jueves, 5 de mayo de 2016

OPALESCENCIA



De un golpe extinguiste mi vida,
Me quistaste el aire y yo queriendo respirar,
Te fuiste camino del vacío sin mirar
Que detrás dejabas tendido mi cuerpo al sol.

Consumiste mis fuerzas y agotaste mi fe,
Y justo entre las cejas disparaste.
Así se sintió el saber que ya no me querías,
Fue morir de un golpe, tras vivir una agonía.

Se hizo profunda la noche y clandestina mi sonrisa,
No hubo luz en el mundo con silencio en demasía,
No tuvo razón la razón y del corazón, ni rastros
¿Cómo pudiste ser tan cruel tras haberme amado?

Y yo que encontré en la nada algo que rescatar,
Y tú llegaste a cobrar lo que quedó de mis afanes,
Por el mero deseo de destruirlo todo,
Como si mi todo no te hubiera bastado.





Con lo que me costó confesar lo que traía atorado,
Juntar todas las piezas de un futuro que ya llegó,
Hilar el pasado para construir un presente prematuro, pero contigo,
Y tú dijiste que a la felicidad la rondaba la muerte.


¡Qué venga a mí la muerte entonces! ¡Qué venga!
Qué saco con seguir en pie si ya está todo dicho.
Para mí ya no hay espacio en tu vida,
Y mi vida no tiene sentido si no regresas a mis brazos.

Si he de pagar el dolor que te causé, aquí ofrezco mi corazón,
Destrúyelo y has con él lo que quieras, no importa,
Con tanto tiempo agonizando, ya no lo puedo remendar,
Mejor sé piadoso y quítale el aliento.

Qué venga a mí la muerte porque la suerte es mezquina,
Arrebatándome el descanso cada que tu imagen aparece
Vagabundeando por mis pensamientos un día cualquiera,

Oscureciendo al sol con tu falsa opalescencia.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


lunes, 2 de mayo de 2016

FUGA DE SIRENAS

Ahora el mar está calmo y los cielos no me quieren mostrar el misterio del astro rojo como el fuego, las nubes y la niebla son cómplices de su secreto, pero tanto silencio, me tiene aún más alerta que cuando las olas descargaban toda su ira contra los roqueros, tal vez, porque ahí, el silencio advertía que algo estaba por acontecer, pero ahora ¿El silencio dicta silencio, reclama al insomnio y a los miedos temporales? ¿El silencio alertará con un ruido o continuará mudo hasta que dé la estocada mortal? Creo que esta noche dormiré con un ojo abierto y el otro cerrado y ambos oídos afinados para percibir el más mínimo cambio en el tono de los estallidos, total ya se me fue la mitad de la madrugada, aunque siempre es más oscura la noche previa al amanecer y ahí, se fugan las sirenas… 

LOS FAMOSOS CELOS.



Aparece la fatiga de los celos insidiosos,
Que corroen  de a poco mis ganas de dormir
Porque la noche trae sueños tormentosos,
Vaticinios de un romance a punto de extinguir.

Y sólo son esos malditos ojos profundos
Los que levantan de la tumba a mis deseos
Poblándolos de mares con besos fecundos,
Cada que se mueven en afanosos pestañeos.

Perenne obsesión que aniquila mi conciencia,
Dulce locura que envenena a mi razón,
Y es que en sus brazos no encuentro licencia
Y se vuelve indómito el palpitar del corazón.

Amargura con sabor a canción triste y boato
Lo siguen y con él mis caminos pedregosos,
Y es tentador enamorarse de un cuento barato
Aunque al final los segundos pasen lentos, moribundos y dolorosos.

Y de pronto el tiempo se hubo dividido:
En el antes del retumbar de su nombre en mi cabeza,
Y el silencio que queda después enamorando a la tristeza,

Luego de haber conquistado donde le era prohibido.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

DE CUANDO APRENDÍ A PARPADEAR





Se acumulan los días de meses ya muertos sobre mis ojeras, pasando lentos y cargados de promesas lastimosas rellenas con tus ojos, el recuerdo de tu sonrisa al mirarme de casualidad y el dejo de protección que entrega el viento con algo parecido a tu olor. Llegan. Pasan. Se van.

Agoto las esperas perdida en el cuadriculado de una libreta al alcance, queriendo escribir otra cosa ajena a tu existencia, pero la mano baila a voluntad propia y tratando de plasmar en papel cuánto es lo que siento el dolor que le causé. Si tan solo hubiera sido valiente, quizás ahora te besaría a mi antojo

Una que otra canción se cuela entre la conversación que entablo sagradamente al aparecer los arreboles con el mar, robándose por un minuto mi conciencia para llevarla donde sea que te encuentres ahora, rogando al cielo que tus pensamientos  no  hayan caído en hermetismo para mí y que el escalofrío que recorre mi espalda sea porque mi nombre fue pronunciado por tus labios o que simplemente, por cualquier excusa, te encuentres dando un paseo por mi cabeza, como antes solías hacer.
Hay canales que no se pueden romper.
Hay vidas que no se pueden separar.
Hay falta de recursos si de saber de ti se trata, como si nadie en esta tierra se tomara un instante para retenerte en su memoria, transformando todo en supuestos  nacidos de más especulaciones y especulaciones paridas para mantenernos lejos.
A veces me pregunto si seguirás viviendo y dar cabida a un no, es traicionar a mis propias ganas de aferrarme al aliento. Ya te perdí una vez y viví. Perderte dos, lanzaría la bala en medio de mi sien.

Cómo te puedo explicar el menjunje de cosas que proliferan  en mi cabeza cuando el insomnio aparece puntual a media noche, trayendo consigo los mejores años de los dos, antes que el racionalismo, las leyes, los enfermos, el dolor, la rabia, más insomnio, lejanía, cercanía, lejanía otra vez y el metro en hora punta atacaran a matar, entregándome  un ensayo con detalles de cada momento en que la historia pudo haber cambiado, si alguno de los dos hubiera sido valiente. Aquel día de marzo, ya casi 6 años atrás, cuando la universidad aparecía como un universo desconocido y no como un carga por sobrevivir, tú de pie y yo obviamente escribiendo en un rincón, en mi casa a media tarde, tras volver de ir a tomar un café, cuando te acercaste para juguetear con mi cabello, en aquellos tiempos tan largo y oscuro como la agonía que profeso ahora, y dejar un beso plasmado justo donde se siente el fervor de la sangre al subir por el cuello, aquel día, en ese preciso cuadro, pese a todo lo que pude haber dicho antes, quise y no sabes cuánto, pararme de la silla y devolverte el beso. Pero no pude.  Vivía con culpas y temor a mi conciencia, a lo que diría el mundo, a las consecuencias de mis actos… ¡Esa puta crianza a la antigua de señorita de sociedad! ¡Los putos modales y lo que es correcto y lo que no! ¡Los putos pecados que proclama la iglesia! ¡Mi puta cobardía!
Aquel día, si me lo hubieras pedido, habrías podido desnudar algo más que mi corazón…
Es eso lo que más me corroe. La sapiencia de EL momento en que la vida sustentó su fututo ¿Por qué no me lo pediste?
Se rumorea que este cuerpo joven, aunque más frío que el agua de Pichilemu, alberga un alma tan vieja como Matusalem, con secretos traídos cada vez que resucitaba y apropiándose  de dos cosas: La continuación de nuestra historia la última vez que coincidimos varios siglos atrás y conocimientos que no todos los humanos pueden sobrellevar ¿Cómo crees que sabía cuando algo pasaba contigo? ¿Acaso no te dije el aviso que me dieron las olas sobre su revancha contra las personas por arrebatarles propiedad, inmediatamente después del día en que la tierra decidiera cambiar su eje tras haber dejado masacre en la mitad de este país? ¿Acaso no te dije que nos volveríamos a encontrar?
Se rumorea por ahí que fuimos lo único que no pudimos tener por adelantarnos al destino y juntarnos cuando era prematuro al tener tan corta edad…

El error fue mío por jurar amor cuando se tienen 16. Por jurar amor tras convencerme que así debía sentirse el amor. Por jurar amor porque era lo que se esperaba. Por jurar amor a sabiendas que jugaba a perder.  Por jurar amor y dar vuelta el mundo  por perseguir la ilusión encendida por la luz de unos faroles, cuando pude haber probado las maravillas de un sol.

El error fue tuyo por creer que por bruja adivinaría la verdad. Por creer que no estaba ciega y en mis cabales. Por haberte acercado a saludar.  Por haberme prometido devolverme a las aguas. Por haberte hecho indispensable y luego desaparecer.  Por no haberme besado como Dios manda. Por no haberme desabotonado la cordura. Por no haberme venido a buscar…

No sé si es una cosa de conciencia o de retribución por los males causados o es el punto de lo tarde que aprendí a parpadear y no encontrarte cerca, morir de a poco en desesperación por no verte regresar a mí y hacer como si los años no pasaron y seguimos siendo los chiquillos más ancianos que jóvenes, solos contra el futuro, pero siempre de la mano, cuando todavía en la inocencia, planeábamos una vida para los dos y mira si es cruel el destino, al hacernos cumplir exactamente lo planeado para estas alturas aunque tú por tu lado y yo por el mío.

Es la maldita memoria infinitamente masoquista que para probar sus alcances, trae cada detalle de cada conversación para buscarle los errores o alguna segunda interpretación pasada por alto, tanto así que ya tiene su frase favorita y tú la razón.
“No quiero que el día de mañana te encuentres preguntando qué hubiera pasado si”
Pues bien, aquí estoy haciéndole honor a tu advertencia, torturándome, maldiciéndome, ahogando mi llanto contra la almohada para no despertar a nadie. Aquí estoy, viendo el tiempo pasar.

Dónde estabas cuando te llamaba como sólo nosotros podíamos hacerlo. Dónde estabas ahora que te dedico un “Buenas noches”. Dónde estabas cuando se asentaron mis cabales, cuando brillaron un suspiro, desintegrándose al ver que no estabas.
Dónde estaba cuando me ofreciste tu corazón y la luna. Dónde estaba cuando era a ti a quien atacaba el insomnio. Dónde estaba cuando el dolor se hizo insoportable. Dónde estaba la última vez que me viste pasar.
¡Estoy postrándome a tus pies! ¿¡No es eso lo que querías!? ¿Verme ocupar el sitio que un día te hice llenar? ¡Estoy, a mi manera, tratando de enviarte un beso si es que alguna vez lograras leer lo que escribo! ¡Aquí estoy, pidiendo perdón! ¡Aquí estoy, buscando otra oportunidad!


De nuevo dieron las 5 de la mañana de un domingo como tantos otros, con tu nombre claveteando en el entrecejo e imaginando que aquel día, sí me paré del asiento… 


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

jueves, 21 de abril de 2016

SUPLICANDO MORIR.

Sobre las cumbres altísimas, desaparecer debería,
Extender las alas y nunca más volver,
Borrar de la memoria a quien no me quería,
Dormir tranquila antes de la vida perder.

Calmar mi dolor la muerte supondría
 Y traer consigo  pensamientos hermosos,
Para que se tranquilicen los demonios que tendría,
Si siguiera viviendo estos días  escabrosos.

Ahogar mi llanto en el fondo del mar podría
Nadar para siempre con las sirenas a mi lado,
Y volver a casa sin más penas, se agradecería,
Cuando mi respiración se hubiese  congelado.

¿¡Por qué  nacer si este infierno cargaría!?
¿¡Por qué tanto he de soportar en este tormento!?
¿¡Por qué tantos años, si mucho no se  desperdiciaría!?
¿¡Por qué no me arrebatan el alma en este momento!?

¡ Oh Dios! Déjame morir aunque sea de amnistía.
Déjame morir con una muerte sigilosa,
Quiero irme con los que al otro lado me esperarían.
Termina de una vez, esta vida tormentosa.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.


martes, 19 de abril de 2016

LA TEMPESTAD

Lo único que se logra oír es el retumbar de la lluvia en los techos.  No hay nada más.
La luz se ha ido hace un par de horas con la excusa de traer salvación pero ya nadie cree que vuelva. De a poco se van apagando las esperanzas.
¡Hay tanta agua alrededor y tanta sed de sus besos!
La noche se presenta igual que las anteriores: Fría, con lluvia y más lluvia, aunque hoy tiene los galardones que le ofrecen los candelabros prendidos por la casa creando constelaciones diminutas y al alcance de la mano, otorgándonos lo que el cielo nos prohíbe: Luz.
¿Se encontrará bien?
Me pierdo en el danzar de las llamas dejándome hipnotizada con sus corcoveos seductores donde me muestran la figura de un hombre acercándose ¿Vendrá a cobrarnos la vida?
Los cristales se escarchan amenazando con quebrarse en miles de partes, pero todavía dejan ver que desde afuera emana una luz particularmente siniestra iluminando el firmamento imprecisamente pero completo y nadie logra encontrar de dónde proviene. Solo está ahí. Alumbra. Y por las fechas no puede ser la luna. Quizás Dios no nos odia y nos dice “Ahí tienen su esperanza. Aférrense a ella.” O tal vez todo lo contrario, es un vaticinio de que el tiempo se agota conforme sigue avanzando el reloj y la cosa se pone peor.  Ninguna de las dos opciones parece confiable a estas alturas y temo por la salvación de mi alma. La duda, cuando aparece, infecta cada pensamiento en concepción febril tras llenarse de desesperación y el encierro constante no mejora la situación. Sería mejor que me quitaran el aliento la próxima vez que vuelva a dormir pues la figura del hombre, altera el sentido del orden aquí dentro. En mi cabeza. En cada minuto. Él.

Aparece un olor a castañas asadas inundando el aire. Por un segundo me encontré de nuevo en su cuello, tantos años atrás, pero segura de cualquier mal.

¿Habrá recibido mis cartas?

Un rayo toca el piso e incendia la tierra dos segundos para luego, extinguirse en un recuerdo que dejó cicatriz para siempre. En el exterior se desató el llanto tras la pérdida de sus municiones.

¡Ahora hay música en los cielos! Los truenos marcan la cadencia de la sinfonía improvisada, poniendo a cantar a los queltehues la amenaza circundante a sus vidas tras la destrucción de sus nidos y la lluvia siempre detrás. Trueno, tras trueno, tras trueno como paroxismos en avalancha de su nombre en mi cabeza cuando enfermo de nostalgia.

¿Volverá por mí?

Hasta las nubes se están cansando de llorar ¿Cuándo lo harán mis ojos?

Presiento la aniquilación tempestuosa de cuanta alma vague en la intemperie, como si los demonios jugasen a disposición en los jardines esperando, asechando para poder robar lo que vinieron a buscar. Puede ser que ellos conozcan las respuestas a mis preguntas. Puede ser que vengan con el hombre.


Hasta el momento, lo que he podido sacar en conclusión es que o me matan los demonios o me mata la lluvia o me mata él si no vuelve a mis brazos. 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 13 de abril de 2016

HIJA DE POSEIDÓN

Se acobardaron las olas con el lamento de mi voz. Sienten miedo de mi llanto y que las pueda ahogar en desespero. Retroceden. Se van. Desaparecen… igual que él.

La brisa viene a secar mis lágrimas como consuelo bravío en momentos de miseria susurrando entre silencios la venida inminente del sol, los deshielos de la piel cuando su recuerdo sea enterrado y la somnolencia provocada por el cansancio de tanto llorar.  Dibujan escenarios maravillosos con la arena en suspensión, bailes destinados para dos a media luna y sus brazos volviendo a cobijar mi estupor.
Me cuentan sobre lo que han visto los mares, los secretos que guardan y la muerte que siempre ha de rondar. Secan el rastro de sudor de la frente, erizándome el cuerpo cuando uno que otro pensamiento vagamente erotizado se cruza por mi cabeza.

Las sirenas se asoman en los roqueros, aprovechando el retroceso de las olas, pidiéndome regresar a casa con ellas, tras tantos años lejos por seguir una sombra de romance infecundo por cuanto camino se me puso en frente. Sin embargo, en ese mismo camino, fue donde perdí mis propios pasos luego de ver el resplandor de unos ojos majestuosamente inocentes ¿Cómo regresar a casa sin esos candiles para guiarme en la oscuridad? ¿Quién los verá ahora?
“Vuelve a casa” me dicen ellas. 
“Vuelve a casa” le pido yo.

De pronto,  a lo lejos, muy lejos, se abre un claro de luz, transparentando las profundidades del mar y las visiones de paz ceremoniosa, de cánticos eternos con finales felices, se apoderan de mí como si de un hechizo se tratase.
Hay tanta belleza. El azul es tan difícil.
Hay algo en el vaivén taciturno del agua que engatuza a los sentidos y los hipnotiza a perder voluntad, pero qué hacer cuando la voluntad se perdió con otro.

Los años y las continuas intermitencias de su figura por estos lados han hecho más estragos de los que son menester asumir, como cuando se levantan marejadas y azotan a las rocas dejando caos donde decida desvanecerse la mirada. Ahora entiendo el daño provocado al mar tras la fuga sin aviso de los cientos de almas condenadas a su adoración.
Hay ausencia entre los dos. Hay suspensos entre los dos.

Esa seducción que emana de lo conocido, la necesidad de volver al hogar, la sapiencia de las equivocaciones en la vida y el lugar al que hemos llegado… ¿Cuándo el amor se transformó en indiferencia?  ¿Pensará aún en mí?

En el horizonte comienzan a parecer caravanas de lo que pudo haber sido y me siento tentada en ir a alcanzarlas, tragarme el orgullo, cerrar los ojos y dar, por una vez, un paso en falso hacia lo desconocido, dejarme conducir por las corrientes del océano hasta donde me enraícen y desde ahí empezar de cero, reescribir esta historia poniéndole su nombre por título.
El anhelo desgarrador de querer volver el tiempo atrás sabiendo que en la vida se podrá tener, pese a que, de vez en cuando, cuando los planetas confluyen y el mar alcanza a rozar el sol, se desdobla, haciéndose circular y entrega la posibilidad de vivir todo de nuevo. La cuestión es cuándo, porque se me hace difícil respirar estando apartada de la razón que pudo quitarme el aliento, así como la indumentaria, así como las ganas de querer dormir por otra causa que no sea el cansancio. ¿¡Por qué su recuerdo viene cargado con tanta lujuria!? ¿Por qué quiero lanzarme al mar?

Las sirenas vuelven a aparecer, me extienden las manos y me hacen señas. Me muestran todo lo que puedo tener si las acompaño, pero en ningún lugar veo sus ojos. La cantidad de años que no los he vuelto a ver, quizás aún más que la cantidad en que su memoria vino a quitarme el descanso, es la misma que llevo sin pisar el almizcle formado en el agua cuando se calma la agitación de la superficie.
“Vuelve a casa” me piden ellas.
“Vuelve a casa” le pido yo.
De pronto un burbujeo exuberante se apodera de las olas. Ya no me temen. Es como si algo todavía peor las obligara a hacerme languidecer ante las peticiones de las sirenas.  Gritan desaforadas, golpean con furia todo lo que se cruce en su camino. Llegan a mis pies aprisionándome en la escapatoria, deteniéndome absorta cuando la figura de carruajes tirados por tiburones incide en la escena, tomándome por la cintura y llevándome al fondo.
“Él está en casa” susurran los vientos.
“Yo no puedo volver”.


 ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 13 de enero de 2016

NOSOTROS EN SUSPENSO



Sé que me viste, desde la distancia más ínfima en un universo condensado entre nosotros dos. Al alcance de dos pasos y una vida en suspenso. Tras tantos años de espera para que nuestros pasos se volvieran a topar, pero la suerte es mezquina e hizo que  desde mi auto viera pasar el tuyo, por el camino que millones de veces transitamos los dos y que en secreto, sigo recorriendo  por si los azares, quizás, en algún momento, nos vuelven a juntar. La suerte es mezquina…
Sé qué me viste, por esa indiferencia barata que corroe lo que alguna vez pudimos ser y que alcancé a percibir en tus ojos magnéticos, que pese a todo, escapan a los míos, por temor a que los años pasados vuelvan a la vida, tras dejarlos bien enterrados, quemados y olvidados. Sé de tus miedos  a cerca de desatar  viejas pasiones que luchan por mantenerse pendientes del tiempo. Yo también tengo miedo.

Sé que me viste porque te conozco con certeza de lo absoluto, tanto como para apostar la vida a que más de una vez mi imagen pasa por tu cabeza, despertando dragones dormidos con mi nombre grabado en el pecho, y que así mismo es la amalgama de todo lo que pudiste tener y lo que nunca fue tuyo. Tan al alcance y  tan distante  Siempre contigo, pero nunca para ti...
Sé que me viste porque el mundo cambió; algo volvió a lo conocido, como si nunca se hubiera dejado el hogar, el olor a tierra mojada y las conversaciones de pájaros negros volando sobre una cama vacía. Todo eso reducido a un segundo, a un par de metros, a la posibilidad de todo y con los miedos  por nada. Todo convertido en vacío. Todo hecho trizas. Todo acabado. Todo en la encrucijada entre tu casa y la mía.


Sé que me viste, porque nosotros, todavía estamos en suspenso. 


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

martes, 1 de diciembre de 2015

HAY MÁS DE UNA FORMA DE PERDERSE EN UNA CAMA

Comienza con el insomnio producido por el cansancio acumulado o por las preocupaciones ufanas que carcomen la conciencia viciada de inseguridades y miedos a medio engendrar, agitándose en ventoleras las aspas de los párpados, obligándolos a permanecer abiertos más tiempo de lo cotizado, amenazándolos con la muerte si se atreven a cerrarse y dejar que el sueño retorne al trono arrebatado por la noche.

Le sigue la desesperación de sentir sobre el cuerpo el peso monumental de las frazadas tibias en demasía provocando la asfixia y la sudoración crónica, se palpa la aspereza de las sábanas y el recorrido del escalofrío a través de la piel. La densidad del aire es tal que las pelusas se mantienen atrapadas en suspensión sin posibilidades de escapar a ningún sitio…Cuesta respirar y las almohadas, el colchón, se vuelven rígidos y encima se sigue sumando peso. Hay mucha luz dentro de la habitación, maximizándose al rebotar en las paredes tan blancas como la nieve, concentrándose en el medio del techo reducido a un par de tablas clavadas juntas…el candil estalla con el trascurrir un par de segundos y la claridad irrita los ojos, los enceguece y los devuelve a las tinieblas, a las sombras batidas con tres tazas de silencio destilado y adornado con trozos de tic-tac que invaden la casa vacía con su eco reiterativo, aunque un tanto anestesiante, pero que al final, termina poniendo los nervios de punta.

A lo lejos el ladrido intermitente de los perros se vuelve perturbarte mientras avanzan las horas y el letargo no regresa. Molesta y el aullido aumenta creándose una sinfonía canina que actúa delante de las estrellas de un debut casi prematuro y lleno de desafinaciones garrafales perdonadas porque se tenía intenciones de perdonar.

El paso del tren por los rieles da a entender que tiene que ser cerca de las cuatro de la madrugada, aunque realmente no importa: cuando el insomnio ataca no tiene la decencia de preguntar la hora, o si el humor acompaña o si a la mañana siguiente se tiene algo qué hacer. No, solo lo hace y punto. Llega, se queda, abusa y se va, sin importarle nada, ni nadie…

El atrincheramiento entre los cojines por las incontables vueltas dadas afanando en encontrar alguna postura cómoda, el calor almidonado perdido en un momento de inconsciencia y languidez, causan desorientación. Ya no se sabe dónde se está, por qué se está ahí, en realidad si se está donde se supone que estaba al acostarse y se descubre que hay más de una forma de perderse en una cama.


Da pánico estirar un brazo para alcanzar el interruptor de la lámpara y se prefiere dejar la penumbra, la incertidumbre, el miedo irracional tal cual hasta armarse de valentía inventada y a paso lento tantear el camino, llevándose al vacío las cosas puestas en el velador por factor desconocido; se prende la luz y desaparece el espectro reinante del desorden espacial, se mutilan las fantasías que afanan en causar problemas donde desde hace mucho no hay calma, y el sueño comienza a aparecer de donde había quedado oculto antes… ya no hay vientos que amenacen a los párpados, que se cierran justo cuando el sol se alza imponente en el firmamento y se recuerda que ese día, ese día no hay nada que hacer, excepto seguir imaginando cosas donde nunca las hubieron.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


EXISTE



EXISTE

Existen mis noches de desvelo porque falta tu calor a mi lado.
Existen mis miedos desde el día que probé tus besos.
Existen mis pesares desde el descubrimiento de un corazón enamorado.
Existe la alegría al mantener el deseo confeso.

Existe la fantasía de una mirada porque conocí tus ojos hermosos.
Existen las ansias por volver a verte una vez más ¡Por Dios!
Existe un palpitar insoportable donde antes había hielos en pozos.
Existe un múltiplo par porque nos encontramos los dos.

Existe la dicha de un fortuito y distante reencuentro.
Existe el sabor a canción romántica en mi labio deshidratado.
Existe también, la fantasía de un amor como de cuento.
Existe todo, porque tú existes y éstas a mi lado.

Existen las estrellas, la luna, el sol en el cielo.
Existen los duendes, las hadas, las brujas y por alguna parte,
Existe el veneno de una despedida en el cuello.
Existe perversidad para cuando quiera desnudarte.

Existen los números imaginarios, los reales y el entero.
Existen las operaciones de adición y sustracción.
Existen los ejemplos, y un jaque mate certero,
Y existen los iones con infinita atracción.





ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

domingo, 29 de noviembre de 2015

POR SI NO LO SABES.

Me arrepiento de lo que no hice contigo,
De vetar los besos suplicantes de amnistía,
Congelados en la censura de la nada
Cuando pudieron haber sido todo eternamente.

Me arrepiento de no haberme arrepentido antes,
De olvidar tu silueta desdibujada en las calles
Porque mis ojos eran ciegos y el  corazón era pobre.
Porque perseguía las miserias de un romance pendenciero.

Me traiciona la cordura al pensarte en éstas fechas,
Sabiendo que ahora podrías estar aquí, conmigo,
Prendados por las manos hasta el final de los tiempos,
Enamorados en secreto cuando cae la noche.

Me arrepiento de no haberme atrevido a la locura,
De pensar tanto en las consecuencias de un desliz,
Que por pensarlo, se queda sin concretar,
Que por cobarde, te haya perdido para siempre.

Me arrepiento de no haber hablado cuando era preciso
Y en cambio confesaba mi amor entre pestañeos,
En el roce inocente de tu hombro y mi cabeza,
De las coincidencias nacidas para hacernos coincidir.

Me arrepiento de no haberte correspondido,
Y negar lo evidente al mundo:
El cumplimiento de mis mil profecías felices,
Un tú, conmigo, encerrados en un corazón.

No quiero tus fantasmas molestando mi sueño,
No quiero que vengas parpadeante en mi inconsciencia,
No quiero volver a arrepentirme,
No quiero que me olvides por azar.

No te arrepientas de haberme mirado,
Recuerda que tú me empezaste a seguir,
Hasta hacerte indispensable en mis pasos,
Hasta dejarme varada en los codos del ayer.

Vuelve a mis brazos de una vez y para siempre,
Porque me arrepiento de volver a respirar,
Se condensó el aire y sabe a sulfuro,
Tras llevar a cuestas el dolor del mar.

Ven y quédate. Yo te invoco amor mío,
Tan mío y propio como fue una exhalación,
Tan dulce y cierto pese a la decrepitud de los años,
Tan esquivo y misterioso como Macondo antes de los Buendía. 


(I'll wait for you in  Macondo, everyday, every night, until you love me again) 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 24 de noviembre de 2015

ENTRESIJOS

¿Cómo alguien que nunca ha amado, sabe que está cayendo en las garras prematuras de un enamoramiento?
¿Qué síntomas se perciben antes de que sea demasiado tarde? ¿Hay forma de evadirlos? ¿Cuántas veces es necesario decir “te quiero” antes de pronunciar del temido “te amo”? 
¿Se ama, cuando al ser víctima del letargo, se duerme pensando en alguien con una sonrisa perenne en los labios? 
¿Es importante posponer un beso hasta que madure lo suficiente y entregarlo al término de la estación? 
¿Existen los abrazos infinitos que se camuflan bajo las vestiduras de un segundo efímero, como la vida de un suspiro vagamente erotizado? 
¿Hay vida después del desamor? 
¿Se olvida lo que una vez fue la razón del recuerdo intermitente y furtivo? 
¿Hay explicación lógica para tanta palabrería junta? 
¿Cómo expreso lo que siento de forma clara y sin boato empalagoso? 
¿Puedo ser la Cenicienta sin tener las hermanastras ni un príncipe seguro? 
¿Dormiré eternamente hasta que un beso me despierte con escalofrío exquisito que recorra mi piel cual, carretera virgen y pálida? 
¿Hay pecado dentro de la pureza que engalana a una ilusión? 
¿Por qué antes del amanecer, la noche es más negra? 
¿Sucede lo mismo que viviendo? 
¿Volaré lejos y regresaré en la primavera radiante de romances frescos que reanimen mis esperanzas eclipsadas tras perder la guerra? 
¿Tendré victorias? ¿Seré aún más feliz? 
¿Me amarás cada día? 
¿Me besarás la frente antes de dormir? 
¿Se irá la fatiga lejos de mi lecho congelado, luego del paso del inverno? 
¿Lloverá en verano gotas de melaza? 
¿Habrá paz en esta cabeza? 
¿Se agitarán los mares de mi sangre cuando te vuelva a abrazar? 
¿Te sucede lo mismo que a mí u otra vez me he vuelto presa de mis andróminas, fundiendo la realidad con mis quimeras, perdiéndome en los caminos de regreso a la cordura? 
¿Tendré un día más feliz que cuando recibí la llamada telefónica que cambiará mi vida de aquí y para siempre? 
¿Soy tu niña de cristal ahumado con corazón de champagne? 
¿Brillarán más claras las estrellas mañana? 
¿Cuándo te tendré de nuevo en mis brazos que languidecen al tiempo que te marchas entre las lóbregas sombras de la noche sin luna que alumbre tu retorno a casa? 
¿Hay algo que se comprare a la exquisitez de un primer beso tímido y frágil? 
¿Se puede llorar de felicidad y de amargura al mismo tiempo? 
¿Pensarás en mi, cuando me desvanezca entre el ajetreo de la cuidad que no se detendrá jamás? 
¿Se cansará mi mano de escribir? 
¿Soñarás conmigo hoy? 
¿La luna explotará para que pueda conservarla en mi velador y regalarte un trozo? ¿Qué pensaste la primera que me viste? 
¿Sigues creyendo lo mismo? 
¿Me adoras en silencio? 
¿Seré tu Duquesa de Orleans? 




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 22 de septiembre de 2015

EL FAMOSO CAPÍTULO.

Fue al estante. Sacó el libro. Buscó la página y dijo - ¿Dónde fue que nos quedamos? ¡Ah! por supuesto, cuando me rompiste el corazón... ¿Por qué volviste?...

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.

viernes, 7 de agosto de 2015

EL OPROBIO





Siendo que el tiempo entre nosotros no pasa.
Siendo que conversar se hace fácil.
Siendo que para ti mi corazón.
Siendo tan difícil decirte lo que trato.


Aquí estoy, en el calabozo oscuro de la incertidumbre.
Si me muevo, muero y si no también.
Lo único que me salvaría sería tu voz,
Pero cómo sabrás lo que ocurre si soy muda.


Cómo sabrás de las ansias repletas de deseo por ti,
Si hay que mantener la compostura
Obligándome a permanecer estoica y cuerda,
Pese al desperdicio inherente de un tú conmigo.


Siendo que ya pasamos el límite que marca una amistad,
Siendo que el día no comienza hasta oír tu voz,
Siendo que hay pesadillas sin un adiós,
Por qué ninguno de los dos arriesga ni un alfil.


Siendo que la tierra y el cielo, si lo quieres,
Siendo que una vida te ofrezco cargada de locura,
Siendo que el rumbo de colisión se predijo tiempo atrás,
Siendo que sin ti, la muerte se asoma.


Cómo decirte sin pronunciar palabra
Que siendo por ti mi futuro a cambio,
Con tal que te quedes un rato y conversemos sin tapujos,
Del oprobio sin explicación al verte partir.





ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

SÍ, AÚN TE AMO


Son los ojos verdes de un recuerdo lancinante a medio olvidar que trae desde los escombros un romance en continuos suspensos. Las jugarretas de criptas oscuras cargadas de muerte tras consumirse la vida pendiente de un beso que nunca llegó. Los suspiros prohibidos aglutinados como cáncer en torno a un antes y un después. El desahucio sin miramientos de mi juventud desperdiciada en tus manos por las noches. Las miles de noches que no dormiré contigo... Las miles de noches que no dormiré...
Es el nombre y apellido y la firma de letras fugaces que desatan los torbellinos de lujuria caducada. El deseo disoluto de pecar a conciencia tras haber probado el éxtasis. El nombre y el apellido de mis pesadillas, el título del gran capítulo de mi vida, a quien hay que culpar de mi muerte prematura. A esos ojos verdes...
Aquel que me robó el aliento una mañana de junio tantos años atrás, y aún no lo devuelve haciendo impoluto el aire, tan puro que es difícil respirar con los paroxismos frecuentes de imágenes de tiempos mejores marcados en sepia, donde un tú y un yo eran tan improbables como si tú y yo ahora, en una madrugada de junio tantos años desde entonces, pero con conocimiento de causa sobre los rituales tácitos que dejan las miradas con ordenes de cobrar venganza, recuperar las lágrimas perdidas, sin embargo, no de tristeza, sino más bien, de desperdicio de tiempo.  Desperdicio de reencarnaciones enteras tratando de alcanzarnos en una esquina del camino, quizás cuando la tierra fue plana y ahora que es redonda, los afanes caducaron como mis ganas incontenibles de condensar mis gritos desesperados en petequias multicolores desplegadas en el cielo cuando cae la tarde y hay amenaza de tormenta por el poniente... Así que si, aún te amo.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

martes, 5 de mayo de 2015

CÁNTICO PARA DON JUAN



Quiero que vengas y con un beso derribes mis miedos.
Quédate esta noche porque comienza hacer frio,
Ya no me importa el precio que tengo que pagar
Con tal de tenerte un segundo conmigo.

Ven, te lo suplico, ven pronto,
Es sólo un abrazo lo que necesito de ti.
Sentirme segura por un minuto en tus brazos
Y olvidarme del mundo que carcome mi conciencia.

Pídeme lo que quieras, aunque ya renuncié a todo.
Te daré lo que tengo y lo que no, con tal de tu sonrisa,
Renegaré de mis amigos si me quieres sólo tuya.
Callaré mi llanto para oír tus suspiros.

Dame la mano al caminar, pues puedo caer,
Y si he de caer, que sea en tus labios,
Cosa de caer en terreno blando, si es que existe algo,
O de morir de un golpe en la colisión con el suelo.





Llámame a cada hora, en cada momento, por cualquier razón,
Invéntame una buena y una mala noticia y un “Cuál te digo primero”
Convénceme de la masacre y luego ríete de mi inocencia,
Aunque sea por esa misma inocencia, que amor puse contigo.


Si se te antoja, tengo una botella de Camenere del ’98,
Una buena conversación sin suspensos tenebrosos,
Y para apalear la escarcha de la mañana, dos tazas de café con menta
Y mis brazos extendidos para cobijar tu cansancio.

¿Te quedas conmigo esta noche a espantar a mis demonios?
¿Te atreverás a pelear por mis afanes como yo por los tuyos?
¿Es más hermoso el amanecer en tu pecho?

¿Eres el que me prometieron al nacer?



 ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.

domingo, 15 de marzo de 2015

RETICENCIA


En ningún caso pretendo perseguirte por el mundo,
Si tú quieres venir, vendrás y yo te recibiré,
Si te das cuenta de lo que ganas conmigo
O si un rayo de luz te muestra la oscuridad lejos de mí.

Si te entretienes en algún camino, hazlo,
Pero no juegues a crear ilusiones con las mías.
No es sano manipular a capricho los ojos de otro,
Ni menos conquistar a un corazón desahuciado.

Si tienes algo que decir, dilo, yo te escucho,
Si tienes algo que callar, no digas cosas a medias,
Porque por las noches me desvelo pensando
Si quizás soy yo lo que te hace falta.

Sé que en tu vida no caminas solo y jamás lo harás,
Sé que tu corazón está roto y duele la cicatriz,
Pero date cuenta que yo lo puedo curar,
Y el trayecto es menos doloroso si lo caminamos los dos.







Así que escúchame muchacho de ojos cansados:
Ya amor está naciendo contigo y no puedo evitarlo;
Faltan muchas conversaciones para ratificar su existencia,
Aunque estás a una palabra de matarlo del todo.

Entiendo el rumbo de tus actos, porque es el mismo que llevo,
Entiendo la reticencia de arriesgarte a querer
Auqnue más miedo da quedarse mirando
Cómo pasa por tu lado la vida sin vivir.

Si quieres, vienes, yo te espero aquí mismo,
Y si vienes, no vengas por un rato,
Pues si te arriesgas conmigo, no es por un juego,
Porque ya no tenemos quince años.

Si vienes, tienes que saber que te quedas,
Porque éste será el último golpe que aguante mi vida
Antes de extinguirse sin esperanzas,
Pero si vienes, prometo hacer que la eternidad sea escasa.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 
© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.