jueves, 18 de noviembre de 2021

BITÁCORA DEL CAPITÁN, DÍA 4



Bitácora del Capitán, día 4:

Se suponía que, con los vientos y la marea a favor, mañana, un jueves del sexto mes del año 2017 de nuestro Señor, llegaría a puerto, atracaría este barco con los nudos más firmes que jamás hice y me abriría paso dentro de una selva indómita en el nuevo mundo. La tripulación venía preparada para eso: un viaje de seis días desde casa hasta aquí, una misión de colonizar por tiempo indefinido hasta que llegaran órdenes superiores y ser felices, listos para morir con tal de cumplir los planes.
No contábamos con la presencia del Neurocirujano.

El pirata Map y su destructor surcando la misma ruta que nosotros.

Ayer interceptó nuestro barco imponiendo batalla para el viernes en alta mar.

Cuando era más joven lo conocí por azar del destino… destino que me llevó a sus redes.
Le temía. Rumores de su modus operandi iban de puerto en puerto alimentándose del entusiasmo de los habitantes de tierras viejas, pronto mías, hasta que un mal día, lo tenía en frente.  Todo lo que sabía de él, resultaba ser mentira: educado, de buenas maneras, amable, pero nunca miraba a los ojos.
Con los años aprendí que un hombre que oculta la mirada oculta algo perverso. Así fue.

El pirata Map convence a las masas con esta fachada de ser una persona de bien, gana su confianza, hasta convertirse en amigo de quienes después destroza desde un solo zarpazo en la cabeza, dejando sesos esparcidos por las costas. Por eso, lo llaman el Neurocirujano.
Pocos lo conocimos y sobrevivimos.

Todo lo que sabía de él, resultaba ser una mentira: era peor.

Ahora cuento con la ventaja de conocerlo.
De no haber estado segura de que el viernes ganaríamos la batalla, hubiera dejado que en el primer momento en que sacó la bandera negra, nos hubiera asesinado.

Convencí la noche entra a la tripulación de que se trataban de cuento es, el mito que desplegó su nombre en las bahías: no tienen por qué saber que enfrentamos al Diablo mismo.  El miedo es un arma poderosa y Map lo ocupa a la perfección. Un hombre con miedo es un hombre muerto y con esta tripulación debemos sobrevivir una semana más… después que avancemos por la selva oculta, podemos morir. Antes no es una opción.

Mandé un mensaje al nuevo mundo advirtiendo del retraso, culpando a problemas mecánicos del barco y que llegaríamos una semana más tarde, sin falta, el último jueves del sexto mes del año 2017 de nuestro Señor, todos a salvo, con el cargamento de vinos intacto y comidas exquisitas, dignas del Rey.

Casi podía sentir la sombra de los helechos sobre mi cuerpo y la frescura de la respiración de la selva convirtiéndose en mi propia respiración. ¡Estábamos tan cerca por la cresta!
Espero que esta no sea la última página que escribo en esta vida.




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

LÍNEAS EN BLANCO

 


Mi mano inmóvil sobre líneas en blanco, y el tormento coqueteándome a lo lejos… tanta cercanía y un desperdicio de tantos días sin verte. ¿nosotros? ¡NOSOTROS! Nunca lo fuimos y, aun así, al cerrar los ojos, cada noche, imagino a tus manos cobijándome. ¿Escuchas eso? Es el sonido de mi vida agotándose, yéndose en pesadumbre por entre las olas de un mar de lágrimas. Tanto te amo que es difícil respirar... tanto te extraño que la vida misma me es indiferente. Tanto tengo y nada me sirve.

Otra primavera sin tus besos…

Otra noche sin tu cuerpo cosechando deseo.

Las flores… el cansancio, la fatiga…

La búsqueda incesante de tu nombre en todos lados.

¿Cuándo la ambivalencia usurpará desidia inservible, odiosa, de nuestros destinos?

¿Cuándo un año, un día?

Cuándo un año, un día…

Sin querer volví a deletrear tu nombre y seguramente nunca lo sabrás… nunca entenderás… nunca volverás.

Caos, desesperación y angustia. Aniquilación, holocausto y desastre… en cada noche, en cada sueño y nunca, nunca, ni por si acaso, una coincidencia. El mundo, a veces, es muy grande.

Sangre escapa por mi boca. El corazón olvidó cómo palpitar y mis pulmones se rehúsan a extraer oxígeno, la gravedad rompe mis huesos y año tras año: ausencia.

Me acordé de ti, y perdí mi vida.

Yo me enamoré de ti y te espero.

Te espero, aunque hayas desaparecido. 

 

 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 10 de septiembre de 2021

EL ADIÓS

 


Los años pasaron inconsecuentes a lo pensado en un inicio, quizás los mismos cimientos estaban mal hechos; era como construir entonces, sobre pilares de arena y despacio, se fueron formando grietas dolorosas de ausencia y lejanía. De pronto, ya no contaba días, sino décadas. Ya no contaba lágrimas, sino océanos.

El tiempo era cruel, regalándome olvido durante periodos largos, para después traerlo de golpe cuando más feliz estaba y así, mantenerme sumida en la espera de una coincidencia que nunca llegaba, expandiendo al mundo a un universo tan grande que volvía imposible volver a vernos.

Fui gastando mi juventud en la añoranza paupérrima de pensar que tal vez, al doblar la esquina estaría esperándome como antes solía hacer, de creer que la voluntad de desaparecer era menos fuerte que la de regresar a la escasa felicidad compartida. Más de alguna noche, me dormí entre súplicas cargadas de desesperanza por parar el dolor. Más de alguna noche, soñé con él, desvaneciéndome a la mínima expresión que un corazón podría ser capaz de soportar. De repente, redescubría el amor y la lujuria en el amparo de sus brazos, y amanecía llorando al no poder seguir por la eternidad habitando en un sueño. Respirar dolía. Vivir dolía.

 

Se fueron extinguiendo peligrosos los veinte, mientras los treinta bamboleaban una mano al final del pasillo, para burlarse de mí por permanecer atada a un amor nacido en los quince.  Tomé conciencia recién del tránsito fugaz de media vida marcada por él.

 

Ya no recuerdo su voz, pero el sentimiento que me causaba esconderme en su abrazo, sigue latente, como si lo hubiera hecho esta mañana, y me quedo estacionada en el suspenso dilatado de aferrarme a su calidez y ser feliz, hasta que por supuesto, caigo en cuenta, de que, al llegar a casa, no habrá nadie.

 

Siempre hubo un vínculo malicioso uniéndonos desde la primera mirada; nos conocíamos tan bien, hasta el punto de adivinarnos los pensamientos. Era cosa diaria, tan profunda y sin necesidad de verle los ojos para conocer el porqué de cada pálpito de su corazón. Venía en sueños a besarme la frente cuando tenía miedo o su voz vagaba vehemente en mi cabeza cuando la angustia azotaba. “Delilah, no llores” …

En secreto anhelaba camuflarme en sus rincones y amalgamar mi deseo con el suyo. En secreto, lo amé hasta la locura y siento, sin embargo, que ese amor, no ha muerto del todo. En secreto, diseñé una vida a su lado que se desdibujó en la espera taciturna del “momento ideal”. Tarde entendí que, por esperar, se me fue la juventud y con ella, su figura a lo lejos. Hice todo lo planeado, sin permitirme la licencia de cometer algún error; salirse de la línea, no era opción, debía ser todo perfecto, a los tiempos precisos para invocar a una puta casualidad, a un cruce forzoso de caminos, insistir tanto que aquel que controla el destino, se aburriera y nos dejara de una vez, descubrirnos. De nada sirvió.

 

 

 

Le pedí al viento un último favor “llévale mi mensaje esta vez” y una brisa cargada de pétalos rosados acarició mi pelo “dile que la espera se acaba dentro de dos semanas. Si no aparece en ese tiempo, que no lo haga en esta reencarnación ni en las próximas cien.”

 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

 

 

 

 

viernes, 18 de junio de 2021

CADÁVERES DE MARIPOSA





El amor había desaparecido, así como el remordimiento por entregarlo de ofrenda a los caprichos del mar. Volví a estar en calma, con los pensamientos atiborrados de ansiedad desprendida desde el aburrimiento... una cabeza ociosa, es peligrosa.


Pasaron los meses y la vida recobró el sentido gris de un destino solitario, frío glaciar en mi piel debutando nuevamente y el instinto adormilado por el invierno en el horizonte.


Respirar seguía siendo un riesgo, andar con la cara descubierta, igual. Las muertes eran cosa cotidiana y ya no causaban miedo. Ahora respirar era tan angustiante como el no hacerlo.


Los sueños se poblaron de conversaciones añejas, había un dejo de nostalgia asociada a un nombre, quizá familiar, quizá intermitente, quizá maldito desde el principio de los tiempos. Quizás…


Soy cambiante. Mi propia esencia es agua. Agua tranquila en la superficie y turbulenta donde ya la luz no es capaz de entrar. Hay demonios bailando en lo profundo, sedados por el ajetreo de un corazón carente, escondido bajo 10 centímetros de hormigón armado.

En el silencio reina la locura... en mi reino no hay ruido...

 

La ambivalencia eterna entre conocer las posibilidades de un futuro tenebroso y aun así querer lanzarse a los brazos de la desgracia, es un peso que cargo, y es por la misma ambivalencia de un alma vieja paseando en una era dispar. El masoquismo cala hondo cuando los siglos pasan sin sentido, por el mero afán de anhelar querer sentir algo, aunque sea dolor… ¡AUNQUE SEA DOLOR!  Dolor fue lo que trajo el tránsito iracundo de un amor inconcluso.

 

La costumbre patológica del saboteo anticipatorio me dejó donde estoy ahora. Meses habían pasado en la posición estática de ser espectador de una historia que debí protagonizar; en la inocencia de la juventud pacté con el mar a cambio de amor “Te entregaré 100 almas, por unos cuantos años en la tierra. Te traeré 100 almas, como pago por la mía” … cómo librarse.

 

El último romance entregado como ofrenda, dejó cicatriz en donde no puedo sanar. Desde entonces, vivo en piloto automático, con un gusto amargo en la boca por condenar a la felicidad a morir a manos de lo que más quiero. El mar es vengativo. Yo lo abandoné, entonces a mi pago será el abandono.

 

Ya el sueño había caducado muchas noches antes del desquicio completo, no existía energía de reserva a la que pudiera echar mano, mientras que  el ardor crónico de la piel, se volvía insostenible. Delirum tremens. Angina pectoris. 

En dos segundos tenía en frente la carretera, el sol encegueciéndome cuando se ocultaba tras los cerros y cayó la noche poco antes de llegar. Un perfume dulce fue lo que me recibió al abrir la puerta y el llanto no tuvo torniquete. Ese perfume que hasta hace poco que se quedaba impregnado en mi piel después de hacer el amor, el que me traía calma cuando los tormentos decidían despertar, el que ya no estaría nunca más, fue el gatillante.

Caminé descalza por el filo de las rocas sin importarme el daño, ni la sangre, ni que ya comenzaban a brotarme las escamas. Grité.

 

-     - ¿Hasta cuándo? ¿¡HASTA CUÁNDO!? ¿por qué no deja de doler? ¿por qué, si yo te mantuve sereno a costa de mi propio suplicio, me torturas así? – un reventar estrepitoso de una ola silenció mi llanto. - ¡Dios, contéstame!... una señal… es todo lo que pido… una señal…

Las lágrimas de las sirenas, son capaces de dar vida.

Una lagrima tocó el agua. Cinco minutos después vi a un hombre nadar hasta la costa, lo reconocí de inmediato y estiré mis brazos para adorarlo todo lo que no pude. Me miró, sonrió y se fue. Tomó la mano de otra mujer que esperaba en un estacionamiento un par de kilómetros más al sur.

 

Por primera vez sentí miedo… de un porvenir sola, de una cama perpetuamente vacía, de volver a tener una mano oscilante en el viento sin respuesta.

Cómo fue que me convertí en esto, en un despojo de emociones y sentimientos incomprensibles, cuándo fue que mi corazón cambió de dueño. Habían pasado casi 10 años. Las sirenas no aman ¿Por qué yo sí?

El cielo comenzaba a aclararse con la promesa del amanecer entrando raudo por el este. Nunca estuve tan desnuda como en ese amanecer… los miedos debutaron en mis pensamientos durante horas ¿Quién era? ¿Dónde me perdí? ¿Por qué el provenir levantaba inseguridades?

 

De frente al horizonte, con los pies en sangre y las escamas ya secas, respiré hondo, abrí los brazos y dije “Yo soy el mar. Yo soy la inmensidad. Yo soy hija de Poseidón”.

Las olas se embravecieron, el viento rugió y el hombre que había salido del mar se hizo espuma en aquel estacionamiento dos kilómetros al sur.

 

Regresé a esa casa que inició la caída del castillo de naipes y de pronto, no hubo rastro de nada, solo cadáveres de mariposas, cerca de las ventanas, como queriendo escapar antes de morir de hambre, sed y frío.  Esa era la señal… a mí nadie me puede aprisionar.

  

 

 

 

 ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

 

 

 

 

 

 

 


jueves, 11 de marzo de 2021

AMPARO

Hoy me dueles. Me duele Tu ausencia persistente en el vacío en mis brazos, en la grieta del corazón. 
Hoy te extraño. Desperté atrapada en un día  donde no estás y donde ya no estarás, haga lo que haga. 
El silencio me ahoga, me sofoca, me destruye desde adentro, y ya no tengo fuerzas. 
Me enloquece tu olor en mi ropa, buscarte y no verte. ¿Dónde estarás? ¿Serás feliz? 
Ya no quiero abrir la puerta al llegar, porque sé  que apenas ponga un pie dentro, seré absorbida por la miseria. Hoy me dueles. 
Mi alma enferma se desintegra despacio con el correr incesante de las horas sin encontrar Amparo. Ya no tengo Amparo. Ya no está mi Amparo.

ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER.  


Hoy, a un año de tu muerte. 

miércoles, 3 de febrero de 2021

LA CONDENA

 

Los miedos de pronto, no existieron, así como llegaron, un día desaparecieron. Hubo paz donde el caos reinaba y los muertos dejaron de aparecer por las noches. El silencio fue conquistado por suspiros agotados y ahora mis pensamientos eran poblados por ti, joven indeciso. Fui feliz, escasa, pero profundamente feliz. Un amor intenso apareció en el horizonte y tras dos segundos se apoderó de mi corazón ya casi extinto; crecí, volé y amé en menos de lo que dura un día. Así como llegó, se fue. Lo sentí desvanecerse entre mis manos, mientras se esfumaba un gemido acallado entre los murmullos de las olas. Era la primera vez que le presentaba a alguien. Le conté mil veces del dolor que conlleva anhelar y nunca tener y entre suplicas le ofrecí mi alma a cambio de amor: el mar contestó y yo se lo llevé. Fue ahí el error. Las aguas son celosas, exigen atención total.

 

-         - Tráenos su vida, Sirena. – Fue lo que dijeron. – es su vida o la tuya, princesa del mar.

Un par de copas de vino. La sed, acrecentándose con cada minuto y el palpitar ardoroso de la piel derritiéndose por querer lanzarse al mar. Duele el exilio. Se sufre a cada instante, pero en la tierra descubrí el amor y lo vale. Otro par de copas de vino y las estrellas resplandeciendo sobre mi cabeza con la promesa latente del eclipse acercándose. He aquí otro secreto: bajo todo el océano y oculta tras mil paredes de acero, cada que la luna juega con el sol, hay que esconderse. Nada bueno pasa entonces. Es cuando los demonios salen a molestar y el mundo pierde su destino.

Dos copas más y me dejé atrapar por unas redes. Me acorraló en un lugar oscuro y sin piedad.

Me desnudó el cuerpo, el alma y el pensamiento. Un ejército de besos debutó de pronto y así, de la nada, la sed se empezó a calmar. Me convertí en bruma para apoderarme de su piel. Empapada en sudor, extasiada y delirante.

Todo lo que soy, se lo entregué. Todo lo que tengo, se lo ofrecí. Le permití adentrarse en mis recodos. Le permití aferrarse a mi espalda antes de naufragar. Asfixié sus gritos y reclamé mi nombre pronunciado por su voz quejumbrosa. El sexo transmutó en devoción: muerte, resurrección y pecado.

Agoté sus fuerzas, al tiempo que se esfumaban mis ganas. Dejé marcas perennes en su piel: si quería mi cuerpo, yo usurparía su razón.

Entre cuatro paredes, recobré la vida que abandoné por azar, la juventud puesta en pausa por la inocencia de querer cambiar al mundo por buena voluntad.

De sus gemidos, resurgió mi espíritu y recordé que todas las sirenas saben seducir, solo que de vez en cuando, uno lo olvida a conciencia… entre orgasmos comprendí, que ahora pertenecía más a la tierra que al mar.

Ola tras ola, los cimientos de la casa tambaleaban y polvo caía desde las cornisas, mientras él se profundizaba en mí.

-         - ¡Entréganos su vida, princesa del mar! – gritaban las malditas - ¡ese hombre nos pertenece!

¿Cómo entregar algo que no es mío? Tuve a su cuerpo y a sus labios, a su deseo profanando al mío hasta saciarlo por completo. Tranquilizó la sed y el hambre, pero su corazón, así como el mío, era espuma y sal.

 

Sentí su calor adormeciéndome el cuerpo. El dolor paró. La piel dejó de arder bajo su abrazo. Esperé a que el sueño debutara, besé sus manos y lo dejé.

La noche se presentaba clara con la luna llena en Cáncer, alumbrando mi desesperación. Caminé por la vera de la playa hasta encontrarme con vestigios de almas en pena: la estela paupérrima de sal seca sobre la arena.

-        -  Vengan a mí – ordené a las mareas a cambiar el rumbo y entre remolinos de escarcha fui sumergida hasta el fondo del mar. El agua transmite todo. No tuve necesidad de hablar.  No tuvo necesidad de contestar.

Supe entonces, que mi tiempo con aquel muchacho inmaduro, pese a su escases, ya había expirado hace mucho y se lo entregué.

-          - No hay conjuro que proteja la casa. Puedes tomar lo que quieras.

-        -  Debe ser por tu mano, Sirena o nuestra mano tomará tu vida inmortal.

Entonces cientos de medusas hicieron fila frente a mí para descansar en mis labios su veneno taciturno.

El mar es salado por las lágrimas de sus habitantes. Tercer secreto revelado.

Volví a casa, tras esperar que mis escamas se secaran por completo, con el frío de la madrugada firmado en mi piel. Él seguía en el sueño profundo posterior al sexo y me acomodé entre sus brazos antes de besarle la frente…

… con eso terminé su vida.

Al día siguiente, él entró al agua a cazar olas, pero las mareas reconocieron la marca de la ofrenda y no devolvieron su cuerpo.

Ahí estaba yo de nuevo, sola, llorando un amor extinto por los celos de mi reino.

Ahí estaba yo de nuevo, con la sed incesante de consumir una nueva vida para poder mantener la mía en tierra, quizá un día más.

 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

 


domingo, 10 de enero de 2021

CAMPOS DE HIELO



Extensiones infinitas, campos de hielo y tundra, un universo en continua expansión, vacío sin piedad, en eso se transforma de a poco, este espacio. La retumbancia de mi voz en las paredes sin respuesta, la angustia contenida en el llamado, un dejo de ansiedad por un milagro gestándose, aunque sea lejos, comienza a hacerse dueño del silencio al derredor... hay locura dentro de todo. Un rastro de auxilio... una salvación por piedad.

Hay un olor familiar anidandose dentro de las almohadas, la tortura feliz de un encuentro fugaz ya diluido en el correr de los días y ya con eso, se cuentan los años. Quién pensaría que un saludo podría reclamar tanto, que incluso hoy, despliega sensaciones extrañas asomándose por entre las cornizas.
Aquí fui feliz. Aquí desaté pudores.  Aquí entregué cuerpo, vida y devoción. Aquí, hoy hay nada.

Llanuras inmensas se despliegan ante mí y se hace difícil enfrentar la noche. Aparece el frío maldito que corroe desde adentro, frío que hace no mucho, fue aplacado entre gemidos y orgasmos ¿Dónde estás que no estás? El cólera sí apareció en tiempos de amor.

El mar ruge de fondo, advirtiendo el veredicto a tomar. Hace siglos, en la imbecilidad de la juventud pacté entre lágrimas un trato. La última palabra la debe tomar él. Vaticina entre los reventares, la consumación de su voluntad: o mio y sólo mío, o de él y nada más.  Presiento guerra por la reclamación de un corazón inmaduro. Presiento una noche cargada de batallas por pelear.

Extraño su voz seduciendo a mi delirio, apaciguado a los demonios antes de invocar a la desnudez, extraño sus manos profanado mis secretos y a sus labios silenciado a mis gritos de placer. Extraño su compañía en esta cama en expansión. Extraño su presencia junto a mí y su calor calmando mis dolores. Cuando se juega con fuego,  es difícil escapar antes de calcinarse. Aquí estoy yo, ardiendo en desespero.

¿Dónde estás que no estás? El cólera sí aparece en tiempos de amor.  

ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER 

martes, 6 de octubre de 2020

OCTUBRE







Es por el olor a los azahares que inunda el mundo, o quizá por el gris brillante conquistador del cielo y sus nubes que aplacan todo rastro de sol, tal vez la brisa benevolente que baila tangos cargados de nostalgia lo que me obliga a pensar en el sabor a octubre.
Son las abejas zumbando y el petricor levantándose por las tardes, o la caminata rutinaria por las avenidas vacías, así como la ausencia crónica de las manos más cálidas del mundo, lo que trae de golpe el sabor a octubre.

Es la reverberación del alma y vorágine a la que se somete la energía, el abismo y la destrucción, el nacimiento y el hastío. Dicotomías petulantes peleándose todo el tiempo, desde que octubre amanece primero, hasta la extinción de la última hoguera el 31 a media noche. Me sumergen las olas en sus devaneos, me gritan que corra y me vaya lejos antes de que pierda lo que me resta de humanidad. 
El agua y el fuego son difíciles de mezclar. Se pierde mucho en el intento, pero aquí me quedo, porque es octubre y en el lecho, el mar se encuentra con el infierno. El agua y el fuego son difíciles de mezclar. Depende de la habilidad de cada quién, qué suerte que yo comando los océanos. Qué suerte que el fuego no es dificultad.

Es octubre. El tiempo de volver a jugar con la suerte. ¡QUÉ ARDAN LOS CALDEROS! 







ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

LA ITALIANA


 

Acaríciame lento. Que tus dedos divaguen sobre mi piel en llamas, destruye cimientos, derriba muros, ahuyenta los miedos, persigue a mis ganas entre los abismos del desespero y el refugio de las sábanas. Aquí estoy. Aquí estas. El fuego consume reinos. Yo me he alimentado de reyes. Acaríciame lento, desnúdame el pensamiento con un roce somero, sin intención de nada, pero con el potencial de ser todo: la encrucijada repentina del final de la jornada; tantos viajes perdidos, tantos discursos encomendados, el pecado y la perversión resplandeciendo en la mirada.

Haz que sobren las excusas y llévame a un rincón sin luz, aprisióname en tus deseos, quítame el aliento, así como la ropa. Desata mis cadenas y expropia la cordura. No necesitamos nada más que el resguardo de la noche profundizándose hacia la complicidad.

No busco amor, no busco amistad, no busco nada salvo un arrebato. Quizá coincidimos tarde, pero aquí estamos, lejos de todo y tan cerca del abismo. Acaríciame lento y saltemos. ¿Cuánto tiempo más seguirás en la servidumbre del decoro?  ¿cuánto tiempo más seguirás afanando con perder la mirada entre mis senos y no tocarlos? Ya los encuentros se comienzan a contar de a montones, el espacio entre nosotros se reduce temerario, convirtiéndose en un centímetro dilatado en el suspenso detenido por temor a no avanzar a un beso... Un beso siempre condena. La condena puede ser salvación en las manos correctas. Aquí están las mías, que saben curar cuanto mal exista, así como desatar infiernos según la cadencia que decidan seguir.

Acaríciame lento, gime conmigo para derrocar al silencio, llenemos al mundo de gritos enmudecidos. Muérdeme y deslízate entre mis piernas, mientras yo empiezo a hablar en otros idiomas; hay muchas formas de tortura: lo mío es la espera, el rescate de información crítica y su uso para invocar al caos y la locura. Siempre es fácil, es lanzar un anzuelo y esperar a que la carnada haga lo suyo y te traiga a mis redes antes de darte cuenta que fue una trampa donde te fuiste a perder por voluntad propia. Los años no pasan en vano. Las arrugas se ganan entre noches sin dormir. La sangre trae diluidos secretos peligrosos.

Acaríciame lento, pon tus manos en mis muslos y aférrate a ellos como si fuera una tabla en el mar y tú un náufrago al borde de la muerte. Siente los devaneos que se funden sobre la piel. Arde conmigo, consumámonos entre las brasas y desgastemos a los dedos en su afán de recorrer caminos sin trazar. La noche cayó de pronto. La cuidad duerme. Aquí estoy. Aquí estas.

¿Era un beso el que condena? ¡Oh no! Se escribe deseo y se pronuncia vieni a fare l'amore con me.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

jueves, 27 de agosto de 2020

EL HASTÍO


 



Pasa el tiempo, mi amor. Se me escarchan los ojos, me congelo y muero. Ya no sé qué hacer.

Se acumulan los años y me duele el cuerpo, la juventud se desvanece como bruma al salir el sol. No hay nada en los alrededores. No hay consuelo para mi llanto.

Pasa el tiempo, mi amor y del día, solo quiero las noches, que llegue el sueño para ser feliz, justo cuando entre quimeras forzadas, aparezca tu voz susurrándome secretos para olvidarlos al despertar. Lo único que pretendo son las noches para quedarme estacionada en un salón oscuro, donde no exista otra cosa que tú, desnudándome despacio, torturándome en deseo, desgarrándome la piel en la espera del amor, perdida en el ardor de tus ojos acechantes de consumación. ¡Gime mi nombre, grita mi nombre! Siempre hay una presa, siempre hay una cacería. He aquí al cazador.

Aparece el albor de nuevo, pero se vuelven de paja las horas, levantándose en ventoleras solo para molestar. La persecución incansable de una coincidencia, me agobia y nunca llega, nunca.

Hay hábitos difíciles de romper: yo derribo muros, arraso conciencias, invoco locura para crear devoción, sin embargo, te perdí antes del juego… derribé mis muros, arrasé mi conciencia, invoqué a mi locura por devoción hacia ti.  

Escucho a las olas llamarme entre cada explosión.  Saben que sufro, que cada respiración arde. Saben que mi corazón ya no le pertenece solo al mar y que con eso me condené al exilio hasta recuperarlo por completo. Se me abre la piel con el sofoco del aire de verano, dejando llagas sangrantes por doquier y en ningún lado, invisibles, como tu paso traicionero por mi rumbo. Cada herida se profundiza más con el correr de las horas sin volver a tocar el agua, pero cómo volver sin corazón.

 

Pasa el tiempo mi amor, y ya no hay remembranza de lo que se siente el calor de otro ser durmiendo a mi costado, ni el peso de un brazo envolviéndome cual si fuera su rehén, ni el bailoteo vehemente de mis cabellos al compás de una exhalación ajena. No hay vestigios de la resurrección de la carne, ni de la carencia de recato, no hay ni rastros de quién solía ser… ¿Cómo era que sonaba mi voz ahogada? ¿Aún temblarán mis manos si las toca alguien más? ¿Por qué puedo olvidarlo todo menos a ti?

 

Hay vanidad en mi locura, lo sé. Egolatría y vanaglorias. Hay carencias y podredumbre. Hay desesperación y caos. Hay de todo, menos luz.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

 

 

miércoles, 5 de agosto de 2020

AÚN NO TE DAS CUENTA.



 ¿Cómo es que no te das cuenta de nada? De la cronicidad paupérrima de esta obsesión por ti, de lo angustiante que es recordarte entre olvidos intermitentes y mantenerte próximo… carcomiéndome el alma, destruyéndome desde adentro. 

¿Cómo puedes hacer caso omiso a todos los actos desmedidos de locura desplegados ante tus ojos, con tal de que me mires? Estoy aquí, parada en el frío, descalza y desnuda, con la piel flagelada suplicante de remiendo, agonizando por ti, desatando mis amarras antes de morir.  Este es el réquiem de un loco. Cuando el amor ataca, no queda nada salvo miseria.

Estoy estancada, viviendo taciturna en un abrazo dilatado en el tiempo, emborrachándome de un perfume casi imperceptible oculto detrás de los miasmas desprendidos del ajetreo diario. Ahí estoy, quieta, aguantando la respiración, temerosa de soltarte y que me sueltes, despiadado.

El mundo se detuvo alargando las noches e invocando al frío para que habite entre mis sábanas, cuando la carne anhela su reverbero en tus brazos. Hay tanto y tan poco. ¿Alguna vez tus hombros soportaron mi cabeza? ¿Alguna vez fuiste real? Los límites comienzan a transmutarse, cuando ya las semanas se cuentan por montones y los meses pasan desapercibidos, sin rastros de traer libertad otra vez. Tengo los pies atados y una necesidad in crescendo de correr. Tengo las manos mutiladas, mientras me ahogo sin poder nadar. No puedo respirar. 

¿Aún no te das cuenta? Los días avanzan peligrosos hacia su término, mientras la ansiedad comienza a subir cual espuma con el reventar de las olas, deambulo por pasajes donde no hay luz, ni estrellas, ni nada: oscuridad profunda y malhumor. El silencio corrompe a cualquiera cuando se le somete por la fuerza. En silencio es cuando la cordura tambalea y se hace pedazos. En el silencio es cuando más te extraño, sin embargo, aún no te das cuenta.

Han pasado siglos desde la última vez que la calidez llegó a mi piel.

Siglos de desesperación.

Eones de angustia.

Y aún no te das cuenta.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

 


miércoles, 22 de julio de 2020

BITÁCORA DEL CAPITÁN, DÍA 527

Bitácora del capitán, día 527:

Muy lejos, más allá de los abismos, donde las esperanzas se pudren por montones, está el destino. Más allá de la miseria. Más allá del miedo y de la ansiedad por tener que desprenderse de cualquier rastro de sentido, un lugar donde solo los locos se atreven a cruzar. 
Hoy toca atar bien los nudos, apuntalar el mástil, ofrendar alcohol del caro a los espíritus del mar, cerrar los ojos y emprender rumbo. Nunca dije que estuviera cuerda, y quiero saber porqué nadie ha vuelto. Puede ser que después de dejar toda la mierda atrás, está el paraíso. 

Me voy sola, pero sé que más de algún polizón  se quedará en el barco. 
Al mar pertenecen las almas atormentadas.


ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER.  

jueves, 30 de enero de 2020

LAS NOCHES





Hubo noches donde te vi dormir y canté para alejar a los demonios danzantes sobre tu cabeza, tomé tu mano y besé tu frente cuando el sueño se te hizo febril. Noches como hoy me la recuerdan: con el vaho asfixiante entrando escasamente por las ventanas, mientras el sudor ahoga las ganas de la piel al deshidratar lento las esperanzas de un despertar abrazados. Noches de verano cargadas de insomnio por el calor desesperante. En noches como hoy, pero hace tantas noches, te vi dormir con una sonrisa insipiente cómplice de tus afanes.
Te desnudé sin tocarte un pelo y te hice el amor antes de que abrieras los ojos. Me acomodé entre tus brazos para descansar exhausta de ti y tus besos, robé tus secretos y tu confesión de amor por mí.

En noches como hoy, pero hace tantas noches, mientras las horas se escapaban sagaces, supe que nunca te volvería a ver. Entendí el dolor de un amor mal querido, de un amor amado en desface, el tormento acarreado por la cercanía tan encubridora que terminó mutilando las opciones. Las amistades no siempre son buenas, ni menos cuando transmutan y esperan convertirse en romance. No todos los romances terminan con el final de cuento. Hay veces en que ni siquiera el cuento existe. Tú me amabas porque era imposible. Yo te amé porque me hiciste falta.

No hay ni una tumba donde ir a dejar flores por este sentimiento absurdo. No hay donde pueda escribirte para contarte que en noches como hoy, pero hace ya tantas noches, quise despertarte entre caricias y deshacerme de estos pensamientos íntimos de un golpe, para que supieras que este amor que aún vive, en esos años, también latía, que si huía de ti, era por mis inseguridades, que si me amabas tanto tendrías que besarme y hacerme el amor sin dejarme volver a pronunciar palabra.

En noches como hoy, me aferro a tu recuerdo antes de dormir, para remontarme a aquellas noches cuando tu respiración se tranquilizaba después de decir “te amo Dalilah”.  



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER. 

domingo, 26 de enero de 2020

SUPLICANDO VOLVER

Si vuelves, te entrego mi corazón
O lo que decidas tomar de mí,
Pero vuelve, porque ya se hizo tarde
Y nunca necesité tanto tu abrazo.

Ven a buscarme, pues la distancia es mucha
Y por entre las calles estoy pérdida
A la espera de verte volver entre las sombras,
A la espera de alguna noticia tuya.

Tengo ganas de entrar al mar y no salir,
Sino avanzar hasta el horizonte y seguir
Para ver si así te logro encontrar,
Que aquí en tierra nadie conoce tu nombre.

Tengo una mano colgando al vacío,
Huérfana de compañía y temerosa
Pues, nunca pensó que te alejarías tanto,
Ni que el tiempo pasara tan lento.

¡Vuelve! ¿A qué esperas?  ¡Vuelve!
Y dime porqué es tan imperante mi necesidad por ti,
Porqué mi voluntad se desvanece cuando eres tú,
Porqué ya no hay descanso si no es contigo.

Ven a buscarme, ya que me perdí otra vez,
Pero ahora en mis propias huellas:
Es que cuesta tanto retomar camino
Cuando se ha andado en círculos toda la vida.

Vuelve, por favor, vuelve rápido,
Ya el aire se agotó y no respiro,
Vuelve, pero porque tú quieres volver,
O déjame morir de asfixia a la brevedad.







Vuelve y no me digas nada.
No quiero saber de explicaciones. No quiero.
No quiero escuchar lo que encontraste lejos,
Ni menos los motivos por los que te marchaste...Vuelve...


Escrito por: FRANCISCA KITTSTEINER 

viernes, 24 de enero de 2020

CON TAL DE TI




Los días avanzan tristes sin más, consumiéndose entre los vahos de un calor infernal: despacio, robándome la vida sin que me de cuenta. Se llenan de fantasías mis pensamientos y poco a poco son invadidos  por susurros de ultratumba contando pesares que nunca dejan de doler. 


Hay angustia en mi corazón. Hay caos y destrucción rondándome. Es tan diminuta la franja entre la cordura y el desquicio que ya no sé bien dónde fue que dejé mis pasos.
Hay una voz en mi cabeza, aunque no sé si es mi conciencia o un demonio; de igual forma, los dos atacan: donde más duele, donde sé que fallé, donde no puedo reparar.

Existe un rumor en el ambiente, una suerte de profecía revelándose de a poco, obligándome a afinar mis sentidos, para después desatar especulaciones cuando el sueño es escaso: una perturbación en la atmósfera, algo así como el aviso del fin de los tiempos o quizá el retorno de tus ojos a mis amaneceres.

Se me va la vida… ¿Vida? Esto es dejar acumularse las horas, hacer de las semanas un bulto de segundos, para después diluirse en el vertedero de los años. ¡No señor!  ¡Esto no es vida! Es la persecución incesante de una empresa perdida desde el comienzo de la historia, es seguir creyendo que, al despertar, tú estarás aquí.

Esto es el delirio de un loco, una súplica de libertad, es pedirle a los cielos la expiación de los pecados cuando ya no alma por salvar. Es la ofrenda y la condena. Es la sangre y la carne. Es la podredumbre que deja el amor amado a medias. La resolución del asunto, mi grito desesperado con tal de ti.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

LA COMANDANCIA





Hoy las gaviotas volaron más alto de lo habitual. El agua se tiñó de un verde profundo mientras las nubes se apoderaban del planeta. Hizo frío haciendo estremecer a mi piel acostumbrada a no sentir calor. Hay veces en que un presagio se presenta de distintas formas.
Salí a caminar para poner en orden el millardo de pensamientos que atosigan mi conciencia, pero solo le presto atención al reventar de las olas. Por primera vez oí el cántico de la espuma; ahí estaba el vaticinio.  Era un desvanecimiento doloroso y atiborrado de incertidumbre como un alma en pena pidiendo consuelo por sus pecados, el manifiesto de una vida agotada sin remedio. Era la majestuosidad del agua reducida a su mínima expresión, la furia del océano relegada a un susurro insípido ¿mi vida terminará igual?
Se asomaron nubes de tormenta por todo el horizonte y las sirenas habían resguardado sus secretos pues la calamidad estaba certera a la vuelta de la esquina. Reconocí de inmediato el desajuste en el mundo. Algo había de cambiar, pero algo tan somero que pasaría inadvertido ante mis ojos inexpertos.
Hubo sabor a sal en el aire y de pronto te tuve entre mis brazos. De pronto, sobró la ropa. De pronto, mis manos tocaron tu piel. Me desvanecí en el éxtasis, dejando tantos besos como días pasaron sin verte. Te conté mis secretos mientras tus gemidos llenaban el silencio. Desperté a los instintos robados desde hace tanto tiempo y les prendí fuego para que ardiéramos juntos en las brazas del infierno. Fui tuya y tú, mío.  Me hiciste el amor amparado en la complicidad del vacío y te entregué mi alma, mis huesos y mi voz. Fuimos un despojo de sangre retozando entre el sudor después de robarle felicidad desde la ultratumba a un amor cremado.
Desgastaste mi piel entre caricias flagelantes y abriste mis caminos según tu voluntad. Te ofrecí mi sangre para saciar tu sed y sentí tu amor floreciendo en mi vientre… fui tuya y tú mío… fui sal y arena entre tus dedos; ahí estaba de nuevo el chirrido insoportable de la espuma en descomposición. Volví de golpe a la conciencia, pero ya llevaba 5 millas náuticas nadando con desespero. El horizonte estaba tan cerca. Quizá allí te pueda encontrar, donde la vida es miserable comparada con los regalos que ofrece lo recóndito. Seguí nadando hasta el cansancio con la ilusión de encontrarte en el límite del universo para besarte con locura antes de perder la razón. Quise encomendarme a la benevolencia de la muerte para calmar el dolor de una vida sin ti, pero cómo morir en el agua, si yo comando al mar.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 
© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.