miércoles, 2 de febrero de 2011

BARRANCO


Vi las nubes alineare y formar un crucigrama bizarro que de a poco develaba el afán que mi cabeza no podía entender. Estaban ahí, quietas, detenidas, yo creo, por uno de estos hilos transparentes que se amarran las marionetas, están y e cohíben de polución. No se mueven, no se agitan, solo están y yo las miro…todo se condensa a través de mi ventana, pero estas no se marchan…me asechan como yo a ellas t me recuerdan que me falta letargo y alelan mis parpados porque buscan intoxicarme de fantasías inexistentes, pero necesarias. Me resulta difícil escribir con esta hoja de boleta vieja…yo viajo, ellas se estancan, se alinean y dicen: ¡llámalo porque te hemos visto sufrir como tú a nosotras, y él te adora! ¡Llámalo que las distancias no son nada! ¡Llámalo que luego, uno de ustedes dos se unirá al artificio de lentejuelas plateadas del que somos parte! ¡Llámalo, pues, él tiene miedo y a ti te sobran agallas! ¡Llámalo, pues te ama y tú también! ¡Llámalo porque al final del camino, podría ser muy tarde!
Y por orillarme, tomar el teléfono, hablar 45 segundos con él…ella no cayó al barranco…


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTTSTEINER

miércoles, 19 de enero de 2011

TODAVIA EXISTEN LAS GOLONDRINAS



Despertar una mañana con el ruido de las bocinas,
Con el calor del sol sobre mis ojos cansados
Y oír entre todo, el canto neurótico de las golondrinas,
Paradas en las ramas ancestrales de los robles despedazados.

Suspirar un rato con las sábanas pegadas al pecho
Y soñar todos los sueños que no concebí en el letargo,
Estirar los brazos para tratar de tocar el techo
Cayendo en la decadencia de los recuerdos que cargo.

Mover las piernas una por una antes de emprender la partida
Por los caminos oscuros que no se han recorrido,
Arañando la demencia de lo que se perdió en esta vida
Por desperdiciar el amor hace siglos dormido.

Sin embargo, hay quietud por sobre todo el ajetreo,
Como si fuese el día libre de las hadas madrinas,
Y es porque todavía está el continuo rastreo
De mis sueños infantiles a cerca de la existencia de las golondrinas.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

TENGO QUE CURAR MIS HERIDAS


Tengo que curar mis heridas

He llegado al punto donde ya no hay nada que hacer,
Tras recorrer el suspenso de caricias incurridas
Donde duele la hambruna perpetua del placer,
Y siguen sangrando mis patéticas heridas.

Hace calor y se desintegran mis sueños con el paso de un momento,
Y no corren ni vientos malos a estas alturas de mi vida,
Provocando que se desencadene el pago de mis pecados, el tormento,
La ausencia silenciosa de las palabras conocidas.

No es necesario que venga otro clavo para sacar el que ya tengo,
Solo son forzosas un par de canciones absurdamente sufridas
Para amortiguar toda la pena que he estado sintiendo
Desde que comenzaron a sangran, mis siempre abiertas, heridas.

Me pregunto, entre distracciones baratas y vino tinto,
La duración de todas las derrotas transcurridas,
Cuándo se acabarán los pinceles con los que pinto
Sobre el lienzo empalidecido de tantas mentiras.

Creo que es tiempo de dejar que lo que está escrito se concrete,
Para que otra historia pueda empezar a ser transferida,
a la vorágine salvaje del olvido de la gente
y yo pueda quedar, entre mis fantasías adherida.

Carezco de coraje para cobrar lo que es mío por decreto:
Hay tantos besos, abrazos, y un millardo de plegarias permitidas,
Que ya no tengo la cuenta de lo que se me adeuda en concreto,
Y no sé en qué minuto perdí mi punto de partida.

Creo y no estoy segura de que todavía me queda una carta por jugar,
Pero debo ser valiente para invocar a las legiones prohibidas,
Que atacaran por mí a Cupido y me dejaran conquistar
A aquellas aldeas pobladas de deseos y lujurias reprimidas.

He llorado cada noche de cada año ya pasado,
Porque hay sequía ingrata de la mera compañía
Que tanta falta hace, la presencia del ser amado,
Que cuide de mis sueños y me libere de la melancolía.

Asumo que es mi culpa lo que hasta aquí me ha tocado mirar,
Y he dejado supurando las llagas de mi alma ya podridas,
Todo porque no he comprendido lo que significa el amor,
Por no hacerme el tiempo de curar mis heridas.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

domingo, 9 de enero de 2011

ME ESTÁS PERDIENDO





Jura que esta vez me escucharás con atención.
Ten en cuenta que no es demasiado lo que estoy pidiendo,
Es sólo un minuto para explicarte ésta situación
Que hace algún tiempo me encuentro viviendo.

Cállate y mírame a los ojos aunque te cueste trabajo,
Que lo que tengo que decir es fuerte y se está pudriendo,
Pero no te quedes así todo obtuso y cabizbajo
Y comprende que de esa manera sólo me estás perdiendo.

No sé cuándo fue que terminamos de esta forma perversa,
Si se suponía que por el otro de amor, estábamos enloqueciendo,
Ni porqué abandonas a tu doncella en peligro e indefensa
A la sombra de un romance que continúa muriendo.

Es tú culpa lo que pasa, pero ven y enmiéndalo pronto,
Que es dolorosa la muerte  y aún más cuando la siguen posponiendo,
Ven y cura las llagas que tiene éste canceroso corazón roto,
O envenénalo cuando esté plácidamente durmiendo.




Habla si quieres o si tienes algo que contestar a mis ofensas,
Mas, no lo hagas si vas a seguir hasta el final mintiendo,
Y confiesa cuáles son las cosas en las que tanto piensas
Que te han mantenido lejos de mí sin saber lo que está ocurriendo.

Has silencio por un par de horas hasta que se calme el ambiente,
Y créeme que no hay rencor es más, te sigo queriendo,
Pero ya se aproxima la caterva y la gente no entiende,

(Ni yo) porqué continúas afanando en perderme…

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 7 de enero de 2011

BESOS



Posar una mano sobre el rostro pálido,
Sentir como tiembla al acomodarse el cabello,
Palpar en el tacto el silencio cálido,
Y cubrir las estrellas con un lienzo bello.
Tomarlo por las manos y reír un poco,
Regalar la luna cuando está nublado,
Conversar un rato y cerrar los ojos,
Disfrutando al máximo de quién está al lado.
Acercar los labios preparando algo especial
Sabiendo que es imposible huir en dirección opuesta,
Correr con el soplido del viento al vuelo espacial
Y seguir riendo por las risas a cuestas.
Juguetear con el roce de la nariz contra otra,
Detener todo de golpe y olvidar de las acciones, la cordura,
Saborear de repente, la aventura de la boca
Que ya no tiene llaves ni tampoco cerradura.
Ya un segundo no lo será más,
Será solo una muestra taciturna del cariño guardado,
Prometiendo cosas que no se pueden improvisar,
Cuando dos personas se convierten en soldado.
Un soldado sin pistola ni armamento,
Únicamente provisto por las ansias del deseo
Y se borran los suspiros, las ilusiones, el momento,
Quedando en la memoria, fidedigno, el recuerdo.
Continuaremos afanando con los límites siniestros
Que se pueden encontrar al terminar lo que se busca;
La fusión universal de los cuerpos nuestros
Cuando llegue la luz y la muerte se luzca.
Acabaremos mirándonos perpetuos, hermosos inmortales,
Sonrojados por la dicha que emana por la frente,
Haciendo notar el morbo que nos transforma en animales
Y saldremos caminando por entre la turba de gente.
Pasaran los días, se apagará la luna y hablará Dios,
Hasta que nos reunamos otra vez, cuando el tiempo mande,
Y nos encontraremos como siempre, solos los dos,
Y no sabremos si besarnos en la cara o en otra parte.
Ahí irrumpiremos con el dilema perturbador,
Que encasilla a los labios a permanecer presos,
Hasta que tomen autonomía y enciendan el motor
De las ganas desquiciadas de volver a probar tus besos.


lunes, 27 de diciembre de 2010

VIENTOS...

Todo viento vuelve a soplar a favor y la brisa salina ilusiona mis esperanzas benevolentes ¿serán tergiversaciones andróminas del mi eterno enemigo radical: el destino? ¿será la intervención piadosa de algún ángel extraño que ha concebido conmigo un ligero romance gregoriano? ¿será que he caído en la demencia senil de la edad conjugada con la fantasía casta de una niñez dejada en trazos por las sendas del pasado todavía tibio en su ataúd? ¿será que mi muerte es venidera y me ha dado la absolución de los enfermos? ¿serán enredos venenosos con marañas disfrazadas de claveles tácitos que enamoran mis recuerdos y los desintegra en su mínima expresión?
puede ser tantas cosas, que de repente, prefiero creer que no alcanza a ser nada, pues así, la felicidad de la que ahora presumo...si no es nada, entonces y solo entonces, no puede dañarme.


Queda tan poco tiempo para soñar que ya estoy empezando a echar de menos la vitalidad del cansancio crónico que nació conmigo un día lluvioso de Julio, en año bisiesto y cuando el  `92 estaba de moda, que me mantiene en suspenso, siempre prendada del maldito suspenso que no hace otra cosa que revolver mis inseguridades a fuego lento y condensado…
Un suspenso en suspenso…



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

CANSANCIO


Creo nunca haber sentido semejante cansancio sobre mis hombros, al punto de querer desfallecer en cada parpadeo atrevido que doy cuando mis fuerzas laguidecen y se me hace agua la boca de somnolencia amalgamada con un prematuro deseo de muerte camuflado entre la algarabía de mis pestañas funestas, tan pesadas como el tronco de las araucarias ancestrales que el primer Kittsteiner derrivó con el pensamiento...
y las horas pasan insolentes, mostrándome una condensación de recuerdos que no recuerdo haber recordado a velocidad suprema, escupiéndome en la cara por perder el tiempo que no ha de volver y seguir acumulando cansancio sobre mi frágil cuerpo y lleno de andróminas con boato.
El hálito que exhalo, casi un suspiro erotizado, me advierte la pérdida de entereza en la batalla:
He caído ante el enemigo...
He muerto en suspenso...
He de dormir cuando aún la noche brilla y el llamado de galanes seducen mis oídos ensordecidos de caricias en veda...
He ardido junto con Troya....


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 23 de diciembre de 2010

HAY VECES EN EL AÑO....




Hay veces en el año en que me pongo a desenterrar los recuerdos casi descompuestos desde el panteón de la memoria, para llorarlos un rato y suplicarles que vuelvan a arrullarme justo antes de irme a dormir en la noche y el insomnio ataque…

Hay veces en el año en que un solo gesto desata la vorágine de mis lágrimas, provocando el colapso del maquillaje y la dignidad queda en el suelo, porque existe la carencia de alguien al lado que ayude a soportar los vientos huracanados de gritos de dolor y vacío.

Hay veces en el año que mi fortaleza deja entrar al enemigo, lo sienta en su mesa con el mejor vino, lo viste, lo baña y besa su frente, porque lleva tanto tiempo siendo el enemigo que, en una vuelta traicionera del asunto, se transformó en el amante requerido por los años.

Hay veces en el año en que odio a todo el mundo y no tengo explicación que dar, simplemente, me molesta hasta el hecho de respirar ¿será porque extraño a los que no están? ¿será que deseo irme con ellos para abrazarlos una vez más o poder decir “soy tu sobrina, la que no alcanzaste a conocer”?

Hay veces en el año en que tengo miedo de despertar sola cuando está oscuro y no se escucha nada más en el mundo que el canto embriagador y cargado de lujuria de los grillos.

Hay veces en el año en que quiero desaparecer como un globo que estalla producto del calor del medio día, que se me lloré un rato, que se lea un poema viejo y se me olvide al instante. Quiero ser lánguida, efímera, andrómina, retruécano, alegoría, nada.

Hay veces en el año en que los colores, los veo diferentes, en una nueva gamas más brillante y hermosa, fusionados como no lo habían hecho antes y a nadie se le había ocurrido, mirando que el negro fosco tiene matices de amarillo, rojo y blanco.
Hay veces en el año en que una sonrisa puede cambiarlo todo… y hoy fue esa vez en el año.




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 15 de diciembre de 2010

DEPENDENCIA



Explícame en simples términos, cómo llegué a este estado de demencia,
Creyendo que el infinito no existe y que es imaginaria su raíz,
Perdiendo los cabales que me obligan a callar como voto de penitencia,
Al traicionar a mis impulsos y maldecir a la vida por su matiz.

Enséñame cómo liberarme de las cadenas que me amarran con persistencia,
A un pasado que ya no quiero seguir recordando porque me temo, ha muerto,
Asfixiado en versos divinos sobre mí, sobre ti, y esta macabra dolencia,
Que terminó ejecutando a un amor que se suponía, eterno.

Muéstrame el camino que me conduzca hacia mi propia independencia,
Pues mis colonias siguen al mando del rey que no conoce a su sirviente conquistador,
Que arriesga todo lo que tiene y lo que no para ganar su magnificencia,
A cambio de un beso regalado antes de jurar nunca volver a parir un amor.

Ven y trae contigo a los verdugos que han de dictar temprana sentencia
En contra de mi cabeza que no ha hecho sino, pensar en ti y rezar por tu cuerpo.
Ven y arranca de mis brazos la palpitante agonía que dejaste con prudencia,
Antes de sacarte el disfraz de ángel y aparecer como eres, cuervo.



Deja de asechar en cacería, con tus manos, mi inocencia,
Porque ya no soporto la idea de lo que está pasando entre nosotros,
Entiéndeme, te amo como lo no volveré a hacer, pero no aguanto la dependencia
Que desarrollé sobre ti, al imaginar que tus labios están en todos los otros.

Libérame de mis pecados, de este remolino lleno con turbulencias,
Dime adiós y partiré tranquila a un destino que todavía no invento,
Mientras me ahogo con las flores en botón y sus melosas pestilencias,

Que no hacen más, que acordarme que amarte fue un mal intento.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 30 de noviembre de 2010

LO QUE DEJASTE EN MI





Cristales caen sin medida,
Amenazando con llagas lacerantes,
Al cuello desnudo donde depositan su caudal,
Pidiendo el pago de sacrificios en solsticio.

Lamentos hay en el aíre deambulando,
Como noctámbulos con sueño de madrugada,
Cazando los rayos carmines que se cuelan por los arreboles,
Cuando la niebla ataca por la espalda.

Dolor se cambia por entrada al cielo del deseo,
Con lágrimas, llanto, lamentos y sangre,
Convulsiones exasperadas con sudor empedernido
Que resbala por la piel fundido a fuego frío.

Hay melancolía en los ojos de los mortales,
Que sin mirar ven escapárseles la vida,
Entre las manos congeladas por el hálito
De la muerte con cáncer que ronda los pasos.




Las canciones de amor son cánticos amargos,
Atravesados en la garganta ahumada de rencores,
 Llenas de arrepentimientos baratos pulidos,
Impidiendo la salida de los gritos tenebrosos.

La gente pasa por la calle y flota
Entre las masas de smog condensadas en sus pensamientos,
Los autos compiten en carreras presurosas,
Como si tras de ellos viniera persiguiéndolos el diablo en persona.

Se aglomeran las patrañas tiernas en los labios
Al borde de la cianosis por falta de besos cálidos,
Las manos extrañan el contacto con el roce
De los quejidos erotizados nacidos en lo lascivo.

Hay  que dormir antes que la fatiga se agote,
Cerrar los párpados y extender los brazos en el letargo,
Esperando que el sueño les entregue un abrazo

Malicioso a ratos, pero carente y apretado.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 11 de noviembre de 2010

VETE




Despertar en las noches inundada en llanto,
Cuando la conciencia se jacta de mi soledad en el lecho,
Y sé que es mi culpa porque nunca fue normal amarte tanto
Y traerte aferrado como cáncer en el pecho.

Trato y lo digo, de dejarte a la deriva de mi olvido
Naufrago ebrio de romance lascivo y abrazos,
Para desterrarte de mí y exorcizarte de lo vivido,
Rompiendo los cristales frágiles que contienen nuestros lazos.

Ya no escucho canciones de amor correspondido,
Porque en todas ellas tu voz dulce y amarga abunda,
Haciendo sangrar a mi amor entre indiferencia escondido,
De de tu imagen con ojos de marea profunda.

Amor mío, vete para poder amar a otro, tras la larga espera,
Quita tus manos de mi piel acaramelada con rosas amarillas,
Desaparece de mi sueño donde tu poderío prospera,
Y no me vuelvas a besar porque tus labios son cuchillas.
                                                                                                        





Te prohíbo, Ignacio, cruzarte entre mis deseos bamboleantes,
Sacudir con tus dedos mis penurias mezcladas con boato.
Quiero reír, no por ti, sino por las esperanzas cautivantes,
De vivir sin andróminas repletas de miedo barato.

Ya no quiero quererte de esta forma invisible,
Porque duele más que la muerte a tientas y peligrosa,
Exanguinando mi voluntad hasta lo insostenible,
Por culpar a mí nombre por tu angustia culposa.

¿Es verdad que no esperas mi deceso prematuro?
¿Ni anhelas que deje de respirar por mala fortuna?
¿En serio me quieres dentro de tu fututo?
¿Por qué hay tanta mierda en toda esta tortura?

Siempre digo que será la ÚLTIMA vez que te escriba algo,
Pero sigo dedicando mis palabras a quién no vale la pena,
¿Podrá ser esta la ocasión en  encuentre tranquilidad en el letargo,
O me continuarás asechando como quejumbrosa condena?



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Postergación


Siento la necesidad imperante de escribir algo que trascienda a mi vida, que futuras generaciones al leerlo, diga: ¡Qué belleza!
Que galanes enamoren con mis palabras y romances tengan seno en mis anáforas, epítetos y la retorica en general, aunque ahora, quiero, nada más. Dormir o estudiar, lo que no he hecho hasta el momento.
Creo que estoy postergando lo mejor de mi vida por algo que anhelo tener…Dios quiera que este Opus Magnum en sacrificios míos dé frutos dulces con bellas flores precedentes , y hojas frondosas amparen mi futuro dándome sombra y soporte cuando se me escapen los suspiros, el aliento y la vida….

miércoles, 20 de octubre de 2010

Te veo dormir....


¿Es normal querer, desear a alguien a la distancia?
¿Será que otra vez me estoy saboteando al caer rendida ante la idealización de aquel que ahora, me roba el sueño? ¿Estamos juntos invisible mudo?
¿De qué cáliz siniestro me diste de beber?
¿Qué tienes que me has dejado prendada de tus encantos?
¿Alguna vez se acabará?
¿Existe el amor para mí, o debo conformarme con mirar y nunca tocar?
¿Hay algo que estoy haciendo mal?
¿Será posible que yo cruce por tus pensamientos cuando es larga la noche y hace frío?
¿Me recuerdas o el tiempo ha desvanecido mi imagen?
¿Alguien te roba el aliento? ¿Y el corazón? ¿Podría ser yo?
¿Soy suficiente o tal vez, mucho, o demasiado poco?
¿Por qué los gruñidos de mi estomago pronuncian tu nombre?
¿Estás esperándome?
¿He vuelto a la demencia?
¿Se enlazaran nuestros caminos una segunda vez?
¿Era verdad que el inglés me traería cosas grandiosas? ¿Eres tú una de ellas?
¿Gustas de mí? ¿Te tientan mis labios?
¿Por qué no te animas a probarlos? ¿Tienes miedo?
¿De qué? ¿De mí?
¿Son suficientes mis encantos? ¿O quieres rehuir de ellos?
¿Por qué cuando despierto y suena la alarmar, creo que eres tú, llamando?
¿Alguna vez quisiste hacerlo?
¿El destino será amable y cumplirá mis deseos de estudiar allá, contigo?
¿Puedo arrepentirme de haberte conocido?
¿Dónde está el baño de niñas en un liceo de hombres?
¿Me dirás sin reírte de mi ignorancia matutina?
¿No quieres instruirla a tu gusto?
¿Vendrás a dormir a mi lado cuando evoque tu presencia protectora?
¿Bailaremos un primer vals? ¿Y un último en suspenso?
¿Cómo reaccionas cuando escuchas noticias mías? ¿Euforia o indiferencia?
¿Cuál es tu color favorito? ¿Y tu canción?
¿Por qué te extraño tanto si no hay lazos que nos unan?
¿Por qué me cuesta tanto hablar de ti?
¿Nos volveremos a encontrar?
¿Puedo presentarme de nuevo?
¿Qué haces afiatado con tanta fuerza en mi presente?
¿Quién te dejó entrar?
¿Estaba la puerta abierta? ¿Te irás?
¿Te quedas? ¡Quédate!
¿Quieres que te rapte y te haga mi prisionero? ¡Quédate, mi cielo!
¡Quédate conmigo hasta que logre dormir tranquila! ¡Quédate y extráñame!
¡Quédate y ámame! Porque te veo dormir… y hoy hace frío….

sábado, 16 de octubre de 2010

El amor en los tiempos de la P.S.U


hay desesperación y locura en el aire, y los sentidos no responde a otra cosa que no sea a números, frases, textos largos donde hay que buscar el sinónimo a una que otra palabra, muchas veces ocupada en otra ocaciones, pero que, sin embargo, no se tiene idea del significado, ya sea, connotativo o denotativo, a preguntas rebuscadas de biología y fórmulas de otro mundo referentes a física.
Ya no hay letargo, noches de cansancio donde solo se quiere contraponer la pesadez de los párpados con las palpitaciones extrañas en la cúlmine de las piernas que han recorrido los mil kilómetros de una maratón interminable, que tiene por meta una cartola con círculos por rellenar y que todos esten bien contestados, para ostentar el premio de 3 cifras combinadas: 850...sin cabida a las probabilidades, una cifra cerrada y por ningún lado, mutable.
No hay hálito limpio que los pulmones puedan digerir, solo abunda la polusión de dudas maliciosas que prolifera como si el mundo se fuese a acabar ( de hecho lo está haciendo) en el cerebro congelado en el último ejercicio de matemática que no fui capaz de contestar. Ya he perdido hasta la escencia de mi ser, entre tanto escándalo por una simple prueba, que pese a todo, es la que decidirá el resto de mi vida: Las amistades que tendré, las personas que amaré, las cosas que compraré, los arrepentimientos por arrepentirse, los hijos que pariré, los llantos, las risas, los saludos y las siempre malditas, despedidas que que empiezan a rondar mis pasos.

Hay vacío en todos lados, PSU en todas partes, Becas, universidades, tantas cosas, que no sé si valgan la pena de tomar en cuenta antes de tiempo, porque no es sano....
y sin embargo, entra algo que puede quebrar los esquemas predispuestos desde hace quinientos años por mis planes, que no tiene solución en los Reales, inclasificable en lo biótico o lo abiótico, y un retruecano inexplicable sin el uso extenso de andróminas boáticas... un ápice delicado de sentimientos que brotan aquí dentro, en este músculo que bombea sangre alborotada a mis células y que no siente lo que yo... Ha nacido el amor en los tiempos de la PSU... El amor en los tiempos de la P.S.U.

viernes, 27 de agosto de 2010

Carroña


No sé la causa funesta de la maldición que me ha tocado sobrellevar: mi falta de entereza en el criterio débil que tengo como carga perpetua; la fragilidad casi absurda de mis emociones y el vestigio estacional de depresiones profundas que ocupan el alma sedienta de drama de mi dolor carroñero.

Ya no me puedo arrepentir más de haber elegido la vida que pretendo vivir, porque no soy tan fuerte como creí serlo en su tiempo remoto ¿qué pasó conmigo desde entonces? Ni Dios sabe y tampoco tiene tiempo ni ganas de averiguarlo por su mano o por las inquisiciones apresuradas de espías volátiles revoloteando entre mis pensamientos huraños de tantas ñácaras que se han infiltrado por los recodos hambrientos de épocas mejores.
¿No pudieron haberme escogido otra clase de afán por el que mantenerme firme frente a los enemigos dispuestos a dar con las flechas cargadas de andróminas suntuosas, justo en el centro de mi herida supurante de incertidumbre? Aun me aferro a la posibilidad de despertar un día y que el monzón haya amainado, dejando catástrofe por doquier, pero sin afectarme tanto, o simplemente, jamás volver a despertar.

Puede ser que yo sea la custodia de los males dispersos en el mundo y todo porque no tengo otro propósito que regar las semillas de marañas con mis lagrimas opalescentes que cautivan con demostraciones lascivas la locura de la tierra agonizante. Podría ser que grandes pesares tenga que soportar, que prepararon mi espíritu sin adiestrar para recibir el cambio de mi dolor: la llegada ansiosa del final de mis tribulaciones carentes de arlequín que las interprete.
Siento que ya no hay manera de no volver a llorar de noche, ni menos a la edad que se dice que tengo; no podré detener el efluvio de hálito espectral que se ha enamorado de mis ojos cansados, rojos y sin líquidos que ofrecer como pago al rocío de la mañana tenebrosa que espera por en el canto de la alondra.

Hay tanta sangre en mis sueños que he comenzado a tener miedo de dormir, caminando entre las personas como un espanta cuervos que no hace otra cosa que llamarlos con los encantos de los que fue despojado porque su pobreza no le hacía parte con la belleza demoniaca en su concepción febril. Creo que las musas sienten envidia de mí, que Venus ha redirigido su ataque contra mis pasos ciegos, que Era ha visto como Zeus osa a mirarme y me considera una amenaza latente, por lo que han decidido provocar mi afable destrucción y no me lastima decir: lo están logrando.

¿Cuándo yo muera, se habrá muerto también el último poeta? ¿Se acabaran los versos enardecidos, pasionales, orgiásticos, inexistentes y silenciosos? ¿Habrá una nueva forma de reír aguantando el nudo de remordimientos condensables en la garganta abstemia de humo con matices de manta en descomposición tardía? ¿Será una buena hora para inaugurar una constelación dedicada al lapsus tormentoso que tuve que aguantar pese al rechazo antecedente de mi voluntad corrompida? ¿Por qué tengo tanta sed? ¿Esto es culpa mía por permanecer atada al recuerdo lacerante de un romance destinado al fracaso supremo tras años de convertirse en metástasis en torno a mi corazón repleto con cáncer de ausencia? Sí, definitivamente esto es tu culpa y te responsabilizo de mi defunción por falta de besos salinos y caricias antisépticas, de abrigos lánguidos en tus brazos incipientes. Yo te culpo de asesinato calificado en complicidad absoluta con la exanguinacion de llagas sin procurar. Yo te culpo de todos mis males y presta atención que son demasiados para anotarlos en cualquier lado. +

Confieso que aprendí a mentirme, a tomar esas mentiras y amalgamarlas con mis más paupérrimas esperanzas y credos efímeros. Declaro, en pleno uso de mis facultades cognoscitivas, que ocupo falacias para poder dormir sin sentir explotar mis caudales de napas virginales y no me da vergüenza alguna porque es el único narcótico que anestesia los urdidos planes que traigo asimilados en las células de derrocar a mis verdugos, tomar su lugar y sus cabezas como trofeos que debo ostentar antes que se acabe mi suspiro de intereses triviales.

Miento, pero solo a mi misma para poder poseer algo por lo cual agradecer antes que el letargo empaste mis parpados con concreto refinado y transforme en quimeras carnívoras mis fantasías pluviales.

Y todo lo que hago por esta humanidad relativa que me va quedando, es llorar, escribir en códigos de difícil entendimiento y rendirme ante las evocaciones que el destino idealiza como lo mejor para mi, siendo claro, que lo mejor es quitarme los miedos y la libertad de engañar sin dame cuenta.




ECRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER, DUQUESA DE ORLEANS

martes, 24 de agosto de 2010

Analogía con la Luna


- ¿Cómo es posible que fueses la inspiración para tantos romances, sin haber probado lo que eso significa? - Le pregunté una tarde a la luna cuando ya los arreboles comenzaban a morir y el destello de un parpadeo luminiscente se asomaba en mi balcón. – en realidad nos parecemos bastante, vieja amiga. Tú te estás achicando, yo igual, continuas sola, igual que yo y sin embargo, sigues brillando con la misma intensidad. Hay carroña de buitre a tu lado, disfrazándose de amalgamas amistosas que solo buscan tu abdicación. Quieren opacarte, pero no lo logran, porque eres única y tú lo sabes… aunque si esos lobos envueltos en piel de oveja, necesitan de ti, sin dudarlo e incondicional a todo, les brindas una mano. A veces es preferible hacerse el desentendido a perder la poca compañía que nos va quedando...
Entregas tanto a tantas personas. Lo que piden lo das sin escatimo de condiciones, estás ahí quieran o no, escuchas como si no existiese otra cosa más importante que lo que le está pasando a alguien que casi ni conoces y nunca recibes lo mismo a cambio.
Si el día es bueno, se acordarán de ti y mirarán al cielo esperando encontrarte, pero no lo harán porque hay que seguir caminando o se choca con el poste de la calle; ya si la suerte te coquetea, uno que otro conversará contigo, te dirá “hola” y se irá porque no hay tiempo que se pueda perder.
Has visto a tantos llorar, a tantos que se refugian en tu luz porque no encuentran mejor soporte que la magnificencia de tu inalcanzable posición, les sirves de consuelo cuando ataca la oscuridad en medio del pánico tras una sacudida trémula de la tierra, pero tan pronto ha pasado, se marchan olvidándote hasta que vuelvan los llantos encolerizados ¿Y quién pone su hombro cuando quieres llorar? ¡Nadie! Porque dicen: ¡Vamos, si ella no llora! ¡Es imposible! ¡Déjate de bobadas! …la verdad, ellos no saben nada… N-A-D-A ¡Nada!

Guardas secretos que no pides guardar, que no quieres saber, pero alguien tiene que hacerlo y ahí está la tonta obligada a escuchar mil veces la misma historia y cuando se callan y tú intentas decir algo, ya no están, se fueron, se desahogaron y listo ¿Y tus secretos quién los guarda? Porque pesan mucho los propios, pero los ajenos son livianitos ¿No crees? Será porque no se les trae atados al pellejo… y con el tiempo se convierten en veneno, amargura y en maldiciones. Si tan solo se quedaran…otro gallo cantaría.

Creo y con firmeza que la única diferencia que tenemos es que tú existes desde que el planeta se creó y bueno, yo soy la recopilación de restos carbónicos de mis antepasados desde que el planeta se ganó el nombre… pareciera ser que me estoy auto describiendo. ¿Y si somos lo mismo? ¿Y si tú eres yo y yo soy tú? ¿No deberías llamarte Francisca? ¿Y yo Luna? No, porque qué pasa con aquellas niñas que llevan tu nombre por ti. Yo que sepa a ninguna le han puesto Francisca en mi honor; entonces quedaría la cagada.
Pero si te llamases Luncisca ¡Sí, te llamas Luncisca! Igual que yo: Luncisca Francisca, la condenada a solterona, enamorada de un imbécil que no se da cuenta que estamos muriendo en baba por ellos (esa es la verdadera diferencia). El tuyo, es el sol, el mío, un Subercaseaux. – Y me di cuenta, que sin proponérmelo, había vuelto a hablar de él…




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

sábado, 21 de agosto de 2010

Amnesia



Creo que nací un 21 de julio cuando el ‘92 todavía estaba de moda. Según cuentan no he cambiado mucho desde entonces, cosa que no podría afirmar o desmentir porque no me acuerdo. Estaba presente, sí, pero no tengo una imagen sólida de mi apariencia, pues aún no me atacaba la vanidad de pasarme horas mirando al espejo a alguien muy parecido a mí, aunque en ningún caso, yo. He crecido, ya casi han transcurrido 19 años y la desmemoria de la vejez comienza a afectarme, no logro acordarme si ese año era bisiesto o qué día es hoy.


Nunca he sido muy normal que digamos, siempre nostálgica de tiempos que siquiera alcancé a vivir, encontrando placer al pasar una tarde escuchando tangos alcohólicos que desvanecen entre sus acordes las penas que se condensan dentro de mi pecho.
Me gusta extrañar a los que se han ido, y vez que puedo, escapo un poco de la realidad para escribir una que otra idea vaga que se anida en mi cabeza. Hay veces que paso semanas con el título de mi próxima "creación" (si es que las puedo llamar así) y cuando me siento con lápiz y un papel dispuesto a morir por complacer mis vicios, las palabras no fluyen, se estancan, madurando la brutal decepción de mi lógica, seguramente, debatible.
Puedo pasar horas mirando el cielo, sin que algo perturbe mi meditación de fantasías utópicas, esperando, siempre esperando que mi suerte llegase a cambiar al avecinarse un fenómeno que haga un quiebre en mi vida, un tanto monótona: De los sueños, a los libros, de los libros a más libros, y de ellos al sueño que, para aprovechar tiempo, continua repasando lo aprendido cuando la luz era el emperador de la ciudad. Pero que conste, no me acuerdo ya de quién soy.

Otra cosa, para ahorrar espacio en mi cabeza, he decidido escribir todo en tres idiomas al mismo instante, así puedo regodearme de mi facilidad para los idiomas y mato de un tiro, al aburrimiento, que sigue en su afán de rondar cerca de mis pasos, pese a que le he dicho y en reiteradas ocasiones, que no me interesan sus propuestas de un romance de media estación. Ya estoy muy vieja para esos trotes.

Tengo un vestigio de recuerdo que me gustan las magnolias y que juré a mis cojines, entregar mi corazón entero, en oferta, con mi alma y mis latidos, a quien supiera diferenciar el cambio en el brillo de mis ojos cuando las veo florecer. Esa sí que es una promoción tentadora.
También siempre he supuesto que llevo a cuestas más años de los que llevo respirando en esta tierra, que antes de mi concepción estaba dispersa en partículas con carga eléctrica, preferentemente positivas, esperando reencarnarme en lo que puedo afirmar que soy y que para traerme aquí salieron a cazarme con estas redes de mariposas, metida dentro de una célula y obligada a nacer como humano, mejor todavía, como mujer y sin embargo, no recuerdo nada.

Creo que mi canción favorita es una en italiano y parece, pero no estoy segura, que hablo italiano y otra cosa con I... ¿inglés tal vez? quién sabe. Bueno, me gusta y aunque de levanta ánimos no tiene nada, cuando soy presa de lágrimas circenses que hacen acrobacias en mis mejillas y se lanzan en trapecio sin red hacia el vacío, es inevitable dibujar una sonrisa en mi cara.

Acabo de encontrar un papel que dice: recordar que tienes una meta que cumplir. ¿Cuál de todas? podría ser cualquiera: mi carrera, mi casa, mi auto, mi nobel de literatura, dejar de fumar, conocer a Mel Gibson, viajar a la luna y colonizar ahí, aparecer en un billete de $3.000, ayudar cuanto pueda, y que en los futuros libros de lenguaje, historia, ciencias, me da igual cuál sea, salga mi nombre con una foto de mi juventud; quedar para la posteridad y convertirme en leyenda. Pero, acuérdate, yo no me acuerdo.


De repente me dan ganas de un trago con menta, limón, hielo y mucha azúcar, aunque cuando voy a prepararlo, no sé qué hago en la cocina con limones partidos, una batidora y una botella de ron blanco sin tapa encima de la mesa, después salgo al patio, prendo fuego a un cigarro y comienza mi obra dramática a surgir desde lo profundo de los arrepentimientos de lo que he hecho (es lo único de lo que de verdad se puede arrepentir alguien, todo lo demás, es puro relleno), a buscar imágenes en los arabescos que forma el humo al expulsarlo de la boca, al elevarse hasta desaparecer entre el resto de los gases que circundan los pulmones.
Luego, cuando ya me dan escalofríos pongo una canción antigua, puede ser que las escuchasen mis abuelos, pero no importa, a mí me gustan y punto. Canto a todo lo que da mi voz, espantando lejos a los cuervos que quieren verme caída dentro de una depresión nunca vista desde los tiempos de Hamlet y sus conflictos existenciales, pero soy fuerte, eso creo, y resisto cuanto pueda, distrayéndome en recuerdos de un amor que no recuerdo haber amado, mas, posee nombre, apellido, dirección y edad. Me doblego cuando las sensaciones que se supone sentí al primer contacto de labio con labio, estremecen mi piel dormida hace mucho por falta de cosquillas juguetonas que se aventuren brazos arriba hasta llegar al cuello vestido solo con una cadena y un colgante, un abrazo que pareciese que te quitará la respiración apenas bajes la guardia y la guardia nunca estuvo pendiente de hacerle frente a lo que el destino podría traer consigo como un tipo de ofrenda colectiva que únicamente favorece a los que saben leer entre líneas y le buscan la quinta pata al gato. 


Hay veces que olvido cómo me llamo y mucho no me preocupa, porque es solo un nombre, una forma que tienen de identificarme, lo gracioso es que los nombres se repiten unas diez mil veces más uno dentro de un rango de tres cuadras a la redonda, entonces ¿Qué caso tiene que olvide que me llamo Francisca Lizzette Lucero Kittsteiner? No le veo lo grave, o quizás ya me volví loca.

Ahora que veo, hay un gato caminando por el ancho de una pared que no supera los dos centímetros, me comparo con él, el elegante caminar que nos distingue del resto, la sensualidad de una mirada que dice mucho más que un recorrido por el diccionario, la sencillez lasciva que está impresa en cada corcoveo de una espalda al descubierto. Si somos iguales.
Vi un zorzal y me fui por un instante a volar con él, hace mucho que no veía uno por estos lados dejados en el tintero por Dios y no sé exactamente qué se encuentra haciendo la figura de ese amor que no recuerdo haber amado sacudiendo el polvo que dejó congelados a los besos que nos faltaron dar y que ya es muy, pero muy tarde... Comienzo a convencerme que es mejor dejar de inmortalizar los momentos vividos antes, y vivir en el tiempo que me corresponde, actuar como si tuviera 18, porque esa es la edad que se dice por ahí que tengo y permitir que el olvido ataque donde quiera atacar, para llenar de nuevas cosas, cosas que de seguro ocurrirán cuando termine de escribir tanta porquería junta, cosas que definitivamente, me harán olvidar.......


Yo, una mujer que no sabe qué nombre le dieron, qué edad tiene, qué vida ha vivido, cuántas ha vivido, qué tipo de gustos le gustan, qué amores ha querido, qué lágrimas ha llorado y menos el por qué, qué metas se ha propuesto a cumplir, declara, en pleno uso de sus facultades mentales relativas (todo es relativo, cariño, todo), que no le interesa recordar lo irrecordable....se acaba la cuestión.




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 28 de julio de 2010

Cartas a un amor distiante...


Mi querido:
Quisiera saber cómo estás, qué hay de tu vida, abrazarte y asfixiarte, dejarte languidecer en el poder de mis brazos apretante. Quisiera tener la valentía necesaria para decirte el motivo que está oculto baja cada una de las palabras estúpidas que intento disfrazar de cotidianidad, pero no la tengo y me maldigo por eso y por ser débil, torpe y a veces, confiada. Quisiera haber nacido en otro tiempo.

Mi querido, no sé, en realidad, qué hago haciendo con lápiz en mano y paginas blancas, imaginando que algún día tus ojos se posaran aquí, descubriendo el sentimiento que abruma mi conciencia. No sé qué hago disponiendo escenarios mentales, en donde, actuamos los dos, una escena romántica, a la luz del plenilunio, verano y el mar.

Cielo, dime algo… ¿Estoy mal, o es una forma que tiene el destino de prepararme para lo que vendrá? ¿Estarás tú en mi camino? ¿Eres la meta y el trofeo que debo ostentar? ¿Por qué me resulta tan difícil escribirte o relatarte cuando tengo tiempo y ganas de plasmar algo tuyo para la eternidad? ¿Sentirás lo mismo que yo? ¿Estoy completamente loca o me queda algo de cordura?...
Mi vida, ahora te cuento: yo, Duquesa de Orleans, confieso el amor que hicia ti profeso. Yo, Francisca Kittsteiner, yo una mujer que se ha encariñado contigo hasta la demencia… yo te adoro.

Siempre tuya, Francisca Kittsteiner, Duquesa de Orleans…


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 23 de julio de 2010

EXISTE


Existen mis noches de desvelo porque falta tu calor a mi lado,
Existen mis miedos desde el día en que probé tus besos,
Existen mis pesares desde que descubrí un corazón enamorado,
Existen mis alegrías desde que se desvanecieron lo sesos.
Existe la fantasía de una mirada porque vi tus ojos hermosos,
Existe el ansia por volver a verte una vez más ¡por Dios!
Existe un palpitar insoportable donde antes había hielos en pozos,
Existe un múltiplo par desde que ahora nos llamamos dos.
Existe la dicha de un fortuito y distante reencuentro,
Existe el sabor a canción romántica en mi labio deshidratado,
Existe también, la historia de un amor de cuento,
Existe todo, porque tú existes y estas a mi lado.
Existen las estrellas, la luna, el sol en el cielo,
Existen los duendes, las hadas, las brujas y por alguna parte,
Existe el veneno de una despedida en el cuello,
Existe vida en el espacio porque he decidido empezar a extrañarte.
Existen los números imaginarios, los reales y el entero,
Existen las operaciones de adición y sustracción,
Existen los ejemplos, mira: la diferencia entre siempre y hoy, es cero,
Y Existen los iones con infinita atracción.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

sábado, 12 de junio de 2010

Caravana de amaneceres


Tú me darás el alivio que con tanto afán y desesperación bueno, pues, en estos días, es un trofeo esquivo y costoso que no muchos anhelan como yo, porque, de un tiempo a esta parte, lo he perdido.
Los amaneceres, camuflados en jolgorios arrebolados de los días tranquilos, se convirtieron en el sentido de mi existencia tortuosa, en la meta que quiero conquistar, llena de romances, ahora y en adelante, destinados a la victoria serena de amores congelados desde hace años por falta de participantes. Yo hoy digo: “aquí estoy, disponed de mí a libre albedrio. Soy vuestra, dioses de la felicidad. Entreguen mi paga…aquí estoy”

Conjuro al deseo y a las maquinaciones ansiosas a satisfacer la pobreza de mi espíritu, regocíjenlo hasta la demencia y aún más…
Quiero transformarme en aquello que me fue prometido por el enredo de palabras hiladas sin hablar, desde antes de mi concepción. Quiero eso y lo que, muy dentro, imagino ser, tal cual, está dispuesto en mi cabeza desconcertada al despertar. Quiero felicidad, quiero llanto, quiero matices dulces y amargos, colores fulgurosos, oscuros profundos, éxtasis y silencio, cansancio y emociones, fantasías más que otra cosa, belleza, gratificación, descanso al caer la noche y vitalidad al encontrar el regalo de otro día.

Quiero astros incandescentes, inspiración para seguir escribiendo y continuar; quiero calor amoroso, frío de desconsuelo apaciguado por un abrazo tierno y tirano a la vez, por retener mi libertad relativa. Quiero los diamantes del firmamento antes que caiga el sol, el sonido de las olas al chocar contra las rocas de Pichilemu, mis canciones melancólicas que me recuerdan tiempos mejores y a I de Corintios 13:13.
Quiero felicidad, algarabía, plenitud, primaveras, otoños, veranos, inviernos cálidos.
Quiero amor, deseo, locura y más amor.
Quiero éxito y larga vida colmada de bendiciones azucaradas, melosas, hostigantes, todo.
Quiero todo lo reservado para los mortales y comer desde la mano de Dios.
Quiero…quiero ¡vivir lo que tenga que vivir!
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esto es igual a dedicatoria estacional...sin ánimos de revelar detalles


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.