
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER





Si quieres saber, te diré:
Se comienza con una palabra desencadenando una reacción de ideas descabelladas dentro del pecho. Luego hay que hacer de tripas corazón y del rencor cariño para inventar un mutante extrovertido, congelando el tiempo un instante tan minúsculo incapaz de contener un alfiler dentro.
Se llora escribiendo para entender los reconcomios inexplicables que yacen aletargados en el fondo del mar azul encerrado en unos ojos tristes, en el prado verde de un alma y en un otoño inexorable de un cuerpo cansado.
Es difícil encontrar un por qué, transformarlo en un quién para morir con las ansias de averiguar el cómo, tras vender el alma a cambio del cuándo. Tener un romance de cinco minutos perdurando para siempre en la memoria de un agonizante por volver a amar.
Se siente la necesidad de ser feliz de la nada y no pedir más, o bien, quejarse de todo lo que no se hizo, dijo o querido entender.
Odiar, amar, vivir, morir, agradecer, renegar, pedir, dar, aprender, querer todavía más, y renunciar al universo, invocar a la trascendencia cuando se desnuda el pensamiento frente a un papel ardiendo de deseo por los toqueteos sagaces de un lápiz bailarin, que cuentan, después de hacer el amor, el motivo de tanta exuberancia para escribir un simple saludo. Hay tantas formas de saludar, que las palabras son prescindibles, la piel innecesaria, las distancias un chiste y el orgullo una cucaracha.
El mejor amigo de cualquier razón es el siempre impecable desgarro del silencio, en la exactitud ofrecida por el despliegue de imágenes soltadas de tiempos mejores al imaginar el protagonismo del romance entre un hombre medieval, venciendo a los gigantes de viento, cabalgando sin rumbo y la fantasía de enamorar a su Dulcinea tan terroríficamente idealizada.
Es entonces preciso volver a nacer con cada nueva mirada regalada al alba…
No todo empieza con un "érase una vez" y termina con un "vivieron felices para siempre", ni se trata de la princesa en peligro y el amor del príncipe encantador, se trata de hacer el mundo más llevadero, al disponer de escenarios para que tú y yo sigamos siendo tú y yo, pese a que nunca lo fuimos. No hay muerte, ni destrucción, ni caos o despedidas, ojos vidriosos y corazones rompiéndose. Aquí, donde sólo yo puedo gobernar, la historia comienza con un "Ahí estaba él. Ahí estaba ella." y termina con un "No había nada por hacer, seguían amándose y esta vez, no lucharían contra eso."
Así fue como te escribí el primer poema.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.
Posiblemente te hable cuando te vea, posiblemente porque eso digo ahora, que estas lejos, ahora que no sabes que escribo mis planes; tal vez cuando te vea colapse en rubor notorio que dejará al descubierto lo que permanece oculto incluso para mí, pero no para el resto del mundo.
Posiblemente sueñe contigo más de una vez y desataré mis deseos en lo utópico para llenar los vacíos que deja mi realidad. Tocaré tu rostro y sentiré el calor de tu cuerpo y deseare morir por no poder hacerlo cuando caído a tu lado, porque mis manos son torpes y mi voluntad es débil.
Posiblemente nos toparemos caminando en círculos, uno tras el otro hasta perdernos en los laberintos de unos pies cansados por el tiempo, ansiosos de correr hasta el curso del consiguiente, pero no podremos, porque será tarde y yo ya no estaré, posiblemente, pensando lo mismo que tu.
Posiblemente nos hemos equivocado: ni tú debiste mirarme, ni yo debí quererte como lo hago. Nos hubiésemos ahorrado tanto sufrir, tantos sueños, tanto tiempo, tanta vida y tanto deseo.
Tú no serías por quién escribo y estaría dedicando líneas a otro hombre, amando a otro, rogando a Dios por la fuerza para ir y darte un beso que difumine las dudas de mi cabeza y calle las voces de aquellos que osan interferir entre nosotros.
Y yo no sería esa que causa tu penar. No trabajarías en una conquista que será solo eso: una conquista con ánimos viciosos de convertirse en un romance Shakesperiano.
Posiblemente sería feliz estando sola y no teniéndote en compañía del recuerdo borroso del primer-último encuentro que nos trasladó a un lugar y momento justo, disolviendo a la gente que rondaba alrededor nuestro, inquisidoras de acontecimientos que repartir entre almas inexistentes en un segundo. ¿Recuerdas? Éramos tres: tú, yo y unos trescientos a quienes olvidar.
Posiblemente las canciones no tendrían un gusto a tus labios, ni tus manos tocarían las mías entre los acordes de una guitarra polvorienta que llora por vernos distantes y tan cerca, porque no nos decidimos entre el sí y el no; y la mutación de una voz carcomida por los fantasmas de los tangos ancestrales y los poemas triste de Lope de Vega.
Posiblemente yo debí atreverme y perder el miedo a mirarte a los ojos y tú debiste haber tenido paciencia. Ahora que muero por ti: me desprecias. Y cuando tú morías, yo estaba ahí, dispuesta a recogerte del suelo y darte un soplo de vida, pero nunca moriste. Te fuiste agonizando a refugiarte entre los cuidados porfídicos de mujeres, dejándome relegada a un espacio oscuro con olor a ti.
Posiblemente miraría las estrellas y las llamaría por su nombre, pero tras compartirlas todas contigo, han adoptado tu nombre, formado tus ojos en cada resplandor que dan cuando deciden morir indemnes.
Posiblemente podría refugiarme en un par de cigarros añejos, pero sería inútil, porque no son tú y tú no eres ellos.
Ya no me queda nada que no me traiga a la memoria algún trozo de tu existencia.
Posiblemente, tendré que esperar hasta que aparezca otro que elimine tu recuerdo por un tiempo y sufriré por él hasta que vuelvas tú….
¿Te quedas conmigo?....posiblemente….contestarías….





