor decisión posible. Ahora no sé que hacer con tanta pasión silenciada, con tanta vida desperdiciada, con tanto sudor pospuesto.


 Aquí estoy yo: como un viernes cualquiera, lamentando mi pobre futuro e inevitablemente pensando en ti, amor mío...


 ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

domingo, 1 de septiembre de 2019

ENTRE LAS NUBES


Hubo un día en que di una vuelta larga en una maraña de pensamientos grises. El camino fue sombrío con ventoleras implacables, haciéndome flaquear las piernas en su afán de seguir adelante ¿Por qué? No sé. Nunca hubo nada esperando al final del túnel, pero seguí, pese a todo, a pesar de todo.

 Discutí con mis demonios sobre tregua de paz, ya suficiente daño les causé en venganza. Los dejaría vivir, pero tan lejos como fuera posible de mí, donde no los pueda encontrar jamás, o los mataría sin dudarlo dos veces... se lo ganaron, al paralizarme en el sueño.

 La tarde estaba dando sus últimos respiros y un vaho romántico se levantó de pronto inundando el espacio. Un olor dulce invadió al mundo en dos segundos, mientras en el horizonte las nubes hacían el amor con las estrellas. Fue cuando los arreboles hablaron: él ronda tus pasos.  Fue un vaticinio drástico, de esos que congelan el alma en un momento perpetuo. De esos que se arraigan profundo en la memoria hasta dejar cicatriz... Un devaneo si se quiere, entre el lazo maldito de tu corazón y el mío.


 La tarde se tiñó con el color de la sangre en algarabía y fui volátil para perderme en el calor desprendido de un cuerpo antes de morir. Estuve ahí, en el espacio entre tu hombro y tu cuello, donde tantas veces dormí sin preocupación. Volví al lugar que fui feliz, sin importar el paso malicioso de los siglos sin verte... fui el aire, fui el vacío, fui el destino, con tal de estar cerca una vez más... Aunque, no hubo compasión conmigo, al traer de un golpe la necesidad de ti. Pensé me había vuelto inmune y que tu nombre era sólo otro condenado a la lista por olvidar. Me perdí, de pronto, en los embrujos de sensualidad que me pusieron delante. La carne es más débil de lo que pensé. Sin embargo, el vacío se hizo demasiado, y me ahogué en llanto, por llamarte desesperada, cuando los labios de otro hombre me desnudaban sin titubear... "sin tan solo fueras tú " fue la frase que inundó mis cabeza. Si tan solo fueran tus manos las que me despojan de la indumentaria, con habilidad. Si fueran tus labios los que me asechan como queriendo robarme la vida de un golpe, antes de extinguir el beso. Si tan solo fuera tu piel, la que expele la esencia que me tiene de rehen. Si tan solo fuera tu voz la que pronuncia mi nombre seguido de las dos palabras que más miedo me dan en el mundo y me obligan a correr en sentido contrario: te amo.

 Pero no eres tú, y seguramente, nunca lo serás. Pasaron los días y sentí un cambio en el giro del mundo, un desequilibrio abrumador...

Cerré los ojos para afinar el instinto y descubrir el causal del propósito extraño, aunque no lo encontré cerca, sino que entre las nubes; ahí estaba, tu figura deambulando, como si me vinieses a buscar.


 ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER. 

lunes, 3 de junio de 2019

BITÁCORA DEL CAPITÁN, DÍA 3








Un marino no tiene raíces. Pertenece solo al mar y a sus misterios.

Estaba todo tan claro hasta aquí.

Un marino guarda secretos. La naturaleza de un hombre se pone a prueba bajo condiciones extremas y el hambre y la sed, la locura secundaria a la influencia del sol labrando en las cabezas, la hace aflorar en su esencia más pura.

Empiezo a creer que la locura es el estado de máxima lucidez posible de alcanzar; deja atrás la diplomacia pudriéndose en un rincón, desecha la retórica para decir lo impoluto de una sola vez y lanza al agua cuantos supuestos se hayan concebido para buscarle lógica a algo que carece de ella.

Un marinero es leal… a sus propios intereses, pero leal, al fin y al cabo.
¿Dónde están mis intereses?... verdad, en esa sonrisa.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

miércoles, 15 de mayo de 2019

LIRIOS EN FLOR





Abrí los ojos y ya no estabas.  
No tuve conciencia del tiempo, entonces.  
¿hace cuánto dejé de pensar en ti? ¿un día? Quizás más: un sinfin de segundos gastados a pleno, vacío de las artimañas del pasado asechando la felicidad.

Cerré los ojos y ya no estabas.  
Tu voz se silenció por completo en mis sueños y en cambio, miles de fantasias nacían con el correr de las horas. El cansancio pasó a segundo plano y no tuve ganas de buscarte entre las quimeras. Ya no.  
Conocí a alguien entre las nebulosas... Era un advenimiento, estoy segura.  
Ahora que se desataron mis poderes, el instinto me dice que es hora de dejar el pasado muerto donde corresponde... y tú te quedarás a resguardar sus restos.

Abrí los ojos y mi mundo cambió.  
La seguridad de mis dominios quedó atrás, mientras lo conocido tomaba rumbo alejándose hacia el horizonte cuando yo caminaba en dirección contraria y así, de pronto, estuve sola, lo perdí todo y no importó.

Hubo una perturbación en la atmósfera, algo estaba fuera de lugar y pese a no saber la causa, sentía las repercusiones de un mal movimiento en el azar. Comencé a dar vueltas en la cama, ahogándome en desespero al tener conciencia del desperdicio; esto fuiste durante tanto: el desperdicio de una juventud que no descansó nunca en tus brazos, un amor enamorado del grave problema acarreado en la ausencia crónica involucrada con tu nombre y yo, desgastando mis manos al rasguñar un recuerdo pueril.  
Eso pasó al abrir los ojos. Supe que nunca recuperaría el amor perdido, ni menos podría endulzar la soledad de la que me hiciste cómplice en miles de atracos para lograr despertar la piel adormecida por la escarcha, tras desaparecer de mi vista, cruel y mesquino.  

Cerré los ojos y ahí estaba esperándome él, dispuesto a curar las úlceras de mis labios tras tanta sequía, destruyendo a la desolación para rellenar el mundo con lirios multicolores y cerezos en flor, con tal de un beso... el problema era, que yo no recordé cómo besar...

  

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.

domingo, 31 de marzo de 2019

EL VACÍO

Hoy sentí la ausencia apoderándose de mí... vacío y desolación lentamente abrazándome cuando la mañana aún era oscura y el mundo dormía tranquilo. Yo mientras, conversaba con la nada, como cada día. Le cuento lo que dejé pasar, la disolución irremediable del cuento de hadas creado para mí, uno puesto en frente tan real como el dolor austero dejado cual prueba de su existencia... como la sensación de sus manos abrigando las mías. Nunca supe que estábamos en el inicio de la separación, ni que la separación vendría tan rápido.

Me despertó la ilusión de tu voz surrurándome un secreto resucitado desde las cenizas, convenciéndome a creer que el tiempo nunca ha sido importante cuando existe amor y yo... te amo. Llevo noches interminables de aullidos dolorosos como penitencia por tu lejanía hipócrita, sí hipócrita, pues sé en el fondo, tú sufres igual cada día muerto, sin mí.

Grité tu nombre mientras conducía por una carretera larga y llena de niebla, sin nada que admirar, excepto camiones maltrechos bamboleándose por el asfalto, como un acto reflejo desatado por instinto antes de perder el alma en la transfiguración del reencuentro. Grité con desespero, con rabia y sangre brotando de mis labios: hay que expulsar a los demonios cuando se vuelven atosigantes... Desnudé el tabú de tu existencia cuando fui vulnerable. Lloré el resto del camino al trabajo, pero no importó, de igual forma, nunca lo sabrás.

Extrañé la seguridad provocada por tu presencia en mis dominios, la reivindicación de mi espíritu y la causal de esta resurrección, esto es un amor tan antiguo, de tantas vidas condensadas que cuesta dejarte ir, pese al correr infortunado del tiempo... Siempre tuya y siempre mío, aunque lejos.

Cayó la noche otra vez sin rastro de que la historia decida cambiar el curso tomado y yo, seguí extrañándote.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 7 de marzo de 2019

LA SOMBRA DE SANSÓN





¿Por qué me miraste así de pronto, sin permiso, sin excusa?
¿Cuándo fue que tus ojos comenzaron a ser hermosos otra vez?
¿Tanto tiempo ha pasado desde la ultima vez que amé a alguien?
¿Estoy buscando un vestigio de ti por los alrededores?

¿Por qué tu voz despierta a mi piel desde la escarcha?
¿Es algo nuevo o una continuación de un romance ya extinto?
¿Vendrás a buscarme cuando la tormenta se calme?
¿O me olvidarás a penas cruce la puerta?

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 4 de marzo de 2019

LA DISPLICENCIA






Hablaron de ti con tanta displicencia… Hubo un vacío en mi pecho entonces, como si aquel hombre de hace tanto tiempo resultara ser una mentira traicionera con raíces profundas en mis recuerdos, de pronto, fuiste otra persona, una a la que nunca conocí. Apareció el caos en mis pensamientos ¿pudo ser acaso una invención mía, tu figura degenerándose lentamente con los años hasta transformarse en algo cercano a un sueño feliz? ¿puede que haya perdido la cordura de un golpe y no me di cuenta?  ¿Quién eras en verdad? ¿Mi príncipe azul desperdiciado por los caprichos de la juventud y la inexperiencia o aquel rencoroso tan bien caracterizado en frases apáticas?  ¿Mentiste conmigo o con el resto?  Me rehúso a creer que este amor, sea una pérdida de energía mal invertida…
Hablaron de ti con tanto rencor, como hubiera hablado yo si no fuera por el cariño que te tengo pese a todo, ese que obliga a silenciar cualquier tipo de oración si tiene tu nombre de por medio: ni una palabra a favor, ni una palabra en contra. ¿Jugaste también con las intenciones de ellas? ¿Fue tu desquite contra el mundo por no corresponderte a tiempo? ¿Les diste tu mano como me la diste a mí?...
¿Quién eres? ¿Los años acaso maduraron tu soledad, por eso rehúyes del mundo y su alegría? Dicen que ya no ves a nadie, que nadie te interesa, salvo tu ego y tu altanería, que la felicidad y los amigos son innecesarios por estas fechas ¿En serio hablan del mismo al amé con desespero o es una broma mal jugada insistente en dejar cabida a especulaciones pueriles? Yo no puedo defenderte, porque en este punto concordamos todas… - “La muerte ronda a las personas felices, y yo no quiero morir todavía”- Comenzó a sonar tu voz en mi cabeza. Creí haber olvidado esa frase destinada a destruir mi corazón, pero ahí estaba, dándoles el favor para luego, reclamarme por lo estúpida que fui por no haberme dado cuenta antes de que el amor se te fue de las manos en un instante cobarde y con él, me fui yo.

Si esto fue verdad… ¡Dios! Si es que acaso fue verdad, ¿el resto de las ofensas lanzadas en tu contra también lo son? ¿Me amaste alguna vez? Se oscureció mi mundo por completo en dos segundos al dar cabida a la posibilidad de un no.
Quise soltar mis ataduras y pedirles silencio, pero muy en el fondo, algo me decía, que ellas tenían razón, y tú habías dejado de ser, lejos de mis ojos, el guardián de mis anhelos.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

sábado, 23 de febrero de 2019

EL OLOR DEL VIENTO






El olor del viento cambió de pronto y un escalofrío conocido recorrió mi piel en dos segundos obligándome a detener la marcha pues sabía del asecho. 

Un recuerdo vehemente se levantó desde las cenizas esparcidas en la eternidad y el misterio atiborrado de la noche de San Juan debutó al caer el sol cuando todavía estaba lejos de la fecha; te extrañé de golpe, te volví a amar a ciegas sin tenerte y ante mis ojos reaparecía la magia de la casualidad invocada a la fuerza, el mismo hechizo que nos hace encontrarnos en todas las resurrecciones desató ataduras nuevamente en esta vida. El sello de mis poderes se rompió justo cuando el calor de media tarde hacía sucumbir el asfalto de las calles y algo, no sé qué, me transportó 10 años en el tiempo: Ahí estaba, caminando por la misma avenida, pero contigo, de la mano, prometiéndome la inmensidad del mundo y tu amor incondicional. 

Hace media vida no había vuelto a pensar en ti. Mis sentidos dejaron de buscarte en cada esquina y hubo paz y aburrimiento sin ti rondándome la conciencia, hasta ahora. 

Pasó la noche tormentosa, con tu voz polizona en cada quimera invocada por cansancio… Sigue tan clara y tan insinuante como en esos años, cargada de melancolía, amor y sexo. Estás tan lejos de mí.
Cambió el olor del viento, ahora venía plagado de recuerdos cuando todavía resguardabas mis miedos amor, cuando aún existía la ilusión de un mañana resplandeciente con tus ojos mirándome al despertar ¿Dónde estarás? ¿Qué será de tus huesos? ¿¡Por qué no vienes por mí!?
Dijiste nunca creer encontrar a alguien con quien tener la misma conexión que conmigo y que la vida debía continuar… los años pasaron, corrieron rápido entre los dedos dejando marcas profundas en el alma, soledad por montones y los estragos son tantos que difícilmente encontrarás en mí rastro de lo conocido, pero te amo, pese a lo patológico y sé en lo profundo, tus sentimientos no han cambiado ¿No te advierte nada el vaticinio traído en el rumor de los aires? ¿No te traen reminiscencias de felicidad en pleno? ¿Por qué continuas tan lejos? ¿A quién hay que darle explicaciones?  Yo que lo tengo todo, renuncio a todo con tal de ti. Ven que mi piel suplica por tus caricias, mis labios mueren de sed si no sienten tus besos… La vida no puede ser tan vacía… No pudiste olvidarme, así como así.
Hoy la luna se presentó en menguante y temo mis esperanzas comiencen a hacer lo mismo… ¡No quiero! ¡Me niego! Aunque se agote mi juventud en la espera, tus brazos volverán a contener mis ansias.
El olor del viento cambió: sentí tu esencia desplegarse por el universo.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

martes, 29 de enero de 2019

LA SED





"Tengo hambre - Pensé mientras me servía una copa de vino. - Hace tiempo no sentía el requerimiento. Ya no recuerdo la última vez que comí."

 Hay costumbres imposibles de dejar atrás, aunque se trate de olvidar las raíces, la herencia, la familia... la sangre. Salí.

 Pretendía negar el instinto adormeciéndolo con placebos ilusorios como las continúas copas de vino al caer la tarde cuando asomaba el menester de alimentarme, aunque últimamente hay algo en la oscuridad, un hipnótico displicente tentando a mis fuerzas a flaquear con mayor facilidad, como si tuviera que... las divagaciones son sencillas cuando hay tiempo de sobra.

 La noche se presentaba tranquila, sin viento y el mar en calma, pese a que durante la tarde libraba una batalla campal contra las costas. El cielo abierto, sin rastro de nubes amenazando con frío y los grillos entonando una canción melancólica entre los pastizales, era el preambulo necesario para satisfacer el apetito.


 Mi sed se acrecentaba con cada paso.

 No fue difícil encontrar lo que buscaba, solo me bastó caminar un par de kilómetros por la arena, donde las luces desaparecen para dejar cabida a las almas en pena. Nunca es buena idea salir de noche. No se sabe lo que se puede encontrar.

 - Hola - dije, mientras exhalaba una bocanada de humo.

- Hola - Contestó.

 - ¿Qué haces aquí tan tarde?

 - Vine a caminar un rato.

- ¿ Tus pensamientos no te dejan dormir? - Pregunté con la vista en el horizonte. Ya lo tenía.

 - ¿ A ti tampoco te dejan dormir? - Río. Solo necesitaba que me mirara. - ¿Ves esa luz allá a lo lejos? - Dijo apuntando a las aguas - Es un buque hechando redes.

 - ¿ Ah si? - Volví a expeler humo. - ¿Cómo sabes?

 - Soy marino. Reconozco a lo lejos a los navíos y este, es un industrial. ¿ Tú qué haces? - me miró.

 - Yo cazo. - Boté el cigarro y lo besé.

 Era un hombre joven, con el alma ensombrecida por el dolor aunque reverberante de vida golpeando fuerte con cada palpitar, con los ojos grices y cansados, trémulos al mismo tiempo por la inocencia vestigial marcada a fuego en el correr de los años.

 Respondió a mi beso, tanto como el aliento le aguantó.

Me tomó de la cintura aprisionándome entre sus brazos, como un náufrago a una tabla flotante, quizas presintió la mala idea de haber salido a caminar solo.

 - Desnúdate - Dije con la voz encendida y los ojos enrojecidos. - Ahora, me perteneces. - Rió. Hay que dejarlos creer un poco en los milagros cuando se pide tanto de un desconocido.


 Comenzó a quitarse el abrigo para luego desprenderme de un zarpazo el vestido color coral guardián de mi intimidad. Siguió con cada prenda que traía encima, atolondrado por la exasperación de la carne en fulgor. Tomó mi mano dirigiéndome hacia los resguardos de las dunas, pero me negué.

 - Aquí, donde rompen las olas.

 - ¿ Y el frío? El agua está helada. - Respondió.

 - Ya no más. - Lo besé otra vez.

 Era la última oportunidad ofrecida para marcharse: el cambio de la temperatura del mar. Si eso no le advertía nada, ya nada más podría hacer. Se quedó.

 Siguió besándome, recostado junto a mí mientras las aguas nos lamían la piel cuando una mano aventurera comenzó a recorrerme hasta llegar a su objetivo de mi entrepierna dispuesta al afán de sus dedos. Separó mis muslos al tiempo que sorbía la lujuria enamanada de mis pechos. Hice a las olas retroceder. Lo quería disfrutar en pleno, sin interrupciones ni testigos de más. Gemidos de placer empezaban a rellenar el aire cuando su boca se aproximaba peligrosa al punto de hacerme perder la cordura. Apareció su erección provocadora intentando adentrarse en los límites de este mundo con el otro.

 - Es tiempo. - Le dije y me dispuse sobre él.

 Lo sentí vehemente adueñándose de cada espacio en mi interior, embistiendo con lascivia y sujetándome de los gluteos para que no fuera a escapar.

 Gimió él tambien al enterrarle las uñas en sus brazos bien formados que me tenían de rehen.

- Eres hermosa.

 -Cállate y sigue. - No estaba ahí por la conversación, eso era claro.

 Aceleró el ritmo y la intensidad para hacer que mi cuerpo se expandiera hasta el infinito, explotara en mil pedazos y volviera a unirse antes de finalizar el orgasmo. Un calor sensual apareció donde nos uníamos. Supe que él tambien había acabado.

 Exhaustos nos quedamos prendidos por el sexo un par de minutos.

 - Asciendan. - Ordené y la marea nos arrastró mar adentro. La sed era inaguantable.

 De mi piel brotaron escamas y se afilaron mis dientes.

 - ¿ Cómo te llamas? - me gusta saber sus nombres.

 - Dame el nombre que quieras - me besó. - Total, ya no necesitaré uno... hermosa sirena. - acaricié su rostro con dulzura antes de devorar el resto de vida que le quedaba.

 - No, ya no necesitarás uno. - Dije después de soltar su cuerpo inerte a las profundidades. - Ahí tienes otro juguete.

 Nadé hasta unos roqueros cercanos para bañarme de luz de luna por un rato, mientras tanto esperaba se secaran las escamas. Es más seguro estar en los filos de las rocas que en la suavidad de la arena. Son menos traicioneros.

 Recojí mi vestido y me puse encima el abrigo de aquel hombre, porque ya el frío había aparecido en escena. Encendí otro cigarro antes de retomar camino a casa, ya satisfecha y creyendo que con él y su juventud sería suficiente por un largo tiempo. Este es el precio de mi naturaleza.

 A lo lejos, muy escondido entre los dunales: Otro... ¿Dos almas en una misma noche? Era algo que no podía dejar pasar.
 - Hola - Dije.

 - Hola - Contestó.

 - ¿ Qué haces aquí tan tarde?

 - Vine a calmar mi sed... Sirena.

 Supe entonces, que la moneda estaba en el aire.


 ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER  

martes, 22 de enero de 2019

ECLIPSE




Se oscureció la luna de pronto, los mares comenzaron a ascender revueltos por el caos de no tener a quién seguir. Hubo silencio en el mundo por dos segundos para ser aniquilado luego, por las voces de los demonios liberados en la rivera de la playa. Hacian mariguanzas con las ilusiones de aquellos que por azares del destino, justo esa noche decidieron salir a buscar rumbo entre la bruma. Yo era una de ellos.

 Hubo confusión en mi cabeza todo el día. No sabía qué elección tomar: si seguir insistiendo en un amor forzado o arriesgarme a que pasara el tiempo desperdiciado en soledad. Entonces, salí. Necesitaba conversar con el mar, contarle que me había enamorado entre octubre y diciembre, pero que ya al amanecer enero entendí, era solo compañía y nunca amor, decirle que la vida se presentaba con pasos firmes delante, sin yo tener un plan de respaldo y que cada día la caligrafía ha empeorado, al borde de ni yo misma entender lo que escribo.
 Salí provista de cigarros y una cerveza casi congelada a caminar sin destino cuando apareció.
 Una imagen conocida venia de frente, idéntico a la última vez que lo vi, con su torpeza elegante y la sonrisa cautivadora. "Esta es la respuesta a lo que necesitaba" - Pensé, sin considerar las probabilidades de encontrarlo vagando sin rumbo en una playa deshabitada a la 1:30 de la madrugada del lunes. Si cuando se trata del corazón, la inteligencia se me va a la mierda.

 Me pareció caminar por horas sin lograr disminuir la distancia entre ambos, pero convencida de si apuraba el paso, lo alcanzaría en algún momento.
Comencé a gritar a todo pulmón un nombre que creía olvidado. Sílaba por sílaba la herida se iba abriendo para supurar dolor mezclado con miasma. Mi alma lloraba su nombre así como su ausencia la mayoría del tiempo, mientras yo confundía las lágrimas con la condensación de la niebla sobre el rostro.
 Me detuve. Comprendí, embriagada en desesperación que nunca más podriamos estar de nuevo juntos y todo por mi culpa.
Dejé caer la botella a la arena para seguir camino mar adentro.
La corriente me arrastró profundo, tanto que la cuidad se había convertido en un punto de luz cintilante y aún no sabía qué decisión tomar: si dejarme sucumbir ante el poder del mar o pelear por mi vida, aunque realmente no me importaba; por primera vez en años estaba en paz, sin necesidad de obligarme a la mayoría de todo.
Si moría en ese instante, sería una muerte feliz.

 La luna recordó que todavía le quedaba noche por brillar y apareció sutil, pero fulgurosa, después de haberse perdido entre los coqueteos del sol. En menos de 30 mintutos, estaba ahí: más hermosa que nunca, con más luz que nunca, iluminando la oscuridad reinante y calmando a los mares con solo sonreír.

-  "¿Qué estoy haciendo?"- pensé. - LLévenme de vuelta a la orilla- Ordené a las olas, mientras sentía su amor envolverme con dulzura. - Creo que soy la primera sirena que no sabe enamorar y termina sufriendo...

- Eres la primera sin intenciones de matar, por eso terminas sufriendo. - Reconocí una voz familiar detrás. - Te advertí te alejaras de la tierra y te fuiste a perder a los dominios de los Hombres de las Nieves. Alguien como tú, no puede desaparecer tanto, si tu corazón es de sal y espuma.

 - No es por él por quién sufro, papá. El Hombre de las Nieves, me amó como ningún otro. Es por uno que dejó de hacerlo, uno que conocí tiempo después de marcharme lejos, cuando aún era jóven y aprendía la diferencia entre ser mujer y sirena y un poco de ambas; jugué con él, lo hice sufrir, ahora me arrepiento. No sé porqué después de tanto tiempo vuelve a rondar en mi cabeza, si hace años no pensaba en él. Duele más que nunca la herida, papá.

 - Eso es por el eclipse Sirena, a todos nos perturba ¿No te acuerdas te conté que cuando esto ocurre, es mejor estar fuera del alcance de la luz de la luna, muy perdida en las profundidades o tras miles de murallas? Los demonios aprovechan la oscuridad del mundo para salir a cobrar vidas inocentes. Tú no moriste porque te adentraste al mar. Tú no moriste porque eres hija de Poseidón y por sobre todo, tú no moriste porque alguien en la tierra debe estar esperándote. Así que vete. - Me dio un beso en la frente . - Llévenla a tierra. - ordenó a unos lobos marinos y desapareció bajo la espuma.

 Llegué a casa tras despedirme de las olas, eran pasadas las 4 de la madrugada cuando sonó el celular.

 - ¿Aló? - Se congeló mi respiración.

 - ¿ Dónde estás? - Lo interrumpí.

 - En Pichilemu, cerca de donde solías vivir. No sé qué pasó, pero he luchado toda la noche contra la necesidad de llamarte y perdí.

 - Ven, yo te estaba esperando.

 - ¿Estás segura? - preguntó más emocionado que cobarde.

 - Ven, ya te demoraste mucho.

 - Llevo una botella de vino como ofrenda.

 - Tráeme tu corazón y estamos a mano. -Dije, riendo.

 - Mi corazón, siempre lo haz tenido tú.

 - Entonces ven, y haz de mí, lo que quieras.


 ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.

miércoles, 2 de enero de 2019

EL ALMA ROTA





Tengo rota el alma y esta vez no sé por dónde comenzar el remiendo…
Aún escucho destrozarse de a poco mi vida y no tengo con quién hablar, porque tú, que siempre estabas ahí cuando el corazón dolía, eres quién ahora, procura mis lágrimas.

Ya no sentiré tu abrigo. Ya no podré ser pequeña otra vez. Ya no te tengo conmigo.

Tengo rota el alma. Sangra en silencio el amor en mis manos. Muere de a poco la felicidad recelosa y todavía necesito tu abrazo, que vengas a rescatarme de mis pensamientos y digas que es mentira, una broma de año nuevo si se quiere ¡Dime que todo va a estar bien! ¡Defiéndete, maldita sea! ¡Defiéndenos! No me dejes caer.
Se suponía que tú me protegerías para siempre, entonces porqué causas tanto dolor a la niña de tus ojos ¿Por qué dejas que se consuman mis fuerzas? Ni siquiera te despediste. Hoy no sé dónde estás.
Tengo el alma rota, por tu culpa, papá.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 
© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.