sábado, 28 de mayo de 2016
lunes, 23 de mayo de 2016
CUASI DELITO DE BICICLECIDIO
Como todos los días, a las cuatro de la tarde y por la siguiente
hora, estaba permitido no pensar, no tomar decisiones, no planear un futuro, ni
encuentros fortuitos, no amarte. Por una hora, como todos los días a las cuatro
de la tarde era la bicicleta, el camino y la música lo único por lo que podía
preocuparme.
Últimamente la bicicleta ha sentido la ira de la desesperación
que entrega un corazón condenado a muerte, sin jamás negarle el consuelo. Hasta
sus llantas se reventaron tratando de calmar mi dolor. Me da pena. No tiene la
culpa, pero la paga. Ahí está, dispuesta a aguantar mis monólogos con el viento
y ver mis lágrimas desfilar sobre todo cuando pueden pasar desapercibidas con la bruma que
se levanta en las tardes de mayo, en Chile, después del cambio de hora.
No hace preguntas ni menos las contesta. Anda. Me lleva. Y de
alguna forma u otra, le da descanso a mi conciencia.
El camino fue minuciosamente estudiado, cosa de andar
tranquila sin los disturbios que causan los autos al pasar amenazantemente
cerca como imponiendo respeto por ser más grandes. Quizás así se siente dejarse
caer… Amenazante.
Avenidas interminables, árboles deshojados con las
constantes lluvias de procedencia intermitente, el petricor apareciendo de a
poco desde la tierra que circunda a las líneas del tren, los perros que en un
principio se lanzaban a morderme los tobillos, ahora se lanzan para recibirme
contentos como su visita diaria que les dedica un <<¡Hola perritos!>>
a la rápida. Increíble cómo cambian las cosas en tan poco tiempo…Los que en un
principio te odian, con los días se alegran al verte pasar y los que en un
principio se alegraban de verte pasar, ahora desconocen la existencia de un
pasado en común o del cariño que se alojó en un recuerdo (Aunque vi la sonrisa
que te robé hace unos días cuando nos volvimos a ver…Esto ya es crueldad, ahora
que lo pienso).
La música. Mi muy amada música. No soporto el silencio. Me perturba
y el ruido de tráfico, me hacen pensar e inevitablemente al pensar llego a ti. Me
vuelvo vulnerable ante mis propios ataques. Creo que no hay angustia más inmensa
que la que la conciencia causa al aferrarse a sus recuerdos y martirizarse una
y otra vez por todo lo que pudo ser distinto. Ni el amar tanto es tan
angustioso como mi cabeza cuando prolifera ¿Cómo defenderse de uno mismo? ¿Cómo
inventar defensas y que los pensamientos no se enteren? ¿Cómo? Por eso hay
música a perpetuidad, porque por mucho que una que otra canción me susurre tu
nombre, con tu nombre viene la felicidad, aunque dure 4:48 minutos y se titule “Mientes
tan bien” y sea cantada por Sin Bandera.
Sea quien sea que sea su intérprete es tu voz la que escucho
sonar perdida entre las corcheas y los staccato
y pese a que hay momentos, por muy extintos y resucitados, así como
improbables y descuidados, en que no suena canción alguna, en mi mente siempre
hay un disco tocando. No me gusta el silencio.
Hoy llovió con un sol brillando en una exhalación, efímero y
misterioso, mientras mis pantalones se iban marcando de gotitas hasta quedar
empapados. No podía ser mejor: La bicicleta, el camino, la música, la lluvia. La
mixtura perfecta para provocar un orgasmo al espíritu, por lo menos al mío.
Miré el reloj, ya jadeando y muerta de sed y marcaba las
5:16 pm. Era hora de volver a casa, pero nunca es tarde para una última vuelta,
así que desvié la ruta un par de cuadras, recalculando el recorrido para que
coincidiera con la duración de una canción.
Ya cuando comenzaba el coro con su “Mírame y dime si esto no
es amor” te apareciste en mi retina diciendo algo en jerigonza o no sé, pero
algo, riendo tan hermoso como puede ser una sonrisa cargada de amor, con la senectud del tiempo transgredida, con los brazos abiertos suplicantes por cobijar mi espalda y antes de darme cuenta estaba de boca en el piso, con las manos
sangrando, con piedras incrustadas en las rodillas, los codos en carne viva y
ganas de llorar como una niña de cinco años que le teme al cuco (Sigo siendo la
niña de cinco años que le teme al cuco ¿Recuerdas?).
Se puso celosa…
Se suponía que éramos las dos, el camino y la música. Le fui
infiel y sólo me pedía una hora al día. Le dolió y quería mi dolor por lo que
soltó sus cadenas y no quiso ceder. Me lanzó lejos, directo a la calle,
anhelando mi muerte por atropello…Típico de mujer despechada.
No quiso volver a andar. Estúpida bicicleta.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
viernes, 20 de mayo de 2016
LA FAMOSA ESPERA
Porque he decidido a darme una oportunidad de encontrar la
felicidad
Y creo en serio que en algún lugar de esta ciudad
Está escondido mi príncipe azul pintado en un lienzo.
Abro los ojos más que nunca para no pasar por alto la
ocasión
En que se dé la coincidencia de que te me cruces en los
caminos
Y sepa diferenciar a los malos, de los amigos
Y a no embriagarme en las promesas que ofrece una canción.
Estoy instruyéndome en ser más terrenal en mis gustos
elegantes,
A no enloquecerme por lo que anhelo y no puedo tener,
Porque si pretendo
amar como quiero querer,
He de adormecer a mis ilusiones embriagantes.
Si estoy aquí, ahora, será por una razón que todavía no
entiendo,
Porque el destino puso manos negras donde no se podía
entrometer
Y nadie le dijo nada cuando lo habían hacer,
Pero lo acepto tranquila y mientras tanto, seguiré
viviendo.
Tan sólo pido que me marquen los senderos recónditos y
despoblados
Para no perderme en las encrucijadas que me tientan a
ceder,
Cuando tropiece con las doscientas mil piedras que me harán
caer,
Y que siempre que mire a los cielos ya no se presenten
nublados.
Quiero una historia de amor de las que el mundo casi nunca
presencia,
Un romance que me arranque la cordura de la que tanto
presumo,
Besos apasionados, caricias desatadas cuando las trabas
difumo
Levantando suspiros erotizados en esencia.
Me lo merezco, porque ya he sufrido lo que en una vida,
toda la humanidad,
Soportando el peso del planeta sobre mis hombros por un
largo espacio,
Absorbiéndome la vida y sacando mis vestiduras despacio
Para probarme las agallas al quitarme la dignidad.
Ya no creo que el primer amor sea el importante,
Porque me ha dejado más vieja de lo que recuerdo ser,
Con llagas en los labios y con el corazón llegando a
desfallecer
Sobre la cara de un futuro venidero y asfixiante.
Se vienen mejores tiempos, con mejores cosechas,
Porque se dice que todo sucede porque tiene que ocurrir
Aunque admito no lo supe hasta verte partir,
Dejando a mis fantasías perpetuamente insatisfechas.
Hay que seguir siempre decidida y con la mirada en alto,
Como si aquí la tormenta nunca hubiera tocado tierra,
Porque si he de acostumbrarme al dolor que encierra
El destino vacío, no puedo pretender que no le amaba tanto.
(O fingir que la angustia de su ausencia no causa mi llanto)
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
sábado, 14 de mayo de 2016
LA MISERIA
Rescátame de ésta miseria de
vivir buscando tus ojos en cualquiera que vea pasar sin encontrar ni rastro de
mis añoranzas, esos donde el mar podía hundirse y desaparecer para siempre tranquilo.
Los ojos que alguna vez robaron mi cordura.
Esta miseria de necesitarte al
despertar y en cada segundo del día, todos los días, todos los años, viviendo
de la esperanza disoluta de verte pasar haciendo de cuenta que el tiempo no ha
transcurrido entre nosotros, que lo dicho, no se dijo jamás, que nuestras manos
nunca vagaron huérfanas…Que tú sigues siendo mío.
Me agota mi propio afán por
sacarte de mi cabeza de una vez y por todas, tratando desesperadamente de
reemplazarte con cualquier luz que se asemeje a la tuya, pese a que sea sólo
una ilusión destinada al fracaso desde el minuto en que nació. Nadie se parece
a ti, por mucho que intente convencerme de lo contrario.
Rescátame de esta miseria y regálame el futuro que nos
prometimos cuando éramos críos, pero que hoy es menester recuperar. Nunca es
tarde para enmendar el daño. Era ciega y ahora puedo ver. No estás.
No encuentro consuelo en mis conversaciones
con el mar porque necesito conversar contigo de la ausencia crónica de todo lo
que pudimos ser terminando siendo nada, incluso cuando lo fuimos todo. No hay
consuelo en mi descanso porque apareces tal como te vi la última vez con los
galardones que le ofrecías a mi corazón y la luna que pusiste a mis pies. Era
ciega y no supe que me pertenecía tu cariño desde que nos conocimos ni que
agonizaba tu espíritu al relegarte a mi indiferencia. En ese momento no tenía
nada más por ofrecer. Había piezas de mí esparcidas por todo el lugar sin poder
componer el personaje que te gustó.
Anoche soñé que te volvía a ver
caminando en la misma dirección que mis pies, sin rencores y con las ilusiones
renovadas. Lo supe porque te vi reír. Después yo corría por un pasillo como
escapando de algo que me perseguía desde el principio de los tiempos para
cobrarme la vida y al acabarse el camino, un balcón desplegado con vista al
océano tenía una mesa donde muchos de los que presenciaron el derrumbe de
nosotros, se encontraban riendo. Tú estabas de espaldas, pero sabía que eras
tú. Tú sabes por qué. Toqué tu hombro reconociendo en el tacto que ya no había
el rencor que me profesabas y que tus heridas cicatrizaron sin dejar marca.
Hubo un lapsus. Recuerdo las cosquillas propiciadas entre los dos y tus dedos
jugando con mi cabello, ahora mucho más corto y algo más claro de lo que
conociste, sentada en tus piernas porque no había otro sitio donde hacerlo, no
había sitio más seguro ni más familiar. Había vuelto a casa. Era la misma que
construimos entre charlas inocuas, la famosa casa submarina para que yo pudiera
invitar a tomar el té a la sirenita. Desperté.
Rescátame de esta miseria
porque ya extrañarte como lo hago me agota la vida y ya no estoy segura de que
exista algo después de la muerte o si es que la muerte dejará de ser mezquina,
conformándose con alejarse de la
felicidad para que podamos… Estoy tan cansada de todo esto que ya ni ganas de escribir me quedan, renunciando así
a la posibilidad de que algún día por cualquier razón escudriñes una de las
piezas que no pude encontrar y veas que
mis intenciones son puras, que mi arrepentimiento es sincero, que ahora soy yo
la que te trae la luna y que si escribo es para ti.
Renuncié a lo que más me
aferraba con tal de ti, pero parece que ya no es suficiente. No sé qué más
hacer. No sé dónde buscarte. No sé si ya me olvidaste o si me sigues odiando.
Te pido que me odies a que me
dejes de pensar. Ódiame si eso sirve para curar tu corazón después de no
haberlo cuidado cuando lo tuve en mis manos. Ódiame si te da paz. Ódiame si la
melancolía te ataca robándote la sonrisa. No resignes tu sonrisa. Ni siquiera
por mí.
Rescátame de esta miseria por
piedad. No es de cristianos dejar en agonía a un moribundo. Ven a rescatarme
pronto o ahógame en las profundidades de tu olvido, pero ahógame y no vuelvas a
aparecerte en mis sueños, ni en mi inconsciencia, ni en mis pensamientos.
Cierra para siempre lo que nos conecta. Libérame de ti y deshace lo que hiciste
conmigo, porque no puede ser natural todo esto y sé de lo que hablo y tú también, porque para
bien o para mal, conoces mi naturaleza y
lo que llevo a cuestas y por la misma razón traigo arraigado un
presentimiento con respecto a ti desde un tiempo después de dejarnos de hablar
que sigue luchando para generar ruido en
mi interior, inquietud en mi andar y con los sentidos espabilados para no pasar
nada por alto. Todavía quedan puertas medio abiertas y ahí estoy,
esperándote hasta el día que decidas
regresar, mientras tanto seguiré respirando de tu ausencia y dedicándole una
oración a tu alma complicada. Sigo aquí,
en el umbral peleando con el tiempo por insolente al hacerme creer que 7 años tú pudieras
guardar tu amor, tras no hablar hace 3, tras no hablar sin pelear hace 4, tras
enseñarme a parpadear cuando lo perdí todo hace 2, por no sacar de mi cabeza lo
relativo a tu nombre desde hace 1, por tenerme aquí angustiada sobre el computador
desde hace una hora, por suplicar amnistía y expiación para mis errores hace 10 minutos y por
preguntarle a Dios hace 1 segundo el motivo de tanto mal… Insolente.
Ésta es la miseria… La vida
sin ti.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
martes, 10 de mayo de 2016
DE CUANDO SE ENAMORARON DE MI
Si el tiempo fuera benevolente
y decidiera desdoblarse sobre si mismo justo al día en que vi sus ojos y
contesté su saludo, quizás no le hubiera dicho buenos días.
Si la historia se pudiera
reescribir y borrar los errores que por joven se comete y se rellenaran con lo
que hizo falta para que por éstas fechas, siete años más tarde, estuvieras acá
soplándome el insomnio.
Si nunca hubiéramos
coincidido, tú serías un extraño pasando por la misma calle que transito con
habitualidad. Tal vez no te hubiera visto, pero coincidimos cuando era
prematuro. Quizás el inglés tuvo la
culpa de todo.
Había oscuridad cuando
llegaron los primero aleteos de un amor suplicando amnistía y mis brazos para
cobijarse pero, mis brazos tenían dueño celoso de los abrazos que pudieran
entregar, pese a que tampoco eran entregados a él. Tenían dueño que me cegó la
vida, quitándome el corazón desde el nacimiento. Dueño que con el tiempo…
Había oscuridad y demasiada
juventud mezclada con caprichos camuflados como romance, idiotez si se quiere,
horas de sobra para pensar que el futuro vendría prometedor y noches de
tranquilidad vagando en el firmamento, y ahí fue que apareciste. Yo no quería,
pero apareciste hablando en lengua familiar, aunque sin significancia. Desde
otra vida podría ser. Apareciste.
Fue entonces que las noches se
convirtieron en infinitas caminatas por las calles al azar, tú y yo, sin
tapujos y sin disfraces, desnudos de pensamiento porque estábamos en casa. Tú y
yo, tomados de las manos como si fuese casi un reflejo innato, sin preguntarse
jamás el porqué de nada, convencidos de que desde la tierra es tierra, debíamos
encontrarnos. Parece que la tierra transmutó.
Los ojos no aprendían a
parpadear aún. Mi corazón latía lleno de ilusiones levantadas por el dueño
celoso de mis brazos y estabas ahí, siempre ahí, al alcance de mis dedos cuando
un choque de energía se desató en el instante en que toqué tu cara, como la
condensación de una eternidad reducida a ti, trayendo la reconstrucción tardía
de mi destino, perdido hasta entonces, para quedarme aferrada a una posibilidad.
Recuerdos que no eran míos se desplegaron de pronto y apareció, por primera
vez, el sentido de pertenencia junto con
el magnetismo misterioso que se une a las profecías. Había retornado a ti.
Estaba a salvo, pero ya era tarde, porque era cobarde y temerosa de perder a lo
que estaba acostumbrada. Tenía miedo de conocer algo nuevo, como cuando se está
habituado al pan y al agua y aparece enfrente caviar y trufas. Tentador, pero
no sé.
Dicen que es mejor diablo conocido que diablo
por conocer ¡Yo te conocía! ¡Te conocía! ¡Dios santo! Pero estaba ciega…
Parecía ser que existía algo
más poderoso que la vida misma, necesitando más de una para concretarse y tengo
miedo de que por esta la historia haya finito. Me niego a pensar que no te
volveré a ver y que tendré que silenciar la carga que llevo en el pecho tras
aguantarla como el peso del mundo, no poder pedir perdón por haberte roto el
corazón ni poder contarte que ahora sé cómo repararlo, sólo necesitaba tiempo
para aprender, lo horroroso es que en ese tiempo te perdí (espero no para
siempre).
Deambulaba ciega, sorda y
muda, atada de manos y pies y con un pensamiento fijo en la cabeza, fue por eso
que no supe de tus afanes conmigo. Estaba hipnotizada por la belleza de otros
ojos, los del dueño de mis brazos, sin saber que perseguía la luz del diablo,
haciéndome renunciar a la felicidad por presentarse cobarde interpretando un
papel. El diablo se disfrazó y me hizo caer. Me persiguió hasta quitarme el
alma. En el alma ibas tú.
Pasaron los años y mi corazón
incólume comenzó a desbaratarse, porque para soltar una amarra, tenía que
renunciar a un poco de mi humanidad, siguiendo una trama sin fin de dolores tan
inmensos que el insomnio se hizo presente, enviando imágenes de muerte y
catástrofe para llevarse mis ilusiones.
Tras haber profanado un cuerpo, se pierde toda la humanidad, aunque algo
faltaba. Algo no estaba bien. Ya casi no me quedaba corazón. Aprendí a
parpadear entonces.
Las piezas se acomodaban noche
tras noche para resolver el conflicto durante un par de años, trayendo
intranquilidad por todas partes, siempre alerta y pendiente por si algún día se
me era entregada la absolución de mis pecados, por si me devolvían mi alma y
encontrarte de frente. Entendí que el dueño de mis brazos nunca lo fue. El
dueño de mis brazos eras tú.
Tuve que romper mi corazón
miles de veces para poder pagar el tuyo y saber al fin, lo que agonizar de amor
significa. Tú por mí cuando niños. Yo por ti cuando viejos.
Regresan las esperanzas
guardadas para el día del juicio final, y para ser sincera, no creía las tenía.
Regresan mortificándome un poco más, al mostrarme entre sueños la candidez de
tu sonrisa que por aquí no se aparece hace 4 años. Sin embargo, proliferan en
la idea de que cuando el karma se hubiera restituido, tú leerías mis
porquerías, o me verías pasar y podríamos ir por un café (como hace 6 años
atrás, un día de marzo, cuando la universidad aparecía como un mundo
desconocido y no como una carga que sobrevivir y volver a mi casa), que cuando
saliera a dar mis paseos en bicicleta por los alrededores, choque contigo y
todo se reduzca a risas y nada más, que cuando vaya camino del hospital en la
mañana, tú vengas camino de tu trabajo y nos juntemos en la esquina de
Amunategui con Huérfanos (como antes) reconociendo que nada ha cambiado, o que
todavía exista la unión que nos hizo encontrarnos en esta reencarnación y mis
pensamientos llamen a los tuyo alterando tu sentido del orden. Francamente,
pienso que todavía nos llamamos.
Aprendí a parpadear, tarde,
pero lo hice. De que lo lamento, lo lamento. Que me hubiera gustado conocer la
luz antes de todo, me habría gustado. Que aún persigo tus pasos, lo hago. Que
traigo mi corazón como ofrenda, para que ahora seas tú quién lo cure, aquí
está, es tuyo, así como yo, antes, ahora y siempre. Que te voy a esperar, estoy
esperando.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
jueves, 5 de mayo de 2016
OPALESCENCIA
De un golpe extinguiste mi vida,
Me quistaste el aire y yo queriendo respirar,
Te fuiste camino del vacío sin mirar
Que detrás dejabas tendido mi cuerpo al sol.
Consumiste mis fuerzas y agotaste mi fe,
Y justo entre las cejas disparaste.
Así se sintió el saber que ya no me querías,
Fue morir de un golpe, tras vivir una agonía.
Se hizo profunda la noche y clandestina mi sonrisa,
No hubo luz en el mundo con silencio en demasía,
No tuvo razón la razón y del corazón, ni rastros
¿Cómo pudiste ser tan cruel tras haberme amado?
Y yo que encontré en la nada algo que rescatar,
Y tú llegaste a cobrar lo que quedó de mis afanes,
Por el mero deseo de destruirlo todo,
Como si mi todo no te hubiera bastado.
Con lo que me costó confesar lo que traía atorado,
Juntar todas las piezas de un futuro que ya llegó,
Hilar el pasado para construir un presente prematuro, pero
contigo,
Y tú dijiste que a la felicidad la rondaba la muerte.
¡Qué venga a mí la muerte entonces! ¡Qué venga!
Qué saco con seguir en pie si ya está todo dicho.
Para mí ya no hay espacio en tu vida,
Y mi vida no tiene sentido si no regresas a mis brazos.
Si he de pagar el dolor que te causé, aquí ofrezco mi
corazón,
Destrúyelo y has con él lo que quieras, no importa,
Con tanto tiempo agonizando, ya no lo puedo remendar,
Mejor sé piadoso y quítale el aliento.
Qué venga a mí la muerte porque la suerte es mezquina,
Arrebatándome el descanso cada que tu imagen aparece
Vagabundeando por mis pensamientos un día cualquiera,
Oscureciendo al sol con tu falsa opalescencia.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
lunes, 2 de mayo de 2016
FUGA DE SIRENAS
Ahora el mar está calmo y los cielos no me quieren mostrar el misterio del astro rojo como el fuego, las nubes y la niebla son cómplices de su secreto, pero tanto silencio, me tiene aún más alerta que cuando las olas descargaban toda su ira contra los roqueros, tal vez, porque ahí, el silencio advertía que algo estaba por acontecer, pero ahora ¿El silencio dicta silencio, reclama al insomnio y a los miedos temporales? ¿El silencio alertará con un ruido o continuará mudo hasta que dé la estocada mortal? Creo que esta noche dormiré con un ojo abierto y el otro cerrado y ambos oídos afinados para percibir el más mínimo cambio en el tono de los estallidos, total ya se me fue la mitad de la madrugada, aunque siempre es más oscura la noche previa al amanecer y ahí, se fugan las sirenas…
LOS FAMOSOS CELOS.
Aparece la fatiga de los celos insidiosos,
Que corroen de a
poco mis ganas de dormir
Porque la noche trae sueños tormentosos,
Vaticinios de un romance a punto de extinguir.
Y sólo son esos malditos ojos profundos
Los que levantan de la tumba a mis deseos
Poblándolos de mares con besos fecundos,
Cada que se mueven en afanosos pestañeos.
Perenne obsesión que aniquila mi conciencia,
Dulce locura que envenena a mi razón,
Y es que en sus brazos no encuentro licencia
Y se vuelve indómito el palpitar del corazón.
Amargura con sabor a canción triste y boato
Lo siguen y con él mis caminos pedregosos,
Y es tentador enamorarse de un cuento barato
Aunque al final los segundos pasen lentos, moribundos y
dolorosos.
Y de pronto el tiempo se hubo dividido:
En el antes del retumbar de su nombre en mi cabeza,
Y el silencio que queda después enamorando a la tristeza,
Luego de haber conquistado donde le era prohibido.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
DE CUANDO APRENDÍ A PARPADEAR
Se acumulan los días de meses ya muertos sobre mis ojeras, pasando lentos y cargados de promesas lastimosas rellenas con tus ojos, el recuerdo de tu sonrisa al mirarme de casualidad y el dejo de protección que entrega el viento con algo parecido a tu olor. Llegan. Pasan. Se van.
Agoto las esperas perdida en
el cuadriculado de una libreta al alcance, queriendo escribir otra cosa ajena a
tu existencia, pero la mano baila a voluntad propia y tratando de plasmar en
papel cuánto es lo que siento el dolor que le causé. Si tan solo hubiera sido
valiente, quizás ahora te besaría a mi antojo
Una que otra canción se cuela
entre la conversación que entablo sagradamente al aparecer los arreboles con el
mar, robándose por un minuto mi conciencia para llevarla donde sea que te
encuentres ahora, rogando al cielo que tus pensamientos no
hayan caído en hermetismo para mí y que el escalofrío que recorre mi
espalda sea porque mi nombre fue pronunciado por tus labios o que simplemente,
por cualquier excusa, te encuentres dando un paseo por mi cabeza, como antes
solías hacer.
Hay canales que no se pueden
romper.
Hay vidas que no se pueden
separar.
Hay falta de recursos si de
saber de ti se trata, como si nadie en esta tierra se tomara un instante para
retenerte en su memoria, transformando todo en supuestos nacidos de más especulaciones y
especulaciones paridas para mantenernos lejos.
A veces me pregunto si
seguirás viviendo y dar cabida a un no, es traicionar a mis propias ganas de
aferrarme al aliento. Ya te perdí una vez y viví. Perderte dos, lanzaría la
bala en medio de mi sien.
Cómo te puedo explicar el
menjunje de cosas que proliferan en mi
cabeza cuando el insomnio aparece puntual a media noche, trayendo consigo los
mejores años de los dos, antes que el racionalismo, las leyes, los enfermos, el
dolor, la rabia, más insomnio, lejanía, cercanía, lejanía otra vez y el metro
en hora punta atacaran a matar, entregándome
un ensayo con detalles de cada momento en que la historia pudo haber
cambiado, si alguno de los dos hubiera sido valiente. Aquel día de marzo, ya
casi 6 años atrás, cuando la universidad aparecía como un universo desconocido
y no como un carga por sobrevivir, tú de pie y yo obviamente escribiendo en un
rincón, en mi casa a media tarde, tras volver de ir a tomar un café, cuando te
acercaste para juguetear con mi cabello, en aquellos tiempos tan largo y oscuro
como la agonía que profeso ahora, y dejar un beso plasmado justo donde se
siente el fervor de la sangre al subir por el cuello, aquel día, en ese preciso
cuadro, pese a todo lo que pude haber dicho antes, quise y no sabes cuánto,
pararme de la silla y devolverte el beso. Pero no pude. Vivía con culpas y temor a mi conciencia, a
lo que diría el mundo, a las consecuencias de mis actos… ¡Esa puta crianza a la
antigua de señorita de sociedad! ¡Los putos modales y lo que es correcto y lo
que no! ¡Los putos pecados que proclama la iglesia! ¡Mi puta cobardía!
Aquel día, si me lo hubieras
pedido, habrías podido desnudar algo más que mi corazón…
Es eso lo que más me corroe.
La sapiencia de EL momento en que la vida sustentó su fututo ¿Por qué no me lo
pediste?
Se rumorea que este cuerpo
joven, aunque más frío que el agua de Pichilemu, alberga un alma tan vieja como Matusalem, con secretos traídos cada vez que resucitaba y apropiándose de dos cosas:
La continuación de nuestra historia la última vez que coincidimos varios siglos
atrás y conocimientos que no todos los humanos pueden sobrellevar ¿Cómo crees que
sabía cuando algo pasaba contigo? ¿Acaso no te dije el aviso que me dieron las
olas sobre su revancha contra las personas por arrebatarles propiedad,
inmediatamente después del día en que la tierra decidiera cambiar su eje tras
haber dejado masacre en la mitad de este país? ¿Acaso no te dije que nos
volveríamos a encontrar?
Se rumorea por ahí que fuimos
lo único que no pudimos tener por adelantarnos al destino y juntarnos cuando
era prematuro al tener tan corta edad…
El error fue mío por jurar
amor cuando se tienen 16. Por jurar amor tras convencerme que así debía sentirse
el amor. Por jurar amor porque era lo que se esperaba. Por jurar amor a
sabiendas que jugaba a perder. Por jurar
amor y dar vuelta el mundo por perseguir
la ilusión encendida por la luz de unos faroles, cuando pude haber probado las
maravillas de un sol.
El error fue tuyo por creer
que por bruja adivinaría la verdad. Por creer que no estaba ciega y en mis
cabales. Por haberte acercado a saludar.
Por haberme prometido devolverme a las aguas. Por haberte hecho
indispensable y luego desaparecer. Por
no haberme besado como Dios manda. Por no haberme desabotonado la cordura. Por
no haberme venido a buscar…
No sé si es una cosa de
conciencia o de retribución por los males causados o es el punto de lo tarde
que aprendí a parpadear y no encontrarte cerca, morir de a poco en
desesperación por no verte regresar a mí y hacer como si los años no pasaron y
seguimos siendo los chiquillos más ancianos que jóvenes, solos contra el
futuro, pero siempre de la mano, cuando todavía en la inocencia, planeábamos
una vida para los dos y mira si es cruel el destino, al hacernos cumplir
exactamente lo planeado para estas alturas aunque tú por tu lado y yo por el
mío.
Es la maldita memoria
infinitamente masoquista que para probar sus alcances, trae cada detalle de
cada conversación para buscarle los errores o alguna segunda interpretación
pasada por alto, tanto así que ya tiene su frase favorita y tú la razón.
“No quiero que el día de
mañana te encuentres preguntando qué hubiera pasado si”
Pues bien, aquí estoy
haciéndole honor a tu advertencia, torturándome, maldiciéndome, ahogando mi
llanto contra la almohada para no despertar a nadie. Aquí estoy, viendo el
tiempo pasar.
Dónde estabas cuando te
llamaba como sólo nosotros podíamos hacerlo. Dónde estabas ahora que te dedico
un “Buenas noches”. Dónde estabas cuando se asentaron mis cabales, cuando
brillaron un suspiro, desintegrándose al ver que no estabas.
Dónde estaba cuando me
ofreciste tu corazón y la luna. Dónde estaba cuando era a ti a quien atacaba el
insomnio. Dónde estaba cuando el dolor se hizo insoportable. Dónde estaba la
última vez que me viste pasar.
¡Estoy postrándome a tus pies!
¿¡No es eso lo que querías!? ¿Verme ocupar el sitio que un día te hice llenar?
¡Estoy, a mi manera, tratando de enviarte un beso si es que alguna vez lograras
leer lo que escribo! ¡Aquí estoy, pidiendo perdón! ¡Aquí estoy, buscando otra
oportunidad!
De nuevo dieron las 5 de la
mañana de un domingo como tantos otros, con tu nombre claveteando en el
entrecejo e imaginando que aquel día, sí me paré del asiento…
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
jueves, 21 de abril de 2016
SUPLICANDO MORIR.
Sobre las cumbres altísimas, desaparecer debería,
Extender las alas y nunca más volver,
Borrar de la memoria a quien no me quería,
Dormir tranquila antes de la vida perder.
Calmar mi dolor la muerte supondría
Y traer consigo pensamientos hermosos,
Para que se tranquilicen los demonios que tendría,
Si siguiera viviendo estos días escabrosos.
Ahogar mi llanto en el fondo del mar podría
Nadar para siempre con las sirenas a mi lado,
Y volver a casa sin más penas, se agradecería,
Cuando mi respiración se hubiese congelado.
¿¡Por qué nacer si este infierno cargaría!?
¿¡Por qué tanto he de soportar en este tormento!?
¿¡Por qué tantos años, si mucho no se desperdiciaría!?
¿¡Por qué no me arrebatan el alma en este momento!?
¡ Oh Dios! Déjame morir aunque sea de amnistía.
Déjame morir con una muerte sigilosa,
Quiero irme con los que al otro lado me esperarían.
Termina de una vez, esta vida tormentosa.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.
Extender las alas y nunca más volver,
Borrar de la memoria a quien no me quería,
Dormir tranquila antes de la vida perder.
Calmar mi dolor la muerte supondría
Y traer consigo pensamientos hermosos,
Para que se tranquilicen los demonios que tendría,
Si siguiera viviendo estos días escabrosos.
Ahogar mi llanto en el fondo del mar podría
Nadar para siempre con las sirenas a mi lado,
Y volver a casa sin más penas, se agradecería,
Cuando mi respiración se hubiese congelado.
¿¡Por qué nacer si este infierno cargaría!?
¿¡Por qué tanto he de soportar en este tormento!?
¿¡Por qué tantos años, si mucho no se desperdiciaría!?
¿¡Por qué no me arrebatan el alma en este momento!?
¡ Oh Dios! Déjame morir aunque sea de amnistía.
Déjame morir con una muerte sigilosa,
Quiero irme con los que al otro lado me esperarían.
Termina de una vez, esta vida tormentosa.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.
martes, 19 de abril de 2016
LA TEMPESTAD
Lo único que se logra oír es el retumbar de la lluvia en los
techos. No hay nada más.
La luz se ha ido hace un par de horas con la excusa de traer
salvación pero ya nadie cree que vuelva. De a poco se van apagando las
esperanzas.
¡Hay tanta agua alrededor y tanta sed de sus besos!
La noche se presenta igual que las anteriores: Fría, con
lluvia y más lluvia, aunque hoy tiene los galardones que le ofrecen los
candelabros prendidos por la casa creando constelaciones diminutas y al alcance
de la mano, otorgándonos lo que el cielo nos prohíbe: Luz.
¿Se encontrará bien?
Me pierdo en el danzar de las llamas dejándome hipnotizada
con sus corcoveos seductores donde me muestran la figura de un hombre acercándose
¿Vendrá a cobrarnos la vida?
Los cristales se escarchan amenazando con quebrarse en miles
de partes, pero todavía dejan ver que desde afuera emana una luz
particularmente siniestra iluminando el firmamento imprecisamente pero completo
y nadie logra encontrar de dónde proviene. Solo está ahí. Alumbra. Y por las
fechas no puede ser la luna. Quizás Dios no nos odia y nos dice “Ahí tienen su
esperanza. Aférrense a ella.” O tal vez todo lo contrario, es un vaticinio de
que el tiempo se agota conforme sigue avanzando el reloj y la cosa se pone
peor. Ninguna de las dos opciones parece
confiable a estas alturas y temo por la salvación de mi alma. La duda, cuando
aparece, infecta cada pensamiento en concepción febril tras llenarse de
desesperación y el encierro constante no mejora la situación. Sería mejor que
me quitaran el aliento la próxima vez que vuelva a dormir pues la figura del
hombre, altera el sentido del orden aquí dentro. En mi cabeza. En cada minuto. Él.
Aparece un olor a castañas asadas inundando el aire. Por un
segundo me encontré de nuevo en su cuello, tantos años atrás, pero segura de
cualquier mal.
¿Habrá recibido mis cartas?
Un rayo toca el piso e incendia la tierra dos segundos para
luego, extinguirse en un recuerdo que dejó cicatriz para siempre. En el exterior
se desató el llanto tras la pérdida de sus municiones.
¡Ahora hay música en los cielos! Los truenos marcan la
cadencia de la sinfonía improvisada, poniendo a cantar a los queltehues la
amenaza circundante a sus vidas tras la destrucción de sus nidos y la lluvia
siempre detrás. Trueno, tras trueno, tras trueno como paroxismos en avalancha de
su nombre en mi cabeza cuando enfermo de nostalgia.
¿Volverá por mí?
Hasta las nubes se están cansando de llorar ¿Cuándo lo harán
mis ojos?
Presiento la aniquilación tempestuosa de cuanta alma vague
en la intemperie, como si los demonios jugasen a disposición en los jardines
esperando, asechando para poder robar lo que vinieron a buscar. Puede ser que
ellos conozcan las respuestas a mis preguntas. Puede ser que vengan con el
hombre.
Hasta el momento, lo que he podido sacar en conclusión es
que o me matan los demonios o me mata la lluvia o me mata él si no vuelve a mis
brazos.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
miércoles, 13 de abril de 2016
HIJA DE POSEIDÓN
Se acobardaron las olas con el lamento de mi voz. Sienten
miedo de mi llanto y que las pueda ahogar en desespero. Retroceden. Se van.
Desaparecen… igual que él.
La brisa viene a secar mis lágrimas como consuelo bravío en
momentos de miseria susurrando entre silencios la venida inminente del sol, los
deshielos de la piel cuando su recuerdo sea enterrado y la somnolencia
provocada por el cansancio de tanto llorar.
Dibujan escenarios maravillosos con la arena en suspensión, bailes
destinados para dos a media luna y sus brazos volviendo a cobijar mi estupor.
Me cuentan sobre lo que han visto los mares, los secretos
que guardan y la muerte que siempre ha de rondar. Secan el rastro de sudor de
la frente, erizándome el cuerpo cuando uno que otro pensamiento vagamente
erotizado se cruza por mi cabeza.
Las sirenas se asoman en los roqueros, aprovechando el
retroceso de las olas, pidiéndome regresar a casa con ellas, tras tantos años
lejos por seguir una sombra de romance infecundo por cuanto camino se me puso
en frente. Sin embargo, en ese mismo camino, fue donde perdí mis propios pasos
luego de ver el resplandor de unos ojos majestuosamente inocentes ¿Cómo
regresar a casa sin esos candiles para guiarme en la oscuridad? ¿Quién los verá
ahora?
“Vuelve a casa” me dicen ellas.
“Vuelve a casa” le pido yo.
De pronto, a lo
lejos, muy lejos, se abre un claro de luz, transparentando las profundidades
del mar y las visiones de paz ceremoniosa, de cánticos eternos con finales
felices, se apoderan de mí como si de un hechizo se tratase.
Hay tanta belleza. El azul es tan difícil.
Hay algo en el vaivén taciturno del agua que engatuza a los
sentidos y los hipnotiza a perder voluntad, pero qué hacer cuando la voluntad
se perdió con otro.
Los años y las continuas intermitencias de su figura por
estos lados han hecho más estragos de los que son menester asumir, como cuando
se levantan marejadas y azotan a las rocas dejando caos donde decida
desvanecerse la mirada. Ahora entiendo el daño provocado al mar tras la fuga
sin aviso de los cientos de almas condenadas a su adoración.
Hay ausencia entre los dos. Hay suspensos entre los dos.
Esa seducción que emana de lo conocido, la necesidad de
volver al hogar, la sapiencia de las equivocaciones en la vida y el lugar al
que hemos llegado… ¿Cuándo el amor se transformó en indiferencia? ¿Pensará aún en mí?
En el horizonte comienzan a parecer caravanas de lo que pudo
haber sido y me siento tentada en ir a alcanzarlas, tragarme el orgullo, cerrar
los ojos y dar, por una vez, un paso en falso hacia lo desconocido, dejarme conducir
por las corrientes del océano hasta donde me enraícen y desde ahí empezar de
cero, reescribir esta historia poniéndole su nombre por título.
El anhelo desgarrador de querer volver el tiempo atrás
sabiendo que en la vida se podrá tener, pese a que, de vez en cuando, cuando
los planetas confluyen y el mar alcanza a rozar el sol, se desdobla, haciéndose
circular y entrega la posibilidad de vivir todo de nuevo. La cuestión es
cuándo, porque se me hace difícil respirar estando apartada de la razón que
pudo quitarme el aliento, así como la indumentaria, así como las ganas de
querer dormir por otra causa que no sea el cansancio. ¿¡Por qué su recuerdo
viene cargado con tanta lujuria!? ¿Por qué quiero lanzarme al mar?
Las sirenas vuelven a aparecer, me extienden las manos y me
hacen señas. Me muestran todo lo que puedo tener si las acompaño, pero en
ningún lugar veo sus ojos. La cantidad de años que no los he vuelto a ver,
quizás aún más que la cantidad en que su memoria vino a quitarme el descanso,
es la misma que llevo sin pisar el almizcle formado en el agua cuando se calma
la agitación de la superficie.
“Vuelve a casa” me piden ellas.
“Vuelve a casa” le pido yo.
De pronto un burbujeo exuberante se apodera de las olas. Ya no
me temen. Es como si algo todavía peor las obligara a hacerme languidecer ante
las peticiones de las sirenas. Gritan
desaforadas, golpean con furia todo lo que se cruce en su camino. Llegan a mis
pies aprisionándome en la escapatoria, deteniéndome absorta cuando la figura de
carruajes tirados por tiburones incide en la escena, tomándome por la cintura y
llevándome al fondo.
“Él está en casa” susurran los vientos.
“Yo no puedo volver”.
miércoles, 13 de enero de 2016
NOSOTROS EN SUSPENSO
Sé que me viste, desde la distancia más ínfima en un
universo condensado entre nosotros dos. Al alcance de dos pasos y una vida en
suspenso. Tras tantos años de espera para que nuestros pasos se volvieran a
topar, pero la suerte es mezquina e hizo que desde mi auto viera pasar el tuyo, por el
camino que millones de veces transitamos los dos y que en secreto, sigo
recorriendo por si los azares, quizás,
en algún momento, nos vuelven a juntar. La suerte es mezquina…
Sé qué me viste, por esa indiferencia barata que corroe lo
que alguna vez pudimos ser y que alcancé a percibir en tus ojos magnéticos, que
pese a todo, escapan a los míos, por temor a que los años pasados vuelvan a la
vida, tras dejarlos bien enterrados, quemados y olvidados. Sé de tus
miedos a cerca de desatar viejas pasiones que luchan por mantenerse
pendientes del tiempo. Yo también tengo miedo.
Sé que me viste porque te conozco con certeza de lo absoluto,
tanto como para apostar la vida a que más de una vez mi imagen pasa por tu
cabeza, despertando dragones dormidos con mi nombre grabado en el pecho, y que
así mismo es la amalgama de todo lo que pudiste tener y lo que nunca fue tuyo. Tan
al alcance y tan distante Siempre contigo, pero nunca para ti...
Sé que me viste porque el mundo cambió; algo volvió a lo
conocido, como si nunca se hubiera dejado el hogar, el olor a tierra mojada y
las conversaciones de pájaros negros volando sobre una cama vacía. Todo eso
reducido a un segundo, a un par de metros, a la posibilidad de todo y con los
miedos por nada. Todo convertido en
vacío. Todo hecho trizas. Todo acabado. Todo en la encrucijada entre tu casa y
la mía.
Sé que me viste, porque nosotros, todavía estamos en
suspenso.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
martes, 1 de diciembre de 2015
HAY MÁS DE UNA FORMA DE PERDERSE EN UNA CAMA
Comienza con el insomnio producido
por el cansancio acumulado o por las preocupaciones ufanas que carcomen la
conciencia viciada de inseguridades y miedos a medio engendrar, agitándose en ventoleras
las aspas de los párpados, obligándolos a permanecer abiertos más tiempo de lo
cotizado, amenazándolos con la muerte si se atreven a cerrarse y dejar que el
sueño retorne al trono arrebatado por la noche.
Le sigue la desesperación de
sentir sobre el cuerpo el peso monumental de las frazadas tibias en demasía provocando
la asfixia y la sudoración crónica, se palpa la aspereza de las sábanas y el
recorrido del escalofrío a través de la piel. La densidad del aire es tal que
las pelusas se mantienen atrapadas en suspensión sin posibilidades de escapar a
ningún sitio…Cuesta respirar y las almohadas, el colchón, se vuelven rígidos y
encima se sigue sumando peso. Hay mucha luz dentro de la habitación, maximizándose
al rebotar en las paredes tan blancas como la nieve, concentrándose en el
medio del techo reducido a un par de tablas clavadas juntas…el candil estalla con
el trascurrir un par de segundos y la claridad irrita los ojos, los enceguece y
los devuelve a las tinieblas, a las sombras batidas con tres tazas de silencio
destilado y adornado con trozos de tic-tac que invaden la casa vacía con su eco
reiterativo, aunque un tanto anestesiante, pero que al final, termina poniendo
los nervios de punta.
A lo lejos el ladrido intermitente de
los perros se vuelve perturbarte mientras avanzan las horas y el letargo no
regresa. Molesta y el aullido aumenta creándose una sinfonía canina que actúa
delante de las estrellas de un debut casi prematuro y lleno de desafinaciones
garrafales perdonadas porque se tenía intenciones de perdonar.
El paso del tren por los rieles da a
entender que tiene que ser cerca de las cuatro de la madrugada, aunque
realmente no importa: cuando el insomnio ataca no tiene la decencia de
preguntar la hora, o si el humor acompaña o si a la mañana siguiente se tiene
algo qué hacer. No, solo lo hace y punto. Llega, se queda, abusa y se va, sin
importarle nada, ni nadie…
El atrincheramiento entre los cojines
por las incontables vueltas dadas afanando en encontrar alguna postura cómoda,
el calor almidonado perdido en un momento de inconsciencia y languidez, causan
desorientación. Ya no se sabe dónde se está, por qué se está ahí, en realidad si
se está donde se supone que estaba al acostarse y se descubre que hay más de
una forma de perderse en una cama.
Da pánico estirar un brazo para alcanzar
el interruptor de la lámpara y se prefiere dejar la penumbra, la incertidumbre,
el miedo irracional tal cual hasta armarse de valentía inventada y a paso lento
tantear el camino, llevándose al vacío las cosas puestas en el velador por
factor desconocido; se prende la luz y desaparece el espectro reinante del
desorden espacial, se mutilan las fantasías que afanan en causar problemas
donde desde hace mucho no hay calma, y el sueño comienza a aparecer de donde
había quedado oculto antes… ya no hay vientos que amenacen a los párpados, que
se cierran justo cuando el sol se alza imponente en el firmamento y se recuerda
que ese día, ese día no hay nada que hacer, excepto seguir imaginando cosas
donde nunca las hubieron.
ESCRITO POR: FRANCISCA
KITTSTEINER
EXISTE
EXISTE
Existen mis noches de
desvelo porque falta tu calor a mi lado.
Existen mis miedos
desde el día que probé tus besos.
Existen mis pesares
desde el descubrimiento de un corazón enamorado.
Existe la alegría al
mantener el deseo confeso.
Existe la fantasía de una
mirada porque conocí tus ojos hermosos.
Existen las ansias por
volver a verte una vez más ¡Por Dios!
Existe un palpitar
insoportable donde antes había hielos en pozos.
Existe un múltiplo par
porque nos encontramos los dos.
Existe la dicha de un
fortuito y distante reencuentro.
Existe el sabor a canción
romántica en mi labio deshidratado.
Existe también, la fantasía
de un amor como de cuento.
Existe todo, porque tú
existes y éstas a mi lado.
Existen las estrellas,
la luna, el sol en el cielo.
Existen los duendes,
las hadas, las brujas y por alguna parte,
Existe el veneno de una
despedida en el cuello.
Existe perversidad para
cuando quiera desnudarte.
Existen los números
imaginarios, los reales y el entero.
Existen las operaciones
de adición y sustracción.
Existen los ejemplos, y
un jaque mate certero,
Y existen los iones con
infinita atracción.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
domingo, 29 de noviembre de 2015
POR SI NO LO SABES.
Me arrepiento de lo que no hice contigo,
De vetar los besos suplicantes de amnistía,
Congelados en la censura de la nada
Cuando pudieron haber sido todo eternamente.
Me arrepiento de no haberme arrepentido antes,
De olvidar tu silueta desdibujada en las calles
Porque mis ojos eran ciegos y el corazón era pobre.
Porque perseguía las miserias de un romance pendenciero.
Me traiciona la cordura al pensarte en éstas fechas,
Sabiendo que ahora podrías estar aquí, conmigo,
Prendados por las manos hasta el final de los tiempos,
Enamorados en secreto cuando cae la noche.
Me arrepiento de no haberme atrevido a la locura,
De pensar tanto en las consecuencias de un desliz,
Que por pensarlo, se queda sin concretar,
Que por cobarde, te haya perdido para siempre.
Me arrepiento de no haber hablado cuando era preciso
Y en cambio confesaba mi amor entre pestañeos,
En el roce inocente de tu hombro y mi cabeza,
De las coincidencias nacidas para hacernos coincidir.
Me arrepiento de no haberte correspondido,
Y negar lo evidente al mundo:
El cumplimiento de mis mil profecías felices,
Un tú, conmigo, encerrados en un corazón.
No quiero tus fantasmas molestando mi sueño,
No quiero que vengas parpadeante en mi inconsciencia,
No quiero volver a arrepentirme,
No quiero que me olvides por azar.
No te arrepientas de haberme mirado,
Recuerda que tú me empezaste a seguir,
Hasta hacerte indispensable en mis pasos,
Hasta dejarme varada en los codos del ayer.
Vuelve a mis brazos de una vez y para siempre,
Porque me arrepiento de volver a respirar,
Se condensó el aire y sabe a sulfuro,
Tras llevar a cuestas el dolor del mar.
Ven y quédate. Yo te invoco amor mío,
Tan mío y propio como fue una exhalación,
Tan dulce y cierto pese a la decrepitud de los años,
Tan esquivo y misterioso como Macondo antes de los Buendía.
(I'll wait for you in Macondo, everyday, every night, until you love me again)
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)












