jueves, 26 de julio de 2012

CAMA VACÍA


Esto ya no es normal y las canciones no ayudan a mejorar la situación, mucho menos si entre líneas me susurran tu nombre tierno y cuentan entre bromas las coincidencias fortuitas con un destino que vine a buscarme pronto para conducirme directo a la perdición de tus labios.
Lejos de ser sano, la sapiencia de la lejanía atosigante camuflada en una mirada de esos ojos maravillosamente verdes,  perturba mis sentidos ya casi absortos por pensar todo el día en cómo hacer que un universo de posibilidades errantes que se multiplican a la velocidad de mis deseos, conspire en mi  favor, haciendo posible un tú, un yo, un aquí condensado a besos de la mejor cosecha que poseo guardada como tesoro de Midas para ti.
Y pese a todo, no encuentro la forma de acercarme, demostrarte lo que comienzo a sentir  y que se me revela como vaticinios de noche y afloran en mis entrañas, las que creía muertas, pero para ti, reviven y rebozan de lozanía cándida.  Cómo hago para encerrarte en una habitación de dos por dos sin puertas, ni escapes, menos luz y conmigo, sacar al mundo, al millón de impedimentos que te ata a la indiferencia y a mi a un asiento en el tren que va directo al vacío… cómo hacer para que todo lo que en sueños me cuentan las hadas se convierta en verdad  para mí y poder invitarte a tomar un café en esas tazas que sabe Dios desde hace cuánto tiempo nadie las usa, que te quedes y así comenzar a conocernos, tras siglos de espera inquisidora que era rellenada con pieles prestadas, pero que no daban calor, sino un abrigo lastimero a estos brazos que languidecen si no los vienes a aprisionar luego entre los tuyos, a este corazón que palpita como loco cada que ve tus ojos colisionar con los míos, entre otros de miles que siempre sobran, a este cuerpo que grita que lo despojes de indumentaria y lo hagas vibrar con el timbre de tu voz en mi oído.
Quiero que las coincidencias coincidan en hacernos coincidir en una mera coincidencia tantas veces como sea necesario para que después no las necesitemos nunca más, que lo que escribo para desahogarme de tanta estupidez pensada, tramada y re planeada sea verdad en un futuro próximo (ojala mañana), que hoy, a la mita de la noche te despiertes con mi nombre en tu boca e inventes cualquier excusa para hablarme la próxima vez que me veas (porque sé que de vez en cuando las ocupas) y no me dejes ir sin antes haber por lo menos, haberme besado justo en el borde donde comienza el limite del bermellón.  ¡Eso! ¡Claro! Que me sueñe en la misma frecuencia en la que él sin permiso se cuela en mi letargo, o mejor aun, que venga y lo comparta conmigo, así apaleamos la soledad que tanto mal le hace a este pequeño corazón destrozado y al frio lo echamos a la calle, a dormir con los perros… que vena, que sea mío porque sé que lo es, porque se me presentó en sueños, porque sé que esos ojos buscan decirme algo más que “lucha Francisca”.
Sé que fuera de ser normal, tanta fantasía, tanto insomnio mezclado con alcohol, no mejoran la situación, menos si le agrego el miedo a que tiemble cuando oscurezca y él no esté (como ahora, por ejemplo). Así que ven hombre desconocido cuyo nombre no es menester mencionar porque ya mi corazón lo canta como  himno de suplica a Cupido y muy en el fondo, ese mismo corazón muy pronto sabe que latirá al son del tuyo, mi querido. 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

PÁJARO NEGRO


Vi cruzar por el cielo un pájaro negro que solo mis ojos eran capaces de ver, vaticinando lo que más temía: la nefasta amalgama de la soledad atosigante que nace de madrugada, cuando no puedo dormir, hace frio y el cielo se cubre de escarcha, las sabanas se congelan y c muy en el fondo me pongo a imaginar que también tú estás mirando el firmamento con mi nombre enredado en tus labios, esos que todavía  no puedo besar y que tienen miedo de nombrarme en voz alta porque saben que al hacerlo me extinguiré como un fénix que ya no renacerá de sus cenizas porque se ha cansado de esperar.
Y ese pájaro negro voló alto, tapando las estrellas mientras conversaba de l lo inminente de mi hastío por no tenerte cerca, porque no duermes a mi lado como es debido, porque ya las semanas de desvanecen sin verte y no hay rastro de redención de mis actos acabando con la escasa conciencia que me iba quedando y que murió cuando caí rendida ante el contacto de tu pupila esmeralda con las mías que parecen pozos sin fondo: completo vacío. Y ese mismo pájaro me dijo que estabas lejos, que era mejor liberarte de mi hechizo, pero cómo si no hay ninguno… ¿Cómo deshago algo  que no hice jamás? Porque todo esto fue un mero enamoramiento fugaz que perdura en el tiempo sin dejarme obrar como me gustaría o pensar siguiera.
Y se condensó el humo convirtiéndose en cristales lacrimosos que suplican desesperados el calor de tu pecho aprisionándome hasta la asfixia, el tremor de tus brazos para calmar mi dolor y llorar tranquila en ellos hasta volver a dormir, esta vez sin las miles de pesadillas donde me muestran un futuro gris sin esos candiles que señalan el camino que debo seguir hasta el paraíso.  ¿Por qué no vienes, aunque sea un rato y vigilas mi letargo, espantando a los cuervos que insisten en apearse al respaldo de mi cama sin guardián, ansiosos de sacarme los ojos para que no vuelva a contemplar tu rostro celestial? ¿Por qué no renuncias a todo por mí o es acaso que no lo valgo o soy indiferente  a los encantos de Eros, celoso de mi devoción por ti?
Ven y quédate antes de que el pájaro negro decida regresar por mi alma, ven que tengo pánico de cerrar los ojos y que al abrirlos me encuentre de nuevo sola en dos millas de cama sin señaléticas que me indiquen el retorno hacia el romance de tu voz tenue, ven y hazme compañía hasta que no ardan las velas y el reloj se haya estancado a la  media noche para continuar bailando vals a la luz de la luna, solos, los dos.
Apúrate que ya oigo el revoloteo de sus alas, se aproxima, estoy segura, escóndeme entre un millón de besos y caricias y nunca me dejes mirar al sol de frente, porque me convertiré en piedra y ni tu boca me podrá salvar. Apártame de cada ventana  y perdámonos juntos descubriendo los límites de lo imposible. Se acerca, ayúdame que se ha oscurecido y tiene hambre, viene por mí, lo sé. Enrédate conmigo, fundámonos en uno antes de que sea  tarde y déjame ser completamente feliz en ese espacio justo entre tu hombro y tu cuello, ancla mi piel a tus manos para que no me lleve, pues es a mi a quien viene a buscar la muerte y si me toma, que sea con tu olor en mi cuerpo… ven…
Y vi cruzar un pájaro negro que iba volando en dirección a ti, contándote noticias de mis deseos clandestinos, pero ese pájaro jamás volvió con recado alguno, así como tampoco tú.  



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 14 de junio de 2012

ALGO ANDA MAL


Siento que algo está mal, que debería doler el fracaso y que yo no tendría que quedarme aquí lamentándome por algo que jamás vio la luz del día porque no quise pelear por ello. Siento que en cualquier momento vendrán por mí los verdugos del demonio a cobrar la parte de lo que les corresponde de mi alma porque saben de mis tratos con el cola ‘e flecha de cuando era más joven y desprovista de carácter. Siento que la noche está demasiado calma para que esto sea sano y natural, tanto silencio me perturba y dejan  que mis pensamientos vuelen siguiendo a los flujos de mis emociones maliciosas a un callejón sin salida. Algo no esta bien… ¿será que en algún momento perdí de vista tus ojos maravillosos y alguna ramera me los robó? ¿Te volveré a ver? ¿No debería dolor el hecho de que no te encuentres aquí conmigo como en un comienzo imaginé? ¿Qué me está pasando? Porque desde un tiempo a esta parte me he vuelto creyente de mis anhelos, esperanzas que no sabía que aún poseía por tanto tiempo tenerlas olvidadas en donde no hay alcance.
Comienzo a creer que pronto se acabaran mis fracasos, que volveré a reír sin darme cuenta de mi inconciencia, que tú, pequeño príncipe, pasaras al olvido porque ahora es un Rey el que viene por la Cenicienta, no un niño perdido con aires de galán. Empiezo a creer que todo lo que alguna vez se concibió entre las miles de noches con insomnio, será destino para mí, pronto, presto y violá....


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 5 de junio de 2012

Y SI HAY QUE EMPEZAR DE NUEVO


Y si hay que empezar de nuevo la búsqueda incesante de un motivo propicio para mis desquites, yo me retiro del juego para siempre porque ya no tengo las mismas fuerzas que alguna vez se arraigaron en mis entrañas, ya no hay tiempo , corazón mío, porque hay tanto qué hacer, tanta fatiga que mis días se extinguen poco antes del amanecer y veo como la bruma cubre la cuidad con vaticinios de fracasos escondidos en lo gris de las nubes calando hondo en mis huesos, extrayendo de a poco la vitalidad de la que presumo. Se me escapan los anhelos y contenlo un futuro incierto, solo y falto de cariño lascivo.
Si hay que empezar de nuevo con la parafernalia extremista de conquistas que sin importar lo que haga, terminan puntuales en nada, en vacío y Chardonnay, yo te digo adiós Cupido insidioso, porque ya no puede pelear más por lo que nunca ostentaré. Me cansé de las confabulaciones fraudulentas que interpones en mi camino por causa desconocida y desde ahora en adelante, ya no miraré a los cielos suplicando abolición de mis pecados porque sé que no me escuchan, así como ya no rezaré más por encontrar a ese galán que nadie me prometió, porque en el lugar preciso donde debía ir escrito un final feliz para mí, el papel se rompió o lo rompieron a propósito. Ya no puedo, porque me hace daño la sapiencia  concurrente de lo que me espera… una vez que se observa el futuro, se cambia, justamente por eso, porque ya lo has visto. Por esta razón yo reniego de lo que sé y que el resto ignora. Me declaro ciega, sorda y muda si me preguntan si alguna vez supe si alguien sin nombre se cruzaría en mi destino. Lo niego porque es la única forma en que puedo acallar a los fantasmas que me persiguen desde la cuña. Son ellos los que me cuentan lo que se viene en un par de horas adelante. Los expulso y cierro la puerta con llave, porque si hay que empezar de nuevo, lo haré por última vez, pero sin y aquí juro, proveerme de armamento de guerra, así que ven y ataca cuando duerma porque ahí soy más débil y ya no abra ni un alma que vigile mi somnolencia y detenga tus planes militares en mi contra, maldito Eros, vengador de lo que te arrebataron y dejaron en mis ojos. Ya no soy nadie, ni rival ni amiga, solo puntos suspensivos donde antes martillaba cada silaba de mi nombre… ya no soy nada.
Si he de comenzar de nuevo, pido piedad, expiación y os ruedo el perdón por lo que ha visto y le robé a los Ángeles…limpieza y paz al caer la noche, descanso y utopías para esta pobre muchacha con manos firmes y silueta intimidante…
Si he de comenzar de nuevo… has de cuentas que no me conoces y que si te he visto, no me acuerdo, quizás así nos perdonen a  ambos… 


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

TE DESVANECES


Y así como el humo que expelo y se desvanece en arabescos hermoso tú te me escapas de las manos antes de poder atraparte… Desapareces entre la gente que siempre está de transito y ni siquiera te dignas a mirar lo que estas dejando atrás, a la mejor de las mortales enamorada de un bribón por el que regalan el mundo a cambio de su cabeza puesta en una lanza de plata.
Te alejas impertérrito, cabizbajo porque la culpa te corroe al saberte causal de mutilamiento desmedido de un corazón tierno y te re ríes al verlo sangrar porque ya lagrimas no le quedan para llorarlas por ti, sin embargo sigues caminando en dirección  opuesta a mis pies, embelezado con los giros carroñeros de una falda falta de disciplina en lo que solamente yo conozco y que ya no te podré enseñar.
Vete si quieres, pero si lo haces ten en claro que aquí no puedes volver aunque trates de derribar los muros que alzare orgullosos a penas emprendas la partida fuera de mis territorios donde podía protegerte bajo el amparo del poder que implica llevar un nombre como el mío por carga.
Desde ahora en adelante, pequeño volátil, estarás solo sin nadie que cuide de tus sueños cuando los fantasmas que comando arremetan en tu contra por despecho, por haberlos engatusado utilizando el resplandor de tu ojos cenicientos que eran luz en tiempos de tinieblas, te arrepentirás, volverás, todos lo hacen, lo sé, porque faltare y en la mitad de la nada mi nombre se hará gigante y resonante y lo escucharas hasta que revienten tus oídos, como maldición antigua que sobre tus hombros se posará, hasta el día en que mueras, pidiendo entre lamentos la expiación de tus pecados, mas será tarde, y yo ya me habré ido lejos, donde tu no me puedas encontrar, ni los ojos de océano que tanto adoré desde el  momento precoz en que los vi a la distancia graciosa de unos cuantos pasos en el colapso inminente de la civilización.
Por eso, yo le expulso, hijo de los demonios fríos. Te condeno al olvido y a ser comida de los buitres, que nadie se apiade de ti, que en los cielos ya no escuchen tus plegarias, y que en el inframundo te reciban con los brazos abiertos. Te condeno, por traidor, por cobarde por volátil y por mero. Yo, hija de Atenea, te condeno y en el campo de batalla nos volveremos a ver las caras, a ver si esta vez tienes el coraje de enfrentarme cuando ponga en tela de juicio tu honor frente a la corte. Te condeno demonio Rojo a morir solo. 


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

martes, 29 de mayo de 2012

CUANDO QUERÍA CONVERSAR





Se suponía que con la excusa te quedarías,
Que el mundo se congelara un instante,
Pero no, era mucho pedir, había algo más importante
Que hablar conmigo un sin fin de sandeces.

Había tomado valor y caminé con rumbo fijo,
Por primera vez en mucho tiempo tuve convicción:
Caminar con la idea de entablar conversación
Y así desenredar el destino que cobijo.

Pero, tú te fuiste antes de poderte saludar
Y me dejaste como victima ante los ojos de la gente,
Desgarrada en el vacío que se hacía creciente
¿¡Por qué no pudiste sentarte a conversar!?

Luego, los dioses jugaron al bufón conmigo,
Condensando el espacio a un centímetro de cemento,
Obligándome a tentar a derrumbar el escaso cimiento
Al verte parado en la sombra de mí abrigo.

¿Por qué si no te soy indiferente, te alejas corriendo?
¿Por qué hoy cuando fui valiente, me dejas a mi suerte?
¿Por qué se me ocurrió comenzar a quererte?
¿Por qué ahora te estoy escribiendo?

Declaro a los vientos mi renuncia a tus asuntos,
Porque no tengo tiempo para perderlo contigo,
Así que si gustas seguimos siendo amigos,
Si no, mañana acabamos con mis presuntos.

Aunque ahora entiendo que no era yo, sino la de al lado,
Y yo, que buscaba una excusa, resultó ser una,
Que trabajó para despejarle el camino y dejarle fortuna
A la que ni siquiera te ha buscado.

Pero, no importa, si ha de ser que sea,
Que sean felices tú y la maldita mentirosa
Que se resguarda en el amparo de mis fantasías tortuosas
Para robarte lisonjero cuando yo no vea.

Márchate porque descubrí la verdad amarga
Y no quiero sobras de nadie, no hay tiempo ni ganas,
Así que vete, la puerta es grande y las luces son claras,
El camino largo y pesada la carga.







No te pares muy cerca de mí, corazón,
Porque hay odio aquí dentro, rabia, pena, llanto,
Que se mezcla con el frío porque te quiero tanto,
Y en algún momento perdí todo sentido de razón.

Sin embargo, si no eres mío, no hay nada por hacer,
Te dedicaré un par de noches sin dormir,
Unas copas de Chardonnay y mis ganas irreverentes de vivir.
Todo lo que Cupido me ha negado al nacer.

Yo me quedaré aquí sentada, esperándote para conversar,
Hasta que comience a hacerse oscuro y me dé miedo
Y tenga que irme caminando a casa porque ya no puedo
Seguir arraigada a una idea si no me quieres hablar.

(Justo en el camino de regreso a casa, tarde,
Te encontré parado bajo un sendero de perfume
Buscando mi rostro entre la gente que no fume,
Con un beso en tus labios que por mí, arde)




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

QUE ME HACES SENTIR





Siempre queda algo pendiente,
Espacios en blanco por llenar,
Cortar la lengua venenosa de la serpiente
Cuyo único objetivo es hacernos callar.

Cuesta concentrarme cuando te veo,
Y se me acelera el pulso con tus ojos
Transformándome el día de hermoso a un jaleo,
Apoderándose de cada uno de mis pensamientos flojos.

Tengo ganas punzantes de besar la boca
Que en mis sueños causa suspiros impuros,
Creyendo asiduamente que no me importa volverme loca
Con tal de vivir lo que en estos versos conjuro.

Siempre, en todas partes hay gente que sobra,
Lugares infinitos en un centímetro cuadrado
Pasando por alto la advertencia que el tiempo cobra
Con malestares de conciencia los momentos desperdiciados.

Quizás sea mejor así, sin hacer preguntas y obedecer,
Albergándonos en las posibilidades que se puedan armar
Cuando se piensa en qué hubiera pasado si del querer,
Nos hubiéramos decidido a simplemente amar.










                                                                                                                           


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 7 de mayo de 2012

Y ASÍ SE ESTUDIA MEDICINA


Te voy a enseñar a derivar el pasado, a integrarme de a poco en tu sistema molecular, buscando los límites de confianza  para hacerlos tender a cero. Encontrarte el valor absoluto al desnudo y confeccionar una ecuación en la recta del deseo, porque tú y yo según anatomía, creamos un conjunto vacío…y hacerte despolarizar las membranas celulares y así como potencial de acción recorreré tu sistema nervioso de cefálico a caudal.
Voy a hacer que tu retículo sarcoplásmico se vuelva loco con tantos secuestros y liberación de calcio, provocando contracciones infinitas en tus músculos esqueléticos y  porqué no en el músculo cardiaco, que se acelere tu respiración hasta que hiperventiles y las vesículas secretoras de endorfinas exploten como fuegos artificiales en la hendidura sináptica, que se dilaten tus vasos sanguíneos y a la ultima célula de tu epitelio llegue un caudal de vascularización lasciva.

Tus huesos se convertirán en cartílago y luego, en matriz amorfa con el mero contacto de mis dedos en el estrato corneo de tu piel, todo va a involucionar, ya verás lo que haré para lograrlo.

Con mi voz voy a crear vibraciones constantes que fluirán por tu conducto auditivo externo hasta que toquen el tímpano, y los huesecillos en la fosa epitimpánica bailen al compás de mis afanes.

Voy a enseñarte todo lo que a anatomía comprenda, excitando tus nervios para que descubras dónde llegan y qué partes pueden inervar, las venas, las arterias que recorren tus órganos y qué sucede si se corta la circulación en ciertos sitios clave, cómo se puede hacer para que los músculos dejen de doler por la fatiga y el hambre  que da luego de las noches de desvelo por tanto estudiar hasta el cansancio.

En la oscuridad, ocurre la midriasis… si no sabes lo que es, te explico, es  lo mismo que pasa cuando yo  veo tus ojos en rumbo de colisión con los míos por coincidencia prematura y se erectan los folículos pilosos en brazos y piernas, creando una red de abrigo para contrarrestar el escalofrío que surge bajo la epidermis…

Te voy a enseñar a superar tu duelo patológico de amores maltrechos, a descubrir todos los trastornos de la personalidad que puedas tener, y a diagnosticarlos según los criterios del DSM-IV, a complementarlos con algún tratamiento paliativo y a recetarte un dosis alta de Fluoxetina de besos en cápsulas, 100 veces al día, por el tiempo que yo estime conveniente y si no hay mejora, te encerraré en el psiquiátrico de mis brazos, donde la única visita que recibirás seré yo, cuando pase haciendo mis rondas con los pacientes, pero contigo, tendré  que hacer anamnesis cada vez que te encuentre, tanto remota, como próxima…más próxima que remota, porque todos los días aparecen nuevos síntomas y hay que aumentarte la dosis de Fluoxetina.

Voy a enseñarte todo lo que sé y no lo que no, lo aprenderemos juntos y muy bien.




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER....

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como nunca tengo tiempo para escribir algo que no sea relacionado con medicina, decidí integrar mis conocimientos...  y subir algo a mi blog...  

martes, 24 de abril de 2012

YO SOY LA CULPABLE

Y sí, fue culpa mía, yo maquiné el asunto para que todo marchara de acuerdo al plan, mandé emisarios con cartas que nunca llegaron, brujos que se suponían tenían que hacerte caer, charlatanes de las calles, y nada funciona contigo, pero lo asumo, fue culpa mía que resultase lo que ahora conversamos, yo fui la que manipuló al destino extorsionándolo con andróminas sobre sus secretos oscuros que solo yo conozco, para que té dijeras las palabras precisas que me gustaría oír, cuando se calle el ruido y los autos dejen de circular con sus bocinas chillonas que perturban mi concentración y no me dejan mirar en lo profundo de ese mar verde donde quiero morir ahogada tan pronto como sea posible o asfixiada en tus brazos que se han convertido en las cadenas que llevaría con orgullo por la cuidad, si tú me dejas, porque eso sí  es lo único que no puedo controlar.

Y sí, yo fui la que por largo tiempo te hablaba en los sueños, incluso antes de que fueras capaz de asociar mi rostro a la voz que profeso, la que te pedía a gritos lascivos tu llegada pronta a mi vida para poder librarme del peso de tantos  fracasos, asumiendo desde ya, y no de ufana, mi victoria sobre tus afanes. Yo fui la que te quitó el desvelo y espero seguir siéndolo, con la excepción de que ahora, añoro ser la que te lo devuelva en el momento justo cuando decidas yacer conmigo, ahuyentar tus  males y cantar los salmos que te traerán paz, pero aún no entiendo  porqué continuas distante, acaso no te das cuenta de las miles de coincidencias que ocurren a diario, que todo un mundo se hace pequeño si de juntarnos se trata y que la gente  siempre sobra, incluso aquellos que bajo órdenes mías te circundan disfrazados de amigos, e compañeros cariñosos, sí esos mismos en los que piensas, trabajan para mí.

Y sí, fui yo la que movilizó a sus ejércitos, los hizo tus aliados, los puso a tus pies y esperan mi arribo para atacar tan pronto como tus espías se vallan a dormir. tengo el poder suficiente como para destruirte cuando me entre el capricho de hacerlo, de eliminar cada recuerdo de tu existencia de esta tierra, de que desaparezcas a penas te voltees, sin embargo, no quiero, te quiero cerca y al asecho, que un día despiertes, vayas donde  yo me encuentre y me quites el aliento de un beso sin permiso,  que tomes mis manos  para algo más que para juegos y me conduzcas por el camino directo a tu corazón, quiero noches de desvelos sin libros que contaminen los pensamientos que en esas noches volaran distraídos hasta que en el firmamento se encuentren y de la venia necesaria para acatar las acciones que permanecen enraizadas desde ese día en que encontré tus ojos en rumbo de colisión con os míos, quiero canciones románticas que sacaran sonrisas castas cuando me acuerde de tus labios tocándome, y el cuerpo se me estremezca cuando alguien pronuncie tu nombre cerca del radio de mis alcances, quiero eso y todo lo que me puedes entregar, menos tristeza y brazos tendidos en el aire enamorados del suspenso.

Y sí, yo tengo la culpa de todo lo que me puedas acusar menos de ser indiferente a tu presencia, y si lo pensaste alguna vez, fue porque también tengo la culpa de ser cobarde hasta el limite de lo razonable, me cuesta, y solo tú provocas eso en mí, el sonrrojamiento prematuro de estos pómulos indiscretos, las tremulaciones baratas de estas manos poco firmes, el revoloteo desenfrenado del millón de mariposas confinadas en mi vientre. Solo tú, mi príncipe de ojos verdes. Yo tengo la culpa de no lanzarme a tus brazos cada que veo que tu sombra se acerca, y de no robarte el suspiro a cada momento, porque temo que sean solo conspiraciones de mi conciencia para hacerme la victima más fácil que ha tenido, y que se auto propicia la defunción porque no es capaz de soportar un poco de confusión.  No pretendo serlo, a menos que sea tu comando.
Y sí, por último tengo la culpa, de haberme fijado en ti. ¿Serás tú quien me venga a juzgar?




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 19 de abril de 2012

VENUSIANA







Y creo que soy una de tantas venusianas,
Que tiene todo el derecho, mi querido marciano,
A dejarte con las soberanas ganas
Mirando como me voy con estas curvas a otro lado.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER. 

lunes, 9 de abril de 2012

TANTO...


Tanto he querido conocer qué es la llama pueril que incinera lo que amalgamo casi enloquecida por la hiel que nunca se degenera tornándose en eso justamente: amor.
Tanto he llamado a los cielos a gritos vivos que ya mi garganta se ha enmudecido cuando dormía y los Dioses dispersan mis suplicas recurrentes, porque los aburrí y no se apiadan, son malditos los benditos, todo porque ellos tienen la facultad de amar como yo quisiera y no me dejan.
Tantas veces me ha aventurado a escribir lo que creo que podría ser, que ya he confundido los limites de lo que es cierto y de lo que me mantiene viva, pero no me importa el fracaso, las heridas abiertas, y los remiendos de un corazón flagelado por el azote del azar, porque todo me ha enseñado a no esperar milagro y que habemos lo que nunca daremos un beso bajo la lluvia o al atardecer mirando el mar, por muy tentador que parezca.
Tantas veces he llamado a un nombre que es desconocido, he le regalado versos y canciones, sueños incandescentes a la mitad de la noche y nunca lo he visto porque mis ojos ya no son puros, porque ya saben lo que es llorar de odio al que alguna vez se quise hasta el cansancio y sin más, se fue camuflado en el vaivén de otra falda carroñera. Ya no son puros mis pobres, solo ven cadáveres mutilados donde debería haber deseo y complicidad, ya no son puros y lloran acido que dejan caminos corroídos en mis mejillas eternamente plagadas de los arreboles que regala el padre sol por piedad.
Tantas veces el sabor amargo de un vino tibio ha ahogado mis ganas infantiles de tener lo que no puedo, que ya la envidia se aloja en mi casa y duerme conmigo el malestar del alcohol bebido por desquite. No hay noche en que no haya lágrimas de Chardonnay dulce y credos de recriminaciones porque parece ser que es mi estigma, la paga por las bendiciones y la cuna de bronce donde nací. Entonces, que así sea.
Tantas veces he corrido sin pensar donde voy a llegar que he andado la mitad del mundo, pero cuando me detuve a preguntar cómo me devolvía, escondido tras unos libros atrincherados, lo encontré y mis ojos volvieron a ser puros tras ver a los suyos y escuchar su voz.
Tantas veces me he preguntado si aún conservo mis facultades mentales que rara vez consigo contestarme, sin embargo, cuando él está en el radio de mi cercanía me declaro a ciencia cierta loca, y la cura está en sus brazos que no logro alcanzar y me llevan a imaginar que está será una de las tantas veces que quedaré prendada de los puntos suspensivos esperando un final que nunca llega porque no es para mí, sino para la que está la lado.
Tantas veces en guerra y ninguna victoria. Me declaro incompetente y sin posibilidad de lo contrario, por tantas veces anhelar antagonismo.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

sábado, 25 de febrero de 2012

Y CONTINÚA LA ESPERA....


No hay nada que esté a mi alcance para negar lo que pienso,
Porque he decidido a darme una oportunidad de encontrar la felicidad,
Y creo en serio que en algún lugar de esta ciudad,
Está escondido mi príncipe azul pintado en un lienzo.

Abro los ojos más que nunca para no pasar por alto la ocasión
En que se dé la coincidencia de que te me cruces en los caminos
Y sepa diferenciar a los malos de mis amigos
Y a no embriagarme en las promesas que ofrece una canción.

Estoy instruyéndome en ser más terrenal en mis gustos elegantes,
A no enloquecerme por lo que anhelo y no puedo tener,
Porque si pretendo amar como quiero querer,
He de renunciar a mis prototipos de galantes.

Si estoy aquí, ahora, será por una razón que todavía no entiendo,
Porque el destino puso manos negras donde no se podía entrometer
Y nadie le dijo nada cuando lo había que hacer,
Pero lo acepto tranquila y mientras tanto, seguiré viviendo.

Tan solo pido que me marquen los senderos recónditos y despoblados
Para no perderme en las encrucijadas que me tientan a ceder,
Cuando tropiece con las doscientas mil piedras que me harán caer,
Y que siempre que mire a los cielos, ya no estén más nublados.

Quiero una historia de amor de las que el mundo casi nunca presencia,
Un romance que me arranque la cordura de la que tanto presumo,
Besos apasionados, caricias desatadas tras los cortinajes de humo
Que los suspiros levantarán cuando se vaya la ausencia.

Me lo merezco, porque ya he sufrido lo que en una vida, toda la humanidad,
Soportando el peso del planeta sobre mis hombros por un largo espacio,
Absorbiéndome la vida y sacando mis vestiduras despacio
Para dejarme a solas llorar en los brazos de mi vanidad.

Ya no creo que el primer amor sea el importante,
Porque me ha dejado más vieja de lo que recuerdo ser,
Con llagas en los labios y con el corazón muerto de tanto toser
Sobre la cara lasciva de un futuro que se acerca con vista petulante.

Se vienen mejores tiempos, con mejores cosechas,
Porque se dice que todo sucede porque tiene que ocurrir
Aunque admito no los supe juzgar al verte partir,
Pero ya no puedo arrepentirme de las cosas que están hechas.

Hay que seguir siempre digna y con la mirada en alto,
Como si aquí la tormenta nunca tocó tierra,
Porque si debo aprender sobre lo que uno erra,
No puedo cuestionarme porqué demora tanto.

ESCRITO POR : FRANCISCA KITTSTEINER

¡¡¡¡DIME!!!!


Dime, por favor que te fuiste para siempre de mi corazón, que se acabó la historia que jamás empezó, pero que caló hondo y dejó huellas en mis labios marcados con nácares de deseo congelado…dime que ya no siento nada por ti, porque no lo sé.

Dime que nunca te quise en serio y que fue todo un invento mío, miente si es necesario, te obligo a ser cruel y a que escupas malicia para que yo pueda entender que no es posible algo entre los dos o seguiré afanando hasta que se congele el centro del sol y la tierra explote en putrefacción. Mira que soy necia y por mucho que diga que ya se terminó, en el fondo, sigo esperando una venia divina para atacar cuando estés dormido, y así apoderarme de tus sueños, llegar a los profundo de tu inconciencia, quedarme ahí, ocupar un lugar en tu vida y provocar un sentimiento meloso. Dime que no hay nada que pueda hacer.

Dime que hay otra, inventa algo, apártate y si puedes, llévate lo poco y nada que nos unió. Vete lejos, aunque con eso quiebres mi cordura, la que está reducido a cenizas desde hace tiempo, la misma que caducó en el momento exacto que te vi por primera vez. Si eres capaz de tantas cosas, vuelve el tiempo atrás y no me saludes, siquiera me mires, sé indiferente conmigo o entrégate de una vez y cambia el destino para terminar como debió ser desde el principio. Dime que estoy loca y que necesito ayuda.

Dime que no soy de tu tipo y trágate las ganas que tuviste de probar mis besos, porque desde entonces no hago otra cosa que pensar en el cáliz prohibido que se esconde en tu boca, tan dulce, llena de esperanza de un futuro mejor, pero que de igual forma, destruye mi felicidad austera y escasa en estos tiempos. Toma tus cosas y corre lejos, que soy peligrosa cuando quiero algo y entre más me cuesta conseguirlo, más trato de tenerlo: ahora, para mi, eres imposible y exquisito….dime que no hay probabilidad.

Dime que me aborreces, declárame la guerra y nos veremos en el campo de batalla, en mis terrenos conquistados por tantos fracasos sufridos y la tortura que debí pasar para conseguir el trono de la irracionalidad. No he perdido y ésta no será la primera vez, menos contigo. Dime que me harás perder.

Dime que te esforzarás por hacer lo que quieras, pero hazlo bien y pronto: si me deseas, bien, si me tienes entre ceja y ceja, bien, si soy nada, bien, pero si soy todo…no será fácil…Dime que te arriesgarás porque quieres arriesgarte…Dime que deje de hablar estupideces y enmudéceme a besos postergados….




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

DE VEZ EN CUANDO


De vez en cuando, siento la necesidad imperante de correr a tus brazos, quedarme ahí, quieta por lo que me reste de vida, para poder respirar tranquila, alejada de las malicias precarias que no tienen nada más qué hacer que corromper la cercanía mutante en la que estoy condenada a pasar el tiempo esperando a que todo se transforme en algo positivo que me sirva para soportar el dolor de verte dormir tan cerca, pero sin jamás llegar a alcanzarte, aunque desde donde me encuentro pueda sentir el tic toc de un corazón incesante, que posiblemente esté empezando a dejar de quererme con el ímpetu que en sus comienzos sintió. Es ahí cuando se despilfarran las caravanas de lágrimas azucaradas en carrera hacia el piso llamando a los tambores para que acompañen la caída de la tirana, que no quiere dejarte ir lejos, ni cerca, ni a ningún lado donde mis ojos vigilantes no te puedan alcanzar.
Y así avanzan las horas y no te das ni cuenta de que el amanecer esta próximo, que con los primeros rayos de sol, tendré que secarme la cara, esconderla de la vista del universo y plasmar en ella la sonrisa maquillada que todos los días me ves lucir, por si existe la casualidad de que te vuelvas a enamorar o simplemente, me correspondas con una. Es cuando el tormento que debo pagar por todos los pecados cometidos en vidas pasadas comienza a tomar lo que ya no me pertenece con el solo afán de humillarme por completo. Tengo miedo, sí, pero no de que todo quede en suspenso, sino de ya no poder ver entre el amparo lóbrego algún destello de luz, de no oír un suspiro que me haga recordar que sigues al lado, conmigo, cerca, mío… Tengo miedo de no saber vivir, que se me hubiera olvidado con el paso de los años, y que todo se reduzca a una fracción insignificante de porquerías baratas que los amigos dicen cuando no se les ocurre alguna cosa que te haga volver a sonreír por inercia. Tengo miedo de las pesadillas que me asechan, de que se concreten, de que ya no me despiertes de mis sueños de terror y me abraces tierno hasta que me vuelva a dormir cuando ya las has espantado.

De vez en cuando, me gustaría gritarte en los oídos para que veas que sigo firme con la misma convicción que hace 5 años, que este es mi lugar y de aquí nadie me mueve, ni ahora, ni después de muerta. Alzar la voz entonando los cánticos de batalla que en algún discurso tuve que haber dado en el tiempo aquel en que la conquista valía la pena y eras tú. Te lo repito, mi cielo, esté es mi lugar y nadie podrá borrar mi nombre de tu pecho, porque ahí fue donde me convertí en emperatriz, mártir y santa, porque ahí desembocan mis lamentos y los mejores poemas nacen de tu piel. Entiéndelo, así como estas palabras son mías, también lo son tus labios, tus besos y la caricias que tus manos tienen para entregar, entonces, ríndete a mis rezos y complace mis suplicas, porque de aquí no me muevo sin conseguir lo que hace tiempo me quitaron de los brazos mientras dormía y yo miraba el amanecer, tu cariño primero.
Ya no me desespera la sapiencia del tiempo que se ha derrochado o de las cosas a las que me he negado esperando la luz verde para partir corriendo a tu lado, sino que ahora, me destroza el alma pensar en que lo que me queda de vida se me irá sola, quizás sin volver a ahogarme en la melaza de un amor tan grande como el de los Dioses del Olimpo, y tú ni te enterarás de mi defunción reciente. Me da pánico el simple concepto de un jamás, pero si ese jamás está acompañado de un siempre y un vivieron felices los dos, me postraré ante los pies del destino a besarle las manos y a maldecir mi pasado que osó a gastarse sin ti…

De vez en cuando, me gusta pensar en que tú no existes y veo un comienzo prometedor forjándose en el horizonte.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


JURAMENTO




¿Desperté o estaré soñando? Siento al silencio seduciendo a mi alma y la cosquillas recorriéndome el cuerpo. Siento como los arreboles se plasman en mi piel dejándola cobriza a rojo intenso. Pienso en ti y huelo tu aroma a lo lejos ¿Estás o te fuiste? No lo sé, ni quiero saberlo… Hazme sentir un abrazo garrido. No me dejes dudar. Quédate. Ven. Yo te escondo. Sin embargo, te vas. Un beso en el cuello es lo último que queda, mientras veo cómo te alejas entre las tinieblas de la noche que se hace firme…


¿Por qué el frío toma de rehén a mis actos? Te fuiste y contigo se marchan mis días, mis años, mi vida. Miro de nuevo al cielo, es una noche parecida a la anterior, con niebla a ras del empedrado y silencio fúnebre. Te recuerdo, te lloro, te amo y las estrellas dibujan tu rostro ¡Malditas ellas, yo las condeno! Solas, tristes y melancólicas, iguales a mí. Juro nunca volver a amar. 
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


viernes, 24 de febrero de 2012

DESVARÍO

¿Qué pasa cuando se unen dos personas?
¿Qué pasa cuando se comienza a amar sin tener conciencia?
¿Qué pasa cuando se pierde el rumbo del destino y se aventura en otro que no te pertenece?
¿Qué pasa cuando no quieres terminar sufriendo otra vez,
pero se ve inevitable el derramamiento de lágrimas negras?
¿Qué ocurre cuando se ve infiltrado el corazón en recovecos jamás andados
y se pierde el camino de vuelta a la cordura?
¿Qué pasa cuando tus sueños ya no lo son más, sino que se transfiguran en un escape momentáneo donde las fantasías son perpetuas e infinitas?
¿Qué pasa cuando ya no hay más preguntas que hacer?
¿Se acaba la humanidad?

¿Qué pasa cuando el destino falla y la cercanía decide ser copia exacta de la distancia?
¿Qué pasa cuando el alma envejece sin que el cuerpo lo haga al ritmo propio?
¿Se pierde la vida?
¿Qué pasa cuando se empieza a morir, desisten los brazos en su afán de aferrarse a algo para la eternidad y las piernas son hilachas enredadas en las sábanas mortuorias?
¿Qué pasa cuando se desovillan los deseos y la carne se hace agua color ámbar en las viejas fuentes griegas del la culmine del sexo?
¿Qué pasa cuando ya no se oye el replicar de las campanas y se persigue el sonido del goteo incesante de arrepentimientos por lo que no se hizo y ya no hay tiempo?
¿Qué pasa cuando se vuelve a la niñez con quinientos treinta y ocho años, se sigue siendo el mismo o es un rastrojo de lo que se solía ser?
¿Qué pasa si se nos muere la muerte?
¿Dónde queda el recuerdo?....


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

GUERRA EN LA VENTANA



GUERRA EN LA VENTANA

-  Tres días, seis horas, nueve minutos, dieciocho segundos y contando - llevaba la cuenta exacta desde la última vez que sus ojos vieron a Marco. Ojos que se llenaban de lágrimas al pensar en las escabrosas historias dispuestas en su mente.

- Tres días, once horas, catorce minutos y no sé cuántos segundos han pasado desde que dejé a Helena en el umbral de la puerta llorando por mi partida, congelada por culpa de los arreboles fríos de la mañana. ¡Cuánto la amo! ¡Cuánto la extraño! Si pudiera estar en otra parte y no aquí, la tomaría y nos iríamos de este infierno. Vvolveríamos a ser felices los tres. - Contó Marco a sus compañeros, sin entender por qué lo hacía ¿Sería acaso una forma de aliviar su tormento o una forma de rememorar a su mujer entre lamentos?

Se despertó un día la mujer con un cierto gusto a amargura en el corazón, tomando prisionero a un rosario que llevaba colgando en el cuello sin soltarlo jamás, comenzó a rezar mientras abría las cortinas de su habitación, mientras su aliento congelado se dibujaba en los cristales. Arropó a la niña que dormía afable entre sus vestiduras. Se dirigió a la puerta de enfrente donde tiempo atrás vio caminar a su marido en dirección opuesta. Permaneció horas sentada en las escalinatas, sin importarle la nieve que comenzaba a caer, sin importar que su hija la llamara para que jugase con ella, sin importarle nada. Se quedó quieta, dejó caer el rosario al suelo, silenció sus labios y se incorporó secando las lágrimas escarchadas de sus mejillas.
De entre los árboles apareció un hombre, alto, mustio y cabizbajo que se acercaba con paso firme y continuado.

- Buenas tardes señora, soy el coronel Carvajal, espero no ser inconveniente, pero necesito hablar con usted. Su esposo, el oficial Montenegro, ha muerto en batalla, cumpliendo con su deber, lo lamento.

- ¡Hasta luego, coronel! - Dijo Helena antes de entrar a su casa y cerrar la puerta tras de sí. Se dirigió al cuarto donde esperaba expectante la niña en su cama. La besó y alzó en sus brazos. - Era papá que vino a preguntar por ti, dijo que te ama y no pudo pasar porque tenía prisa.
- ¿Cuándo volverá mamá? Lo extraño mucho, quiero que venga a jugar al té conmigo.

- Lucía, mi niña, papá no volverá, pues la guerra se ha desatado en nuestra ventana. - Se acercó cuidadosa a los vidrios y tras pasar su mano en uno de ellos, hizo mirar a la pequeña criatura, mientras se acercaban las tropas a las que algún día perteneció Marco.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


jueves, 23 de febrero de 2012

CUANDO EL VIENTO DUERME


Cuando el viento decide detenerse y ni dar rastros de haber existido y las luces se apoderan de las calles como caravanas de promesas de tiempos mejores, es cuando comienzo a imaginar paraísos taciturnos de lo que nadie me ha prometido, aferrándome al hecho de que, cuando regresen las ventoleras, mis fantasías se transformarán en un futuro proclive para engendrar felicidad.
Cuando las copas de los árboles están quietas y ya no bailan los tangos de romances que no he concebido, cuando los perros dejan de ladrar y a lo lejos solo se percibe el ruido de los trenes pasando, el silencio me abruma, haciéndome desesperar y desvanecerme entre las sábanas que me mantienen amarrada a donde se supone que tengo que estar pero ¿Por qué no me dejan ir a bailar con los personajes que tantas veces he inventado para no sentirme sola? ¿Por qué no me dejan habitar en el mundo que he creado para otros? Me gustaría convertirme en la Cenicienta del cuento que lleva mi nombre, vivir aferrada en los brazos de los galanes que pueblan mis páginas vacías antes de caer en letargo y vivir de las marañas que solo Dios sabe que existen y que son, desde hace siglos, el causal de mil demonios que me persiguen donde sea que decido poner el ojo.
Cuando la cuidad duerme, el viento también, porque se va poniendo viejo y tiene ganas de que algún día, alguien escuche sus lamentos camuflados entre los vahos que se cuelan por los edificios al tiempo en que el plenilunio es máximo y las fragancias de las castañas se apoderan de los rincones olvidados de todos y por nadie. Quiere contar la gracia con la que fue bendecido, y las maldiciones que le conlleva ser tan etéreo, que a final de cuentas, cuando deja de hacer ruido, asusta más que cuando rompe en gritos de dolor y ausencia. Hay nostalgia en su canto, como si buscase con avidez los rastros de recuerdos engreídos entre la basura que se recoge de las calles llenas de ratas y de besos clandestinos. Hay miedo en el temblor de su voz, sin embargo, nadie se detiene a preguntarle por qué…

El viento, duerme, y cuando lo hace, yo despierto para poder vigilar su sueño y que no le apuñalen el corazón que le va quedando, para que imagine lo que le quitaron desde la cuna y no pudo disfrutar, para que él, por un minuto, sea tan feliz, como yo pretendo serlo, cuando el viento, me regrese la esperanza de mi vida.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.

ps: this is new, I've made it for you. I hope you enyoi it!

ALEA IACTA EST



- “¿Vendrás a rescatarme de mis miedos? ¿Estarás aquí al amanecer? – Se preguntaba mirando por la ventana del dormitorio, embelesada con el centelleo de las luces en la calle y la penumbra dentro, la fanfarria de los postes y el humo de un cigarro en plena combustión. - ¿Algún día dejaré de estar tan loca? – El resplandor de una lágrima enajenada cayendo por el perfil era lo único que se percibía dentro de la casa.
Bajó las escaleras adivinando la distancia entre peldaño y peldaño. Puso música para que continuara el desfiladero de cristales líquidos desde sus ojos hacía el vacío y se acomodó con las piernas cruzadas en la última esquina de un sillón. Cuando hay que sufrir, hay que hacerlo con estilo. 
Le temblaba la mano que sostenía la caravana de arabescos grises al compás de una melodía supurante de morriña emponzoñada, mientras que la mirada jugaba a rehuir de todo lo tangible, ubicándose en una ranura del piso desnudo, ahí estaría a salvo de escrutinios maliciosos.
Era septiembre y el reloj dictaba las 11:15 pm; al día le quedaba poco, y decidiendo asimilar la agonía que causa saber cuándo no se volverá a respirar y el corazón se detendrá. Había empezado a pensar en él…
Hace dos años que ella era Penélope a la espera del regreso de su Odiseo y ahora que vuelve, la tientan los enemigos, sembrando en su cabeza marañas venenosas producto de la envidia al saber del vestigio delirante que nace en el brillo de sus ojos, por verlo próximo en sus brazos. Por él se había conservado intacta, tal y cual, como podría recordarla, firme ante las llamativas ofertas de olvido, de extraerlo desde su esencia más pura y ante los encantos de amantes dispuestos a todo por ocupar el lugar clausurado que él dejó cerrado con llave imaginaria y tan fuerte como el acero forjado en condensación perfecta.
- ¡Sofía! – Dijo. Estaba al teléfono.
- ¿Qué pasa? ¿Qué hora es? – La había despertado.
- No sé, pasado las once… ¿A cuánto estamos hoy?
- Emm… ¿Siete? Ocho si es más de las doce.
- ¿De septiembre?
- Obvio… ¿Qué pasa?
- Nada, nada. Adiós. Vuélvete a dormir.
- Sí, y tú deberías hacer lo mismo… y no abuses del champagne
- No he bebido.
- Sí, yo tampoco. – Fue sarcástica y colgó.
Era la fecha que celaba desde su partida, cuando la niebla no permitía grabar detalles de distancia finita y el frío se infiltraba por los huesos como una enfermedad de la que no era apropiado escapar o más rápido se conjuraba a la muerte. No parecía cierto que el tiempo que una vez demoró tanto en agotarse, cuando los segundos tomaban siestas previo de desaparecer extintos, de un instante a otro, volara en un parpadeo cargado de ansiedad. Era gracioso mirar en retrospectiva y acordarse de las maldiciones conjuradas, el odio a ella misma por permitirse la licencia de admitir un romance ilícito antecesor de la desesperación en el último beso, de todas formas ¿Qué ganaba el destino al separarlos, juntarlos, volverlos a separar y hacer que se extrañen? ¿Disfrutaba al tenerlos lejos? ¿Eran simples partículas en constante repulsión y sus cargas eléctricas los mantenía en los extremos diagonales en una habitación gigante, observándose, deseándose sin poderse alcanzar?
Dos años no parecían nada, más se tardaron en entender que provocaban lo mismo en el otro y que era indiscutible la veracidad de un sentimiento casto, pero al tener conciencia de la caducidad de los límites, el resto del tiempo actuaba de analogía con la eternidad y la paciencia, destrozándole los nervios sin poder pensar en algo que no fuera el momento en que él cruzaría la puerta, refugiándola en sus labios cianóticos, prometiéndole que no habría de partir jamás. Las vicisitudes de lo que se quería la tomaban por rehén amenazando con desintegrar el cuadro por concluir, donde solo faltaba poner la firma del autor.
¿En serio lo seguía amando con el mismo ímpetu que creía? ¿Podría ser que su cabeza la engañase y que en vez de que hubiese pasado el lapsus, transcurriese la mitad? ¿Y si no eran dos, sino doce años? ¿Era igual el calendario al otro lado el continente? ¿No lo afecta el cambio de horario? …¿Y si él la dejó de amar? Entonces, prefería ser carroña de los buitres, alimento de gusanos, nada, y ya la nada era algo. 
Necesitaba distraerse de esas conjeturas traicioneras o perdería sus cabales.
Tomó un libro y se dispuso a leer. Quizás la fantasía la ayudase a atusar la realidad llena de andróminas que hacen doler partes que ni siquiera se tenía conciencia que pudiesen doler con grima y boato opalescente, precisando la vigilia, porque sus ojos se quedarían abiertos, encendidos como faroles que alumbraran la media luz circundante pendientes de cualquier cambio, cómplices con sus oídos adiestrados en las remembranzas de una voz camuflada en el susurro lascivo, profunda con espacios en blanco, para que cuando el ruido de los queltehues cantando al acorralar a los espíritus vagos que pedían sacrificios de crías efímeras, no la distrajesen y su boca que echaba de menos probar el Chardonnay añejado en los barriles labiales ahumados y pálidos que ese hombre traía en sus carnes.
“Si tan solo estuvieras aquí – Pensaba, dejando el libro sobre la butaca con una página doblada. – Si tan solo no te hubieses marchado...Yo seguiría habitando segura en tus brazos a salvo de pesadillas recurrentes que me hieren al mostrar el final de lo que todavía no se alcanza a escribir. Seguiría somnolienta sin ánimos de querer recobrar sentido, porque soy feliz ahogada en la utopía del romance primero ¬– Se calló, afirmándose la frente con las manos y acomodando tras la oreja un mechón de pelo que resbalaba por la cara. – Si no llegas a casa hoy, mi cielo, no existirá septiembre 9…”
Un reconcomio inexplicable se le enredaba en el pecho, impidiéndole respirar, clavando alfileres oxidados en los pulmones por donde se escapaba el humo del sus sueños que se incineraban en el caudal de sus dedos embetunados con tribulaciones: ¿Volvería Troya a arder? ¿Helena se convertiría en esclava? ¿Moriría Aquiles de llanto?
Salió al patio, estiró una alfombra en el pasto húmedo y el vaho salía a borbotones de una taza con café que rato antes había preparado. Corría un poco de viento, hacía frío, pero no era nada que no se pudiese soportar, de hecho, sentir entumecerse le daba a entender que estaba viva todavía.
Los perros labraban de una esquina a otra, como si se contaran secretos en claves que ella no podía descifrar. Aullaban con ramalazo compartiendo el insomnio, el plenilunio y la espera.
“Ay mi amor, créeme que he tratado de extirparte de mis emociones, que he querido continuar, pero estás aferrado de alguna parte a la que no tengo acceso ni voluntad de decisión. Sigues, aunque te fuiste y me dejaste sola… - Bostezó estirándose. – Dime, mi vida, ¿Por qué siempre te cruzas por mi mente, cuando pienso que he encontrado descanso de mis tormentos y termino hablando de ti con nadie, conmigo y con tu memoria?” Sorbió el brebaje ya templado dejándole un gusto amargo en la boca. 
Los perros enmudecieron, las luces descendieron al igual que sus fuerzas, parecía que el cansancio ganaba de a poco terreno, robándole la lucidez, poniendo cadenas en sus pestañas y tapándola con espigas multicolor. El soplido del viento le cantaba al oído acunando sus ambiciones de semiinconsciencia. Durmió cuando el reloj marcaba las 3:10 am.
Las ondinas comenzaban a salir emborrachadas por el dulzor del rocío, bailando tangos orgiásticos con las hojas volátiles que caían en torno a la alfombra humedecida. Bailaban sin interesarles la presencia de un humano es sus ritos fecundos, porque no le temían sino que les inducía una especie de compasión despreciable, desazón más que otra cosa. Luego, las alcanzaron los duendes para tratar de conquistar la ilusión de las ninfas, exigiéndolas como consortes, para que contasen monedas de oro dentro de la tierra antes que los arreboles tiznaran el firmamento de sangre. Entonces, la cacería estaba dispuesta.
El pavoneo de caderas corriendo, enardecía los mares de bajos instintos en los duendes, insatisfechos de cabalgar salvajes sin riendas, ni monturas sobre el vientre encuerado de cuanta virgen entregada al servicio del amanecer encontrasen en el camino, extrayendo de sus pechos la ambrosia utilizada como calor en tiempos de hielo y la avalancha de gimoteos cargados con lujuria extinguía la luminiscencia en todos lados. La masacre se prolongaba hasta donde los ojos tuvieran alcance. 
 Los árboles atacaron con estocadas de resina pegajosa impidiendo el avance de las tropas mercenarias y el atisbo de los líquenes detenía las flechas dirigidas a la colonia de princesas solares que gritaban por ayuda, martirizadas por la fricción de sus espaldas y el vaivén sexual entre sus piernas con ñácaras. Cuando ya estuvo muerta la última, los duendes se marcharon, encontrando de frente el cuerpo de la mujer con labios azules, cabellos con agua y resplandor por doquier. Era el mejor tesoro que podían albergar en sus arcas.
Se arrimaron en su cuello, escalando por sus prendas hasta desarmar las barreras de lo íntimo y lo permitido, como si no les hubiese bastado acabar con el reino ondino, sino que tenían hambre de expandir fronteras.
Pasaron sus manos cubiertas en fango por los el contorno de la cara, estremeciendo la piel y trayéndola de regreso al despertar.
- ¿Ignacio? - Pensó que podría ser él, pero no había nadie cerca. Los duendes, las nodrizas cadavéricas, los arqueros arbóreos se esfumaron y los perros volvieron a ladrar.
El universo se contrajo hasta lo absurdo y quedar albergado dentro del espacio que la retina le ofrecía como hogar y tras de sí refulgían en centelleos los diamantes esparcidos sobre el manto tácito del fondo con terciopelo, en donde las galaxias jugaban a dibujar mensajes dictados sin ortografía que seguir, con tal de ser descubiertos por sus respectivos destinatarios, el resto, no sería capaz de unir los puntos de luz descubriendo la verdadera función de los cometas lanzados desde el regazo de Hera.

No había nubes en el horizonte y el calor se filtraba hacia las raíces del pasto, convirtiendo a la escarcha en rebordes dorados de hálito seductor alrededor del vestido decorado con talabartes de indiferencia.
Por alguna extraña razón ya no veía transcurrir los recuerdos delante de sus ojos, él no la atormentaba con el intermitente aparecer y desaparecer, en las cosas que se dijo o las que se callaron sin solicitud. Muchas veces imaginó que ese día sus nervios no la dejarían en paz ni aunque la anestesiaran con la expiración. Correría de un lado a otro tirándose los cabellos por no saber en qué entretenerse, subiendo y bajando las escaleras sin cambiar nada en el derredor de los muebles, destruyendo sus vestiduras con tal de encontrar la indicada o sencillamente, no se cubriría en absoluto (¿Qué mejor que un cuerpo al natural?), pero no, nada había sido como debía. Estaba ahí, quieta, sin moverse, intrínseca en un trance que no necesitaba inducción ni vías de escape en caso de emergencias. Era como si no le importase nada ni nadie.
Desde hace horas que no miraba el reloj dar vueltas y detenerse ¿Era esto normal? ¿Había muerto y no le avisaron? ¿Era ella Raquel Bustamante? ¿Le quitaron el alma y dejaron atrás la escoria?
Dios musitaba los vaticinios pragmáticos acerca del futuro de la humanidad entre canticos agridulces inervados con arrepentimientos en dispersión, escupiendo saliva tóxica sobre los techos, tratando de advertirles de las consecuencias lacerantes que acarrean sus acciones, pero parecía ser que ninguno se acordaba de su vidorria, a excepción de ella que balbuceaba con nauseas una especie de súplica por su perdón.
En algún momento la radio se apagó dejando que el ruido que hace la espuma al desvanecerse proliferara sin controles que la estancasen justo cuando todavía no puede lastimar al éxodo de fantasmas que huyen desde sus lápidas mohosas hasta el confín del mundo. Estaba todo en tanta calma, que al caminar los ecos de las pisadas producían sinfonías celestiales estirando las últimas notas antes de introducir, de nuevo, los susurros divinos, creando réquiems exquisitos. Había dejado de molestarle el silencio.
Subió las escaleras con parsimonia, pasando por la baranda los dedos largos que apenas parecían deslizarse encima, haciendo pausas regulares de respiración entre un peldaño y otro y al llegar a la habitación, abrió las cortinas para contemplar el amanecer cargado con nostalgia y con el vuelo de los pájaros que traían comida en el buche para alimentar a sus hijos, ver la decantación de los vapores lunares y darle paso a la coronación del sol sobre la sien de la gran ciudad. De seguro no hay una cosa más maravillosa que el arribo de los astros en persecución infinita.
Le dio la espalda a la ventana cuando sintió repiquetear la alarma del tren que pasa a las 7 desde el norte al sur, y las sombras se adentraban por el piso hasta sus pies, tirándole los pantalones y transfigurando las imágenes que reflejan las baldosas; un nublo de miedo comenzaba a formarse sobre sus hombros y pesaba.
- ¿Qué quieres? – Preguntó sin levantar la vista. – Pensé que ya no volverías.
- ¿No volver? ¡Estás loca, querida mía!
- Entonces ¿Por qué ahora y no antes o después, sino que ahora? ¡Ahora! – Empezaba a exasperarse.
- Porque es ahora cuando tenía que volver… Ha pasado mucho tiempo y veo que sigues fumando ¿No quieres una copa? – Ella asintió. – Detrás de ti, querida.
- ¿Voy a poder despedirme?
- No. No podrás hacer nada.
- Ya veo… ¿Y dónde venía?
- A dos cuadras y media. ¿Terminaste? Porque tenemos que irnos antes de que él llegue.
- Sí, ya acabé. ¿Cómo fue que me metí en esto? Ya ni me acuerdo.
- Yo tampoco, pero ¿Sabes? Tenías razón: no existirá septiembre 9…– La sostenía por la cintura. – Cierra los ojos y exhala.
- Ignacio… - No volvió a abrir los ojos y la presencia lóbrega me esfumaba por los rincones.
Ignacio la encontró al rato con el cigarro aun consumiéndose y la copa de vino blanco chorreando por la pared.

- Y no pudiste esperar solo un par de horas más… - La abrazó queriendo despertarla, que lo mirase y le dijera que era solo una broma, pero no. Ya era muy tarde.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.