jueves, 23 de febrero de 2012

CUANDO EL VIENTO DUERME


Cuando el viento decide detenerse y ni dar rastros de haber existido y las luces se apoderan de las calles como caravanas de promesas de tiempos mejores, es cuando comienzo a imaginar paraísos taciturnos de lo que nadie me ha prometido, aferrándome al hecho de que, cuando regresen las ventoleras, mis fantasías se transformarán en un futuro proclive para engendrar felicidad.
Cuando las copas de los árboles están quietas y ya no bailan los tangos de romances que no he concebido, cuando los perros dejan de ladrar y a lo lejos solo se percibe el ruido de los trenes pasando, el silencio me abruma, haciéndome desesperar y desvanecerme entre las sábanas que me mantienen amarrada a donde se supone que tengo que estar pero ¿Por qué no me dejan ir a bailar con los personajes que tantas veces he inventado para no sentirme sola? ¿Por qué no me dejan habitar en el mundo que he creado para otros? Me gustaría convertirme en la Cenicienta del cuento que lleva mi nombre, vivir aferrada en los brazos de los galanes que pueblan mis páginas vacías antes de caer en letargo y vivir de las marañas que solo Dios sabe que existen y que son, desde hace siglos, el causal de mil demonios que me persiguen donde sea que decido poner el ojo.
Cuando la cuidad duerme, el viento también, porque se va poniendo viejo y tiene ganas de que algún día, alguien escuche sus lamentos camuflados entre los vahos que se cuelan por los edificios al tiempo en que el plenilunio es máximo y las fragancias de las castañas se apoderan de los rincones olvidados de todos y por nadie. Quiere contar la gracia con la que fue bendecido, y las maldiciones que le conlleva ser tan etéreo, que a final de cuentas, cuando deja de hacer ruido, asusta más que cuando rompe en gritos de dolor y ausencia. Hay nostalgia en su canto, como si buscase con avidez los rastros de recuerdos engreídos entre la basura que se recoge de las calles llenas de ratas y de besos clandestinos. Hay miedo en el temblor de su voz, sin embargo, nadie se detiene a preguntarle por qué…

El viento, duerme, y cuando lo hace, yo despierto para poder vigilar su sueño y que no le apuñalen el corazón que le va quedando, para que imagine lo que le quitaron desde la cuna y no pudo disfrutar, para que él, por un minuto, sea tan feliz, como yo pretendo serlo, cuando el viento, me regrese la esperanza de mi vida.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.

ps: this is new, I've made it for you. I hope you enyoi it!

ALEA IACTA EST



- “¿Vendrás a rescatarme de mis miedos? ¿Estarás aquí al amanecer? – Se preguntaba mirando por la ventana del dormitorio, embelesada con el centelleo de las luces en la calle y la penumbra dentro, la fanfarria de los postes y el humo de un cigarro en plena combustión. - ¿Algún día dejaré de estar tan loca? – El resplandor de una lágrima enajenada cayendo por el perfil era lo único que se percibía dentro de la casa.
Bajó las escaleras adivinando la distancia entre peldaño y peldaño. Puso música para que continuara el desfiladero de cristales líquidos desde sus ojos hacía el vacío y se acomodó con las piernas cruzadas en la última esquina de un sillón. Cuando hay que sufrir, hay que hacerlo con estilo. 
Le temblaba la mano que sostenía la caravana de arabescos grises al compás de una melodía supurante de morriña emponzoñada, mientras que la mirada jugaba a rehuir de todo lo tangible, ubicándose en una ranura del piso desnudo, ahí estaría a salvo de escrutinios maliciosos.
Era septiembre y el reloj dictaba las 11:15 pm; al día le quedaba poco, y decidiendo asimilar la agonía que causa saber cuándo no se volverá a respirar y el corazón se detendrá. Había empezado a pensar en él…
Hace dos años que ella era Penélope a la espera del regreso de su Odiseo y ahora que vuelve, la tientan los enemigos, sembrando en su cabeza marañas venenosas producto de la envidia al saber del vestigio delirante que nace en el brillo de sus ojos, por verlo próximo en sus brazos. Por él se había conservado intacta, tal y cual, como podría recordarla, firme ante las llamativas ofertas de olvido, de extraerlo desde su esencia más pura y ante los encantos de amantes dispuestos a todo por ocupar el lugar clausurado que él dejó cerrado con llave imaginaria y tan fuerte como el acero forjado en condensación perfecta.
- ¡Sofía! – Dijo. Estaba al teléfono.
- ¿Qué pasa? ¿Qué hora es? – La había despertado.
- No sé, pasado las once… ¿A cuánto estamos hoy?
- Emm… ¿Siete? Ocho si es más de las doce.
- ¿De septiembre?
- Obvio… ¿Qué pasa?
- Nada, nada. Adiós. Vuélvete a dormir.
- Sí, y tú deberías hacer lo mismo… y no abuses del champagne
- No he bebido.
- Sí, yo tampoco. – Fue sarcástica y colgó.
Era la fecha que celaba desde su partida, cuando la niebla no permitía grabar detalles de distancia finita y el frío se infiltraba por los huesos como una enfermedad de la que no era apropiado escapar o más rápido se conjuraba a la muerte. No parecía cierto que el tiempo que una vez demoró tanto en agotarse, cuando los segundos tomaban siestas previo de desaparecer extintos, de un instante a otro, volara en un parpadeo cargado de ansiedad. Era gracioso mirar en retrospectiva y acordarse de las maldiciones conjuradas, el odio a ella misma por permitirse la licencia de admitir un romance ilícito antecesor de la desesperación en el último beso, de todas formas ¿Qué ganaba el destino al separarlos, juntarlos, volverlos a separar y hacer que se extrañen? ¿Disfrutaba al tenerlos lejos? ¿Eran simples partículas en constante repulsión y sus cargas eléctricas los mantenía en los extremos diagonales en una habitación gigante, observándose, deseándose sin poderse alcanzar?
Dos años no parecían nada, más se tardaron en entender que provocaban lo mismo en el otro y que era indiscutible la veracidad de un sentimiento casto, pero al tener conciencia de la caducidad de los límites, el resto del tiempo actuaba de analogía con la eternidad y la paciencia, destrozándole los nervios sin poder pensar en algo que no fuera el momento en que él cruzaría la puerta, refugiándola en sus labios cianóticos, prometiéndole que no habría de partir jamás. Las vicisitudes de lo que se quería la tomaban por rehén amenazando con desintegrar el cuadro por concluir, donde solo faltaba poner la firma del autor.
¿En serio lo seguía amando con el mismo ímpetu que creía? ¿Podría ser que su cabeza la engañase y que en vez de que hubiese pasado el lapsus, transcurriese la mitad? ¿Y si no eran dos, sino doce años? ¿Era igual el calendario al otro lado el continente? ¿No lo afecta el cambio de horario? …¿Y si él la dejó de amar? Entonces, prefería ser carroña de los buitres, alimento de gusanos, nada, y ya la nada era algo. 
Necesitaba distraerse de esas conjeturas traicioneras o perdería sus cabales.
Tomó un libro y se dispuso a leer. Quizás la fantasía la ayudase a atusar la realidad llena de andróminas que hacen doler partes que ni siquiera se tenía conciencia que pudiesen doler con grima y boato opalescente, precisando la vigilia, porque sus ojos se quedarían abiertos, encendidos como faroles que alumbraran la media luz circundante pendientes de cualquier cambio, cómplices con sus oídos adiestrados en las remembranzas de una voz camuflada en el susurro lascivo, profunda con espacios en blanco, para que cuando el ruido de los queltehues cantando al acorralar a los espíritus vagos que pedían sacrificios de crías efímeras, no la distrajesen y su boca que echaba de menos probar el Chardonnay añejado en los barriles labiales ahumados y pálidos que ese hombre traía en sus carnes.
“Si tan solo estuvieras aquí – Pensaba, dejando el libro sobre la butaca con una página doblada. – Si tan solo no te hubieses marchado...Yo seguiría habitando segura en tus brazos a salvo de pesadillas recurrentes que me hieren al mostrar el final de lo que todavía no se alcanza a escribir. Seguiría somnolienta sin ánimos de querer recobrar sentido, porque soy feliz ahogada en la utopía del romance primero ¬– Se calló, afirmándose la frente con las manos y acomodando tras la oreja un mechón de pelo que resbalaba por la cara. – Si no llegas a casa hoy, mi cielo, no existirá septiembre 9…”
Un reconcomio inexplicable se le enredaba en el pecho, impidiéndole respirar, clavando alfileres oxidados en los pulmones por donde se escapaba el humo del sus sueños que se incineraban en el caudal de sus dedos embetunados con tribulaciones: ¿Volvería Troya a arder? ¿Helena se convertiría en esclava? ¿Moriría Aquiles de llanto?
Salió al patio, estiró una alfombra en el pasto húmedo y el vaho salía a borbotones de una taza con café que rato antes había preparado. Corría un poco de viento, hacía frío, pero no era nada que no se pudiese soportar, de hecho, sentir entumecerse le daba a entender que estaba viva todavía.
Los perros labraban de una esquina a otra, como si se contaran secretos en claves que ella no podía descifrar. Aullaban con ramalazo compartiendo el insomnio, el plenilunio y la espera.
“Ay mi amor, créeme que he tratado de extirparte de mis emociones, que he querido continuar, pero estás aferrado de alguna parte a la que no tengo acceso ni voluntad de decisión. Sigues, aunque te fuiste y me dejaste sola… - Bostezó estirándose. – Dime, mi vida, ¿Por qué siempre te cruzas por mi mente, cuando pienso que he encontrado descanso de mis tormentos y termino hablando de ti con nadie, conmigo y con tu memoria?” Sorbió el brebaje ya templado dejándole un gusto amargo en la boca. 
Los perros enmudecieron, las luces descendieron al igual que sus fuerzas, parecía que el cansancio ganaba de a poco terreno, robándole la lucidez, poniendo cadenas en sus pestañas y tapándola con espigas multicolor. El soplido del viento le cantaba al oído acunando sus ambiciones de semiinconsciencia. Durmió cuando el reloj marcaba las 3:10 am.
Las ondinas comenzaban a salir emborrachadas por el dulzor del rocío, bailando tangos orgiásticos con las hojas volátiles que caían en torno a la alfombra humedecida. Bailaban sin interesarles la presencia de un humano es sus ritos fecundos, porque no le temían sino que les inducía una especie de compasión despreciable, desazón más que otra cosa. Luego, las alcanzaron los duendes para tratar de conquistar la ilusión de las ninfas, exigiéndolas como consortes, para que contasen monedas de oro dentro de la tierra antes que los arreboles tiznaran el firmamento de sangre. Entonces, la cacería estaba dispuesta.
El pavoneo de caderas corriendo, enardecía los mares de bajos instintos en los duendes, insatisfechos de cabalgar salvajes sin riendas, ni monturas sobre el vientre encuerado de cuanta virgen entregada al servicio del amanecer encontrasen en el camino, extrayendo de sus pechos la ambrosia utilizada como calor en tiempos de hielo y la avalancha de gimoteos cargados con lujuria extinguía la luminiscencia en todos lados. La masacre se prolongaba hasta donde los ojos tuvieran alcance. 
 Los árboles atacaron con estocadas de resina pegajosa impidiendo el avance de las tropas mercenarias y el atisbo de los líquenes detenía las flechas dirigidas a la colonia de princesas solares que gritaban por ayuda, martirizadas por la fricción de sus espaldas y el vaivén sexual entre sus piernas con ñácaras. Cuando ya estuvo muerta la última, los duendes se marcharon, encontrando de frente el cuerpo de la mujer con labios azules, cabellos con agua y resplandor por doquier. Era el mejor tesoro que podían albergar en sus arcas.
Se arrimaron en su cuello, escalando por sus prendas hasta desarmar las barreras de lo íntimo y lo permitido, como si no les hubiese bastado acabar con el reino ondino, sino que tenían hambre de expandir fronteras.
Pasaron sus manos cubiertas en fango por los el contorno de la cara, estremeciendo la piel y trayéndola de regreso al despertar.
- ¿Ignacio? - Pensó que podría ser él, pero no había nadie cerca. Los duendes, las nodrizas cadavéricas, los arqueros arbóreos se esfumaron y los perros volvieron a ladrar.
El universo se contrajo hasta lo absurdo y quedar albergado dentro del espacio que la retina le ofrecía como hogar y tras de sí refulgían en centelleos los diamantes esparcidos sobre el manto tácito del fondo con terciopelo, en donde las galaxias jugaban a dibujar mensajes dictados sin ortografía que seguir, con tal de ser descubiertos por sus respectivos destinatarios, el resto, no sería capaz de unir los puntos de luz descubriendo la verdadera función de los cometas lanzados desde el regazo de Hera.

No había nubes en el horizonte y el calor se filtraba hacia las raíces del pasto, convirtiendo a la escarcha en rebordes dorados de hálito seductor alrededor del vestido decorado con talabartes de indiferencia.
Por alguna extraña razón ya no veía transcurrir los recuerdos delante de sus ojos, él no la atormentaba con el intermitente aparecer y desaparecer, en las cosas que se dijo o las que se callaron sin solicitud. Muchas veces imaginó que ese día sus nervios no la dejarían en paz ni aunque la anestesiaran con la expiración. Correría de un lado a otro tirándose los cabellos por no saber en qué entretenerse, subiendo y bajando las escaleras sin cambiar nada en el derredor de los muebles, destruyendo sus vestiduras con tal de encontrar la indicada o sencillamente, no se cubriría en absoluto (¿Qué mejor que un cuerpo al natural?), pero no, nada había sido como debía. Estaba ahí, quieta, sin moverse, intrínseca en un trance que no necesitaba inducción ni vías de escape en caso de emergencias. Era como si no le importase nada ni nadie.
Desde hace horas que no miraba el reloj dar vueltas y detenerse ¿Era esto normal? ¿Había muerto y no le avisaron? ¿Era ella Raquel Bustamante? ¿Le quitaron el alma y dejaron atrás la escoria?
Dios musitaba los vaticinios pragmáticos acerca del futuro de la humanidad entre canticos agridulces inervados con arrepentimientos en dispersión, escupiendo saliva tóxica sobre los techos, tratando de advertirles de las consecuencias lacerantes que acarrean sus acciones, pero parecía ser que ninguno se acordaba de su vidorria, a excepción de ella que balbuceaba con nauseas una especie de súplica por su perdón.
En algún momento la radio se apagó dejando que el ruido que hace la espuma al desvanecerse proliferara sin controles que la estancasen justo cuando todavía no puede lastimar al éxodo de fantasmas que huyen desde sus lápidas mohosas hasta el confín del mundo. Estaba todo en tanta calma, que al caminar los ecos de las pisadas producían sinfonías celestiales estirando las últimas notas antes de introducir, de nuevo, los susurros divinos, creando réquiems exquisitos. Había dejado de molestarle el silencio.
Subió las escaleras con parsimonia, pasando por la baranda los dedos largos que apenas parecían deslizarse encima, haciendo pausas regulares de respiración entre un peldaño y otro y al llegar a la habitación, abrió las cortinas para contemplar el amanecer cargado con nostalgia y con el vuelo de los pájaros que traían comida en el buche para alimentar a sus hijos, ver la decantación de los vapores lunares y darle paso a la coronación del sol sobre la sien de la gran ciudad. De seguro no hay una cosa más maravillosa que el arribo de los astros en persecución infinita.
Le dio la espalda a la ventana cuando sintió repiquetear la alarma del tren que pasa a las 7 desde el norte al sur, y las sombras se adentraban por el piso hasta sus pies, tirándole los pantalones y transfigurando las imágenes que reflejan las baldosas; un nublo de miedo comenzaba a formarse sobre sus hombros y pesaba.
- ¿Qué quieres? – Preguntó sin levantar la vista. – Pensé que ya no volverías.
- ¿No volver? ¡Estás loca, querida mía!
- Entonces ¿Por qué ahora y no antes o después, sino que ahora? ¡Ahora! – Empezaba a exasperarse.
- Porque es ahora cuando tenía que volver… Ha pasado mucho tiempo y veo que sigues fumando ¿No quieres una copa? – Ella asintió. – Detrás de ti, querida.
- ¿Voy a poder despedirme?
- No. No podrás hacer nada.
- Ya veo… ¿Y dónde venía?
- A dos cuadras y media. ¿Terminaste? Porque tenemos que irnos antes de que él llegue.
- Sí, ya acabé. ¿Cómo fue que me metí en esto? Ya ni me acuerdo.
- Yo tampoco, pero ¿Sabes? Tenías razón: no existirá septiembre 9…– La sostenía por la cintura. – Cierra los ojos y exhala.
- Ignacio… - No volvió a abrir los ojos y la presencia lóbrega me esfumaba por los rincones.
Ignacio la encontró al rato con el cigarro aun consumiéndose y la copa de vino blanco chorreando por la pared.

- Y no pudiste esperar solo un par de horas más… - La abrazó queriendo despertarla, que lo mirase y le dijera que era solo una broma, pero no. Ya era muy tarde.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

sábado, 7 de enero de 2012

EL REGRESO DEL REY PERDIDO


EL REGRESO DEL REY PERDIDO


Y este año traerá riquezas en todo el espectro de la palabra y mucho pero mucho amor para esta pobre desquiciada que afana con aferrarse a lo que nunca fue suyo y que nadie le promete, pero que aun así sigue esperando y toma por verdad las miles de quimeras que mi mente en fulgor crea a falta de entretención.

Me consume una realidad egoísta, cruel y vagamente gris, repleta de soledad absoluta con olor a tabaco y a menta prensada, siendo destrozada a media noche, cuando los recuerdos atacan y me condena mi propio orgullo, pues nadie debe enterarse del dolor provocado por su ausencia, la añoranza de sus besos y el contacto de sus manos en mi pelo al alba. Lo extraño, ya lo dije. Ahora puedo arder en el infierno, despojada de orgullo, pero confesa.

Lo añoro y lo quiero así, durmiendo en el lado vacío en mi cama, la que permanece virgen pues es el trono de un rey en exilio que más tarde que temprano deberá regresar a los brazos de la reina.


Es infinito el silencio sofocando mis, mientras, el canto de los queltehues me avisa que es cercano el amanecer y es menester dormir. Quizá en sueños venga a mí, sienta su amor y pueda despertar con una sonrisa en los labios tras haber probado la ambrosía de sus besos.  No sé cómo, no sé cuándo, pero se ha convertido en el mundo que quiero.

Muy en el fondo presiento que toda esta especulación nacida en el fulgor de la sangre, mientras los oídos zumban por la música estridente, se concretará y el reino tendrá nuevamente un monarca… Lo sé y también sé qué poca cordura me queda desde que partió fuera de las fronteras.


 Siempre hay un te amo escrito entrelineas, todos dedicados a ti mi cielo eterno, distante, inalcanzable, el candil que alumbra la oscuridad imperante en mi existencia vacía y pensamientos retrógrados. Ahora, encuentra el mensaje que escribí para ti, léelo hasta que comprendas el real significado: aquí sigue intacto mi amor por ti, rey perdido. 


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


jueves, 5 de enero de 2012

EL CAMINO DE REGRESO A CASA



Muchas veces me tuviste despierta mirando el amanecer y ofreciendo mi existencia a cambio de tu compañía como ofrenda sagrada a quién quisiera apiadarse de esta pobre alma desesperada por volver a verte una sola vez más para agotar las ganas desquiciadas de querer amalgamar el recuerdo furtivo de aquel beso, el uútimo o quizás el primero, sinceramente a estas alturas del partido, mucho, no importa.

Muchas veces deseé nunca haberte dicho adiós porque con eso, renuncié a la felicidad imperante que reinaba en mis pensamientos hasta el momento absurdo en que cruzaste el umbral de la puerta para no regresar jamás. Te llevaste todo y no te importó quitarme la vida mientras partías sin siquiera mirar atrás y así nunca pudiste ver que me desangraba por el pecho, ahogada en un llanto que no era capaz de explotar.

Muchas veces maldije al cielo por haberte puesto cerca de mí, cuando menos lo esperaba, entregándome un sentimiento, que hasta entonces, conocía por nombre, al igual que a ti, pero que con el paso del tiempo se transformó en lo único que realmente importa…the same as you…
Y de igual forma conjuré infiernos terrenales para que atormentaran a estos ojos que decidieron fijarse en ti sin antes preguntar si era posible que volvieran a tener dueño o un objeto de deseo prohibido.

Más de alguna vez aventé lágrimas al vacío por tu causa perdida, creyendo que con eso, encontraría la redención de mis pecados la amnesia absoluta que te borraría para siempre y me dejaría dormir tranquila hasta que las caricias de tus manos me despertaran del mal sueño en que se convirtió todo, cuando descubrí que no te podría poseer por mucho que así lo añorase, llorase, suplicase y le escupiera a la cara a Dios, por su ira sin sentido en mi contra. Desde ahora eres tú quién me hace ser una blasfema que culpa a Dios por tus errores y falta de sentido común…Creo que ahora, nos encontraremos en el averno.

Un millón de veces dudé de tu existencia borrosa y un millón más te vi pasar por mi camino de regreso a casa, oscureciendo a los astros con el fulgor de tus ojos acechantes de los que no puedo librarme ni cuando estoy en letargo. Es como un veneno que corroe desde a dentro y tengo que hacer de tripas corazón para no morir retorcida en hiel, con la boca amarga y extrañándote hasta lo irracional. Me pregunto qué será de ti tras todos los años que has pasado alejado de mi cuidado sigiloso ¿Te encontrarás bien? ¿Formaste una familia? ¿Te acuerdas de mí?...


Muchas veces quise nunca haberte amado como loca, sino de aquí al infinito dos veces, ida y vuelta en un par de días, que se hubiera condensado el universo sobre nuestras cabezas y explotado en un instante, separándonos en extremos opuestos de la habitación sin posibilidades de un reencuentro, porque la caterva era mucha, porque Cupido, en el estallido había muerto, porque era de noche y los lobos querían sangre. Imagino que así hubiese sido más fácil continuar.

Me arrepiento de tantas cosas que no hice cuando correspondía: de no haberte amarrado a mí, de no haberte hechizado con los encantos del sexo, de no haberte arrastrado al rincón más lóbrego y habernos quedado ahí hasta que me aburriera de ti…


Me arrepiento de arrepentirme de no haberme arrepentido cuando debí arrepentirme y haber dado media vuelta, apareciéndome entre tus sábanas que no fueron cómplices de nada, porque me arrepentí…


Muchas veces más me tendrás mirando el amanecer ofreciendo mi existencia a quién quiera apiadarse de mi o hasta que se congele el destino y te vea otra vez en el camino de regreso a casa y pruebe el recuerdo de aquel beso, el primero o quizás el último, que ya no me importa cuál sea, con tal de no arrepentirme luego…


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

sábado, 17 de diciembre de 2011

Y SI PODRÍA


Y si esos ojos dejan de pronto de mirarme…

Y si jamás los vuelvo a ver de tan cerca…

Y si nunca llegara a amarme…

Y si ya no continúo siendo tan terca…

Podría se que todo comience,

Podría cambiar el destino que me asignaron,

Podría hacer que con frecuencia, él me piense,

Podría ser él el príncipe que me regalaron…

Y si ya no regresa a mis brazos cansados…

Y si algo le ocurre cuando esté lejos de mi vista cautelosa…

Y si ya no escucho sus pensamientos osados…

Y si ya no puedo ser su amante recelosa…

Podría olvidarlo en un par de meses,

Podría ser que se ha clavado en mi pecho,

Podría morir mientras durmiese,

Podría yacer con él en el lecho.

Y si mañana confieso lo que quiero gritar…

Y si tiembla la tierra cuando esté oscuro…

Y si todo vuelve a empezar…

Y si todo se realiza, aunque lo dudo…

Podría ser que me añore como quiero,

Podría venir hasta mi puerta desesperado,

Podría entregarme el cariño que espero,

Podría resultar de mí, enamorado.

Y si el tiempo que me queda es poco…

Y si no consigo gastarlo perdida en sus besos…

Y si a los recuerdos convoco…

Y si mi vida se basa en tropiezos…

Podría ser que esto sea un mal sueño,

Podría mi futuro es una mera fantasía,

Podría convertirse en mi único dueño,

Podría convencerme de probar la ambrosía.

Y si el sol no aparece por el oriente,

Y si en la noche me escapo a sus pensamientos,

Y si de pronto, ya no afano en conseguirlo imponente,

Y si jamás construí mi guarida con cimientos.

Podría ser que se desmorone el amanecer,

Podría acallarse el llanto que invoco,

Podría no volver a aparecer,

Podría ser rechazo lo que le provoco…

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 17 de noviembre de 2011

ELLA ESTÁ TRISTE



Ella está triste y nadie lo nota,
Porque hoy volvió a brillar como la noche anterior,
Aunque su traje plateado sigue absorbiendo la gota
De la lágrima derramada sin motivo ulterior.
Ella no es feliz y a nadie le importa,
Mientras siga donde está todo está perfecto,
Pero nadie le pregunta el problema que la exhorta
Y que le ha puesto llanto en los ojos por defecto.
Ella ha perdido la razón de continuar alumbrando
Y se opaca conforme el tiempo se burla,
Al pasar tantos años y continuar mirando
Lo que no puede tener por mucho que le gusta.
Ella sigue en carrera persiguiendo a su amor
Que le rehúye de día y se esconde por el ocaso,
Pero no se desanima porque sabe que aquel calor
Será suyo cuando se acabe el funesto caso.
Ella está triste y nadie le dice a la cara,
Que no es malo sufrir con tal dolor,
Porque de sacrificios se forja la victoria rara
Y que algún día, enamorará al sol.
Ella está triste porque no quiere volver a esperar,
Mientras todos andan de la mano de Cupido
Y ella mira lo que no tiene y le gustaría crear
Apenas se desequilibre la Tierra y alcance a su sol querido.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 4 de noviembre de 2011

IMAGINÉ


Imaginé que todo ere distinto a lo que de verdad es, que tú y yo aún existía fuera de los brazos cándidos del infierno en era glacial temprana, que nadie sabía lo que ocurría bajo el hecho de las miradas cruzadas al azar y que confiesan más cosas que el discurso que pretendo decir para salvar lo que nos queda por salvar, aunque con eso renuncie al orgullo del que me vanaglorio sin que nadie me asegure victorias o tratados de paz.

Imaginé que volvías a besarme, esta vez de verdad y declarabas al susurro matutino que hace tiempo esperabas por mí, y que tú eras aquel que me prometieron al nacer: mi príncipe multicolores que ha recorrido un mundo buscando a la princesa oculta en melancolía plausible y añeja; mi caballero medieval que viene a rendirle honores a la reina que ha tomado por conquista los territorios indómitos de un corazón hecho trizas con el paso del los años, lo que yo necesito y quiero para ser plenamente feliz y en tus brazos dar mi último suspiro antes de partir a las infinidades del cielo.

Imaginé que la totalidad de las lagrimas vertidas habían valido la pena y que todavía quedaba una por llorar, cuando el universo se alineara y diera la venia para que a la hora exacta en que Dios decida cerrar los ojos, en tu vientre descanse el mío, y que los cuerpos yazcan agotados hasta que el sol no aguante más los celos y nos golpee en la cara con sus rallos de oro.

Imaginé que no te había conocido, que ese día pasé por tu lado sin mirar y jamás llamaste mi atención, que nunca te quise, que me eras indistinto, uno más de tantos que caminan por la calle y mientras armaba el cuadro se borró la sonrisa perenne de mi rostro y el cielo se oscureció, sentí dolor en el pecho y que la sangre se me escapaba de las venas. Te prefiero distante, frío, indiferente, a que no existas. Prefiero seguir sufriendo y llorando por las noches una y otra vez, de aquí al infinito, antes de que ser infiel al cariño masoquista que profeso por ti y por eso, moriré bajo el amparo tortuoso de una amistad sin escapatorias. (Sin embargo, hay veces en que prefiero mandarte al carajo)

Imaginé que cuando vistiera las galas de un vestido azul, bailaríamos hasta que las piernas no aguantasen ni el roce de una pluma, que tú me tomarías por la cintura como si tuvieras miedo de perderme o que la canción fuese a acabar de forma repentina y yo, armaría una fortaleza en el resguardo de tus hombros. Se terminará la fiesta, la música y nosotros seguiremos bailando hasta que se nos ocurriera otra cosa qué hacer.

Imaginé que había una segunda parte de la historia que quedaba por escribir, la que se tardaba un poco porque no conseguí un lápiz y un papel donde plasmarla, que se creaban nuevos personajes que llegan a amenazar las fantasías de él y las mías dando luces de ofrecer algo mejor a lo que nosotros podemos entregarnos, eran tentadores y más de alguna vez caíamos en las garras de lo prohibido, pero que es sensual, aunque, ya pasado el tiempo, habiendo cedido los dos, nos volveríamos a ve y sería incontenible correr a los brazos del otro para entregar los besos que debimos darnos desde un principio y que quedaron en suspenso…no habernos separado nunca.

Imaginé que todo lo que había imaginado, antes de que a Abril se le escapara la vida, lo estaría viviendo y sería mi derecho sagrado despertarte con un beso en la frente, cuando el sol decidiera atacar nuevamente.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 22 de septiembre de 2011

ÉL LA ESTÁ MIRANDO


Él la está mirando desde lejos y asechando
Como alguna vez me miró con esos ojos cansados
Y no entiendo a qué está jugando
Ni por qué deja a mis deseos mutilados.

Él la está mirando y yo lo miro con tristeza,
Mientras me condenso en los besos lóbregamente entregados,
Y es que la mira como si ella fuera la presa
Y yo fuera un recuerdo en el pasado.

Él la está mirando y yo escribo a cambio del llanto
Pues, si tengo que pelear por lo que es mío por derecho
No se puede notar que lo quiero tanto
Y ahogaré el lamento en mi pecho.

Él la está mirando y se congela el universo en el tiempo,
Y es que no logro entender cómo ella y yo que estoy al lado,
Estoy siendo abandonada a mi suerte, enardecida con el vuelo del lempo,
Y el corazón completamente acorazado.

Él la está mirando y ya no me importa que la mire hasta el hastío,
Porque él para mí es tema desagradable y proscrito,
Que merece el rincón más dulce del mero vacío,
Porque se dice que en gustos no hay nada escrito.
(Aunque los de él se quedaron en el estío)





ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 22 de agosto de 2011

FIESTA


Y todo vuelve a comenzar de nuevo. Las coincidencias de lo que depara la noche se hacen insostenibles: otra vez los mismos, los invitados de última hora, la fiesta, el vino, la luna en menguante, sus ojos de cazados cuando observa a la presa que resulto ser yo y mis ganas irracionales de que esta vez la historia sea distinta, quizás con un mejor final y más largo o tal vez que simplemente no ocurra nada. En el fondo algo me dice que es mejor así: “desde lejos, te quiero más”.

Se suponía que para estas alturas sería mío, como lo son los astros que iluminan el sendero que me obligan a pisar, haciéndome caer en la misma parte que la ultima vez, pero me han jugado una mala pasada y tras el telón se vislumbra la amenaza constante de un nuevo enemigo: ella…que le coquetea en mi cara, en los terrenos que por derecho me pertenecen, donde yo tengo el control de todo, cuando más alegre no puedo estar y el boato se luce en esplendor. La muy maldita ha entrado en mi reino y viene por la corona.

Aunque debo confesar que mucho no me importa, pues estoy cansada de tener que ser siempre yo la que lidere las batallas que por él se enlazan. Las he ganado, sí, pero llega un límite en que ya no se puede continuar y la abdicación parece inminente. La verdad, tampoco vale la pena tanto esfuerzo.
Sigue avanzando la velada y se me olvidó lo que vine a hacer, si al combate, a rendir honores y suplicar por el perdón de mi vida a cambio del tridente de Neptuno o a olvidar lo que en conciencia no puedo. Ya no importa tanto porque le han dado un zarpazo directo al núcleo del corazón y sangro a destajo mientras la música flujo y él no me mira…

Pierdo el control de lo que pasa, la gente se hace distante y el mundo se condensa sobre mí y es que lo odio tanto por no poder conformarse solo conmigo, sino que afana en perderse en caderas ajenas. Es como si el cariño sagrado que le profeso, hubiera mutado, transformándose en hiel perversa que amenaza con descuartizarlo en frente de los que aquí están, por ser él un inmundo cobarde, ella, el enemigo y yo la que le gusta sufrir por querer hacerlo.

Quiero salir, correr, hasta que se desgasten mis zapatos o morir en una botella de buen brandi, gritar procurando enmudecerme y borrar lo que con él pasé. Retroceder el tiempo y nunca haberlo acompañado: dejar que se perdiera. Sin embargo, hay que salvaguardar las apariencias, mentir si es necesario, para salvar el pellejo de la caterva que no tiene piedad al hablar de lo que no les concierne. Me quedo estática por u minuto, mirando catatónica los pasos de aquel que se dirige al bar acompañado por alguien cuyo nombre no debo pronunciar y pienso: “hace un mes, hacías eso mismo conmigo y no te importa que yo esté aquí…y no te importa que la celebración se deba a mí… y no te importa arruinarme la salida…envenénate en licor y veamos si es ella la que te socorre...”
Vuelvo a bailar, tratando de perderme en la música e increíblemente lo logro, entonces puedo decir: “ya no me importas como antes”
Quizás todo esto fue un mal sueño, vi cosas donde no las había y me aferré a ellas, pero me desprendo, te libero y con eso, se acabó la historia. Solo espero que no te arrepientas porque no soy tan fuerte y puede que todo vuelva a comenzar….



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

domingo, 21 de agosto de 2011

PARSIMONIA



Somnolencia precoz en un día apresurado,
Mesura disminuida con licencia para matar,
Calambres en las piernas por tan largo tramo caminado
Y el bamboleo incesante de deseos por concretar.

Labios que tientan a mis pecados escondidos
En las fauces de un lobo dispuesto a cazar
A la presa que remolinos de lujuria ha encendido
Con luces parpadeantes al otro extremo de la cuidad.

Hay voces de ultratumba que escapan de mis caderas
Y horrores prohibidos que aparecen en mentes perturbadas
Cada que se acercan a un punto trascendente y caen por las escaleras,
Persiguiendo a esa boca celestial ligeramente barrumbada.


Ruidos preocupantes molestan a mi cansancio en proliferación
Y las estrellas cantan arrullos para que entereza reúna,
Mientras observan distantes ocultándome la ocasión
Cuando separaron nuestras manos por ausencia de fortuna.

Se me escapan los sueños al universo profundo,
Doblegándose ante las mañas de un Prometeo encadenado
Que se ríe a carcajadas de mi amor difunto

Sin absolución de mis codicias perdonado…

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

A MIL POR HORA


Faltan tantas cosas que parecen indispensables, pero que no están, que las imagino para que las neuronas tengan algo que hacer y no morir de aburrimiento o de hipotermia prematura…

Las invento y me obligo a creer que son reales, que están ahí para mí y por mí, aunque la verdad, es que aquí no hay nada, aquí no es ningún lado.

Trato de dibujar algo que parezca una ilusión, me aferro a ella, lo más que puedo, la integro en mi esencia y de un momento a otro, desaparece, dejándole sola, apadrinada por el miedo que provoca la transición tenebrosa entre la luz y la sombra, el ruido y el silencio, las comas y mis pensamientos y no me puedo concentrar; hay tatas distracciones: Televisiones sonando con las noticias de las 9 a todo volumen, un niño que llora, una madre que grita y el cielo que observa. ¡no me puedo concentrar!

Tengo un cúmulo de ideas en continua multiplicación que reclaman por encontrar una hoja de papel en blanco o una servilleta, donde quedar tranquilas,, hay tanto que escribir, llamadas por hacer, y tan poco tiempo…debo estudiar, tengo que comer, dormir si es posible, sin embargo, lo veo difícil. Creo que ya olvidé lo que eso significa, pero no me importa: “para obtener recompensas, hay que hacer sacrificios” si ya parezco estúpida repitiéndolo cada cinco minutos para no ser consumida por el álter ego del descanso y fallar a ultima hora.

Desde que nací, según se cuenta la leyenda hace 19 años atrás, que soy instruida para ganar la cazaría de nunca acabar, en que si no se saca una carrera, un post grado, un magíster, doctorado y todos esos títulos de dudosa naturaleza, no iba a ser nadie en la vida. Que limpiase el camino vez que pudiera, que aquí no hay amistades que valga si es que se cruza a conciencia o no, en el camino que voy armando conforme elimino adversarios, releo un libro con polillas dentro, aprendo fórmulas y definiciones, saco el límite del planeta cuando la tierra tiende a nada, mantengo el maquillaje en su lugar, aprendo a ser dueña de casa, tutora de mí misma, ensayo el inglés, el italiano sin olvidar el castellano y sus infinitas reglas y trato de buscar un tiempo para terminar mi Opus Magnum: la tranquilidad que me rehúye como si fuese alérgica a mis encantos.

Creo que no soy la única que fue criada a mil por hora y lo digo porque cada vez se hace más complejo avanzar un peldaño en la escalera de la inmortalidad laboral.

Se me acabó el café, tendré que bajar por otra taza…. Y pierdo tiempo.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 17 de agosto de 2011

¿CÓMO?



¿Cómo hago para apartar al mundo de nosotros?
¿Aislarnos tras las puertas y confesar,
Exorcizar a los que sobran, sacar a los otros,
Que nunca terminan de molestar?

¿Cómo le digo lo que pasa en mi pecho
Cuando lo veo aparecer temprano en la jornada?
¿Lo que ocurre en las noches cuando yazco en el lecho,
Pensando en todo lo que pudo ser y que quedó en nada?

¿Cómo me acerco sin que sea tan obvio y vulgar?
¿Disfrazo mis afanes y el boato que siento
Bajo el amparo lascivo de una simple amistad
Hasta que me aburra y rompa de un grito el silencio?

¿Cómo callo a la caterva y le robo unos besos?
¿Por qué duele tanto la cercanía distante en la que nos encontramos?
¿Cuándo fue que tomó a mis sentimientos como presos?
¿Por qué todo el mundo sabe que, en secreto, nos amamos?

¿Cómo puede ser tan inocuo y no darse cuenta
De que lo quiero hasta más no poder,
Que no es sano, que puse mi corazón a la venta
Y no soy capaz de a otro poderlo vender?

¿Cómo fue que se aferró tan fuerte donde no puedo controlar?
¿Desde cuándo que lo conozco? Porque parece una vida completa,
¿Quién se ensaño conmigo que no me permite un amor crear?
¿Por qué tuvo que ser él y no uno de los que por mí desesperan?

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 12 de agosto de 2011

AQUÍ NO PASÓ NADA




La música, la fiesta, el vino, la compañía, el beso y aquí no pasó nada.
La historia, los rumores, el coqueteo, los enojos y no pasó nada.
El tiempo, los desvelos, los amigos, las salidas y no ha pasado nada.
El silencio, las conversaciones, el estudio, las risas y sigue sin pasar nada.
Los quebrantos, la melancolía, el enemigo, el tequila y no pasa nada.
El banco, el partido, el viernes en la noche, el tormento y no pasó nada.
El corazón roto, la borrachera, el emperador, la emperatriz y entre ellos no pasa nada.
Las cartas, las brujas, los encantos, los conjuros y no pasó nada.
La enfermedad, el remedio, el enfermo, quien lo cuida y no pasa nada.
El saludo, el día a día, tu casa o mi casa, el adiós y ¿No pasó nada?
Las pruebas, las clases, el asiento reservado, los comentarios y no pasó nada.
El destino, la carrera, la cuidad intermitente, el comienzo y no pasa nada.
Un hombre, una mujer, un gusto, un beso y no pasó nada.
El cumpleaños, los desvíos, los invitados, la gente que sobra y sabe que no pasa nada.
El cólera, el deseo, la fantasía, el recuerdo y no pasa nada.
Cupido, su envidia, el poder, el azar y no pasó nada.
Las llamadas, los celos, el secreto a voces y tu “aquí no pasó nada”.
Las causas, los culpables, la prisa, las ganas y crees que no pasó nada.
Los escritos, la inspiración, el lápiz, tú, y para mí no ha pasado nada.
La constancia, el desencanto, la reconquista, la batalla perdida y en la guerra que no pasó nada.
El día, la noche, el lucero que alumbra todo, el frío y sí pasó algo.
Ahora, te cuento que a mí contigo, no me pasó nada.

Vive con ello. 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

QUIERO ALEJARME EL DOLOR.


Quiero alejarme del dolor.
Un eterno vaivén de sensaciones.
Infinito, cuanto más ansío que acabe.
En mi memoria vuelan alocados los recuerdos.
Rozo mis piernas con la rutina al caminar.
Odio rehogado en besos.
En mi ínfima intimidad me atoro.
Sentir el frió en mis venas.
Capaz de enfriar mi sangre en un suspiro.
Arremeto contra las paredes del silencio.
Placer de gritar hasta quedar exhausta.
Al menos, me quedan las letras.
Raudas palabras que liberan pensamientos.
Y desatan lo que ya nada queda.Llorar hasta morir. No hay dolor as amargo que amar a un extraño que se marchó con mi vida



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 10 de agosto de 2011

CAN'T GET....



Tras una semana de indiferencia parcial, comienza a aparecer las muestras de cariño, esas que se dan en público, sin que importe en verdad, lo que el resto piense, porque a estas alturas, ya da lo mismo. También surgen las propuestas de intercambio, las ofertas para tomar una decisión sobre las cosas triviales que bajo su amparo, tienden a decirse los secretos de loa que carecemos de valentía para gritar. Seguramente esta será una gran semana, aunque no me atrevo a apostar nada, porque todo pende de un hilo inexistente, pero que todo el mundo puede ver, menos nosotros.
Así como vamos….temo que quede en nada.
Siento un dejo de envidia, cuando observo a las parejas que se han formado en tiempo record en el mismo contexto en el que me encuentro. Entonces, surge el problema ¿Cuándo me tocará ser yo parte de una de ellas? ¿Será con él? ¿Es mutuo o todo quedó en el fervor del momento, el exceso de alcohol y la música estridente? Espero que lo último sean solo conjeturas apresuradas en las que mi mente divaga porque no tiene nada que hacer ahora. Pero vuelvo a decir. Siento envidia, y no es sana. 
He llegado a la conclusión de que no me gusta lo que estoy sintiendo, es casi imperativo verlo cada cinco minutos, que sea en lo primero que pienso en la mañana y lo último al caer en letargo. Definitivamente, estoy pasando el umbral de la cordura.
Tengo miedo, porque ha sido rápido y como un golpe de ola en mi cara. No sé qué tiene, pero cada vez me hipnotiza un tanto más.
Creo que esto es caótico…si tan solo fuera más valiente, si yo no demostrara mi indiferencia obligada de manera tan obvia, si el mundo nos dejara tranquilos, si Cupido se apiadara un poco y si sus besos no fueran tan adictivos: la historia no sería la misma y no dolería como duele el no tenerlo conmigo. 



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.