miércoles, 14 de octubre de 2026

AMPARO



A esta hora de la noche, en un día sin relación,  tu nombre inundó mis lágrimas al pensar en la última vez que te vi.

Una década con un cuarto menos a un instante de cerrarse y el tormento que aún se envalentona muy dentro de este pecho destrozados por la ausencia, niebla  mi juicio trayendo de golpe al dolor, ese dolor inubucable y profundo, como sombrío y redundante. Un dolor lastimero conquistador de fantasías que corroe como el oxido, lento y destructor. Implacable. Inevitable.

La última vez que te acurruqué en mis brazos, ese segundo sin conciencia de lo efímero, transmutó en un lapso de tiempo insolente ladrón de futuro marcado por la falta completa de luz en los abismos.  Ahí estoy ahora, de tanto llanto llorado en tu nombre, donde la presión del mar destruye cada intento mío de traerte de nuevo aquí, conmigo, pero, cómo te secuestro del cuidado de la muerte, a quién le robo un suspiro de vida... Esta maldición nefasta de la melancolía y sus detalles voyeristas tan vívidos que, todavía me hacen sentir tu calor al lado mío, pudiendo reconocer los sonidos que emitías al caminar incrustados en mi cabeza, así como ese silbido de cansancio al correr en la arena mojada.

El bolero perfecto para bailar con la locura, mientras la noche comienza a agonizar con su oscuridad.

Tenías 5 años, pero deberías tener 13 ¿Cómo habrán sido esos ocho años si te hubieras quedado?
¿Tú sabes si nos volveremos a encontrar?

ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER 

jueves, 30 de julio de 2026

EL ÁNGEL NEGRO

 





Ruido, alcohol y risas y baile eterno que adormeció a mis pies obligándome a tomar un descanso y te vi. Ahí estabas y ahí también estaba yo. 

Un golpe de marea me llevó en dos segundos de vuelta a la tierra y como hipnotizada y sin vergüenza, te saludé. 

Vi entonces, los ojos más hermosos que el universo puede contener.

Poseída por un impulso animal, inventé una excusa para conversar. Yo no soy así, algo provocaste y una serie de coincidencias cobraron sentido. Una vida en un suspiro, jugar a todo o nada sin tener cartas seguras, pero como un mandato de Dios, lo aposté todo. Si lo dice él, yo lo hago.


Las decisiones tomadas al azar como el haber ido a aquella fiesta a la que estuve a punto de renunciar, o el haber bailado hasta el cansancio, teniendo que parar y verte, para reconocerte, eran un jalón de hilos invisibles amarrando nuestras manos, llamándonos. Tú no debías estar ahí, yo no quería ir.


Ruido, alcohol y risas y la necesidad instintiva de quedarme anclada a tus labios. Ahí estabas tú y también estaba yo. El mundo sobró. La gente desapareció. Yo firmé la sentencia.


La luz y la oscuridad colisionaron esparciendo esquirlas de deseo hasta lugares tan recónditos como en la tundra de mi piel. El viento tibio de una noche de noviembre marcó el aviso del término de una era glaciar y el olor a azahares revoloteaba alrededor, bailaba con nosotros que, después de tanto tiempo, nos volvimos a encontrar. 

Este magnetismo proviene desde otra vida, cuando un tú y yo se fundía consecuente en un nosotros seguido de un para siempre. Un tú y un yo amarrados por la eternidad.

No tuve dudas. No tuve miedos ni reproches, estaba, sin saberlo en el lugar que me pertenecía por mandato: en tu pecho, descifrando en qué código tu corazón susurraba mi nombre. 




Se sintió tan familiar estar atada a ti que no dudé de la locura disfrazada de destino. La similitud de dos almas encontrándose después de una vida de ausencias, y varios años de diferencia. Los ojos negros de cazador, la sonrisa cargada de seducción y la electricidad que me recorrió cuando me volví prisionera de los brazos de Sansón, marcaron sin remedio, la cadencia el abandono al intelecto. Insisto puro. Dos lobos en exilio reconociendo a su igual.


Y de pronto, luces. La fiesta se acabó y con eso te perdería para siempre. 

La mano de una buena amiga tomó la mía para que regresame a la vida sin ti. La noche terminó, pero cómo si te acabo de encontrar. 


¿Qué fue lo que me pasó? ¿Un flechazo? ¿Así se siente? 

Esa noche la sangre deshieló mis sentimientos y volví a sentir como se siente el primer amor. Tac, tac, y una pausa, tac, tac y tu nombre en mi cabeza, con el recuerdo de un beso que esperó siglos para poder ser dado. 


Los dias pasaron nublándome los pensamientos de ti. ¿De qué vida te conozco? Era imperante volverte a ver, como una necesidad siniestra que debía ser satisfecha o los delirios aparecerian arrebatándome la cordura. Mi sangre hervía y la fuerza del mar se condensó en voluntad, haciéndome valiente para invitarte un trago una tarde de un sábado. No fue un sábado, fue un miércoles y la invitación la hiciste tú ¿Por qué me siento en casa contigo? ¿Has notado que pensamos lo mismo? Tu cuerpo debe calzar con el mío.  


No pasó mucho para descubrir que en tus manos habitaba el calor del deseo. No bastó mucho para entender que ya no habría marcha atrás. 


Los secretos de la noche derramados en la habitación, la promesa de resurrección despues de la muerte, un beso cargado de lujuria dilatado en el tiempo y tus dedos abriendo camino donde ya ni huellas quedaban. El sol y la luna eclipsándose, fundiendose por fin para dormir abrazados después de tantas eras. 


Mientras tu perfume se impregnaba en mis recuerdos, entendí que no era por un príncipe por quién esperaba, sino por mi efímero ángel negro. 


ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER 

AÑORANZA

 




Esto es lo que quiero: la reverberancia en los albores, tras abrir los ojos y de pronto, saber que la existencia es completa, plena y feliz, cuando, un segundo más tarde, vea los tuyos y el amor comience otra vez. 

Ese amor incandescente, furioso y garrido, dispuesto a todo con la algarabía de la ternura, tal cual como si fuera el primero con ansias de que sea el último.
Saber que el destino siempre existió cuando encuentre en tu piel el olor al hogar, mi hogar, el sitio donde la seguridad es absoluta y los demonios no sean capaces de entrar. Tú  y yo.
Tu respiración alentandome a vivir cuando se vuelva tenebrosa la existencia. Mi vida a cambio de la tuya.

Eso es lo que quiero: un amor tan grande que trascienda eras, donde la muerte no se interponga si encontrarnos es menester.  Tú corazón arraigado en mi palpitar incluso cuando ya no tenga uno.

Noches eternas ahogada en ti, con el vaticinio del futuro por delante, tan eterno y acogedor como la luz habitante en tu alma... El deseo congelado con el correr de los años, latente a despertar cuando mis manos acaricien  tu rostro; perpetuo, deborante y nuestro.  La sapiencia de haber nacido para conocernos y hasta encontrarnos, dejar pasar la vida entre suspiros de añoranza, en la latencia de la búsqueda, en la esperanza de tus manos sosteniendo las mías en las noches de pesadillas.... Un segundo dilatado en la espera.


Eso quiero: una vida contigo. ¿Cuándo aparecerás?


ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER 

sábado, 11 de julio de 2026

LAS LEYES DE LA ENTROPÍA.



 




 En medio de la nada estoy. Detenida. Estática en el ojo del huracán. Soy un agujero negro que consume la luz, donde todo lo que entra ya no puede salir. 

Mi futuro ya no es mío; los planes trazados no se cumplirán. 

Asoma la locura entre la escarcha que comienza a caer cuando no existe el ruido. 


Las noches vienen cargadas de tormentos, de escenarios catastróficos con cada parpadeo: hay caos. Todo tiende al caos. Así se gesta el universo ¿por qué en mi cabeza sería de otra forma? 

Me pierdo en las figuras del humo de un cigarro y juego a adivinar profecías, mientras la tierra se acomoda para liberar el rencor añejo hacia la humanidad. No veo las estrellas. No sé en qué lugar del mundo estoy.

Yo, criatura del agua, condenada a vagar por desiertos hasta pagar por completo los pecados cometidos con cada reencarnación. 

Esta no es mi primera vez aquí. 

Sé cómo fue una de mis muertes: se me anunció hace siglos el tránsito por la rivera del mar, donde las olas lamían la roca a las faldas de las montañas, con selvas creciendo de entre las algas hacia el cielo y que solo a cierta hora durante cierto tiempo, se podía recorrer.  Me quedé más de lo permitido y Poseidón reclamó mi alma. 20 años después de ese sueño febril, encontré el lugar, lo volví a caminar y en el descuido de la algarabía de la imprudencia juvenil, volví a quedar atrapada, entonces recordé…entonces, supe cómo salir. 


Ahora, en cambio, estoy confinada a un suspiro eterno, a un lugar oscuro y sin mar, donde las huestes de demonios vienen a contarme sobre el fin del mundo y la soledad que acarrea.

Liberé los lazos externos, aferrándome solo a 6 personas, a la sangre de mi sangre y carne de mis huesos, aunque siento en las entrañas, que dentro de poco, ya no serán 6… la muerte ronda entre nosotros, bailando tangos seductores con voz trasnochada y con olor a habanos.


El olor a azúcar quemada me invade,  el gusto a sal en los labios, aparece. Sé que todo está por cambiar en breve, por eso no me muevo, por eso espero, aguardo con mi ejército  la caída de la torre en el tablero. Al acecho. Una vez cazador, siempre cazador. 


La historia del Hombre empezó con una mujer diciendo “no” ¿cómo podría yo ser diferente? ¿Cómo podría agachar la cabeza, si en mis células está grabado su legado? 

Me convierto entonces, en el huracán que lo destruye todo, que arrasa civilizaciones y que cobra a su paso cuanto se imponga por delante. Una simple brisa en el rumbo correcto, es de pronto, una trampa mortal. 

¿Retroceder? no es opción. 


Soy capaz de incendiar el mar cuando la sangre me efervece. Soy capaz de crear vida con mis manos y de envenenar conciencias cuando quiero. 

Lo único que no puedo, es silenciar a la voz habitante en mis pensamientos, que me exige con furia, volver…


Soy voluble como una corriente; apacible y cálida en la superficie, pero peligrosa y fatal frente a alguna imprudencia.


Se cae el pétalo de una rosa blanca que decidió nacer en julio, a 10 días de sumar una arruga nueva a mi piel, piel que clama por caricias, piel que se ha convertido en tundra desde la ausencia del amor. 

Cae el pétalo de una rosa blanca que decidió nacer en julio, así como se agota un nuevo año a esta vida mía. 

¿Quién soy esta vez? ¿un alma vieja llena de cicatrices? ¿una bruja que ardió en la hoguera? ¿La princesa arrancada desde las profundidades, que busca desesperadamente su corazón para volver a su hogar?  ¿una triste mujer solterona carcomida por un delirio? ¿destructora de mundos? ¿siquiera un grano de arena en la historia moderna? ¿Otro nombre más que será olvidado en 50 años? 

A mis muertos los cargo en el alma. Gente que jamás conocí, gente enterrada varias decenas de años antes de la concepción de mis abuelos, las hago presente, como a la niña de 6 años,sepultada en 1879 detrás del mausoleo familiar. Ningún lazo nos ata, pero me rehuso a la omisión de su existencia, pese a que su padre y su hermano descansan a su lado, en otro continente distinto al que escuchó su llanto al nacer. 

Quizá también quiero que alguien se aferre a mi recuerdo varios siglos después de haber dado mi último suspiro. 

Estoy aquí, como el Límite de X cuando X tiende al infinito, expansiva, llena de posibilidades, sin un término claro, como el universo. 


Aún no logro ver las estrellas. Aún no sé dónde estoy entre el 1 y el 0. ¿Si calculo mi raíz, qué tengo? Raíz de Fran ¿el agua? ¿la bruja? ¿La sanadora? ¿nada?


Vuelvo a caminar esa franja de arena entre el mar y la montaña, mientras tras de mí, desaparece el camino de regreso. Siento debajo de los pies a las colonias de pulgas de mar huyendo asustadas por la presencia del invasor. Hay un cambio en la temperatura del agua. Vuelvo a sentir el sabor a sal en mis labios, al viento frío curtiéndome las mejillas, a la piel transformarse en escamas, a mis dientes afilados como cuchillos sedientos de vida para prolongar la mía, y veo cómo el hálito se corta por el frío. Esta es mi forma original. 

Siempre el universo tenderá al caos. Así lo dictan las leyes de la entropía. 




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.








martes, 28 de abril de 2026

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miércoles, 4 de marzo de 2026

LA COINCIDENCIA


 



Dicotomía es lo que siento cuando se trata de ti. Esta necesidad animal de correr a tus brazos, mezclada con la orden certera de la cordura de escapar en dirección contraria. ¿Apostar el corazón? ¿se puede amar sin amar? 

Cierro los párpados y ahí estás tú, mirándome con ojos de cazador, manteniéndome en la espera dilatada de un segundo eterno. Avanzas lento, provocando que mi cuerpo se congele sin poder moverme sino hasta sentir tus dedos en mi cintura, a tus brazos arrullándome y tus besos despertándome el deseo. Pero no te encuentro. No apareces. Ya casi olvido tu olor. 


Me abruma el silencio entre los dos, siento como si la tierra se expandiera dejándonos en polos opuestos sin tener cómo volver. Me desespera esta guerra continua en mi interior entre lo que debo hacer y lo que realmente quiero hacer. Te quiero a ti, pero no debo. Debo alejarme, pero no quiero. 

¿Qué fue lo que pasó conmigo? yo no soy así. Nunca debí haberte ido a saludar ¿por qué lo hice? Sentí una fuerza magnética que me llevaba inevitablemente a ti, como un golpe de ola que arrasa con todo; así se fueron mis inhibiciones y de pronto, estaba inventando una conversación para no dejar que te fueras.

Pasan los días y no te he vuelto a ver, me consumo en la angustia de la abstinencia. Anhelo tus manos en mi piel, torturándome, devorándome, tomando poderío de mis pensamientos, apagándolos lento, con cada beso dejado en mi cuello, con cada susurro lascivo, con el palpitar de tu corazón cuando descanso en tu pecho.


La locura llega disfrazada de oscuridad conquistadora de los recodos del lugar donde me encuentro, sin saber bien dónde, si es el cielo con sus ángeles o el infierno con el diablo sirviendo un martini para acompañarlo en la espera que él también espera, por si algún día lo dejan volver a ser hermoso y perdonado. Beso, beso con sabor a locura, a eso sabe tu boca, por eso me es tan familiar, la locura a veces, es más cuerda que la falsa indemnidad de la neurosis. 

Los días pasan aglutinándose entre ellos cuando no estás aquí, irrelevantes como un grano de arena en el mar, pero contándose tantos, que comenzaron a desviar las aguas hacia el abismo, donde los leviatanes rugen en desesperación por el dolor infantil en mi interior, y sufro en silencio, lloro sin derramar lagrimas, grito sin emitir sonido, muero sin dejar de vivir, muero envuelta en tus caprichos. ¿Dónde estás? 



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.