jueves, 6 de febrero de 2025
LA SED
HIJA DE POSEIDÓN CUENTO LARGO
miércoles, 5 de febrero de 2025
BANCOS DE ARENA
Y el menguante de
la luna alumbraba a las aguas, las olas se mecían adormiladas en su danza, a lo
lejos venus también brillaba queriendo estar más cerca de la Tierra que del
sol. No soplaba el viento. No había zancudos. Era la noche perfecta para el
amor.
Aún quedaban
rastros de atardecer en el horizonte, marcando al rojo vivo su figura
destilada. El sol se esfumó una vez más.
Olor a baja marea
abundaba en el ambiente con exceso de sal fatigando al aire, consumiendo de a
poco la cordura, haciendo que los demonios bailen en las hogueras.
No había más luz
que la de los astros y ninguna otra presencia llenando el vacío, más que la de
ella.
Bajó a tientas
hacia las rocas, caminando de memoria por donde no existían los filos, se lanzó
al agua sin pensarlo dos veces, siendo recibida por el carruaje de coral con
perlas negras incrustadas en las correas. En las profundidades hay maravilla
tan exquisitas que están más allá del entendimiento humano, asimismo contenía
bestias más terribles que las que habitan en el infierno.
- - Va a
ocurrir otra vez – dijo sentándose en el trono – lo noto inquieto, con una
tranquilidad a la fuerza que no es natural…va a ocurrir otra vez y no puedo
detenerlo.
- - Sirena,
princesa del mar, tú controlas las mareas, pero la tierra no. Si ha de ser,
será – dijo el general de los tritones.
- - No voy a permitir otra masacre amparada por mi océano. Tú sabes, general, que cuando la tierra se mueve yo no puedo contener su fuerza en las olas. La última vez arrastró tantas almas que todavía quedan vagando algunas por allí. Aseguren las costas, quiero bancos de arena en toda su extensión, que se sequen las lagunas y que el mar retroceda 15 metros. Esta vez no va a ser por nosotros que se pierdan más vidas de las necesarias.
- - Sí,
Sirena – contestó el general y se fue.
- - Quiero
a todos los tritones haciendo guardia en las bahías, que vigilen el mar y la
tierra y que, si hay algo extraño, me lo hagan saber de inmediato.
A lo lejos
escuchaba el bramido de los leviatanes y los rugidos del kraken. No era buena
señal. Ellos perciben cuando hay catástrofe cerca y exigen alimento: caos y
muerte.
Bajo la
superficie, batallones enteros de tritones se disponían a cumplir con las
órdenes de la Sirena. Algunos tenían la misión de ir a tierra a escudriñar
cualquier agitación que pudiera desencadenar la furia del mar. 103 comandantes
fueros enviados a tierra. Los 7 generales estarían cada uno en su mar. Las sirenas
se preparaban no cantar. Durante un año tenían prohibido atraer náufragos a sus
trampas. Dentro de ese año, la tierra se movería. Era un hecho. Y se movería
tanto que por un segundo dejaría de girar haciendo que los océanos se
descontrolen tanto que nadie podría contenerlo, ni siquiera Poseidón.
La Sirena vio
cuánta destrucción se aproximaba. Sabía el dónde, sabía cómo, solo faltaba el
cuándo.
El mar tiene un
cantico particular, que se repite ola, tras ola, tras ola y durante el último
mes, imperceptiblemente para todos, menos para la Sirena, se saltaba una nota,
lanzando en cambio un quejido escondido en el reventar de cada una. El agua transmite todo, incluso las catástrofes
por venir.
La vez anterior
que el mar tomó partido en los acomodos de la tierra, la Sirena tomó posesión
del trono tras matar a Poseidón y a su descendencia. Esta vez le tocaría a ella
enfrentarse a la verdadera furia del mar.
Había pasado
tanto tiempo fuera de casa que casi no recordaba cómo reinar; estaba
protegiendo a los humanos, olvidando que también afectaría a su pueblo. 13
sirenas murieron hace 15 años, tras quedar varadas en tierra, sin contar los
millones de peces, estrellas de mar, anémonas, coral y sueños mutilados ¿Qué
haría con su gente? ¿Cómo los protegería?
Hubo prohibición
de acercarse a la orilla, todos salvo los tritones que hacían guardia, tenían que
estar 1 milla náutica mar adentro. Se cumplió la orden tan bien que a los
humanos les fue difícil pescar. Nadie, bajo ningún punto podía trasgredir el
límite de la milla náutica.
Así pasaron 4
meses, tiempo en que la Sirena no volvió a la superficie a caminar en dos
piernas y nadie pensaba que pudiera ocurrir lo pronosticado, pues el mar seguía
tan calmo como el primer día de su regreso.
No llegaron
reportes desde las costas, en tierra todo parecía normal, los peces
proliferaban con la disminución de su pesca e incluso los humanos se estaban
adentrando más allá de los bancos de arena. Paz y calma en todo su esplendor.
Y pasó.
De nuevo de noche, de nuevo cerca del mar, de nuevo tres minutos.
- - ¡Qué
crezcan los bancos de arena! No tenemos tiempo. Avisa a los tritones que regresen
de inmediato. Los que están en tierra están más seguros que aquí.
35 metros se
recogió el mar dejando al descubierto sus secretos más íntimos.
Los humanos ya
sabían cómo actuar. No se podían equivocar dos veces.
Corrían lo más
lejos posible del agua, dejando olvidado lo que no fuera esencial. Tuvieron 3
minutos.
desde las
entrañas del océano se levantaron olas gigantes con masas de agua aún más
grandes. 5 olas arrasaron las costas, las primeras dos y las más destructivas
fueron amortiguadas por los bancos de arena y las otras tres cobraron los
límites que alguna vez perteneció al mar.
Se recogió de
nuevo tras un segundo temblor. Dos olas más golpearon todo a su paso.
Se cobraron vidas
humanas, almas que llegaron de golpe a pedir refugio al trono de la Sirena. Si no
les daba asilo, irían a parar al infierno.
Los tritones en
tierra, cuando vieron que las aguas retrocedían se lanzaron en picada y sin
importar si alguien los estaba mirando. Debían regresar a casa a toda costa y
bajo cualquier precio, porque si en tierra, una gota los tocaba quedarían al
descubierto, varados quién sabe dónde.
- - ¿Cuál
es el recuento? – preguntó la Sirena a sus generales.
- - 40
vidas humanas, 1 tritón y más de un millón de peces.
- - Muchos
menos que la última vez.
Decidió subir a
la superficie a verificar la destrucción, y arriba, la luna en menguante
alumbraba la oscuridad con Venus jugando a imitarla. Olas tranquilas movían la
superficie y el olor a baja marea regía por doquier.
Al voltearse a
ver a las tierras del hombre de las nieves, la hecatombe era impresionante.
Se escuchaban
gritos de las personas preguntándose porqué otra vez, las luces haciendo cortocircuito
y luego, el silencio abrumador.
El océano estaba
calmo y con eso, la tierra tenía una cosa menos de la que preocuparse.
ESCRITO POR:
FRANCISCA KITSTEINER
domingo, 2 de febrero de 2025
Y LA SIRENA QUISO MORIR
- Ya no tengo corazón, ya no me queda nada más que seguir llorando la pérdida de un amor. No quiero vivir así, como un cadáver vacío, sin ojos que deparan el futuro, sin alegrías embaucadoras ladronas de tristeza. Ya es tiempo. - dijo mirando hacia el suelo.
Ponzoña y agonía llenaban el abismo.
Tomó una roca y con el filo, abrió sus venas, dejando caer al agua sangre color azul. De inmediato el agua se tornó pantanosa con remolinos turbulentos que absorberían a cualquier buque hacia su final.
Las estrellas de mar se lanzaban a la playa en protesta de la decisión de la Sirena, las ballenas gritaban desesperadas pidiendo ayuda en los confines del océano. La Sirena no se inmutó, ya el destino había sido aceptado y nada de lo que hiciera el mar, la convencería de lo contrario.
- Llevo siglos atrapada, sin ser lo suficientemente de mar ni de tierra, al medio como olvidada por Dios. Esta vida mía, ya no tiene sentido y no hace más que doler de desesperación. Quizá cuando muera, pueda volver al mar.
-Princesa, aunque mueras, no morirás. Aunque te vayas, no te irás. Eres nuestra y nuestra solamente. Te dimos libertad de conocer cuánto quisieras, pero no te confundas, tu vida nos pertenece. - dijo una voz a lo lejos.
-Criatura ¿qué haces aquí? Si yo te hechizé a la luna para que dejaras de seguirme.
- Hoy Venus me liberó.
La Sirena se hechó a llorar desbordada en emociones que no fue capaz de entender.
Aunque muriera, no moriría. Sólo el cuerpo humano, volvería a ser una Sirena descorazonada condenada al exilio y sin poder alguno. Aunque se fuera, no se iría, el alma de un ser de mar, permanece anclada a todas las almas que cobró alguna vez, a todas y a cada una de las heridas propiciadas al océano.
Vagaba en el limbo sin poder salir de su confusión, mientras que de sus brazos seguía brotando sangre azul. Si tocaba el agua, sería curada y si seguía llorando, agotaría las pocas lágrimas que le iban quedando. "Hasta en esto tengo limitaciones" Pensó.
Tanto poder junto: la comandancia de los mares y de los vientos, la regencia de cada ser vivo dentro de las costas, las olas harían su voluntad si les ordenara, tanto y sin felicidad.
Y la Sirena quiso morir.
El mar en un acto de rebelión, explotaba olas contra las rocas con tanta fuerza como le fuera posible, hasta que una gota tocó a la Sirena, sanándole el brazo y deteniendo la sangre. Tanto fue el golpeteo y tan grande, que las lagunas quedaron secas por los bancos de arena que levantó el mar.
- Sirena ¿Por qué lloras? - preguntó la criatura
- Por todo el dolor que llevo dentro, por cada mala decisión que tomé en la vida, por haber amado a quién no debí, por no haber escuchado cuando decidí caminar
- Regresa a tu hogar Sirena, las olas te arrullarán. Da la orden para que nadie sepa que estás aquí. Silencia tu mente. Vuelve a casa Sirena, mira que aunque mueras, no morirás, y aunque te vayas, no te irás. En tierra no hay nada que te ate.
La Sirena se lanzó al mar sin pensar.
Envuelta en burbujas de sal, se quedó flotando boca arriba, mientras las olas adormecían su dolor. Vio el cielo tan basto como su reino, tan azul como su hogar. Vio al sol derretirse en el horizonte y hubo silencio, por primera vez en siglos, hubo silencio.
La criatura tenía razón, solo había que callar a los demonios.
LA REVELACIÓN
Hay mucha luz en el horizonte y por encima se ven nubes cargadas con llanto, el mar sacude las tribulaciones diarias adormeciendo a los demonios oscuros en mi cabeza.
Mi corazón se salta un latido, mi pulso va al ritmo de las olas, mis ojos se acostumbraron a las tinieblas violadas por la luz en el fondo y en el hambre se vuelve insaciable.
Por entre las rocas reconocí el olor a sulfuro.
Tiene que ser hoy. – Voy a salir – dije al viento.
La rivera de las olas es el lugar más peligroso del océano, ahí las almas pueden quedar atrapadas para siempre, se decide si una vida continua o si llegó a su término, es el lugar ideal para cazar algún corazón roto que sirva para calmar la sed, pero por, sobre todo, es donde la paz entre el infierno y la tierra se hace manifiesta.
Marte aparece alumbrando la noche y una tenue brisa agita el pelo, a esta hora las gaviotas son reemplazadas por murciélagos con su chirrido enloquecedor.
Caminé entre la arena seca por un par de kilómetros, en una playa desierta, aunque repleta de cadáveres de historias por contar. Ahí vi sus ojos rojos observándome de lejos. La nuestra es una relación tan larga y sinuosa que las eras ya no sirven para contar
- Supe que estabas aquí Princesa; las olas se adormecen con tu presencia. – dijo con voz espectral.
- ¿Cuánto ha pasado desde la última vez? – me recogí el cabello.
- Yo creo que una década, años más, años menos.
- ¿Qué es lo que te nubla la conciencia?
- La desesperanza ¿ y a ti qué te trae de nuevo a estos paraje tan lejos de tu hogar?
- La soledad. Ya no sé si somos enemigos en guerra constante o si somos los dos locos con locura compartida. Solo sé que ya es costumbre conversar contigo de vez en cuando, Princesa.
- Ya los tiempos de guerra por el dominio de los reinos quedó atrás hace mucho, ahora somos dos criaturas queriendo desahogarse.
- ¿Por qué volviste Princesa?
- Estoy cansada del hambre, del dolor en mi piel, de no tener corazón ¿Qué hay de ti?
- ¿Quieres? – me ofreció un cigarro. Acepté. – estoy aburrido de amar por amar… quién lo diría, el rey del infierno loco de amor.
Conversamos de todo un poco hasta que el albor comenzó a aparecer.
- Ya me tengo que ir Sirena o quedaré atrapado en tierra.
- Te acompaño, quiero nadar un poco.
A través del lecho marino está el paso más corto para llegar al infierno, es por eso las constante guerras entre los dos: él quería al océano como paso libre para sus condenados y yo quería resguardar las almas que alimentaron al mar. En lo más profundo se mezcla el fuego con el agua.
Calmé el dolor eterno en mi piel con el mero contacto con el mar. Cambiar a escamas, respirar en lo profundo, saciar el hambre con algún náufrago desafortunado, volver a mi estado natural, hacia menos mortificante la espera eterna para recuperar el corazón de las aguas.
Floté arrastrada por la corriente, sin sentido claro, como todo últimamente, sin temor a ser vista; era muy temprano aún, ni los pescadores aparecían en las costas todavía.
Un carguero pasó raudo por el horizonte. Así de rápido fue su paso por mi vida, y al igual que el buque que lo arrastra todo, él arrasó con mi corazón.
¿Cómo puede ser que en ninguna parte de mi reino haya sido visto? ¿Cómo no va a haber pisado el mar en todos estos años? De pronto, la posibilidad de una certeza me consumió entera ¿y si murió y con él mis posibilidades de regresar para siempre al océano?
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
TAN PROPIO
- - Perdón por la hora. Me atoré en el tráfico. – dije mientras todavía ordenaba los libros que traía en la mano, preocupándome solo de no dejarlos caer
- - Muy propio de usted señorita. – me congelé. Hace años que no escuchaba su voz.
- - Se lo concedo. – sonreí y me fui a sentar.
Tiempo atrás, tanto que ya no recuerdo confesé mi amor cuando él ya no sentía nada por mí más que resentimiento. Esa vez también llegué tarde. Hasta hoy me pesa. Hasta hoy lo amo.
Desperté.
El día amaneció nublado con vientos arremolinados entrando por a costa, embraveciendo al mar… suele asar que en estas fechas me ataca la nostalgia y él pasea libre por mis pensamientos, haciendo florecer recuerdos que ya no son míos por tanto tiempo convertidos en ceniza ¿Qué será de él? ¿Dónde andarán sus pasos? ¿Será benevolente el futuro y lo podré ver de nuevo? ¿Sera que también pensó en mí?
Desperté con las palabras en la boca, todavía sin terminar de pronunciar, con el sonido de su voz trasnochada y la sensación extraña que solo él puede provocar en mí. Supe que sería un día difícil de afrontar.
Bajé a caminar a las rocas un rato para contarles sobre la presencia del amor en mis sueños y pedirles que si algún día él pasara por ahí, le contaran de mis deseos.
- - Ve y arrójate al agua – me contestaron.
Sin pensarlo, como anestesiada, al cabo de dos segundos tenía el agua hasta el cuello, olvidando que er de día y olvidando que había luna llena. Mis escamas comenzaron a brotar y el dolor urente de perder las piernas se hizo especialmente fuerte, se afilaron mis dientes y de la nada mis ojos comenzaron a ver el porvenir, aunque siempre ciegos si de él se trata.
Con la luna llena próxima, ya no podría volver a tierra hasta el siguiente ciclo lunar. Por un mes volvería a ser quien controla el océano.
- - Princesa regresaste – se oyó de pronto.
- - Sí criatura, un error de cálculo.
- - Sirena, princesa del mar, ya olvida a la tierra y vuelve a tu hogar de una vez y por todas – dijo cortante.
- - No puedo. No hasta que lo vea nuevamente. No hasta que me devuelva el corazón.
“Muy propio de ti señorita” muy propio de mi es no cometer errores y aquí estoy atrapada.
Las costas tienen por mandato escudriñar las riveras por si su presencia aparece. El agua transmite todo, desde emociones hasta mensajes enteros, sin embargo, durante un mes no hubo noticias. Nadie de mi reino sabía nada de él. En ninguna parte de océano se hizo presente. – muy propio de ti – pensé.
Una sirena seduce, conquista, se alimenta y mata, menos esta, que entregó el corazón. Esta sirena, La Sirena, sufre en silencio por un amor amado en desfase. Esta sirena, no se alimenta y no mata, en cambio calla al hambre con copas de vino y sucedáneos de romance para compensar al cuerpo.
El amor destruye.
Mi amor me corroe.
Tanto poder en las aguas y tan vulnerable en tierra ¿Por qué decido estar allí? ¿Por qué el universo no me regala una coincidencia?
Tan propio de mí la lamentación crónica de lo que pudo haber sido. Vidas completas planeadas a su lado, aunque sin jamás revelar quién soy en realidad. Vivir como humano. Morir como humano. Renunciar al lugar que me pertenece tras asesinar a la línea de sucesión entera. En los 7 mares yo reino, el Kraken se doblega ante mí y aun así, entrego todo con tal de un beso.
Él con su rechazo aniquiló a mi certeza, torturó a mis sentidos, convirtió a mis sentimientos en un campo sumergido donde nadie nunca se atrevió a volver a pisar. Me destruyó desde adentro.
Desperté.
Nunca entré al mar, nunca soñé con él, nunca dejé de amarlo…
ESCRITO POR :FRANCISCA KITTSTEINER
miércoles, 25 de octubre de 2023
DAVID, EL DELIRANTE.
miércoles, 23 de agosto de 2023
EL VENDAVAL
lunes, 10 de julio de 2023
LOS FAMOSOS DOS MINUTOS
Dos minutos a solas contigo.
Dos minutos donde no existan espacios entre nosotros.
El tiempo congelado con el misticismo de tu voz cada que pronuncias mi nombre, hechizándome lento e invitándome a pecar. Hay deseos bestiales bailando entre lo común del día. Sé lo que piensas y sabes lo que causas: el fervor de la sangre revuelta en la cacería instintiva desatada entre tú y yo. ¿Quién será presa? ¿Quién será cazador? ...
Siempre ha sido así entre los dos, pese a la distancia, pese a los años, pese a la inmovilidad. Tal vez, por eso te has mantenido tan lejos de mí alcance.
Una vez que te tenga, no habrá vuelta atrás .
Tu voz carcome a mi cordura, me destruye desde dentro invocando a la locura entre gemidos nunca entregados, entre un mar de posibilidades y las lágrimas suplicantes por volverte a ver.
El tiempo se detuvo hace eones, la juventud, sin embargo, se fugó en un abrir y cerrar de ojos y este sentimiento perpetuo de amarte, se hace cada vez más fuerte.
Dos minutos a solas contigo, no necesito más para proponerte el término de esta espiral de dolor y angustia. Tú, yo y una habitación cerrada para retomar dónde fue que nos quedamos y darte el beso más largo de la historia, tanto como el tiempo que llevo esperándote.
Dos minutos, un beso y el descubrimiento del amor debajo de la piel, donde más se esconde la lujuria, debajo y profundo en la piel, muy dentro que cuesta encontrarla a primera vista, pero donde habita tu recuerdo cómodo y cálido.
Ya otro inverno se viene a sumar, otro año se desgasta más rápido de lo habitual y existen días en que elijo olvidarte para llamarte en las noches cuando la necesidad se hace inmensa y la cama vacía no ayuda a amortiguar la soledad. Hay días en que te nombro hasta el cansancio. Hay veces, en que pienso que dos segundos serian más que suficientes para contrarrestar esta década dedicada a la contemplación de un futuro infertil donde no existes.
El sol volvió a dar una vuelta y me encuentro aquí, haciendo un espacio entre pacientes para dedicarte un delirio, un suspiro, un beso, dos segundos y un…. No, es mala suerte decirlo anticipadamente, así que mañana, sabrás que mi amor te abraza cuando tu vida agregue un año más a su historia.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER





