jueves, 3 de junio de 2010

TENGO UNA META!!!!


Tengo una meta que tengo que cumplir, porque toda mi existencia gira en torno a ella, desde que usé mi razón hasta el último rezo que elevo al cielo.
Tengo una meta grabada en mi cabeza como credo religioso que profeso desde siempre y que se ha convertido en causal de las lagrimas avinagradas durante muchas noches, en causal de tormentos alimentados por mis temores enfermizos que corroen mi seguridad a ratos, fortalecida, en causal de algoritmos alquímicos, pero míos y reales.
Tengo una meta dulce que alcanzar y seré feliz cuando diga: “lo logré, í pude, lo logré” recién en ese momento, respiraré por primera vez del aire limpio de polución de conciencia viciada que ha sido apartado de mi para dejarlo como el trofeo esperado desde la concepción.
Tengo una meta a la que me aferro para continuar viviendo, y sobre la que construyo un futuro utópico, sin poner al angular, sin siquiera mandarla a tallar, pero, que sostiene todo lo que aspiro e imagino tener, ser, crear, formar sobre ella.
Tengo una meta que me hacer sacrificios complejos a la psiquis humana, que me pone a prueba cada vez que me quebranto y el frío cala hondo en mi espíritu, congelando mis fantasías y quemando mi entereza.
Tengo una meta por la que empiezo a trabajar hoy….


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 1 de junio de 2010

Quise hablar inglés



Ya no me acuerdo de tu voz aunque sigues presente,
Faltaron dos veces para robarte y traerte conmigo.
Dueles, puñal oxidado en el pecho y en serio lo digo,
Porque tendré que expiarte, mi pecado latente.

He empezado a desconocer tu empalidecido rostro,
Desfigurado a ratos por el afán de recordar lo olvidado,
Bamboleante en el temblor acalorado
De la ofrenda de mi amor que a tus pies yo postro.

No estoy segura del color de tus ojos dorados,
Ni de tu existencia plena en un futuro venidero,
Ni de la lógica plasmada en un cariño pendenciero,
Ni de vivir en el infierno por seguir separados.

Se ha entumecido la memoria frágil del suspiro
En una conversación latente y por terminar,
En una despedida a la distancia por concretar
Y me congelo sabiendo lo difícil que es a lo que aspiro.





Moriré del deseo de abrazarte, desangrada en abstinencia,
Pero esperaré porque tengo ganas de hacerlo y vale la pena
Aguantar el paso del tiempo y observar alegría ajena,
Alimentando las ansias de rellenar tu ausencia.

Ya no sé cómo fue que nos cruzamos por coincidencia,
Abriéndome llagas con sabor a amaretto destilado,
Y raspones del corazón por apresurado,
Por aferrarse a una  fantasía en decadencia.

No compartimos muchas lunas ni menos estrellas acarameladas,
No probé de tu romance galante,
Y ahora extraño tu mirada petulante,
Guardada entre cosquillas de risas desquiciadas.

Creo que te quiero, pero no lo afirmo del todo.
Te he vuelto a ver y es aquí donde comprendo
Que reunirnos una vez más es lo único que pretendo
Porque quedó tu aliento plasmado en los sentimientos que acomodo.

Agradezco al cielo por poner mi mundo al revés,
Por haberte  traído en cuerpo, alma y amor rotundo,
Por juntarnos un jueves y dejar que naciera algo profundo,

Pensando que esto ocurrió porque sabía hablar inglés.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 22 de abril de 2010

PRONTO SERÉ FELIZ





Pronto seré feliz y de eso estoy segura
Y no me queda otra cosa que no sea tranquila esperar
A que retorne el calor a mi cuerpo con ternura
Y que el mundo en mi favor, empiece a confabular.

Pronto seré feliz y veré en todo la candidez y su hermosura
Porque el amor se dispuso en mi puerta a habitar,
Tocando tres veces con parsimonia y lasciva finura
Que era imposible antes con el ruido, poder escuchar.

Pronto seré feliz, se acabará al final la cruenta tortura,
De ver cientos de parejas por mi lado pasar
Estando estancada por condena en este lugar de atadura,
En una cruz de pecados inmersa, por el afán de mentiras pecar.

Pronto seré feliz y que no quepa duda alguna,
Que saquen las orquestas a la calle a tocar,
Porque se escribe con sangre la posible clausura
De un lapsus de romances fallidos destinados a fracasar.

Pronto seré feliz porque he de encontrar la locura
Al descubrir en unos labios fríos el caudal
De un lago petrificado que me llevará a la cura
Para poder mi corazón, cuerpo y alma descongelar.

Pronto seré feliz y gritaré al cielo con bravura
El nombre del que me robará la vida sin antes preguntar,
Temblará la tierra, cantarán los ángeles, correrán aires de frescura
Porque he decidido mis esperanzas renovar.

Pronto seré feliz, sólo espera, y verás…




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 10 de marzo de 2010

Romance de la mar y el cielo




Hace días que no logro dormir,
Pues siento en las olas un extraño matiz,
Me hablan en los sueños de un nombre conocido
Y luego se callan dejando abierto el caudillo.

Lloran los peces azules en los corales marinos
Y se elevan las aguas y los cangrejos asesinos,
El agua ya no es difícil sino rojo sangre
Y  el mar grita porque tiene hambre.

Hambre milenaria de compasión y entendimiento
Clamando por alguien que escuche sus cantos de sufrimiento,
Mientas las golondrinas defecan tristezas en forma de corazones
Y  le machacan a los erizos  con rabia los caparazones.

Las rocas observan, nada más observan la historia
Que repite por siempre la cruenta ceremonia
De la gente que avanza sin prestar atención alguna
Del romance fallido entre el mar y la espuma.



Y me quedo un instante, parada por un segundo,
Y todo se detiene, ya no gira ni el mundo,
Me da pena el pobre y sus lágrimas de sal avinagrada
Que estallan en los cochayuyos por la espuma enamorada.

Enamorado del cielo con su esplendor de Calipso opalescentes
Que no la mira por estar embelesado con las nubes intermitentes
Y ella baila mostrando sus galas de mujer despechada y altanera
Besando el polvo salino tirado alrededor de la costanera.

Sólo desea que las piedrecillas escriban con ansias sirvientes
Los mensajes que dictan sus recodos perdidos e imponentes
Para que el cielo los lea con sus ojos de hombre
Que la tienen destruida  y con el alma ya pobre.

Ya  no desespera porque sabe que aún faltan,
Muchas personas, años, rocas, nubes, erizos, lágrimas infames, y las gaviotas que restan
Y que haga lo que haga la espuma quiere al cielo y el cielo al mar

Pero eso no le quita las ganas de amar.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 8 de marzo de 2010

PICHILEMU 20



Estoy en la terraza viendo el mar. Es un día hermoso. No corre viento y está nublado. Hay gente caminado en los roqueros y me hablan las olas contándome sus pesares y amoríos con el cielo; siento pena por ella y por mi…Las dos estamos solas.
Hay una canción melancólica recordándome que sigo aquí y que debo escribir, dejar fluir mis pensamientos para terminar el libro ya.
Al fondo, en el horizonte van volando las gaviotas a dúo y los alcatraces alimentan a sus crías con peces mutilados mientras las olas se precipitan a espantarlos para llevárselos con ellas y transformarlos en sus hijos putativos.
Creo que la soledad es el mejor vestido que puedo traer puesto, adornado con el humo de ilusiones corrosivas y una corona de caracoles añejados en las piedras.
Los rayos de sol clavan en mi piel tostada como agujas envenenadas de ira y rencor, desquitándose conmigo y yo con ellos por ser ingenuos y tenaces.
Hay un par de pantuflas cerca de mi silla señalando los pasos por dar hacia mi propia vida.
(…) No busco compañía, todo lo contrario, quiero agonía, quiero dolor, fatiga y hambruna para sentirme mejor, para saber que existe la felicidad y la abundancia en el interior (…)
Mis pies están helados remedándole a mis brazos que desfallecen de calor. Se escucha la “Unchained melody” de fondo, pero, en verdad escucho el aguacero de las pulsaciones de la voz que escribe para no volverse loca entre los acordes acorazados, listos para la batalla naval de mi cabeza.
Sentí sed y fui por agua. Aproveché de cambiarme el sombrero porque ya no me sentía cómoda con el que traía.
Ahora hay tres colores en el límite cielo-océano. El celeste pastel de los días de verano al lado de las olas, un azul índigo delgado en el medio, como una línea de destacador que es ancha en la izquierda y se esfuma conforme se desplaza, separándolos y remarcándoles que no se pueden unir porque no fueron hechos para estar juntos y luego viene el azul petróleo del mar calmo que extraña su espuma.
No le he prestado atención a las canciones y ruge el agua, gritándole a Dios en la cara por un poco de amnistía para ser feliz otra vez.
La gente se marcha y volvemos a quedar solos los roqueros, el mar, el cielo, la línea azul y yo, como debería ser.
Sigo enamorada de un recuerdo y duele, duele mucho, porque lo quiero a mi lado, besarlo y con eso, se lleve mi suplicio.
Mi mano siente el sendero de la sangre por el cuello y corre una lágrima invisible por mi rostro. La solapa del sombrero no deja que el lápiz llene de aclamaciones tus páginas, diario, y lo odio por eso.
En mi mesa hay: Una canasta de pan vieja, una madeja de lana, una alcancía, una manta, un celular, un encendedor, una caja con cigarros, otro lápiz y el notebook y un par de lentes oscuros. Nada me sirve ahora.
Parece que Dios escuchó al mar porque ha desaparecido la franja que los separa, las nubes se alejan con rumbo al oriente y se callaron sus llantos…La ha escuchado ¿Lo hará conmigo?



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

martes, 12 de enero de 2010

CAMINO DE FLORES


Desde ayer recorro mi sendero de flores,
Desde ayer que no dejo de reír por solo querer reír
Desde que se fueron para siempre, mis dolores
Desde ayer, desde ayer temprano cuando decidimos partir.

Desde ayer las flores se resignan a morir en el pavimento
Porque hemos decidido darnos una oportunidad,
Porque ahora son míos tus pensamientos
Y porque cada a tu lado, aumenta mi felicidad.

Desde ayer que las veredas tienen coloraciones,
Llenas de pétalos tiernos y suspiros de ángeles enamorados
Que elevan a mi espíritu, por senderos de estaciones
De recuerdos de nosotros y no siendo enterados.

Cada paso que doy siento en mis pies la tibia suavidad
Del polen colándose entre mis dedos desnudos,
y un retruécano de una prematura humanidad
Que nace de apoco en tus ojos tozudos.

Desde ayer que conozco el miedo por todo
Al creer que las flores no sean capaces de soportar
El peso oscilante de un vaivén en recodo
Que se mantiene en mis labios por no poderte besar.

Desde ayer que los semáforos tienen margaritas por luces
Y los autos girasoles en vez de ruedas y motor,
Y las iglesias tienen de rosas las cruces
De azucenas azules en el altar confesor.

Desde hoy los jazmines bailan al compás del sol abrasador,
Creando sinfonías y perpetuos danzares
Dibujando en el cielo un “te quiero, mi amor”
Con los aromas sensuales de una corona de azares.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

PROCESO DE SUPERACIÓN....


Otra historia fallida de un amor que no tuvo alas, creado para perecer apenas diera el primer aliento y hoy tengo que asumirlo, aceptarlo, agachar la cabeza, decir adiós y continuar la marcha sea donde sea que el camino me lleve, aunque me arrepienta muchas veces, es lo correcto y lo que se debe hacer.
Dar por terminado el capitulo que lleva tu nombre, que relata el resplandor de tus ojos en fulgor, de tus amos aterciopelas y cabellos teñidos con las caricias del sol cuando da la despedida a los arreboles, haciéndolo por ti, por mi, por nosotros, porque es un capricho, porque quiere hacerme sufrir.
Ya no soñare contigo, porque te exorcizo de mi mente a partir de ahora, te expulso y te maldigo por mirarme.
¿Puedo dudar? ¿Puedo retractarme? ¿Puedo retroceder el tiempo para no toparme contigo jamás? ¿Puedo volver a ser nadie? ¿Puedo desaparecer entre la multitud? ¡No quiero que esto termine! Te expulso de mi cabeza, es cierto, pero ten en cuenta que no hay conjuro que pueda sacarte de mis latidos, porque son tuyos, por ti mi vida continua, por la esperanza de algún día juntar fuerzas y robarte aquellos besos que me corresponden por sacramento, mal que mal, ladrón que roba a ladrón, se le es concedido el perdón ¿y el olvido? Yo no quiero el perdón de nadie, solo anhelo tu cariño trémulo, pese a que es lo único que no puedo poseer.
Tendré que buscar otro que sea por quien tengo que escribir, a otro a quien llamar “amor”, a otro que no tenga que marcharse lejos, a otro que sepa devolver lo que entrego, mas ese otro no serás tú …
No tendrá tu sonrisa satírica, ni tu ironía mezclada con las lágrimas amargas del silencio.
Desde ahora, entro en proceso de superación... La causa: tú…tú eres la causa de todo.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 29 de diciembre de 2009

ABRIR LOS OJOS



Abro los ojos, en nada pienso,
Buscando una escusa para dejar de despertar,
Mientras la luz cae y los parpados tenso,
Respirando una, dos, tres veces antes de volver a pensar.


Abro los ojos y recuerdo algo distorsionado,
Sin embargo, siento en las entrañas,
El crecimiento de los sueños inundado
De todas esas cosas que a mi vida son hurañas.


Corro las cortinas perpetuando en el umbral
Alguna de las quimeras oscuras, volátiles y dulces
Que quedarán dando vueltas en el plano cerebral
Apenas se vuelva a la cordura con las primeras luces.


Corro las cortinas queriendo regresar a la cama,
Pues los ánimos no son buenos, no existen ganas
De seguir viviendo siempre con miedo al mañana,
De seguir esperando a que mi cabellos se tornen en canas.


Corro las cortinas, apago el cigarro y prendo una ilusión,
De pronto aparece en el horizonte una figura de pasos tambaleantes
Y un sentimiento, como nunca antes, inunda mi corazón,
Al ver que él regresa por el mismo camino por el que se fue antes.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 23 de diciembre de 2009

¡QUÉ SEAN LAS DIEZ Y MEDIA!





¡Qué sean las diez y media por favor!
Que las ansias me destruyen por segundo
Y el reloj no avanza, deteniendo el resplandor
De mi deseo entre vivo y moribundo.

¡Corre minutero, deja atrás a la madrugada!
Corre y tráelo contigo, que necesito verlo,
Besarlo, y seguir estando a conciencia embelesada
Y poder, entre mis lánguidos brazos, tenerlo.

¡Qué sean las diez y media! ¡Oh Dios!
Agota mi agonía completa y desquiciada
Que me retiene aquí, separando a este corazón en dos,
Y entre problemas de matemática crueles, enclaustrada.

Que se extingan las barreras de paredes y vidrios viejos,
Que se acabe la estúpida clase y continúe mi vida,
Que ya no aguanto, de verdad no aguanto, que esté lejos,
Justo hoy cuando parece haber sanado la herida.

¡Qué sean las diez y media y suene frenética la campana!
Para que mi pupila vea su imagen afuera parado.
¡Qué se congele el tiempo y jubile la mañana!
Pero no, el reloj sigue estancado.

¡Qué sean las diez y media para verla salir!
Piensa él, con frío y fuma algo de tabaco,
¡Qué sean las diez y media  y no tener que morir
Al no escuchar el sonido melodioso de sus tacos!

¡Qué sean las diez y media! ¡Atiendan luces del cielo!
Y manden respuesta a los problemas numéricos,
Que tiene que saber, como sea, que la quiero,
O llévense pronto mis sueños cadavéricos.

¡Qué sean las diez y media que ya se me acaba el cigarrillo!
Y Cronos se burla de mí por estar parado como idiota,
Aunque no le pongo atención y hurgo entre los cerillos
La esperanza de que el tiempo se agota.





¡Qué sean las diez y media! Sólo eso y no es mucho, pido
Que los engranajes giren y giren y vuelvan a girar,
Hasta el colmo insostenible de un mero silbido
Que ahogue mis oídos y que ella me pueda mirar.

“Ya son las diez y media” pensaron a dúo,
Y no saben si salir, entrar, quedarse simplemente donde están,
Si aguantar las ganas de decir “te quiero” o “cómo actúo”
Si están listos para empezarse a amar.

Y sale ella y entra él, se abrazan, se besan,
Se adoran como desde hace tantos años pasados,
Y se encuentran rehenes, torpes presos

De las garras de un cariño que los tiene condenados.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 21 de diciembre de 2009

Escucha las campanas


Escucha las campanas. Levántate de mi pecho,
Ya es de mañana y se nos ha escapado la noche entre juegos.
Las estrellas han aprendido de todo lo que hemos hecho,
Ha aparecido el sol haciendo a la luna relego.

Escucha las campanas. Hay que salir del lecho,
Se hace tarde, desenredémonos los cuerpos,
Volvamos cada uno a sus vidas por derecho,
Mientras esperamos que muera el tiempo.

Escucha las campanas. Deja de merodear en el techo,
Ven, recuéstate a mi lado otros dos segundos. Ahora,
Fantasea con la atadura de mis caderas al asecho…
Son tuyas, aunque sea por solo unas horas…

Escucha las campanas, amante maltrecho,
Corre lejos, bésame y sigue corriendo. Conviértete en fugitivo.
Entra en el molino, escóndete entre el afrecho,

 Y bésame, antes de acabar con el amor destructivo. 




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

domingo, 8 de noviembre de 2009

juego de estrellas.


Y sentir el olor a tierra mojada, tras un periodo de sequía considerable, dejar que se impregne en los poros, que corra por la sangre, después de asimilarla en la punta de la nariz, provocando la nostalgia inexplicable por recuerdos de la infancia alejada.
Bailar al compás del polen volatizado que se escondía entre las grietas del suelo y que ahora dibuja ilusiones con forma de corazones con alas transparentes y pedazos de carbón donde debiera ir marcado con fuego y con lágrimas de dolor austero, tras dejar ir al amor de las manos de los enamorados. El nombre del que pienso antes de dormir.
Correr con las ninfas a jugar frente al lago y agrupar las estrellas disponiéndolas de tal forma que puedan transmitir el mensaje que guarda mis secretos al hombre que los provoca…que atraviesen el mundo y le muestren lo que yo no soy capaz, por temerle al miedo de tremolar frente a sus ojos, pero que desfallezco sino llego a mirarlos antes que cante el gorrión y ahuyente a mis compañeras nocturnas.
Silbaré de noche entera canciones románticas que me limitan a solo pensar en el supuesto que se crearía si es que mis labios decidiesen vivir pegados a los tuyos… silbaré tu nombre mil veces por silbido, para atormentarme y caer exhausta buscando que tus brazos me cobijen… pero qué veo, el cielo se nubla, el viento corre ahora conmigo, el mensaje se esfuma y yo dejo de silbar, comienzan a cantar los grillos que saltan entre mis tobillos acariciando mis pies mojados por el rocío; las luciérnagas se forman delante de mi cabeza brillando como nunca antes el humano las ha visto y decoran mi cabello lacio y oscuro como los diamantes a la corona, el anillo y el collar; los queltehues deciden callar y tapar a sus crías, simplemente desaparecen de los caminos, las estrellas me distraen con su cintilar radiante, dejando al descubierto un universo de joyas exquisitas e inalcanzables, cubiertas por un lienzo aterciopelado negro y azabache, yo silbo de nuevo por la alegría de ver mi plan en marcha y por el olor a tierra mojada que se levanta con cada bocanada de aire tibio que el viento exhala en mi cara. Veo a los queltehues levantar el vuelo perturbando mi estado de trance inducido, observando en el cielo que la estrellas cambian de posición dando respuesta a mi mensaje, escribiendo sobre las techumbres de una cuidad en llamas de parejas un: “yo también”
Ya no estaba sola en un mundo de a dos, existía alguien lo suficientemente loco como para transportarse al firmamento y jugar con el éter y sus acompañantes, ahora solo restaba encontrarlo… pero ese es el trabajo de las abejas.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 3 de noviembre de 2009

El mejor momento de mi vida


El mejor momento de mi vida podría definirlo como: indeciso, porque ocupa tantos lugares al mismo tiempo que se vuelve casi insostenible la tentación de separarlo en capítulos o segmentos pigmentados con la fanfarria de elegir al mejor, relegando al resto a la vulgaridad de lo común, cuando, si se lo piensa con la mente fría y la sangre alborotada por la hipotermia que produce la escarcha matutina, cada instante es maravilloso por naturaleza.

El mejor momento de mi vida fue cuando aún no tenía conciencia propia, cuando todos los recuerdos que juro tener, resultan ser habladurías que suelen escucharse en las reuniones familiares, luego de un par de copas de vino añejo sobre la mesa y algunos más derramados en el mantel, desdibujando la realidad en la que aseguramos vivir, cuando, en verdad, estamos sumidos en una abstracción infantil ineludible, viendo felicidad donde sea que los ojos decidan posar su foco, riendo de todos los gestos que una cara puede formar.

El mejor momento de mi vida podría ser cuando decidí no volver a tomar decisiones sobre asuntos terrenales como: Qué me pondré mañana o qué cocinaré para el martes quince de julio de veinte años en el futuro o cómo titularé esto. Simplemente hacerle caso a las fantasías o a los primeros instintos que se atrevan a surcar por una mente falta de cabales cuerdos donde alojar. Solo decidir cuando el día amanece nublado si tendré el valor de pasear por el patio en cuerdos o cubierta con todo rastro de indumentaria presente en casa.

El mejor momento de mi vida fue cuando experimenté la alegría de un amor maltrecho, porque me enseñó a ver la belleza que se oculta tras las lágrimas teñidas de lápiz delineador, la acidez de un adiós meloso luego de digerirlo tiempo antes de tener que decirlo en serio.
El insomnio producido cuando una persona te consume tanto que hasta se apodera de tus sueños, rezos, lo oscuro del pensamiento y dolores que no son dolores, sino cosquillas punzantes que corroen la carne hasta encontrar hueso y grabar ahí con agua el nombre, las futuras fechas que serán malditas para el resto de la vida, o hasta que la memoria siga funcionando. Lo importante que es tener cerca un trozo de papel y un lápiz que escriba para desquitar en ellos lo que se carga en la conciencia y en el espíritu por el tiempo inmemorial.


El mejor momento de mí vida fue cuando de la nada apareció, uno tras otro, los romances, cuando moría uno y una herida comenzaba a gestarse, de quién menos pensaba salía un cariño mutante con ánimos de convertirse en tragedia medieval.
Moría ese y la lista corría hasta que no quedó nadie a quien llamar “amor”, salvo por uno que sí fue el amor hecho persona, que pese a todo se mantuvo relegado al papel del “mejor amigo” por muchos años, pasando su historia desde el enemigo mortal, mejor amigo, el amor más grande, enemigo mortal, mejor amigo otra vez. ¿Ha caído en un círculo vicioso? ¿Volverá a transformarse en enamorado, el mejor amigo de una mujer con mentalidad de infante frustrada? …..

El mejor momento de mi vida fue cuando vi al mar agitarse furioso y bravo porque le estaban robando un caracol escarlata y sus golpes rozaban mi rostro con caricias grisáceas y la corona de sal era depositada en mis sienes y los grilletes de algas que formaban parte de una caravana funeraria para los náufragos perdidos contemplando el horizonte, me encarcelaron. La bruma se levantaba escondiendo los pasos incautos que regalaban los que pisaban las riveras enlutadas, aquella tarde de Julio condenado a viciar de Septiembre, mientras los peces jugaban a teñir el mar con sus lomos metalizados traslúcidos entre el manto grueso de agua turbia de rencor y delicada de melancolía por la falta de su hijo querido. Lloraba, el pobre la ausencia del caracol, pero lloraba en realidad, porque no podía encontrar el mejor momento de su vida.
Habría de estar ahí por todo el tiempo que ya había estado y nueve mil veces más, sin que nadie le preguntase por qué la soledad, cuando su única distracción era acoger las lagrimas de la lluvia y los abrazos de los amantes entre la espuma rabiosa de sus labios salados.

El mejor momento de mi vida fue uno que todavía no puedo vivir….
El mejor momento de mi vida fue cuando aprendía a reconocer por la letra una canción con olor a naftalina los acontecimientos de mi existencia, los pasados y los que ahora vivo, cuando cada corchea se transfiguraba formando números de días que no habré de olvidar a la primera casualidad que ose amenazar a mi cordura. Distinguir entre un soneto la amnistía de la inmortalidad musicalizada y llevada a la gloria entre gritos placenteros en acompañamiento de un piano descalabrado, lleno de polvo tras no ser tocado por miedo a corromper su majestuosidad en progreso, en peligro de extinción y reservado a los dedos cianóticos de un pianista borracho de amores vagos, tristes y muchas veces torpes…

El mejor día de mi vida fue cuando vi en el espejo la imagen de una mujer que aparentaba ser yo sin serlo, tratando de acercarse a la perfección petrificada en un labial rojo italiano con destellos de ilusiones de conseguir un beso de otros labios distantes, pero de ella, aunque lejanos todavía, ya conocidos, probados, robados, inalcanzables, pero a la mano. Cuando esa mujer elevó al cielo un par de oraciones sin pedir nada, solo para agradecer todo lo que ya se le era concedido por beneficencia suprema o favoritismo demoniaco, lo que fuera, lo agradecía. Sin embargo, no era yo, porque aún no vivía lo suficiente como para aceptar que la perfección era un espejismo sediento de inseguridades úfanas y vanagloriadas de un ego monumental proliferado tras una sequía de autoestima continua. Ahí todavía no era feliz.

El mejor momento de mi vida fue cuando levanté la vista y encaré a la luna por no alumbrar en el momento en que sus brazos recorrían la aduana de mi cintura juvenil buscando el asilo territorial de un país que no le pertenecía. No alumbró, es cierto, quizás porqué razones no lo hizo, aunque las estrellas formaban nuevas constelaciones de mapas fronterizos de dos cuerpos vecinos aventurándose en la locura de la invasión de mundos perdidos bajo la condena de vestiduras.
Cuando vi en el éter dibujada una sonrisa de aprobación luego de diez mil toneladas de reproches por esto y aquello y que al final y al cabo, eran una forma de entablar conversación antes de que el letargo en el que Morfeo me mandó a cumplir sentencia, arrebatara de mi boca la elocuencia explosiva de peleas artificiales de agradecimiento.

El mejor momento de mi vida fue cuando fui valiente para sacar la voz y gritar al viento las verdades que deseaba escuchar tras años de mentiras llenas de perfidias que se convertían en verdad que no era necesario afirmar, porque el destino se encargaba de poner en el camino trozos de un cuadro imaginado en la cabeza, justo antes de perder el control de los pensamientos de esa utopía que se quiere idealizar en la cotidianidad de todos los días, de personas no conocidas por nadie salvo uno mismo, Dios y el Diablo.
Lo grité, me salvé del infierno liberando la carga de mi espíritu agonizante de descanso tras pasar por la terapia del: no volveré a hacerlo, a sabiendas de que no hay otra salida que volver a cometer los mismos pecados una y otra vez hasta que se encuentre otra forma de mentirse y no tener conocimiento.

El día más feliz de mi vida fue cuando vi en un bosque de pinos oscurecidos por las brazas ardientes del fuego voraz, el revoloteo sacrílego de los pájaros asfixiados por el  humo acarreando agua en sus alas, tratando de sofocar la furia del poderoso elemento que no perdona nada entre los pasos fulgurosos de esos izquierdazos al momento de tocar y preservar lo que no es inmortal.
Cuando los gritos desesperados de los animales me hizo pensar en lo afortunada que soy de nacimiento al estar lejos de peligro alguno, segura entre los recovecos de mis palabras desquiciadas, suplicantes de atención y de ser descubiertas por alguien al que le importe perder el tiempo leyendo abstracciones bizarras de una estudiante sin nada mejor que hacer escribir y quebrarse la cabeza buscando el mejor momento de su vida.

El mejor momento de mi vida fue cuando… conocí la vida, y no estoy hablando de cuando naces y ves la luz, no nada de eso, sino de cuando conoces el significado, cuando dejas de preguntar  “por qué a mí” frente a alguna tragedia, cuando ya puedes afrontarla con la madurez necesaria para dejar pasar las cosas, o con la inocencia enloquecedora al no tomar en cuenta nada de lo que aquí se ha dicho.


El mejor momento de mi vida, definitivamente, todavía no llega.





ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

domingo, 18 de octubre de 2009

LO QUE ME DEJÓ LA IDIOTEZ




Todo lo que tengo es un papel en anchura
Con la cara despierta infinita ternura,
Haciéndome caer en la insoportable hermosura
De un sentimiento bastardo que mi vida tortura.


Me extrae el alma, el gozo, la premura,
Las silabas, las palabras, las canciones y amarguras
Aunque todo lo que tengo es una hoja con pintura
Realzando los detalles de su magnificencia finura.

Son los ojos hipnóticos, los labios y el alma que procura
Contarme sus deseos de la carne en locura
Entre la sonrisa que me deslumbra con imposible blancura
Haciendo flaquear a las recepciones errantes de mi bravura.

Lo llamo con silencio cuando la noche está oscura
Para que acompañe a mis ganas de terminar la censura
Y poder sentir el roce de su mano con travesura
Por el contorno de mi cuerpo pintado con tintura.

Violácea, cobriza a ratos cuando invade la mesura
Por recobrar el aliento perdido en la fisura
Del deseo corrompido por trescientas torturas
Cuando baja el frío y la llegada del calor apresura.

Todo lo que tengo es una hoja con costura
Que lo muestra abrazándome por la cintura
Cuando su rostro alguna vez se cobijó en la soltura
De mis manos tiernas abriendo de su corazón, la cerradura.

Todo lo que tengo es su suspiro petrificado
Que resuena en mi cabeza como rezo condenado
De un preso que espera a que dicten su pecado
Por haber amado cuando no fue amado.

Todo lo que tengo es su imagen en mi memoria
Idealizándolo cada que pestañeo la historia,
Tantas veces hilada sin parsimonia
Que le merecía la tragedia que no alcanzó la gloria.





ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 16 de octubre de 2009

sombrero negro


Baja la mirada,
No permitas que nadie sepa lo que está ocurriendo,
Esconde las lágrimas que son derramadas
Bajo la larga vista del sombrero negro.

Baja la mirada,
Guarda para ti lo que pasa en tu mente,
Di adiós al amor del que estas embrujada,
Entre las sombras hurañas del sombrero imponente.

Baja la mirada,
Y olvida todo lo que el olvido esta reprimiendo
Y de una ves y por todas reconoce que estas enamorada
Del rostro cálido que se divisa a través del sombrero negro.

Baja la mirada,
Corre a sus brazos y obedece s tus pensamientos
Dile cuando le amas y cuéntale que estas condenada
A mirar sus ojos y a besar sus labios, a ser presa de tus sentimientos.

Baja la mirada,
Y da vuelta atrás, porque es prohibido amar a un obsoleto,
Que con las desgracias del tiempo maldecirás por estar encantada
Por el veneno maligno que conjuró aquel sombrero viejo.

Baja la mirada
Y divaga por la sonrisa que no perdura en el tiempo,
Quita todo de tu cabeza desconcertada,
Menos al amor, el odio, la venganza y ese sombrero negro


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

TORPEZA




¡OH! Torpeza mía
De caer enamorada del que no debía,
Por dejar que mis fuerzas flaquearan cada día
Cuando de fuerzas era de lo que presumía.

No hice nada mientras se reducían,
Porque enloquecí con los ojos que veía,
Llenándome de recuerdos, muerta en melancolía,
Al estar segura que de otra vida le conocía.

¡OH! Torpeza mía,
De ilusionarme de la belleza que no se reprimía
Al seducir mi candidez que pronto consumiría
Con las caricias que placer me  entregarían.

¡OH Dioses crueles! Si siempre supieron lo que se esgrimía
Por qué me dijeron que su amor aún tenía
Resultando ser verdad lo que mi pecho presentía,
Las posibilidades derrotadas que la nada adormecía

¡OH! Torpeza de amar a quien no me amaría,
Y regalar mi corazón al que no lo merecía,
Por dejarme viva cuando de sufrimiento gemía
Porque ya no era yo la que su corazón poseía.

Juro por mi llanto, pensé que yo sería
La que en las noches sus sueños velaría,
Y a sus demonios ahuyentaría,
Pero, nunca imaginé que no se quedaría…



ESCRITO POR: FRANCISCA KITSTEINER


miércoles, 14 de octubre de 2009

El mejor momento de mi vida


El mejor momento de mi vida podría definirlo como: indeciso, porque ocupa tantos lugares al mismo tiempo que se vuelve casi insostenible la tentación de separarlo en capítulos o segmentos pigmentados con la fanfarria de elegir al mejor, relegando al resto a la vulgaridad de lo común, cuando, si lo piensa con la mente fría y la sangre alborotada por la hipotermia que te produce la escarcha matutina, cada instante es maravilloso por naturaleza.

El mejor momento de mi vida fue cuando aún no tenía conciencia propia, cuando todos los recuerdos que juro tener, resultan ser habladurías que suelen escucharse en las reuniones familiares, luego de un par de copas de vino añejo sobre la mesa y algunos más derramados en el mantel, desdibujando la realidad en la que aseguramos vivir , cuando, en verdad, estamos sumidos en una abstracción infantil ineludible, viendo felicidad donde sea que los ojos decidan posar su foco, riendo de todos los gestos que una cara puede formar.

El mejor momento de mi vida podría ser cuando decidí no volver a tomar decisiones sobre asuntos terrenales como: el qué me pondré mañana o qué cocinaré para el martes quince de julio de veinte años en el futuro o cómo titularé esto. Simplemente hacerle caso a las fantasías o a los primeros instintos que se atrevan a surcar por una mente falta de cabales cuerdos donde alojar. Solo decidir cuando el día amanece nublado y si tendré el valor de pasear por el patio en cueros o cubierta con todo rastro de indumentaria presente en casa.

El mejor momento de mi vida fue cuando experimenté la alegría de un amor maltrecho, porque me enseñó a ver la belleza que se oculta tras las lágrimas teñidas de lápiz delineador, la acidez de un adiós melosos luego de digerirlo tiempo antes de tener que decirlo en serio.
El insomnio producido cuando una persona te consume tanto que hasta se apodera de tus sueños, rezos, oscuro del pensamiento y dolores que son dolores, sino cosquillas punzantes que corroen la carne hasta encontrar hueso y grabar ahí con agua el nombre, las futuras fechas que serán malditas para el resto de la vida, o hasta que la memoria siga funcionando. Lo importante que es tener cerca un trozo de papel y un lápiz que escriba para desquitar en ellos lo que se carga en la conciencia y en el espíritu por el tiempo inmemorial.

El mejor momento de mi vida fue cuando vi al mar agitarse furioso y bravo porque le estaban robando un caracol escarlata y sus golpes rozaban mi rostro con caricias brisaceas, corona de sal depositada en mis sienes y grilletes de algas que formaban parte de una caravana funeraria para los náufragos perdidos contemplando el horizonte. La bruma se levantaba escondiendo lo pasos incautos que regalaban los que pisaban las riberas enlutadas, aquella tarde de Julio condenado a viciar de Septiembre, mientras los peces jugaban a teñir el mar con sus lomos metalizados traslucidos entre el manto grueso de agua turbia de rencor y delicada de melancolía por la falta de su hijo querido. Lloraba, el pobre la ausencia del caracol, pero lloraba en realidad, porque no podía encontrar el mejor momento de su vida.
Habría de estar ahí por todo el tiempo que ya había estado y nueve mil veces más, sin que nadie el preguntase por qué la soledad, cuando su única distracción era acoger las lagrimas de la lluvia y los abrazos de los amantes entre la espuma rabiosa de sus labios salados.

El mejor momento de mi vida fue uno que todavía no puedo vivir….
El mejor momento de mi vida fue cuando aprendía a reconocer por la letra una canción con olor a naftalina los acontecimientos de mi existencia, os pasados y los que ahora vivo, cuando cada corchea se transfiguraba formando números de días que no habré de olvidar a la primer casualidad que ose amenazar a mi cordura. Distinguir entre un soneto la amnistía de la inmortalidad musicalizada y llevada a la gloria entre gritos placenteros en acompañamiento de un piano descalibrado, lleno de polvo tras no ser tocado por miedo a corromper su magnitud en progreso, en peligro de extinción y reservado a los dedos cianotipos de un pianista borracho de amores vagos, tristes y muchas veces torpes…

El mejor día de mi vida fue cuando vi en el espejo la imagen de una mujer que aparentaba ser yo sin serlo, tratando de acercarse a la perfección petrificada en un labial rojo italiano con destellos de ilusiones de conseguir un beso de otros labios distantes, pero de ella, aunque lejanos todavía, ya conocidos, probados, robados, inalcanzables, pero a la mano. Cuando esa mujer elevó al cielo un par de oraciones sin pedir nada, solo para agradecer todo lo que ya se le era concedido por beneficencia suprema o favoritismo demoniaco, lo que fuera, lo agradecía. Sin embargo, no era yo, porque aún no vivía lo suficiente como para aceptar que la perfección era un espejismo sediento de inseguridades ufanas y vanagloriadas de un ego monumental proliferado tras una sequía de autoestima continua. Ahí todavía no era feliz.

El mejor momento de mi vida fue cuando levante la vista y encaré a la luna por no alumbrar en el momento en que sus brazos recorrían la aduana de mi cintura juvenil buscando el asilo territorial de un país que no le pertenecía. No alumbró, es cierto, quizás porqué razones no lo hizo, aunque las estrellas formaban nuevas constelaciones de mapas fronterizos de dos cuerpos vecinos aventurándose en la locura de la invasión de mundos perdidos bajo la condena de vestiduras condenatorias.
Cuando vi en el éter dibujada una sonrisa de aprobación luego de diez mil toneladas de reproches por esto y aquello y que al final y al cabo, eran una forma de entablar conversación antes de que el letargo en el que Morfeo me mandó a cumplir sentencia, arrebatara de mi boca la elocuencia explosiva de peleas artificiales de agradecimiento.

El mejor momento de mi vida fue cuando fui valiente para sacar la voz y gritar al viento las verdades que deseaba escuchar tras años de mentiras llenas de perfidias que se convertían en verdad que no era necesario afirmar, porque el destino se encargaba de poner en el camino trozos de un cuadro imaginado en la cabeza, justo antes de perder el control de los pensamientos de esa utopía que se quiere idealizar en la cotidianidad de todos los días, de personas no conocidas por nadie salvo uno mismo, Dios y el Diablo.
Lo grité, me salvé del infierno liberando la carga de mi espíritu agonizante de descanso tras pasar por la terapia del: no volveré a hacerlo, a sabiendas de que no hay otra salida que volver a cometer los mismos pecados una y otra vez hasta que se encuentre otra forma de mentirse y no tener conocimiento.

El día mas feliz de mi vida fue cuando vi en un bosque de pinos oscurecidos por las brazas ardientes del fuego voraz, el revoloteo sacrílego de los pájaros asfixiados de humo acarreando agua en sus alas tratando de sofocar la furia del poderoso elemento que no perdona nada entre los pasos fulgorosos de esos izquierdazos al momento de tocar y preservar lo que no es inmortal.
Cuando los gritos desesperados de los animales me hizo pensar en lo afortunada que soy de nacimiento al estar lejos de peligro alguno, segura entre los recovecos de mis palabras desquiciadas, suplicantes de atención y de ser descubiertas por alguien al que le importe perder el tiempo leyendo abstracciones bizarras de una estudiante sin nada mejor que hacer escribir y quebrarse la cabeza buscando el mejor momento de su vida.

El mejor momento de mi vida fue cuando… conocí la vida, y no estoy hablando de cuando naces y ves la luz, no nada de eso, sino de cuando conoces el significado, cuando dejas de preguntar por qué a mi frente a alguna tragedia, cuando ya puedes afrontarla con la madurez necesaria para dejar pasar las cosas, o con la inocencia enloquecedora al no tomar en cuenta nada de lo que aquí se ha dicho.


El mejor momento de mi vida, definitivamente, todavía no llega.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 12 de agosto de 2009

capricho o cariño....versión mejorada xD


"¡Ya no me mira! ¿qué ha pasado con él?¿será que ha buscado a alguien más a quien observar desde lejos, sin atreverse nunca a hablar más de tres palabras por conversión? ya no me mira...- Y se detuvo.- ¿qué pasó? ¿el verano fue demasiado largo que tuvo ocasión de olvidarme?..."
todo el universo se había reducido a la imagen de ese hombre, en el color enardecido de unos ojos incandescentes y en la interrogante de que si se trataba de un capricho o un cariño, en solo un segundo.
Ttan solo habían pasado algo más de una semana luego de retornar a la monotonía de las clases, a volver a vestirse de azul marino, a las orejas matutinas ya las ansias de encontrar todo tal como se recordaba del año anterior, que a criterio colectivo seguía, prácticamente igual: el mismo tono de pintura en todas partes, las mismas caras, las mismas historias que se cuentan tras volver de las vacaciones, todo, menos él.

El otoño estaba por llegar y las miradas de ese hombre ya no seguían los pasos de Lizzette. las hojas caían para encontrar sepultura en la tierra, pero los saludos efusivos se habían extinguido la temporada pasada.
Se comenzaron a nublar los cielos, a oscurecerse el sol y derramar lágrimas avinagradas nacidas desde las alturas, mas, jamás regresaron las fugaces tardes en que se sabía observada por alguien.
Transcurrirán las semanas y no se daba cuenta de que se había convertido en la vigía incondicional de aquel que antes era su centurión sensorio de cada movimiento que decidiera dar, que estaba dejando todo dentro de una omisión permanente, aletargando los recuerdos de momentos mejores, para poder vivir de ellos en tiempo de inopia, persistiendo con la incógnita:¿capricho o cariño?

La nostalgia que le producía verlo en los pasillos, de toparlo en cualquier parte, de saber que simplemente existía, se acrecentaban con cada consejo errado que el mundo le entregaban sin pedir por ello, llenando el vacío de miradas con palabrerías baratas y clichés arcaicos.
Lizzette estaba segura de que la única forma de saber cuál de los dos misterios era el correcto, era ir y colgarse de su cuello, para descubrir en el acto lo que su corazón sentía de verdad o tenía ganas de sentir,aunque el ínfimo lazo que la mantenía atada al piso le impedía hacer lo que su mente le ordenaba a imperiosos gritos silenciados: ir.

Cabalgaban las horas perdiéndose en un pasado reciente y ella continuaba ensayando la excusa con la que se acercaría a hablarle: se sacaría de encima a las amigas, desaparecería por un par de minutos, llegaría por la espalda y le vendaría los ojos con las manos, preguntando con voz de cánticos ceremoniales si tenía idea de quién se trataba. Y así lo hizo.
Llegó donde él se encontraba tiritando de miedo a lo incierto. Puso sus manos sobre los escarlatas, impregnando su esencia a chocolate fundido en la nariz del hombre y dijo:
- ¿Sabes quién soy, cariño?
- Sí, si lo sé. - Respondió él, posando sus manos sobre las de Lizzette, mientras inhalaba un poco del perfume dulce y deslizaba un dedo por los anillos de plata con ánimos de trepar al resto del brazo.- Pero, contéstame algo... - Replicó sin poner en libertad a la mujer, soltando sus manos para dejarla cautiva en un abrazo hipnótico. - ¿Por qué tardaste tanto?...
- Porque tenía miedo de fracasar, porque tenía miedo al rechazo y porque tenía miedo de que fuese cariño y no capricho...
- ¿Y qué fue al final?
- Un híbrido extraño entre cariño y nostalgia de un beso tuyo....
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Ok...nada que decir, nunca pensé que esta cosa ganara un premio, pero así fue.... gané un premio con esta porquería....lo otro que nunca imaginé ni en mis sueños más locos, es el tema de que me afectara tanto. Mejor me dejo de hablar tonteras y subo la foto.... aunque....en realidad me afectó o no estaría escribiéndolo de nuevo con la esperanza de que algún día, por esas casualidades de la vida, el destino lo traiga justo aquí a leer y que se de a entender de que lo escribí pensando en...... tú ya sabes....
Un beso y un abrazo gigante....
ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 6 de julio de 2009

san marcos


Pensamiento de ____ en el cráneo de ___ El pensamiento pido y suplico que los sueños de ___sean dedicados y destinados para mí, para que con esta divina oración y el símbolo de San Marcos sea aprisionado ___ con cadenas, grillos y esposas que para ___ donde esté, piense en mí, ahora y siempre. Amen. Comprometiéndome a encender un vela todos los jueves al Santo Ángel de Guardia de ___ Donde esté piense en mí al comer, al dormir y al levantarse y no ha de tener gusto ni placer con otra persona ni por ahora y siempre. Amén Con dos te veo, con tres te ato, con el Padre, con el Hijo, con el Espíritu Santo. De espaldas te veo y de frente te saludo como a Jesucristo en el mundo Amén . Rece con recogimiento, y devoción el "Yo Pecador" diciendo luego: "Santo Dios, Santo Fuerte que siempre pienses en mí Así sea por el tiempo de nuestro poder y yo quiera". >Después de aprender de memoria esta oración quémela ante un cuadro de la imagen de San Marcos o del Anima Sola
© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.