ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
jueves, 18 de noviembre de 2021
BITÁCORA DEL CAPITÁN, DÍA 4
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
LÍNEAS EN BLANCO
Mi mano inmóvil sobre líneas en blanco, y el tormento coqueteándome a lo lejos… tanta cercanía y un desperdicio de tantos días sin verte. ¿nosotros? ¡NOSOTROS! Nunca lo fuimos y, aun así, al cerrar los ojos, cada noche, imagino a tus manos cobijándome. ¿Escuchas eso? Es el sonido de mi vida agotándose, yéndose en pesadumbre por entre las olas de un mar de lágrimas. Tanto te amo que es difícil respirar... tanto te extraño que la vida misma me es indiferente. Tanto tengo y nada me sirve.
Otra primavera sin tus besos…
Otra noche sin tu cuerpo cosechando deseo.
Las flores… el cansancio, la fatiga…
La búsqueda incesante de tu nombre en todos lados.
¿Cuándo la ambivalencia usurpará desidia inservible, odiosa, de nuestros destinos?
¿Cuándo un año, un día?
Cuándo un año, un día…
Sin querer volví a deletrear tu nombre y seguramente nunca lo sabrás… nunca entenderás… nunca volverás.
Caos, desesperación y angustia. Aniquilación, holocausto y desastre… en cada noche, en cada sueño y nunca, nunca, ni por si acaso, una coincidencia. El mundo, a veces, es muy grande.
Sangre escapa por mi boca. El corazón olvidó cómo palpitar y mis pulmones se rehúsan a extraer oxígeno, la gravedad rompe mis huesos y año tras año: ausencia.
Me acordé de ti, y perdí mi vida.
Yo me enamoré de ti y te espero.
Te espero, aunque hayas desaparecido.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
viernes, 10 de septiembre de 2021
EL ADIÓS
Los años pasaron inconsecuentes a lo pensado en un inicio,
quizás los mismos cimientos estaban mal hechos; era como construir entonces,
sobre pilares de arena y despacio, se fueron formando grietas dolorosas de
ausencia y lejanía. De pronto, ya no contaba días, sino décadas. Ya no contaba
lágrimas, sino océanos.
El tiempo era cruel, regalándome olvido durante periodos largos,
para después traerlo de golpe cuando más feliz estaba y así, mantenerme sumida
en la espera de una coincidencia que nunca llegaba, expandiendo al mundo a un
universo tan grande que volvía imposible volver a vernos.
Fui gastando mi juventud en la añoranza paupérrima de pensar
que tal vez, al doblar la esquina estaría esperándome como antes solía hacer,
de creer que la voluntad de desaparecer era menos fuerte que la de regresar a
la escasa felicidad compartida. Más de alguna noche, me dormí entre súplicas
cargadas de desesperanza por parar el dolor. Más de alguna noche, soñé con él,
desvaneciéndome a la mínima expresión que un corazón podría ser capaz de
soportar. De repente, redescubría el amor y la lujuria en el amparo de sus
brazos, y amanecía llorando al no poder seguir por la eternidad habitando en un
sueño. Respirar dolía. Vivir dolía.
Se fueron extinguiendo peligrosos los veinte, mientras los
treinta bamboleaban una mano al final del pasillo, para burlarse de mí por
permanecer atada a un amor nacido en los quince. Tomé conciencia recién del tránsito fugaz de
media vida marcada por él.
Ya no recuerdo su voz, pero el sentimiento que me causaba
esconderme en su abrazo, sigue latente, como si lo hubiera hecho esta mañana, y
me quedo estacionada en el suspenso dilatado de aferrarme a su
calidez y ser feliz, hasta que por supuesto, caigo en cuenta, de que, al llegar
a casa, no habrá nadie.
Siempre hubo un vínculo malicioso uniéndonos desde la
primera mirada; nos conocíamos tan bien, hasta el punto de adivinarnos los
pensamientos. Era cosa diaria, tan profunda y sin necesidad de verle los ojos
para conocer el porqué de cada pálpito de su corazón. Venía en sueños a besarme
la frente cuando tenía miedo o su voz vagaba vehemente en mi cabeza cuando la
angustia azotaba. “Delilah, no llores” …
En secreto anhelaba camuflarme en sus rincones y amalgamar
mi deseo con el suyo. En secreto, lo amé hasta la locura y siento, sin embargo,
que ese amor, no ha muerto del todo. En secreto, diseñé una vida a su lado que
se desdibujó en la espera taciturna del “momento ideal”. Tarde entendí que, por
esperar, se me fue la juventud y con ella, su figura a lo lejos. Hice todo lo
planeado, sin permitirme la licencia de cometer algún error; salirse de la
línea, no era opción, debía ser todo perfecto, a los tiempos precisos para
invocar a una puta casualidad, a un cruce forzoso de caminos, insistir tanto
que aquel que controla el destino, se aburriera y nos dejara de una vez, descubrirnos.
De nada sirvió.
Le pedí al viento un último favor “llévale mi mensaje esta
vez” y una brisa cargada de pétalos rosados acarició mi pelo “dile que la
espera se acaba dentro de dos semanas. Si no aparece en ese tiempo, que no lo
haga en esta reencarnación ni en las próximas cien.”
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
viernes, 18 de junio de 2021
CADÁVERES DE MARIPOSA
El amor había desaparecido,
así como el remordimiento por entregarlo de ofrenda a los caprichos del mar.
Volví a estar en calma, con los pensamientos atiborrados de ansiedad
desprendida desde el aburrimiento... una cabeza ociosa, es peligrosa.
Pasaron los meses y la vida recobró el sentido
gris de un destino solitario, frío glaciar en mi piel debutando nuevamente y el
instinto adormilado por el invierno en el horizonte.
Respirar seguía siendo un riesgo, andar con la
cara descubierta, igual. Las muertes eran cosa cotidiana y ya no causaban miedo.
Ahora respirar era tan angustiante como el no hacerlo.
Los sueños se poblaron de conversaciones añejas,
había un dejo de nostalgia asociada a un nombre, quizá familiar, quizá
intermitente, quizá maldito desde el principio de los tiempos. Quizás…
Soy cambiante. Mi propia esencia es agua. Agua
tranquila en la superficie y turbulenta donde ya la luz no es capaz de entrar.
Hay demonios bailando en lo profundo, sedados por el ajetreo de un
corazón carente, escondido bajo 10 centímetros de hormigón armado.
En el silencio reina la locura... en mi reino
no hay ruido...
La ambivalencia eterna entre
conocer las posibilidades de un futuro tenebroso y aun así querer lanzarse a
los brazos de la desgracia, es un peso que cargo, y es por la misma
ambivalencia de un alma vieja paseando en una era dispar. El masoquismo cala
hondo cuando los siglos pasan sin sentido, por el mero afán de anhelar querer
sentir algo, aunque sea dolor… ¡AUNQUE SEA DOLOR! Dolor fue lo que trajo el tránsito iracundo
de un amor inconcluso.
La costumbre patológica del
saboteo anticipatorio me dejó donde estoy ahora. Meses habían pasado en la
posición estática de ser espectador de una historia que debí protagonizar; en
la inocencia de la juventud pacté con el mar a cambio de amor “Te
entregaré 100 almas, por unos cuantos años en la tierra. Te traeré 100 almas,
como pago por la mía” … cómo librarse.
El último romance entregado
como ofrenda, dejó cicatriz en donde no puedo sanar. Desde entonces, vivo en
piloto automático, con un gusto amargo en la boca por condenar a la felicidad a
morir a manos de lo que más quiero. El mar es vengativo. Yo lo abandoné, entonces
a mi pago será el abandono.
Ya el sueño había caducado
muchas noches antes del desquicio completo, no existía energía de reserva a la
que pudiera echar mano, mientras que el ardor crónico de la piel, se volvía insostenible.
Delirum tremens. Angina pectoris.
En dos segundos tenía en
frente la carretera, el sol encegueciéndome cuando se ocultaba tras los
cerros y cayó la noche poco antes de llegar. Un perfume dulce fue lo que me recibió al
abrir la puerta y el llanto no tuvo torniquete. Ese perfume que hasta hace poco
que se quedaba impregnado en mi piel después de hacer el amor, el que me traía
calma cuando los tormentos decidían despertar, el que ya no estaría nunca más,
fue el gatillante.
Caminé descalza por el filo
de las rocas sin importarme el daño, ni la sangre, ni que ya comenzaban a
brotarme las escamas. Grité.
- - ¿Hasta cuándo? ¿¡HASTA CUÁNDO!? ¿por qué no
deja de doler? ¿por qué, si yo te mantuve sereno a costa de mi propio suplicio,
me torturas así? – un reventar estrepitoso de una ola silenció mi llanto. -
¡Dios, contéstame!... una señal… es todo lo que pido… una señal…
Las lágrimas de las sirenas, son capaces de dar vida.
Una lagrima tocó el agua. Cinco minutos después vi a un hombre nadar hasta la costa, lo reconocí de
inmediato y estiré mis brazos para adorarlo todo lo que no pude. Me miró,
sonrió y se fue. Tomó la mano de otra mujer que esperaba en un estacionamiento
un par de kilómetros más al sur.
Por primera vez sentí miedo…
de un porvenir sola, de una cama perpetuamente vacía, de volver a tener una
mano oscilante en el viento sin respuesta.
Cómo fue que me convertí en
esto, en un despojo de emociones y sentimientos incomprensibles, cuándo fue que
mi corazón cambió de dueño. Habían pasado casi 10 años. Las sirenas no aman ¿Por
qué yo sí?
El cielo comenzaba a
aclararse con la promesa del amanecer entrando raudo por el este. Nunca estuve
tan desnuda como en ese amanecer… los miedos debutaron en mis pensamientos
durante horas ¿Quién era? ¿Dónde me perdí? ¿Por qué el provenir levantaba
inseguridades?
De frente al horizonte, con
los pies en sangre y las escamas ya secas, respiré hondo, abrí los brazos y
dije “Yo soy el mar. Yo soy la inmensidad. Yo soy hija de Poseidón”.
Las olas se embravecieron,
el viento rugió y el hombre que había salido del mar se hizo espuma en aquel estacionamiento dos kilómetros
al sur.
Regresé a esa casa que
inició la caída del castillo de naipes y de pronto, no hubo rastro de nada, solo cadáveres de mariposas, cerca de las ventanas, como queriendo escapar antes de
morir de hambre, sed y frío. Esa era la
señal… a mí nadie me puede aprisionar.
jueves, 11 de marzo de 2021
AMPARO
miércoles, 3 de febrero de 2021
LA CONDENA
Los miedos de pronto, no existieron, así como llegaron, un
día desaparecieron. Hubo paz donde el caos reinaba y los muertos dejaron de
aparecer por las noches. El silencio fue conquistado por suspiros agotados y ahora
mis pensamientos eran poblados por ti, joven indeciso. Fui feliz, escasa, pero
profundamente feliz. Un amor intenso apareció en el horizonte y tras dos
segundos se apoderó de mi corazón ya casi extinto; crecí, volé y amé en menos
de lo que dura un día. Así como llegó, se fue. Lo sentí desvanecerse entre mis
manos, mientras se esfumaba un gemido acallado entre los murmullos de las olas.
Era la primera vez que le presentaba a alguien. Le conté mil veces del dolor
que conlleva anhelar y nunca tener y entre suplicas le ofrecí mi alma a cambio
de amor: el mar contestó y yo se lo llevé. Fue ahí el error. Las aguas son
celosas, exigen atención total.
- - Tráenos su vida, Sirena. – Fue lo que dijeron. –
es su vida o la tuya, princesa del mar.
Un par de copas de vino. La sed, acrecentándose con cada
minuto y el palpitar ardoroso de la piel derritiéndose por querer lanzarse al
mar. Duele el exilio. Se sufre a cada instante, pero en la tierra descubrí el
amor y lo vale. Otro par de copas de vino y las estrellas resplandeciendo sobre
mi cabeza con la promesa latente del eclipse acercándose. He aquí otro secreto:
bajo todo el océano y oculta tras mil paredes de acero, cada que la luna juega
con el sol, hay que esconderse. Nada bueno pasa entonces. Es cuando los
demonios salen a molestar y el mundo pierde su destino.
Dos copas más y me dejé atrapar por unas redes. Me acorraló
en un lugar oscuro y sin piedad.
Me desnudó el cuerpo, el alma y el pensamiento. Un ejército
de besos debutó de pronto y así, de la nada, la sed se empezó a calmar. Me convertí
en bruma para apoderarme de su piel. Empapada en sudor, extasiada y delirante.
Todo lo que soy, se lo entregué. Todo lo que tengo, se lo
ofrecí. Le permití adentrarse en mis recodos. Le permití aferrarse a mi espalda
antes de naufragar. Asfixié sus gritos y reclamé mi nombre pronunciado por su
voz quejumbrosa. El sexo transmutó en devoción: muerte, resurrección y pecado.
Agoté sus fuerzas, al tiempo que se esfumaban mis ganas. Dejé
marcas perennes en su piel: si quería mi cuerpo, yo usurparía su razón.
Entre cuatro paredes, recobré la vida que abandoné por azar,
la juventud puesta en pausa por la inocencia de querer cambiar al mundo por
buena voluntad.
De sus gemidos, resurgió mi espíritu y recordé que todas las
sirenas saben seducir, solo que de vez en cuando, uno lo olvida a conciencia…
entre orgasmos comprendí, que ahora pertenecía más a la tierra que al mar.
Ola tras ola, los cimientos de la casa tambaleaban y polvo
caía desde las cornisas, mientras él se profundizaba en mí.
- - ¡Entréganos su vida, princesa del mar! – gritaban las malditas - ¡ese hombre nos pertenece!
¿Cómo entregar algo que no es mío? Tuve a su cuerpo y a sus
labios, a su deseo profanando al mío hasta saciarlo por completo. Tranquilizó la sed y el hambre, pero su corazón, así como el mío, era espuma y sal.
Sentí su calor adormeciéndome el cuerpo. El dolor paró. La piel dejó de arder bajo su abrazo. Esperé a que el
sueño debutara, besé sus manos y lo dejé.
La noche se presentaba clara con la luna llena en Cáncer,
alumbrando mi desesperación. Caminé por la vera de la playa hasta encontrarme
con vestigios de almas en pena: la estela paupérrima de sal seca sobre la
arena.
- - Vengan a mí – ordené a las mareas a cambiar el
rumbo y entre remolinos de escarcha fui sumergida hasta el fondo del mar. El agua
transmite todo. No tuve necesidad de hablar.
No tuvo necesidad de contestar.
Supe entonces, que mi tiempo con aquel muchacho inmaduro,
pese a su escases, ya había expirado hace mucho y se lo entregué.
- - No hay conjuro que proteja la casa. Puedes tomar
lo que quieras.
- - Debe ser por tu mano, Sirena o nuestra mano
tomará tu vida inmortal.
Entonces cientos de medusas hicieron fila frente a mí para
descansar en mis labios su veneno taciturno.
El mar es salado por las lágrimas de sus habitantes. Tercer secreto
revelado.
Volví a casa, tras esperar que mis escamas se secaran por
completo, con el frío de la madrugada firmado en mi piel. Él seguía en el sueño
profundo posterior al sexo y me acomodé entre sus brazos antes de besarle la
frente…
… con eso terminé su vida.
Al día siguiente, él entró al agua a cazar olas, pero las
mareas reconocieron la marca de la ofrenda y no devolvieron su cuerpo.
Ahí estaba yo de nuevo, sola, llorando un amor extinto por
los celos de mi reino.
Ahí estaba yo de nuevo, con la sed incesante de consumir una
nueva vida para poder mantener la mía en tierra, quizá un día más.
domingo, 10 de enero de 2021
CAMPOS DE HIELO
Hay un olor familiar anidandose dentro de las almohadas, la tortura feliz de un encuentro fugaz ya diluido en el correr de los días y ya con eso, se cuentan los años. Quién pensaría que un saludo podría reclamar tanto, que incluso hoy, despliega sensaciones extrañas asomándose por entre las cornizas.
Aquí fui feliz. Aquí desaté pudores. Aquí entregué cuerpo, vida y devoción. Aquí, hoy hay nada.
Llanuras inmensas se despliegan ante mí y se hace difícil enfrentar la noche. Aparece el frío maldito que corroe desde adentro, frío que hace no mucho, fue aplacado entre gemidos y orgasmos ¿Dónde estás que no estás? El cólera sí apareció en tiempos de amor.
El mar ruge de fondo, advirtiendo el veredicto a tomar. Hace siglos, en la imbecilidad de la juventud pacté entre lágrimas un trato. La última palabra la debe tomar él. Vaticina entre los reventares, la consumación de su voluntad: o mio y sólo mío, o de él y nada más. Presiento guerra por la reclamación de un corazón inmaduro. Presiento una noche cargada de batallas por pelear.
Extraño su voz seduciendo a mi delirio, apaciguado a los demonios antes de invocar a la desnudez, extraño sus manos profanado mis secretos y a sus labios silenciado a mis gritos de placer. Extraño su compañía en esta cama en expansión. Extraño su presencia junto a mí y su calor calmando mis dolores. Cuando se juega con fuego, es difícil escapar antes de calcinarse. Aquí estoy yo, ardiendo en desespero.
¿Dónde estás que no estás? El cólera sí aparece en tiempos de amor.
martes, 6 de octubre de 2020
OCTUBRE
Son las abejas zumbando y el petricor levantándose por las tardes, o la caminata rutinaria por las avenidas vacías, así como la ausencia crónica de las manos más cálidas del mundo, lo que trae de golpe el sabor a octubre.
Es la reverberación del alma y vorágine a la que se somete la energía, el abismo y la destrucción, el nacimiento y el hastío. Dicotomías petulantes peleándose todo el tiempo, desde que octubre amanece primero, hasta la extinción de la última hoguera el 31 a media noche. Me sumergen las olas en sus devaneos, me gritan que corra y me vaya lejos antes de que pierda lo que me resta de humanidad.
Es octubre. El tiempo de volver a jugar con la suerte. ¡QUÉ ARDAN LOS CALDEROS!
miércoles, 23 de septiembre de 2020
LA ITALIANA
Acaríciame lento. Que tus dedos divaguen sobre mi piel en llamas, destruye cimientos, derriba muros, ahuyenta los miedos, persigue a mis ganas entre los abismos del desespero y el refugio de las sábanas. Aquí estoy. Aquí estas. El fuego consume reinos. Yo me he alimentado de reyes. Acaríciame lento, desnúdame el pensamiento con un roce somero, sin intención de nada, pero con el potencial de ser todo: la encrucijada repentina del final de la jornada; tantos viajes perdidos, tantos discursos encomendados, el pecado y la perversión resplandeciendo en la mirada.
Haz que sobren las excusas y llévame a un rincón sin luz, aprisióname en tus deseos, quítame el aliento, así como la ropa. Desata mis cadenas y expropia la cordura. No necesitamos nada más que el resguardo de la noche profundizándose hacia la complicidad.
No busco amor, no busco amistad, no busco nada salvo un arrebato. Quizá coincidimos tarde, pero aquí estamos, lejos de todo y tan cerca del abismo. Acaríciame lento y saltemos. ¿Cuánto tiempo más seguirás en la servidumbre del decoro? ¿cuánto tiempo más seguirás afanando con perder la mirada entre mis senos y no tocarlos? Ya los encuentros se comienzan a contar de a montones, el espacio entre nosotros se reduce temerario, convirtiéndose en un centímetro dilatado en el suspenso detenido por temor a no avanzar a un beso... Un beso siempre condena. La condena puede ser salvación en las manos correctas. Aquí están las mías, que saben curar cuanto mal exista, así como desatar infiernos según la cadencia que decidan seguir.
Acaríciame lento, gime conmigo para derrocar al silencio, llenemos al mundo de gritos enmudecidos. Muérdeme y deslízate entre mis piernas, mientras yo empiezo a hablar en otros idiomas; hay muchas formas de tortura: lo mío es la espera, el rescate de información crítica y su uso para invocar al caos y la locura. Siempre es fácil, es lanzar un anzuelo y esperar a que la carnada haga lo suyo y te traiga a mis redes antes de darte cuenta que fue una trampa donde te fuiste a perder por voluntad propia. Los años no pasan en vano. Las arrugas se ganan entre noches sin dormir. La sangre trae diluidos secretos peligrosos.
Acaríciame lento, pon tus manos en mis muslos y aférrate a ellos como si fuera una tabla en el mar y tú un náufrago al borde de la muerte. Siente los devaneos que se funden sobre la piel. Arde conmigo, consumámonos entre las brasas y desgastemos a los dedos en su afán de recorrer caminos sin trazar. La noche cayó de pronto. La cuidad duerme. Aquí estoy. Aquí estas.
¿Era un beso el que condena? ¡Oh no! Se escribe deseo y se pronuncia vieni a fare l'amore con me.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
jueves, 27 de agosto de 2020
EL HASTÍO
Pasa el tiempo, mi amor. Se me escarchan los ojos, me
congelo y muero. Ya no sé qué hacer.
Se acumulan los años y me duele el cuerpo, la juventud se desvanece como bruma al salir el sol. No hay nada en los alrededores. No hay consuelo para mi llanto.
Pasa el tiempo, mi amor y del día, solo quiero las noches,
que llegue el sueño para ser feliz, justo cuando entre quimeras forzadas,
aparezca tu voz susurrándome secretos para olvidarlos al despertar. Lo único
que pretendo son las noches para quedarme estacionada en un salón oscuro, donde
no exista otra cosa que tú, desnudándome despacio, torturándome en deseo,
desgarrándome la piel en la espera del amor, perdida en el ardor de tus ojos acechantes
de consumación. ¡Gime mi nombre, grita mi nombre! Siempre hay una presa,
siempre hay una cacería. He aquí al cazador.
Aparece el albor de nuevo, pero se vuelven de paja las
horas, levantándose en ventoleras solo para molestar. La persecución incansable
de una coincidencia, me agobia y nunca llega, nunca.
Hay hábitos difíciles de romper: yo derribo muros, arraso
conciencias, invoco locura para crear devoción, sin embargo, te perdí antes del
juego… derribé mis muros, arrasé mi conciencia, invoqué a mi locura por
devoción hacia ti.
Escucho a las olas llamarme entre cada explosión. Saben que sufro, que cada respiración arde.
Saben que mi corazón ya no le pertenece solo al mar y que con eso me condené al
exilio hasta recuperarlo por completo. Se me abre la piel con el sofoco del
aire de verano, dejando llagas sangrantes por doquier y en ningún lado,
invisibles, como tu paso traicionero por mi rumbo. Cada herida se profundiza
más con el correr de las horas sin volver a tocar el agua, pero cómo volver sin
corazón.
Pasa el tiempo mi amor, y ya no hay remembranza de lo que se
siente el calor de otro ser durmiendo a mi costado, ni el peso de un brazo
envolviéndome cual si fuera su rehén, ni el bailoteo vehemente de mis cabellos
al compás de una exhalación ajena. No hay vestigios de la resurrección de la
carne, ni de la carencia de recato, no hay ni rastros de quién solía ser… ¿Cómo
era que sonaba mi voz ahogada? ¿Aún temblarán mis manos si las toca alguien
más? ¿Por qué puedo olvidarlo todo menos a ti?
Hay vanidad en mi locura, lo sé. Egolatría y vanaglorias. Hay
carencias y podredumbre. Hay desesperación y caos. Hay de todo, menos luz.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
miércoles, 5 de agosto de 2020
AÚN NO TE DAS CUENTA.
¿Cómo puedes hacer caso omiso a todos los actos desmedidos de locura desplegados ante tus ojos, con tal de que me mires? Estoy aquí, parada en el frío, descalza y desnuda, con la piel flagelada suplicante de remiendo, agonizando por ti, desatando mis amarras antes de morir. Este es el réquiem de un loco. Cuando el amor ataca, no queda nada salvo miseria.
Estoy estancada, viviendo taciturna en un abrazo dilatado en el tiempo, emborrachándome de un perfume casi imperceptible oculto detrás de los miasmas desprendidos del ajetreo diario. Ahí estoy, quieta, aguantando la respiración, temerosa de soltarte y que me sueltes, despiadado.
El mundo se detuvo alargando las noches e invocando al frío para que habite entre mis sábanas, cuando la carne anhela su reverbero en tus brazos. Hay tanto y tan poco. ¿Alguna vez tus hombros soportaron mi cabeza? ¿Alguna vez fuiste real? Los límites comienzan a transmutarse, cuando ya las semanas se cuentan por montones y los meses pasan desapercibidos, sin rastros de traer libertad otra vez. Tengo los pies atados y una necesidad in crescendo de correr. Tengo las manos mutiladas, mientras me ahogo sin poder nadar. No puedo respirar.
¿Aún no te das cuenta? Los días avanzan peligrosos hacia su término, mientras la ansiedad comienza a subir cual espuma con el reventar de las olas, deambulo por pasajes donde no hay luz, ni estrellas, ni nada: oscuridad profunda y malhumor. El silencio corrompe a cualquiera cuando se le somete por la fuerza. En silencio es cuando la cordura tambalea y se hace pedazos. En el silencio es cuando más te extraño, sin embargo, aún no te das cuenta.
Han pasado siglos desde la última vez que la calidez llegó a mi piel.
Siglos de desesperación.
Eones de angustia.
Y aún no te das cuenta.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
miércoles, 22 de julio de 2020
BITÁCORA DEL CAPITÁN, DÍA 527
jueves, 30 de enero de 2020
LAS NOCHES
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.
domingo, 26 de enero de 2020
SUPLICANDO VOLVER
O lo que decidas tomar de mí,
Pero vuelve, porque ya se hizo tarde
Y nunca necesité tanto tu abrazo.
Ven a buscarme, pues la distancia es mucha
Y por entre las calles estoy pérdida
A la espera de verte volver entre las sombras,
A la espera de alguna noticia tuya.
Tengo ganas de entrar al mar y no salir,
Sino avanzar hasta el horizonte y seguir
Para ver si así te logro encontrar,
Que aquí en tierra nadie conoce tu nombre.
Tengo una mano colgando al vacío,
Huérfana de compañía y temerosa
Pues, nunca pensó que te alejarías tanto,
Ni que el tiempo pasara tan lento.
¡Vuelve! ¿A qué esperas? ¡Vuelve!
Y dime porqué es tan imperante mi necesidad por ti,
Porqué mi voluntad se desvanece cuando eres tú,
Porqué ya no hay descanso si no es contigo.
Ven a buscarme, ya que me perdí otra vez,
Pero ahora en mis propias huellas:
Es que cuesta tanto retomar camino
Cuando se ha andado en círculos toda la vida.
Vuelve, por favor, vuelve rápido,
Ya el aire se agotó y no respiro,
Vuelve, pero porque tú quieres volver,
O déjame morir de asfixia a la brevedad.
Vuelve y no me digas nada.
No quiero saber de explicaciones. No quiero.
No quiero escuchar lo que encontraste lejos,
Ni menos los motivos por los que te marchaste...Vuelve...
viernes, 24 de enero de 2020
CON TAL DE TI
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
LA COMANDANCIA
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER











