lunes, 3 de octubre de 2016

CUANDO TE VUELVA A ENCONTRAR





Un día, a media tarde, tras habernos encontrado por casualidad, te invitaría a cenar a casa y cocinaría el antojo predominante de esa semana, descorcharía una botella de vino  para al fin, usar las copas que siguen juntando polvo, mientras espero al sonido del timbre en mi puerta. Tal vez, no tenga tiempo de cambiarme el disfraz de hospital, pero es lo de menos. Música, como es habitual, de fondo y las luces de los departamentos vecinos, comenzando a encenderse. Suena el timbre. El corazón se detiene dos segundos y continúa.

Llegarías agobiado, tras el tumulto del metro en hora punta, algo más que reticente y solo estando ahí a la hora acordada, por cumplir, todavía convenciéndote que era buena idea lo de comportarse como adulto y conversar. ¿Yo? Sin respirar.

Un “hola” frío, distante, cordial, sin más expresión, seguido de un “Pasa, estas en tú casa”, “Huele bien. ¿Qué cocinas?”, “Lo de siempre: come y calla." Se tendrían que solucionar los asuntos pendientes entre los dos, antes de llegar al postre, o plantear un consenso decente, borrón y cuenta nueva o dejar todo como estaba y llevar la misa en paz, mal que mal, lo único que perseguía era una explicación al escándalo armado cuando Navidad desaparecía.

¿Café? ¿Té? ¿Vaina? ¿Whisky? ¿Qué prefieres?... Se me antoja un café… ¡Sí, con limón!  Todavía te acuerdas. Sí, sin azúcar.


 Está refrescando la noche ¿Y si entramos? Debuta el sillón. Tú en una esquina y yo en el polo opuesto, segura de cualquier artificio de pelea, con la sonrisa mentirosa para no delatar la ansiedad condensada durante años por verte volver.  ¿Recuerdas…? ¿Qué pendiente se puede resucitar para seguir hablando? Algo se me va a ocurrir para romper las distancias.


Hay olor a azares…primavera en plenitud. El desove de las fantasías traídas por la magia de una profecía.
Poco a poco se consumiría el intervalo en la inocencia de servir una copa más y cada vez, se haría ínfimo el espacio entre tu dominio y el mío. Cerca.

Ninguno podría, por más tiempo, mantener la fachada, trayendo de golpe la ternura a las miradas incineradas a fuego lento con las posibilidades de cumplir cuanto dejamos suspendido en un “Quizás”. Tú me mirarías, yo te miraría y sin querer nos encontraríamos estacionados en un centímetro cuadrado. Me acariciarías el cabello, burlándote de lo corto que lo uso en estas fechas, porque nunca pensaste que sería capaz de renunciar a la mejor arma de seducción. ¿Beso? Todavía no. Quiero perpetuar el momento, si no te molesta.


¡No sabes cómo te extrañé! ¡Cuánta falta me has hecho! ¡No sé cuándo me acostumbré a ti, pero sí, cuando lo descubrí y era tarde! ¡Fui tan tonta! ¡Te eché tanto de menos!

Me mirarías de la forma que solo en mis sueños he visto últimamente, igual a la vez que, entre súplicas tácitas, me confesabas tu devoción en pestañeos.

Era la hora.

El beso quedado en suspenso.

La magnificencia transmutada en pecado implícito, pero floreciendo en la reverberación de la necesidad.

A esos labios pertenecía y ahí debía morir. No sirvió de mucho mentir hasta la certidumbre, porque con ese beso, se confirmaría de golpe la verdad negada hasta lo absurdo: Siempre te amé. En una de esas, tú también.

Crecieron los ríos con los deshielos y las alboradas pasaban vanagloriosas dejando estragos en la piel tostada por la consecución de veranos implacables. Se vulneraron los árboles al despojarles de indumentaria, quedándoles las raíces expuestas. Yo aquí. Tú lejos. El viento hablando de amor…
Silencio. Después de todo, silencio en el cantar de los demonios.

Un puñado de años malgastados, una docena de historias que rellenaron el vacío intermitente entre esta, nuestra historia, y ahora, la ropa estorbaba.

Me abandonaría al instinto de probar condena, siempre y cuando, tus manos marcaran la cadencia de la desnudez.
Mis defensas serían aniquiladas y desde el fondo del pasillo, una puerta cerrada en perpetuidad, desataría sus cadenas, dejando entre abierta la cabida para el secreto.  Toda la vida quise guardar un secreto contigo, sólo nunca tuve las agallas para admitirlo.

Las insinuaciones estarían de sobra. Ya estamos viejo para bobadas.

Tengo miedo. Sí, eres tú de quien se trata, pero es precisamente eso lo que me agobia. La última vez que te vi éramos unos críos que todavía no sabían caminar sin ayuda.
 Mucha agua pasó bajo el puente y sin embargo, mucho menos de la que te puedes imaginar. Piensa que si el río suena, no siempre es porque lleva piedras, también suena porque no las lleva. A mí me da lo mismo lo que de aquí para atrás pasó. Cada cual carga con sus cruces. Tú no sabes lo que pesa la mía y yo no sé si alguien se ofreció a cargar la tuya cuando yo no estuve… Retórica… Retórica… Sabes de lo que hablo. Tengo miedo.


Me abandono en tus empresas y si tiemblo es porque empecé  a sospechar que la noche y su frescor se harán  menesterosos de más tiempo. 

Seríamos  tú  y yo de nuevo, en mi casa, un día  improvisado a media tarde, cuando después de dejar el manifiesto de tu propiedad en mi cuello y estremecer el alma anciana rehén de mis pesares, se desplegaría el porvenir, aunque ahora, en el ofrecimiento de la reivindicación, no sería  cobarde y cobraría poderío de lo que siempre fue mío: tú.  
Esta vez no saldría corriendo a ocultarme tras una broma forzada para salir del paso. No quiero salir. Me gusta la encrucijada. Reclamo soberanía. 

Si supieras la verdad de todo,  que cada que voy a charlar con Morfeo, le cuento esta misma quimera y él se ríe de mi estupidez. Si supieras que, de alguna u otra forma, escondo tu nombre en todo lo escrito (¿No te has dado cuenta? Busca ahora dónde.) Si supieras que la mayoría del día me traiciona la conciencia y vivo añejándome en reminiscencias tuyas y en decretos de fanfarrias con finales felices. Si supieras que en verdad te amo desde sólo  Dios sabe cuándo y nunca te dije por miedo a perderte.

"Quédate" Te diría entre suspiros porque hay mucho por poner al día: Los planes que teníamos, los besos que nos debemos, abrazos y manos buscando camino, amaneceres conversando, amando, seguros, en tus brazos, en mis brazos.

"Quédate" Te pediría, sin palabras, porque pronunciar deseos siempre se me hace difícil. Así  que recuerda mis mañas, mira que no han cambiado, o invéntame una excusa para alargar la noche ("Cerró  el metro ya. Me voy a ir caminando. Quiero escuchar música y aprovecho de elegir vivir sano" Esa la usé  yo ¿Te acuerdas? Y Resultó). Planea un plan planeadamente planeado o no me digas nada y simplemente, quédate.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 


domingo, 25 de septiembre de 2016

SIRENA




Sábado 4 am, yo apoyada en un pilar de la chimenea y el carménère descorchado.
Cigarro en mano y la nostalgia floreciendo como los aromos en primavera.

Nunca había visto a la luna vestirse de niebla jugando a ser Júpiter al formar a los luceros en ronda a su alrededor, ni al mar tan al acecho, estando listo para cazar al transformar su canto rimbombante en acordes sutiles, o a la brisa hablando en idiomas, con lenguas extintas y conjuros de brujas viejas, ni a las sirenas caminando en tacones sobre los roqueros. Hoy es la noche de entrega de las piernas para escapar al mundo. Hay que irse de casa para enfrentar los miedos. Yo vine a dar la cara por los míos.

Espalda recta como desde chica me enseñaron, y el pelo suelto ahumándose a fuego lento por la combustión de los leños tras de mí, mientras van extendiendo riveras más allá de los tiempos. Cintilar de estrellas brillando a lo lejos...
Ojos profundos que aparecieron de pronto y  reclamaron tras ser inquisitivos, su lugar en mi pecho porque ya por mucho los había dejado podrirse en lo más oscuro de mis pensamientos.

"Siempre tuya.
Siempre tuyo.
Siempre nuestro". ..

Ahora entiendo que una vez poseso,  siempre preso.
Pero que preso más feliz, al condenarme a tus besos.
No sé por qué todo suena a poema,
Si trato de decir que se me va la mañana.
Quizás ya estoy cansada de tanta cizaña.
Que la necesidad, el cuerpo me quema...

Si tú  quisieras, dejaríamos de ser solitarios. Si tú quisieras la furia de las olas la tendrías en tus manos. Si tu quisieras, renuncio a mi corona, a los placeres culpables (jamás, jamás a los libros) a la respiración misma, si es que la tuya se vuelve dificultosa. Estoy aquí, dejando fluir las horas hasta que se tornen en días, meses, años, en vilo para no dejar pasar la ocasión de revertir el rumbo tomado hace tanto ya.

Caminar sola no es lindo y mis manos, huérfanas, amenazan con entumirse si es que no las refugian las tuyas de nuevo.
¡Es suficiente!  Veo tu cara en cualquier persona puesta en frente, sintiendo al corazón paralizarse mientras se regocija en esperanzas de que sus ansias sean satisfechas, para después morir cuando la sensatez aparece en escena y se disipan las ganas de correr a saludarte con forme el rastro de un perfume familiar se envenena en lo aciago, importando un carajo el mundo, vuelven los rostros desconocidos, todo avanza rápido y el corazón late de nuevo con golpes agónicos  y recriminatorios, maldiciendo su desgracia de amar en desfase.

Todos tienen algo de ti... La locura se apoderó  de mis ojos o lloran tu ausencia, convirtiéndose en cataratas eternas...Las cataratas ciegan... Operación es necesaria... ¿Cómo  operó  a un alma vagabunda por encontrar  a su similar?  ¿Cómo  amputo la ilusión de la proyección de una vida juntos?...Me quedaré ciega, pero ¡Por Dios!  Que sea tu cara lo último que vea... Sería la absolución de los enfermos y no se le puede negar a un moribundo.

¿En qué  momento se acabó  el Carménère? No siento los dedos... ¡Cresta! ¡La chimenea! No me quiero mover... ¿Te acordaras dónde vivo?  A mí, se me olvidó tu dirección. Aquella vez, no había dormido en varios días y por muy extraño que sea, mi sentido perfecto de ubicación espacial, falló al punto de no recordar cómo llegué, ni a qué  piso subí, ni por qué no me quedé viendo un capítulo de esa serie contigo, en cambio, me fui a estudiar los tipos de celulitas que conforman los tejidos al dormitorio de al lado... Pasaron 5 años, continúo sin dormir, sí algunas veces por las celulitas y su afán de conquistar al mundo en malignidad, pero la mayoría  es por ti... A todo esto ¿Qué hora es? ... ¡5:25 am!  ¿Ves? No es mentira. Se acabaron los cigarros.


El mar seguía tranquilo, las sirenas volvieron a casa porque no les gustó  caminar (no más culpo), se apagaron las estrellas y hay mucha luz en el cielo... Mucha luz. Voy a bajar...Me tiene que escuchar...

                 - ¡Levántate! - Le grité con los pulmones sangrando. - ¡Levántate! ¡Te has hecho el huevón todo este tiempo! ¡Se acabó!  ¡Levántate mierda! - Acudieron  las manejadas a calmar mis gritos, tratando de no dejarme pasar. - ¡Me mentiste!  ¡Callé cada catástrofe que me pediste! ¡Callé tragedias mientras veía a la muerte restregarse Las manos!  ¡Callé toda la maldad que nadie te conoce y te haces el huevón! ¡Nunca lo trajiste! ¡Nunca nos pudimos  juntar en esta vida!

- ¡No cumpliste!  ¡No guardaste silencio! ¡Le dijiste a él sobre el 2010! ¡Le advertiste!  Desconozco tu nombre Sirena.  ¡No te bastó  con escaparte de aquí por perseguir una fantasía, sino que dices lo que no debes! ¡Si te salvé a ti y a los tuyos, por qué hablaste!  ¡Si no guardas tus secretos, allá  tú,  pero calla los míos!  - Seguían subiendo las aguas hasta cubrirme por completo, como  abofeteándome por indiscreta. - Dolió la traición. Quiero lágrimas a cambio. Ya no podrás regresar aquí. Nunca lo verás volver. - Dijo Poseidón después de hacer día de la noche con todos los truenos lanzados a mí alrededor, pensando que con eso quebraría  mi entereza. 

- Te vas a arrepentir. No olvides todo lo que sé y cuántas almas te puedo quitar.

-Ya no te quedan más ases bajo la manga, Sirena.

- No has puesto las cartas en la mesa. No sabes lo que puedo hacer. Sabes que se puede alterar la línea de sucesión. -Tiró otro trueno al mismo tiempo que una ola tan grande como un rascacielos se dirigía hacia mí.
No hay nada por perder. Atravesé las aguas  y le clavé una roca en el corazón. Todo calmo otra vez. - Te lo dije: No sabes lo que puedo hacer.

Ascendieron batallones de tritones escoltando un carruaje de coral con perlas negras incrustadas en las correas, tirado por caballos de mar gigantes, de los que habitan en lo más oscuro de las profundidades y que sólo responden a quien tuviera el control del océano.
"Veamos  si ahora desconoces mi nombre" Dije cuando veía el cadáver de Poseidón hundirse convertido en espuma.

Si no he de volver a verlo, si ya mis razones caducaron, si la noche se ha ido... Comandaré los 7 mares.
                -¿Cuál  es su primera orden Sirena? - Preguntó el General de los Tritones.

      - Que mueran los hijos de Poseidón. 

De aquí no me movería nadie.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 19 de septiembre de 2016

LA DEPRIVACIÓN.



Se agotaron las esperanzas. Paciencia no queda. Amor herido a muerte. Lo siniestro de la persecución.

Recorrí el mundo sin encontrar lo que buscaba. Agoté mi fe después de tanto suplicar. Aprendí a parpadear tarde y hubo destrucción. Era mejor quedarse ciega.

Me angustia el inicio y el término del día y lo que pase entre medio, es borrón y cuenta nueva.
Me mortifica el amanecer porque alienta posibilidades. Me mata el ocaso porque el día se fue sin victorias. Se repite, una y otra vez. El mismo miedo, el mismo afán, el alma quebrándose en el silencio tras cerrar la puerta.

Ya no quiero mantenerte vivo en cada recuerdo melancólico, ni en ninguna proyección de mañanas por venir. ¡No sé cómo enmudecer tu voz retumbando en mi cabeza! No sé cómo voy a continuar.  ¡Es que duele tanto! Y eso que sé de dolor, pero el del amor pudriéndose por la humedad de las lágrimas, es insoportable, sordo, constante, con tu nombre.
No quiero más dolor, pese a que tampoco quiero renunciar. Algo insiste en no dejarme renunciar, advirtiendo latencia, espera, consumación, lo inevitable, nosotros frente a frente. ¿Cómo arranco ese “algo” aciago de donde sea que se implantó? Dolor, renuncia. Renuncia, dolor. No hay opción.

Se quemó el último cartucho guardado para defenderme, pero fallé el tiro ¡Cómo, si teniendo tan buena puntería! Porque en la somnolencia aparecieron tus manos tocándome… Suicidio involuntario. Autolisis. Anemia por deprivación. Parada cardiaca como protesta.

No entiendo cómo te preservaste acuartelado entre las sombras, para que un mal día, cualquier catalizador, resucitara días felices junto a ti, llenándome de miseria su sucesión hasta ahora.
¿Por qué sugeriste el olvido? ¿Por qué no golpeaste la puerta?
Yo estaba adentro, esperando. Sigo adentro esperando que llegues o que me desahucien la vida.
Iré a devolver esta imaginación activa en fertilidad, porque no ha traído nada bueno, solo todo lo que quise, todo lo que quiero, para que luego venga la realidad y derrumbe las cartas. Dejaré de escribir. Hace mal. Exacerba la insuficiencia. No volveré a escribir.

¡Ya está! ¿Dolor o renuncia? Supresión.

Verdades contadas como mentiras de letras. Mentiras contadas como verdades piadosas.

A eso quedó resumido el intervalo de distancia: Millones de oxímoron hilados con el objetivo de confundir todo para que deje de doler. Se acabaron las contradicciones, excepto una “Tú y yo”

Cumplí la condena y desangré mis venas para destilar tu paso por aquí. Pagué tu dolor con llanto y los intereses con mi agonía.

Debimos de haber sospechado el daño nacido en ese saludo, así tú seguirías rindo y yo, flotando entre nubes de algodón. Empero, ganó el pálpito errante del amor que se reencarnó cuando nosotros nacimos. Tiene que ser maldición.

 ¿Por qué no tocaste la puerta?...

Me desangro y espero.   


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.  

jueves, 15 de septiembre de 2016

SIETE AÑOS SIN TI





Siguen pasando los días y sus noches sigilosas,
Se acumulan los años en el panteón del ayer,
Y pese a que nunca vi tu amor florecer,
Mis ojos aún extrañan tus miradas celosas.


Aparecen sueños que me cuentan de ilusiones
E ilusiones que llevan irremediablemente a llorar,
Angustiosas suplicas que aunque trato, no puedo ignorar,
Porque no son, sino fantasías de tiempos mejores.


Han pasado 7 años desde que probé el veneno
De unos labios perversamente colmados de inocencia,
Siete años y no se ha obnubilado tu presencia,
Deteniéndose el tiempo y volviéndose un poco más ajeno.

Siete años que se reducen a volverte a ver.
Siete años perpetuando tu nombre en el desierto.
Siete años robando mi deseo de castidad encubierto.
Siete años de hambruna de besos sin resolver.


Los lamentos cantados al mar cuando la noche es oscura
Y las lágrimas malgastadas buscando la razón,
Un porqué que nunca ha sido mío y las roturas del corazón,
Eso han sido estos siete años, cada hora una tortura.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 9 de septiembre de 2016

EL SINÓNIMO DEL VERSO






Tengo ganas de no sé... 
Hay nostalgia por recuerdos que no poseo.
Tengo calor de la tibieza de un cuerpo a mi lado, sin haber ninguno para abrazar. 

Tengo esperanzas de deseos inimaginados todavía y la satisfacción acarreada por logros sin ganar.

Me agobian las ganas de besar unos labios cercanos  y a varias millas náuticas de distancia desde donde me enraízo ahora, en esta seguridad proclamada por la casa que siempre me escucha hablar sola sobre un nombre, ya tan ajeno como lo son familiares, los de mis hermanos. 

Quiero cantar sonetos que no se han escrito y de recitar poesías  a quien no ha nacido. 

Trigo orgullos rotos por batallas sin pelear y cicatrices en el cuerpo de esposas forjadas. 
Guardo angustia por amores inoportunos sin poder amar, a consecuencia de la censura por voluntad, sometida.  ¿Por qué?  ¡Vaya a saber Dios!

Tengo deseos de dormir sin estar realmente cansada y de un café con menta para sentarme en el balcón y fantasear con las historias susurradas en el aire, silbarle al viento invitándole a conversar conmigo un par de horas y extender los brazos entregándome a la libertad agobiante del ocio, respirar tan sólo una vez, sin la polución que deja exangüe mis pulmones lastimeros, después de exorcizar el peso de las responsabilidades y desdoblarme de la realidad. Dejarme llevar por las horas hasta tus reminiscencias. 


Tengo ganas de mojar los pies en el mar, escarbar en la arena hasta llegar a China y devolverme, caminar mar adentro sin ahogarme, jugar con las sirenas y provocar naufragios, ser la causal de la muerte de los bárbaros y seguir como si aquí no ha pasado nada. En todos hay trazas de maldad. 


Es imperativo seguir escribiendo. Puede que algún día, cuando la suerte sea benevolente, sepas que nunca abandonaste mis pensamientos. Escribir, aunque ya no queda tiempo y verdaderamente, hay fatiga en mi cabeza, sequía de pensamientos y emociones a flor de contacto. 
Hay romance, hay locura, hay sexo, y todo lo que puede haber, sin embargo, no soy capaz de darme cuenta porque extraje mis ojos por temor. Sigue la vida pasando por el lado ondeando un saludo burlón por los aires. Me vale madre. 

El mundo está lleno de opciones.
Las opciones viene preñadas de posibilidades.
Las posibilidades, circundan mis afanes y los tuyos. ¿¡Cómo no te voy a querer aquí!? Si no me puedo alejar de nada relativo a lo tuyo. 

Me quedo estacionada en el suspenso, pretendiendo que no duele más, siendo la Gran Duquesa del estoicismo, Princesa de los martirios, Condesa de los pueblos invulnerados y Marquesa de nada. 




Poco a poco me apoderan unas ganas tan infames de poner tu nombre en el último verso del último poema que acabo de escribir, pero no me dieron los cojones, le busqué una rima y lo reemplacé por el preludio. 



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

lunes, 5 de septiembre de 2016

DE CUANDO ME ECHASTE DE MENOS





Vi los alcatraces pasar en perfecta alineación hacia el horizonte y de pronto, pensé en ti,  tan distante en estos días como el mismo punto donde el mar se funde con el cielo. Y eso que nos amábamos tanto, nos bastábamos el uno al otro para enfrentarnos al mundo, haciendo planes de un futuro incierto, siempre cerrado con un “tú y yo”.


Vi al sol dar su última exhalación con la belleza condensada para sí mismo y recordé el fulgor de tus ojos, un jueves, a las 7:45 de la mañana, 7 años a la fecha cuando por la misma puerta de todos los días me viste aparecer,  reconociendo en seguida, que nuestras vidas estarían atadas para la eternidad. La vida entera sería poco tiempo, como la vez anterior: Tantas reencarnaciones  atrás, con otras historias, otros nombres quizas, pero tuya y mío.


De repente, pienso que no fue menester habernos encontrado, ni menos siendo tan jóvenes, pero cuando las coincidencias coinciden para hacernos coincidir, rara vez preguntan si está bien o si es propicio. Sin embargo, nunca fui tan feliz como cuando, en las noches de frío, sujetabas mis manos para ahuyentarme los  miedos de no tenerte cerca. Me tenías y yo te tenía.


Vi las olas agitarse por el viento de febrero y recuerdos vagos aparecieron en primer plano, contándome de aquellos tiempos en que hablábamos de tener cuatro hijos, porque dos son muy pocos y con tres, siempre quedaría uno solo, de las cuatro casas para que pudiera escribir donde me apeteciera: En el campo, en la playa, en la cuidad y en la montaña. Cuando prometiste construir una casa submarina para invitar a La Sirenita a tomar el té y conversar la tarde entera sobre visitar la Atlántica. En nuestra inocencia, había amor.

Ahora que los años pasaron, que nuestros caminos son distintos, me pregunto si en este cuento habrá un final feliz cuando el príncipe lea las palabras que la princesa le escribió un día pensando en él. Me pregunto si  aún estás dispuesto a revivir el amor en esta resurrección.

Hace falta tu mano sujetando la mía y mi voz diciéndote lo que te quiero.

¿Qué  quieres? ¿Qué  recorra el mundo buscándote? ¡YA LO HICE! pero no te puedo encontrar. ¿Por qué  borraste todo tu rastro? 
¿Quieres que llore? Ve a preguntarle al mar cómo  fue que sus mareas ascendieron. 
¿Quieres que sufra? Ya no me queda nada... Ni un motivo, ni una razón para sonreír. 
¿Quieres que no vuelva a amar? No lo volví a hacer, aunque haya tratado de convencerme de lo contrario cada noche, cada día, en cada respiración y en cada beso entregado por tener qué. No volví  a amar porque nunca dejé  de amarte a ti. 
¿Quieres que muera de frío? El frío aquí  se hizo menester para mantener las esperanzas preservadas de la podredumbre al saberte lejos, olvidándome de a poco ¿A la fuerza? Posiblemente. La Muerte...La muerte no es la muerte. La Muerte es lo que queda tras perder el corazón. 

Pasó la bruma dejando escharcha en mis labios, una cosa así  como un premio de consuelo o una prueba para saber si aún continuaba ligada a la cordura. Se entumecieron y te odié  por eso. La sal los escocía y te odié un poco más. 

El viento me abrazó garrido en consuelo por la rotura estrepitosa y en expansión de mi alma desolada. 
Envuelta en sus caricias me susurró la respuesta a las dudas enraizadas, sin poderlas entender... No sé  qué  dijo. Hace tanto que no hablo con él  que perdí el acento y el vocabulario. 
Me volví terrena al alejarme de los parajes donde crecí, pero por sobre todo, al enamorarme de tus ojos. Ahí  perdí humanidad, lo naturalmente sobrenatural de las premoniciones, corazón, vida, deseo, fatiga,  albedrío...
Le pedí  un único favor: Te pregunte dónde  estás o te diga dónde  estoy. 

Nunca terminaste de conocer a la que estaba parada en frente de ti. 
"Ojo de loca no se equivoca." 
El cántaro  se rompió  por la caída constante del agua en sus inseguridades. 
Sé  que escuchas mis llamados al sucumbir en el letargo cada noche.
Todos los ríos llegan al mar. 
Algo del mar queda en mis venas todavía.
El destino, pese a lo que se diga, viene escrito desde la creación misma. 
Una vez, me dejaron echarle una leída a la rápida, tan a la rápida que puede que se haya convertido en efímero el recuerdo. 
Nos volveremos a encontrar. Probablemente, pronto. 
Deberíamos ponerle fecha y lugar, así dejamos de depender del azar para saber si seguimos vivos lejos del otro ( o si, y no lo quiero considerar, aparece quien te sacaría de mis pensamientos y a mi de tu corazón.) Deberíamos acordar.... El viento habla... ¿Qué  es lo que dice?  Habla más fuerte, por favor...

Me cuenta que aquella sensación de liberación de las cadenas puestas específicamente para unirnos los pasos, esa parecida a cuando a recuerda algo olvidado, eso como un "ah eso era" fue falsa. Hubo alguien caminando en la cuerda floja de este puente entre tu existencia y mis suspiros, por eso se tensó casi hasta romperse, pero sigue firme. Nunca se cortó. 
¿ Y sabes por qué  estoy tan segura? Porque vi tu rostro desvanecerse en los arreboles del atardecer, con los ojos fulgorosos y cargados de anhelo por si llegase otra coincidencia que nos hacen coincidir coincidentemente, porque me echas de menos.

Así  que tú  dirás dónde iremos a tomar un café.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 



sábado, 3 de septiembre de 2016

DE PAPEL




Ven y acuéstate a mi lado un segundo
Que la vida es corta y el tiempo traicionero,
Y amenaza con liberar a mi prisionero
Al arrojarme al vacío más profundo.

Cuéntame, porqué tardaste tanto en llegar,
¿El camino fue difícil de recorrer?
¿Había oscuridad en tu sendero y caíste sin querer?
¿O simplemente no sabías por dónde caminar?

Ven que quiero escuchar tu respiración un momento
Ven que tengo miedo de la noche y estoy sola.
Ven porque quiero que vengas aquí y ahora.
Ven que el silencio se me hace un tormento.

Desordéname el cabello si se te apetece
Invítame un café camuflado en lo cotidiano,
Cuéntame de tus desaires y háblame en italiano,
Sedúceme con lo simple de tu risa o con lo que fuese.


Acompáñame  a tomar el taxi en la tarde
E inventa una excusa para seguir conversando
Porque es tanto lo que me gustas y me sigues fascinando,
Con esos ojos tristes que en brazas arden.

Esconde el roce de tus dedos en mi piel
Y quédate conmigo sentado en el pasto,
Miremos las nubes que pasan contando
Que esta fachada de amigos es sólo papel.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

miércoles, 31 de agosto de 2016

YO TE ESPERO




Arriba a mis sueños, yo te espero.

Disipa la bruma levantada en las mañanas cuando el mar llora la pérdida del cielo y  muéstrame la gracia de tus ojos magníficos al despertar.

Cántame despacio, pero al oído para que se acurruquen mis anhelos junto a tus ganas, contándome entre suspiros los pesares en tu pecho por tanto tiempo ajeno al mío. No desesperes, pues todo pronto cobrará sentido. Te lo prometo.

Ven y llena el espacio vacío en mis brazos suspensivos, expulsando al entumecimiento a las lejanías olvidadas de la mano de Dios. 
En un comienzo las disestecias con sus cosquillas, entretienen y hasta son placenteras, pero de golpe, aparece la laceración dolorosa de miles de agujas clavando las profundidades de la piel repleta de ausencias...Ausencias...
Ausencia es lo que hay en esas miradas azarosas que me lanzas de vez en cuando, sin percatarme de tu presencia al alcance (¡Blasfemia! Siempre sé cuando estás, pese a no verte.)  Me duele tu nombre y pronunciarlo sólo para recordar su retumbancia, como obligándome a no olvidar. 


Arriba a mis sueños, yo te espero.


Llévate la oscuridad oculta a plena vista cuando el sol muere una vez más y pon en cambio, luz al sonreírme, para siempre en las mañanas y en las noches para espantarme los demonios voluntariosos en rondar por esta casa, a sabiendas que no son bienvenidos. Sonríeme para aprender a vivir.

Abrázame cuando tengas miedo. Abrázame cuando seas valiente. Abrázame al extrañarme y cuando ya no quieras verme. No dejes de abrazarme, ni siquiera cuando te lo pido. Permite enraizarme contigo, formar cimientos bajo tu amparo albergando ilusiones menesterosas de confesión, suplicantes de conocer lo que me pasa cada que te veo.  

Déjame ser vulnerable. 
Ya no quiero comandar al mundo, sino permanecer acurrucada en tus labios,  hasta adormecerme después de safisfacer la cuota de besos del día. Ese será mi nuevo mundo por conquistar.
 Ya no quiero ser fuerte. Cuesta mucho serlo (aparentarlo) y llevo demasiado tiempo en lo mismo. Siempre a  la defensiva por si algo decidiera cambiar, por si decidieras volver y yo haya bajado los brazos... Tal vez, no tienes intenciones de saber de estos huesos roidos de libertadad y yo como imbécil, creyendo que cualquier día regresarás a mí ...  

Ya no quiero ser estoica, y  déjame descansar en el lugar más mezquino de las probabilidades: En algún recodo de tu corazón.

Arriba a mis sueños, yo te espero. 



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

EL FAMOSO JUEGO



Te esperé porque quise esperarte, mientas el café se convertía en hielo y el humo empezaba a disiparse, a sabiendas que no llegarías porque quizás qué excusa, pero no llegarías.
Te esperé porque lo único que tenía por perder era el tiempo, lo que nunca supe es que el tiempo traía de polizón al amor y  a medida que el día se extinguía, el amor pataleaba por un poco de expiación, arrepintiéndose a último minuto de haber apostado a perder.
Te esperé porque pensé que el haber movilizado al mundo entero con tal de que el tuyo cobrara sentido, tendría algo de valor para ti, pero no, simplemente te facilitaron las cosas y no diste ni siquiera las gracias.
Si quieres una amiga, desisto de tu oferta, porque no se puede concebir una amistad cuando en el pecho arde un hoguera tan grande que es capaz de alumbrar a toda la cuidad, ni menos cuando, por tu causa, puse en riesgo otras tantas amistades.
Si quieres jugar, perfecto, pero yo nunca pierdo. 

Te esperé porque quise creer que te gustaba algo más de mí que todo el conocimiento que traigo. Sin embargo, no tienes idea de lo oscuro que puede llegar a ser; si quieres saber qué sé: sé destruir conciencias y muy bien, al punto de no mover un dedo y cobrar tu vida con solo parpadear.

Te quise, pese a todos los intentos del destino de hacerme desistir, mas, te quise igual, y porque te quise, me quedé aquí esperando.
Y ahora entiendo que no era menester, sino una fantasía, por esa extraña necesidad de competir…Siempre competir: No podía imaginarte en ningunos otros brazos, sino los míos

Te quise porque me hiciste quererte o me vas a decir que nunca fue tu intención representar tal galantería cada que veías mi figura por la puerta principal, o que no se te acelera el corazón cuando, a lo lejos, oías el retumbar de mis tacones.


Pero ya no…Sí te esperé, sí te quise, sí movilicé al mundo, sí soy siniestra por dentro, así que desenfunda tus mejores armas, pues el juego acaba de empezar.



ESCRITORIO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

A QUIÉN CORRESPONDA. CARTA N°2

¿Cuándo volverás? Siguen pasando los años y el futuro que alguna vez imaginamos, no parece llegar ¿Cuándo volverás? Porque esta princesa permanece en la torre esperado el regreso de su caballero gallardo y de esperanzas poco le ven quedando. ¿Cuándo volverás? Que aquí te espero. Te sigo esperando con el corazón como ofrenda para que te decidas quedar. Te entrego mis escasas horas de sueño para velar el tuyo a cambio de verte a mi lado el resto de los años que aún tenemos por gastar, pero juntos, los dos, como debió ser desde un principio: tuya y mío.

Aquí, postro mis ilusiones a tus pies, porque si no las quieres, destrúyelas pronto y no vuelvas a hablarme, pero si las quieres, no las maltrates, pues llevan mucho tiempo guardadas solo para ti que ya casi les cuesta respirar. Las entrego a su dueño.  ¿Cuándo vendrás?

Las noches se hicieron tormentosas desde que no tuve tus manos entrelazadas con las mías para poder caminar sin rumbo por las calles de la cuidad. Son simplemente noches cargadas de frío y llenas de miedos al traerme entre susurros vaticinios sobre un final sin ti.  Son noches sin sueño y sueño sin dormir, como este amor sin dueño y el dueño que todavía no quiere venir. ¿Cuándo vendrás?
Esta vez, soy solo yo, sin boato ni opalescencia, sin todos los caminos pedregosos de mil porqués, sin escudos ni armas, ni batallón, solo yo la que pide que vuelvas ¡Qué vuelvas a reclamar lo que es tuyo! Conquista mis soberanías y sus colonias. Vuelve aunque sea para saber a qué sabe besarme y a qué se parece una caricia entregada con amor.
Descongela las sábanas del pasado y vivamos felices, esta vez, sin volvernos a separar.

Vuelve y te demostraré mi devoción por ti, porque los años han pasado, sin embargo, sigo con un amor sin envejecer, más maduro, condensado si se quiere, a fuego lento con lágrimas de felicidad por el tiempo compartido y de amargura tras verte partir. Un amor ya no tan joven, sin los prejuicios irracionales que se traen a cuestas cuando se tiene 16.
Vuelve porque te echo de menos y duele mucho no tener noticias de tu nombre.
Vuelve aunque sea para decirme adiós, pero no me dejes en suspenso la vida: arráncamela o déjame vivirla mirando tus ojos.  ¿Cuándo volverás?

Ven  y agita los mares de racionalidad que me atan a la cordura y con eso a la cobardía. Lancémonos al vacío y si hemos de morir que sea riendo: uno al lado del otro, beso contra beso, mi todo por tu todo, mis manos por tus días y mis días por tu sonrisa.
Dime si me extrañas, pues aquí las horas se detuvieron desde que tu sombra desapareció y tu ausencia cada vez pesa más. ¿Piensas en mí como antes? ¿Recuerdas las promesas que nos hicimos? Entonces ¡Por qué no has vuelto! ¿Cuándo vendrás?


EL GATO DISFRAZADO DE RATÓN

Ahora me amenazan las ganas de dejar de recorrer el camino donde transito, abandonar la carrera cuando recién ha sonado la alarma de partida y los competidores me rebasan con creces, dejar de respirar un segundo para quitarme de encima el dolor que implica cargar el peso del mundo sobre estos hombros frágiles decididos a ser los de Atlas.

Hay sensualidad en el aire invitándome a abandonar lo que aún no emprendo, renunciar a mis derechos de cuna y es brillante, tentador como nada más podría serlo.
Lo lascivo del asunto, cautiva mi atención... Pero no. Debo seguir, porque hace frió, no porque tenga ganas, porque es imperativo. Las estrellas se puedan cambiar antes de que se alineen con las desventuras de lo funesto.


El tiempo es corto y la voluntad escasa y hay una voz en mi cabeza obligándome a continuar, aunque mis piernas languidecidas no den un paso más allá para poder cruzar la calle. Hay que hacerlo... Es lo único claro en esos momentos.


Siento como si el cansancio de mil vidas se condensara sobre mí, impidiendo que pueda ver el cielo y la luz hacia la tranquilidad. 
Se me congeló el reloj y me quedé estancada en Abril, no sé porque, pero sigo mirando las nubes pasar formando corazones desfigurados que sólo mis ojos son capaces de ver.
Creo que en alguna parte del trayecto me perdí sin darme cuenta, y ahora debo volver, recorrer los mismos senderos tormentosos, buscar valentía donde no la hay, cerrar los párpados, respirar y seguir, porque de esta forma no puedo... No se debe, no es sano esperar el agotamiento de las horas y lleguen las fechas sin concebir aún. 

Descubrí que soy un gato jugando al ratón porque le dijeron que así debía comportarse para pasar desapercibido entre la caterva, sin embargo, ya es hora de volver a ser el gato...

Perdí el sentido de correlación de lo que escribo.  Hace tanto no daba rienda suelta a mis dedos, que continúo pese a la sapiencia de que es idiota. 
Tal vez, es sólo una forma de alejarme de la realidad... Es mí minuto de relativa libertad, dos segundos donde puedo ser, de verdad, Francisca Kittsteiner, Duquesa de Orleans.

Ahora, luego de escribir porquería, he de volver a la carrera, tomar rumbo desconocido y seguir adelante con el mundo en los brazos, las piernas flageladas, sin ánimos, sin saber dónde voy y porqué elegí este camino, con más dudas de las que ya tenía asimiladas, cansancio ancestral, con el disfraz de ratón y la cara llena de sonrisa, como si aquí nunca ha ocurrido nada...



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.

DEPORTE POR LA VIDA

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--         -  ¡Fran! ¿Vamos a tomarnos un helado a la salida?
-         -  No quiero. Ando sin ánimos de helado hoy. Voy a Ahumada al banco ¿Vamos?
-          - Tengo clase hasta las 8.
-         -  ¡Tan tarde! Ya entonces, nos vemos mañana. Nos hablamos. – Salí de la universidad.

Sí, ese era el plan: ir hasta Ahumada, doblar hacia el sur, llegar a Moneda, devolverse a la casa, o quizás, por las horas, pasar a la misa de la tarde en la Catedral. ¡Hace tanto que no me confieso!

“Cerrado. Horario de atención de 9:00 a 13:30 y de 15:00 a 16:30” ¿Qué hora es? ¡Es una broma!... 5:32…
Por último sirvió para estirar las piernas. Regresemos. ¿Qué habrá al final de Huérfanos? ¿Tiene un final? No puedo creer que viviendo en el centro, no tenga conocimiento de nada fuera de un radio de cuatro cuadras desde el departamento, mal que mal, está todo lo que necesito: La U, el súper, farmacia, Mall, iglesia, banco, esa calle donde venden lanas ¡Helados!

A recorrer se ha dicho, aunque sea por un par de cuadras, si ya se fue la tarde como para hacer otra cosa que no sea perder el tiempo. “Tanderini”…Yo he andado por aquí… Estoy segura… No sé por qué, ni con quién, ni cuándo, pero reconozco mis huellas fosilizadas, escucho ecos de taconeos firmes, replicando en el cemento, trayéndome reminiscencias de días cargados de ocio y risas. Andaba con los zapatos negros, taco aguja ese día. Ya recuerdo.  ¿Y para allá? No he ido para allá, vamos a ver.  “Biblioteca Nacional”. Siempre pensé que estaba en otro mundo, pero nunca tan cerca. ¡Listo! Voy a venir a leer para acá cuando se carguen los días con esencia a Septiembre, para aprovechar el sol de media tarde. ¡Me encanta!
¿Por qué la gente se detiene? ¿Por qué miran hacia arriba? ¿Me doy vuelta o no? Demasiado evidente. ¿Y qué? Hay carros de bomberos estacionados en las esquinas (nunca había visto carros verdes) y un hombre camina en círculos por la azotea de un edificio… Se va a tirar… ¡Ah no! Yo me voy. Muy sádica podré ser, pero ver a un tipo quedar hecho puré en la calle, sobrepasa todo límite. Sigamos mejor.

¿Alameda subiendo o Alameda bajando? Siempre subiendo.

El cerro Santa Lucía. Ya se me olvidó cuando vine. Ha pasado mucho tiempo. No sé por qué cada que lo escucho nombrar suena en mi cabeza “Adiós Santiago querido”. Este año bailo cueca sí o sí, aunque sea sola.
Una cuadra más (Sí, claro.)

Esto ni siquiera lo pasaré a ver. Nunca me gustó este personaje. Lo encuentro sobrevalorado y que tenga un centro cultural (Me suena a comunismo) ratifica mi pensar. Sigamos de largo.
Barrio Lastarria está por aquí cerca ¿Dónde era? Otro día vengo.

Desde lejos podía escuchar la grabación del metro diciendo “Próxima estación: Baquedano. Lugar de combinación con línea uno” mentira, es solo que cuando vi el cartel anunciando la salida del metro, recordé de inmediato la voz. Me cae mal.

Por aquí estaba mi facultad antes….Vicuña Mackenna... Hay un sushi muy bueno ¡Todas las clases de Gestión las pasé ahí! Después iba a firmar la lista.
“Mañana venimos a almorzar al sushi de Vicuña, flaca” enviar mensaje.

¡Oh qué buena canción! ¿Y si me desvió “coincidente y extrañamente” a Bellavista? ¿Qué gracia ir sola? ¡Ninguna! Sigue.

“En algún  punto te tendrás que devolver Fran” Pensaba sin que mis piernas hicieran caso. Estaban en rebeldía y con justa razón. Si tan sólo pudiera leer caminando, no me detendría jamás.

“Chiquillas, si me llega a pasar algo me llevan a la Santa María y piden al Dr. X o a la Alemana y llaman a mi cuñado” Todas mis amigas sabían de la instrucción, lo malo, es que cuando sí pasó algo, tuve que ir solita. Llego a la urgencia, me llaman al tiro y el Dr. X de turno…  “Un interrogatorio sobre la varicela y el bicho que la causa, tratamiento, manejo, consecuencias.” Me dijo este noble facultativo…
-        -   Sí huevón – Le contesté - ¡Tengo 40,5° C de fiebre y quieres que te responda!
-        - ¿Eh? ¿Sí? Empieza a hablar.
-        -  ¿¡Cómo quieres que te responda si estoy en primero!?
-          -Te voy a dejar a la casa si me dices el nombre del bicho por último… Bicho o Metro. Tú decides.
-          -Varicela Zoster. Aciclovir o Valaciclovir. Analgesia y antipirético. Licencia 5 días, renovable hasta que se sequen las vesículas ¿Contento? ¡Touché!
-         - ¡Ah viste! Te apuesto a que lo leíste camino acá.
-         - Te repito Koke, estoy en primero, con suerte sé anatomía de cabeza y cuello.

Menos mal que después no me volví a encontrar en la urgencia con él. De las cosas que se acuerda uno.
¿Y si voy a ver a la Fermina? No tengo ni un atisbo de idea acerca de dónde vive, yo llego ¿Cómo? Misterio. Conociéndola está con el pololo. ¡Me carga!

“Hospital Metropolitano” Tenía que haber venido la semana pasada a buscar muestras para la ayudantía de Anatomía Patológica. Paso de una.
No sé porque a los “cabros chicos” les cuesta tanto “anatopato.” Tomas la muestra, identificas el órgano (Es repetitivo. Las mismas muestras. Hígado, útero, pulmones, vesículas, aortas, próstatas, uno que otro intestino… ¡Oh qué difícil!) Lo describes, te tiras una presunción diagnóstica, entregas la prueba. Listo.  Podría ser Oncóloga, ahora que lo pienso.
No quiero pasar todo el día en un hospital y encerrarme en otro por la tarde… Tengo que tener un par de fotos de cuando cursé ese ramo y de la ayudantía del año pasado. Les paso esas y se las explico. Gracioso como se simplifica la vida.

-          - ¡Fran! ¿Dónde estás? Ya salí de clases ¿Estás en el depa?
-          - ¿Cómo que ya saliste de clases? ¿Wellch los liberó antes? ¿Y la “lata” de las leyes qué? ¿Los derechos y deberes? ¿Las demandas? ¿Qué pasó?
-          - ¿Eh, no? Mira la hora por favor mujer.
-          - ¡Cresta! Estoy afuera del Costanera. Espérame. ¡Maca! Pero si yo te pasé llaves.  Ándate al depa.
-          - ¿Qué haces allá? ¿Con quién te fuiste a juntar cochina? - ¿Por qué juntarse con alguien debe tener connotaciones perversas?... Está proyectando señorita Macarena.
-          - Ando caminando y ando sola, idiota.
-          - Ya se te volvieron a pelar los cables amiga.
-          - No tienes ni idea. Mañana llego al Parque Arauco.
-          - No sé por qué, te creo. Te espero, pero no te vayas a venir caminando.
-          - ¡Cómo se te puede llegar a ocurrir!

Música: listo.
Botella con agua llenita: Lista.
Bufanda porque ya está helando: Lista.
Un dulce de menta: Listo.

Here we go again…. 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

martes, 30 de agosto de 2016

PAROXISMOS





Paroxismos... De todo paroxismos.... Recuerdos, amores, penas, éxitos, caminos, pesadillas, sueños, vidas pasadas, el invierno, el verano, la oscuridad y el día, Navidad y Año nuevo, ojos, sonrisas, el doppelganger.  Se repite.

Hay un patrón,  como secreciones en pulsos emitidos desde los recodos del universo, detenidos en el estrato basal del origen de la vida: A ti se te asigna tal y cual patrón, con tales y cuales ciclos que, o pueden fluir eternamente o detenerse en cierto punto. El mío sigue fluyendo, pero ya sé lo que viene.

De vez en cuando, un punto de inflexión da un giro en un par de grados a las repeticiones, cosa de despistar, empero es sólo eso, una forma de pasar desapercibido porque cambiar el formato del patron, el que está a cargo del molde, sea quien sea o lo que sea, no lo quiere hacer. Es un trabajo titánico, así que antes correrse la voz, se resuelva el misterio y la fachada del "destino predispuesto" se vaya a la mierda, cambia el cuento, sin embargo en sutilezas.

" Si vas a hacer algo, hay que hacerlo bien desde el principio, sino que no se haga" Siempre lo he dicho y parece que este personaje también.


Diez años se demora el mío en volverse circular. Vamos a mediados del cuarto año (Justo cuando te encontré tiempo atrás. A mediados del cuarto año.) Hasta aquí no ha habido excepción para nada, lo bueno, lo malo, el recambio de personas: Una amigo se va, se forma un amigo nuevo. Un amor se va, un amor renace. Se decide el cambio en lo conocido para lanzarse al azar. Se fantasea con los Príncipes azules de los cuentos infantiles...Sacramentalmente lo mismo.

 Fue un buen año aquel y este no está en desmedro, por eso reviven las esperanzas calcificadas, precisamente por el vaticinio de la recurrencia. Hasta el cáncer recurre, no lo va a hacer la vida. Dos más dos.

La forma y la sospecha de hechos tan familiares y las probabilidades que aumentan con cada letra, llegando muy cerca del 100%, la condición misma del tópico a tratar, y las respuestas inconscientes, ratifican mi teoría.
Quizás, así se puede corregir donde se erró, retornar la vía y absolver los pecados.

 Puede ser una expiación tardía entregada por piedad a las víctimas de este juego. ¿Alguien más se habrá dado cuenta?... ¿Qué pasa si ya sé  lo que viene mañana?...


La gloria y la magestad de transgredir los límites por probar valía, subiendo la vara poco a poco hasta el cielo, porque nunca es suficiente, salen a escena seduciendo a los menesteres pospuestos, alegando su cumplimiento tardío, convirtiendo inestable el piso aunque tan tentador que es inevitable unírseles en el baile con ritmo de cuatro cuartos y la chance de caer.

Mediados del cuarto año... ¿Cuándo  volverás a aparecer? En Octubre o Noviembre, tan segura no estoy, pero por esas fechas fue la última vez. Advierto que, debes decir la primera palabra (De nuevo), porque está condición de enraizarse cuando se tiene que correr con desespero,  no ha desaparecido, menos las suturas de los labios que obligan al mutismo cuando necesito gritar lo que te quiero (¡Por la cresta!).


Tan parecido. Las mismas huellas, más pequeñas y vacilantes, sinuosas a ratos y sin arrepentirse jamás (Mentira. Se aprende con los años), desplegadas en la arena para caminarlas con determinación, sin tortuosidadas, segura de la decisión correcta sin recriminación ulterior.
Quiero ver ojos sinceros guardianes del alma que le hace falta a mí alma, repletos de inocencia amalgamada con perversión en la dosis justa, las brasas del infierno sofocadas con agua bendita. Tan similares los dos...

 En una de esas sigue estacionado entre Octubre y Noviembre de este, el cuarto año y una mitad del tercer ciclo con olor a magia vieja circundante en  el aire y susurros de retorno.

Pon tus cartas en la mesa y empecemos la partida.

Ahora ya sé cómo jugar.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER




lunes, 29 de agosto de 2016

DESCOMPENSACIÓN



Cerré  los ojos, y unas manos empezaron a abrazarme, cubriendome la espalda cuando faltó  el abrigo.

Cerré  los ojos y ya la trenza que traía se había desecho mientras las manos bailaban al rededor de mi cintura buscando despertarme el cansancio. ¡Estoy tan cansada! Pero siguen afanando en encontrar piel al final del camino, mandando a una avanzada en misión  de reconocimiento. Las tierras eran fértiles, listas para colonizar, como si hayan pasado la vida esperando ser conquistadas, aunque sin habitantes. Dejaron preparadas las condiciones y se marcharon quién sabe dónde. Civilización extinta.

Cerré los ojos, los botones estaban en huelga, sin ánimos de trabajar nunca más, así  que liberaron las cadenas impuestas por nadie. Sólo estaban ahí: Oxidándose.
¡Cuánta carga llevaba encima sin saber! ¡Qué  liviano se siente el pecho!
Todavía no me quitaba el disfraz de hospital cuando se desmayó la tozudez, hipnotizando a mis oídos a dejarse caer sobre el edredón. ¿Y si descanso 5 minutos?

Las cortinas corridas, coartando el alcance infame del sol para poder dormir en paz con la sapiencia protectora de esas manos enganchadas como garfios a mis caderas. Sentí el rumor de los ríos corriendo tras el deshielo mutados en cosquillas animosas escoltadas por la vehemencia. Ya sin cadenas, cruzar el río  no sería sinónimo  de ahogarse. Hay que averiguar qué  existe en la rivera contraria. No sé  puede vivir con la duda.

Cerré  los ojos y las vestimentas se desvanecieron con lentitud cuando las manos en jolgorio se atrevieron a quebrar los miedos.  Absorta, casi cayendo en sopor me dejaba guiar alzando los brazos para hacer desaparecer la chaqueta y todo lo debajo. Tantos siglos aguardando y aquí  estoy, languideciendo ante el magnetismo convocado por esas manos. Tan tiernas.

Cerré  los ojos y vi al cielo resplandecer,  ángeles cantando y demonios siendo absueltos, las maravillas de la vida después de la muerte y El Paraíso del que fue expulsada la humanidad, sin embargo,  el éxodo merecía la pena al traernos hasta acá.  Tantos años desperdiciados por cobarde y en el cielo a nadie le importa la reberberancia del deseo satisfecho.

Cerré  los ojos y volví a enamorarme del mismo par de candiles oscuros que derramaban bombas de adoración. Siempre imaginé quedarme en sus brazos, pero las fantasías eran reducidas a una alpargata al lado del hecho de haber encontrado refugio. Ya luego de apoderarme del espacio entre su cuello y su brazo, encontré  rastros de lejanía, polvo y telarañas por permanecer pendiente de la llegada de ésta mujer que nunca llegó, hasta ahora.  Era mío. Se había  puesto la última  pieza del rompecabezas. Se movió la Reina. Jaque mate.

- ¡Mujer despierta! - Oí  un grito muy cerca acompañado de una sacudida en cataclismo.
- ¿¡Qué  pasó!? -Estaba confundida.
- ¡Se descompensó el de la 5! ¡Vamos! ¡Entra en paro! ¡Vamos!

Cerré  los ojos, sí, pero sobre el teclado del computador puesto en la unidad de paciente crítico.

"Se descompensó el de la 5"...


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.
© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.