miércoles, 4 de julio de 2018

MICHELLINE




La vida es muy corta: Demasiado.

Se sopesan las causas cuando, atragantándose el quebrando, es preciso mirar a los ojos a alguien para decirle que su vida tiene fecha de caducidad anticipada, que no verá el correr de los años, que sus heridas no las curará el tiempo, que los días serán precarios y desde ahora, contados. ¿Quién soy yo para decir algo así? ¿Por qué Dios delega esa responsabilidad? Es mejor morir por azar, sin conciencia de que cada suspiro es uno menos… y yo, que gasto mis días suplicando en que sea uno más, para que sea uno menos… postergando siempre, por un objetivo mayor. ¿Y ella? ¿A la que le acabo de decir que seis meses son muchos? ¡Ella suplica para que un día más sea un día más! ¡Un día más por el amor de Dios! ¿¡Qué es un día!?  Para muchos, un día no es nada. Para ella, lo es todo. Ella no cumplirá 34 años…



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

VANAGLORIAS PARA QUIÉN LAS QUIERA






De qué sirve el sacrificio si no hay nadie quién agradezca. 
De qué vale el logro si no hay con quién celebrar…  Al final del día soy solo yo, un par de cigarros y varias copas de alcohol para suplir la carencia, un continuo de ocasiones postergadas porque el cansancio es mucho, el tiempo escasea y el circulo que se ha ido cerrando hasta convertirse en un universo de un único habitante con su par de cigarros y sus varias copas de alcohol.
Al final del día, es solo un rostro apaleado por el sueño crónico sin tener siquiera fuerzas para poder sonreír… Sin tener las ganas de querer hacerlo.

De qué vale ganarles a todos, si todos se van y al cruzar la meta, no hay nadie esperando… puramente el desierto sin el oasis.

De qué sirve tanto conocimiento si es el precio es tan alto.

Hasta ahora no lo vi.
No hay nadie.
Se fueron en silencio mientras yo leía.
Se fueron lejos mientras yo bebía.
Se fueron a perder cuando yo más los necesitaba.

Así como yo pospuse, me pospusieron hasta olvidarme, porque los olvidé. Un pago con la misma moneda.

Vanagloria para quién las quieras. Yo solo pido compañía



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

miércoles, 20 de junio de 2018

LA NIEVE






Había nieve cayendo. Una capa blanca cubriendo la inmensidad del espacio. El hálito detenido en un instante para dibujar en él corazones porque sí. El día se consumía despacio, desvaneciéndose lento entre las marismas saliendo de las calderas expuestas al frio. Era otro día más. Era un día sin el desvarío de la incertidumbre. Quizás la misma nieve traía vaticino de cambio: una profecía cumpliéndose delante de mis ojos. No pensé verte.
Ese día desperté con el ímpetu del mar golpeando en el pecho y  con la misma serenidad que cuando la luna desaparece, feliz sin necesidad, por primera vez sin tormentas… como hace tantos años atrás no lo hacía e incluso así, no pensé en ti.

Jugué mis mejores cartas en un duelo donde la vida era el premio, y gané. Victoriosa, con glorias, honores y la rendición de mis enemigos postrándose a mis pies. Así se vaticinaba el futuro. Pero tú, jamás cruzaste en mi pensamiento.

Todo indicaba un cambio en el paradigma: la tranquilidad, la nieve cayendo tan cerca del mar, las victorias sin perder ni municiones. Debí darme cuenta. Sin embargo, se duermen los instintos en la postergación de sus afanes. Aburridos de ser ignorados, se largaron sin avisar, he ahí la razón de la ausencia del sobresalto.
En un dos por tes aparecieron planes para pasar la tarde y, aun así, nunca pensé en ti, hasta que mis pies estuvieron frente a frente a los tuyos, después de que abrieras la puerta. Cuántas veces crucé el umbral esperanzada en, por último, oír tu voz a través de las paredes colándose entre las rendijas y solo obtuve silencio, vacío y soledad.
Ahí estabas.

 ¡Cuántas veces no esperé este momento! ¡Cuánto tiempo perdido frente a un espejo, afinando hasta el más mínimo detalle, antes de emprender rumbo a esa puerta, por si la suerte era bondadosa! Y ahora, sin dormir durante días, despeinada, con el mal humor secundario al cansancio, saliendo literalmente de un diluvio provista solo con un disfraz de hospital, el destino quiso cumplir con mis afanes, casi al borde de la extinción por el olvido a la fuerza.

Sin tiempo de reacción. Sin un plan cuidadosamente estudiado. Sin el respaldo de las amigas ni la valentía del alcohol. Yo. Sola. El desastre hecho mujer frente al hombre causante de pesares repetitivos, conversaciones extensas con Dios y el continuo reproche de haber sido ciega, sorda y muda cuando más alerta tuve que estar. Él y yo detenidos en el zaguán. Él y yo, juntos en un saludo.

No puedo decir que se paralizó mi respiración o que se alteró el cantico del corazón o que los nervios no me permitieron emitir sonido, porque fue saludar a un desconocido… ¡Qué más se puede esperar después del correr de los años! Él cambió. Yo cambié. El mundo no dejó de girar ni de aparecer las arrugas. El calendario cobró venganza después de gastarlo a conciencia cuando todavía nos queríamos, que ahora nos despojó de la habitualidad.
Frases protocolares, cruce de miradas estrictamente necesarias, ni más ni menos… ni más ni menos… después de tanto.

Había dejado de nevar. Era hora de que apareciera el frío glaciar que congela los dedos con dolor. La noche era profunda, sin ni un rastro de nubes amenazando con tormentas.
Dormí con una sonrisa en mis labios y tu perfume impregnado en el cuello.
Dormí pensando que todo podría volver a ser maravilloso.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

lunes, 28 de mayo de 2018

EL AMOR



Hice el amor contigo, camino al trabajo esta mañana.
Hice el amor contigo, como dos jóvenes descubriendo los albores del placer, más torpes que entendidos, más a tientas que concretos, incoercibles como buscando guía antes de morir prisioneros del vacío.  

Hice el amor contigo como si fuera la primera vez… temerosos y enardecidos, furiosos y cobardes, justo en el limbo entre avanzar o retroceder.
Hice contigo lo que no en aquel departamento de diez y siete metros cuadrados, con una única ventana sigilosa y una planta suicida colgando, en un piso 14, perdido entre las oleadas de gente flotante en el centro, una tarde a mediados de marzo, tantos años atrás, cuando a ti, aún no te entregaban el tuyo y pasabas por si acaso, te podías quedar en el sillón… En ese entonces, siempre te dije que sí… Nunca entendiste el entrelineas de tanta amabilidad.
Sentí tus dedos despertándome las ganas muertas tras tanto tiempo dejados en el olvido, inmiscuyéndose en rincones prohibidos por la decencia. Sentí tu calor en mis manos, como un golpe de vida condensándose en el temblor de mis actos y lo errático de tu corazón de un momento a otro. 
Te necesitaba. Necesitaba de ti el agotamiento del hambre, la saciedad del instinto y la resurrección de la carne. 

Hice el amor contigo un par de veces antes de dormir. Me invadió de pronto tu esencia envejecida,  aunque tan vivaz que el tiempo se hubo desdoblado: hoy, ayer y mañana comenzaron a fundirse como nosotros en un abrazo sin extinción. 
 Te convertiste en mi todo: Mis ganas de ver un nuevo amanecer justo cuando la muerte bamboleaba un brazo a la distancia invitándome a seguirla sin pedirle explicaciones; en la fuerza robada cada que se consumía el espíritu y la humanidad en mí desaparecía titilante, luego de hacer cotidiano el dolor y la miseria; el calor en mis venas ya congeladas en la eterna posteridad de una vida en suspenso. 
Volviste a ser aquel que me resguardaba del demonio habitante en mi interior, de ese por el cual no respondo cuando lo hieren y que cobra factura con la felicidad ajena hurtada de un zarpazo. 
Hubo paz, silencio y amnistía...
Hubo fulgor, ansias y juventud...
Hubo una historia de amor escrita en páginas amarillas...
¡Hice el amor contigo tantas veces! que casi se sintió real... que casi se me olvidó tu ausencia... que casi no llore en la noche tras recordar que todo es mentira.... 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

miércoles, 28 de marzo de 2018

DE CUANDO YA NO ESTUVISTE





¿Desperté o estaré soñando? Siento el silencio seduciendo a mi alma y las cosquillas recorren mi cuerpo, mientras los arreboles se plasman en mi piel dejándola de cobriza a rojo intenso.

Pienso en ti... Inevitablemente, siempre pienso en ti. Hay un dejo a  tu aroma a lo lejos ¿Estás o te fuiste? No lo sé. No quiero saberlo tampoco… De pronto, un recuerdo garrido me abraza y no me deja dudar. Te quedas un momento en un bamboleo del tiempo, como si 10 años se redujeran a solo un instante, uno que pasó cuando terminaba de pensar esta frase... Quédate. Ven. Yo te escondo. 
Aparece el viento celoso, arrastrando tu perfume y sus recuerdos a la mierda y así, de pronto, te vas. 
Te vuelvo a ver desapareciendo entre las tinieblas de la noche que se hace firme... Cuánto de eso... cuántos días sin noches, cuántas noches apoderándose del mundo: Desierto y mar. Hambre y banquete. Tú y yo. Lo innegable y lo imposible.  

Miro de nuevo al cielo y es una noche parecida a la anterior, con niebla a ras del empedrado y silencio fúnebre. Quietud por todos lados, menos aquí, en esta habitación donde me paseo de lado a lado tratando de calmar la inquietud provocada por recordar tu recuerdo, torturándome por la ausencia. Quietud por todos lados…y tú no apareces. 

Puede ser que por benevolencia o por amnistía, alguien escuche mis suplicas y te traiga de nuevo a mí.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER  


















martes, 27 de marzo de 2018

BITÁCORA DEL CAPITÁN, DÍA 2




Se aproxima la aniquilación de los días... Oleadas incesantes de insomnio dispuestas a destruir tanto como puedan... Un vacío en expansión desde la creación misma comienza a  proclamarse entre lo que que ahora me quita el aliento  y yo... No importa cuántos años lleve a cuestas. No importa lo que haya aprendido antes de hoy. No importa que las heridas aún duelan al recordar, si con tal de todo, la promesa de un beso se puede ver a contra luz. 

Tengo los ojos nublados con cataratas. Soy ciega, sorda y muda al caminar. De corazón,ni las angustias quedan, pero de las cenizas restantes, se levantan resplandores de un nuevo albor. Amanecer con gusto a  ¿él?

Nada es certero desde hace un tiempo atrás. Ni la continua sucesión de días con sus noches y sus desvelos. 
Las heridas dejaron de doler de pronto, como si su nombre fuera un vaho santo, que sana las cicatrices deformes de tanto amor a medio morir.  Un presagio soplando desde el horizonte hasta mis velas, sus ojos mirándome fijo, enviando mensajes encriptados en cada pestañeo para que nadie sepa de ocurrido en lo cotidiano. Los secretos continúan secretos, cuanto más a la superficie se guardan. A nadie se le ocurre buscar a simple vista. Es demasiado obvio. 

La electricidad nacida de la tormenta, la luz incandescente de un rayo lanzado a las aguas, condena en su belleza. Siento la misma energía recorriéndome el cuerpo: Un peligro latente, un deseo en fervor, destrucción y caos... Sus manos en mi piel.

Es el instinto arremolinándose de a poco...
Son sus ojos, el despavile del hielo del cual, soy prisionera.
Es el tiempo detenido en la idea de volverlo a ver...
El ansia de quitarle la indumentaria....



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER. 

lunes, 26 de marzo de 2018

BITÁCORA DEL CAPITÁN, DÍA 1






Bitácora del Capitán, día 1:
Ansias… las ansias consumen peor que los pecados inconfesos. Se confunden con la angustia despertada desde el vacío dejado por un fantasma carroñero de juventud y prometedor de primaveras en fulgor: el amor.

Ansias como sinónimo de deseos impuros en su máximo esplendor, quitándome el descanso para convertirlo en despilfarre de horas plagadas de una fantasía tan real que casi logro tocarla con la punta de mis dedos, pero tan tenue como mi voluntad por estos días.
Ansias llamadas a combate tras ver el amanecer de una posibilidad tiznada de errores y tiempo bailando vals, separándonos en polos opuestos del mundo.

Sonrisa seductora que me arrebató la cordura.

La resurrección de esa sonrisa ponzoñosa cuando pensé se había convertido en un recuerdo sin recordar, perdido por los recodos de la memoria y ahogado en varias copas de alcohol después de haber proclamado por mi propia voz, desconocer a su dueño cuando el futuro llegara. Aquí está de nuevo, dirigiéndose directo a mis ojos, invocando a mis instintos a saciar su naturaleza.

Ansias de esa sonrisa por las mañanas y justo antes de dormir.

Navego por aguas surcadas mil veces y siento que esta vez la marea es distinta, los vientos son cálidos con olor a manzanas acarameladas y una esencia familiar, aunque indistinguible del beso salino de brisa en mi cara, se proclama por estribor como el ancla que detendrá mi huida de aquí. Las corrientes son tranquilas, particularmente tranquilas con un arrullo cargado de un gemido pospuesto, pero suyo, por mí.
Todo es tan igual… todo es tan distinto.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 8 de marzo de 2018

EL CUERPO TIENE MEMORIA





El cuerpo tiene memoria. Recuerda la sensación del viento salino escociendo las junturas cuando el atardecer está pronto de nacer, o el dolor de una herida al contacto con las vendas y el agua, los detrimentos de la piel al regenerarse sin tener conciencia… Un dedo deslizándose tentador por la espalda cuando no se sospecha…

El cuerpo tiene memoria. Recuerda el escalofrío que causa la mirada profunda de un asechador a la espera de atacar al bajar la guardia, el pánico de ya no sentirla de pronto y reconocerlo, sin dudar, al pasar entre la caterva al salir tarde a caminar sin rumbo. Se sabe quién la causa, es inconfundible como una marca tácita desprovista de firma clara, pero irrepetible.
El mío no ha olvidado las quimeras desatadas desde el otro extremo del salón con cada pestañeo de esos ojos oscuros, peligrosamente oscuros similares a las nubes que acarrean tempestad sobre los trigales.
El mío extraña un beso en el cuello dejado en un descuido entre el ajetreo de lo cotidiano, la electricidad descargada de los labios tiernos repletos de perversión sin tener deseos de profanar la inocencia. Hay anhelo desparramándose por doquier y nada que traiga algún recuerdo de pronto desde el panteón donde ya ni cenizas quedan de la historia.
El mío siente una respiración haciéndose sutil al profundizarse en el letargo. Siento unas manos adueñándose del espacio congelado y placer suspendido en el tiempo, garfios enganchándose de mí cuando el sueño es exaltado por un vestigio de voz familiar llamando desde lejos a las vulnerabilidades del orgullo. Te siento decir mi nombre cuando el cólera ataca al verte desprovisto del futuro. Me pasa lo mismo. También llamas mi nombre con amor por estos días, es una vibración inquietante, bailarina en el pecho, que aparece los viernes en la noche, cercana a las 10, nostalgia amalgamada con melancolía y una copa de bordeaux. El cuerpo reconoce a su dueño, aunque el dueño ya no esté.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.  

DROGAS DE ADICCIÓN





Una vida detenida en un segundo,
Un antes y un después de todo,
Una taza de té enfriándose lento,
El vacío insostenible de la noche por venir.

Las ganas de avanzar y salir del camino,
Antes de la colisión inminente con el fin,
Sin poder mover los pies, cargados de concreto,
La última exhalación antes de morir.

La angustia de la ausencia en el correr del día,
La desesperación de andar buscando lo que no está,
Pensamientos esquizoides debutando uno por uno,
Mientras tiritan las manos sin piedad.

Olvido. Olvido de dormir y respirar,
La fatiga predisponente ante un albor,
Caricias fantasmas levantadas de un sueño,
Sabor a soledad colándose sutil.

Anestesia en un corazón terminal,
Expiación para los condenados de esta tierra,
Tus aflicciones desnudándome las mentiras:
La libertad conocida al besarte por primera vez.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

PODRÁN HACER DE MÍ




Podrán quitarme el descanso. Sí podrán.
Podrán hacer de mis inseguridades su mejor defensa y yo caeré.
Podrán amenazarme el futuro y volverlo negro y pedregoso.
Podrán hacer que ya no quiera vivir.
Pero nunca, el sueño.
Nunca la entereza.
Nunca la ilusión del porvenir.
Nunca la esencia misma.

Podrán quitarme las fuerzas y hacer del cansancio el vestido de diario.
Podrán alejarme del mundo en completa aislación.
Podrán ponerme un yugo y atarme las manos.
Podrán hacer que los días no cuenten más.
Pero nunca, la convicción.
Nunca mi familia.
Nunca la capacidad.
Nunca la experiencia.

Podrán hacer de mí, lo que quieran.
Podrán humillarme hasta el llanto.
Podrán convertir el universo en un presidio.
Podrán quebrarme las piernas.
Pero nunca, podrán conmigo. 
Nunca privarme de la revancha.
Nunca coartar mi albedrio.
Nunca me dejarán sin levantarme.

Podrán quitarme la comodidad y llenarme de espinas el reposo.
Podrán hacer que el agua no calme la sed.
Podrán arrebatarme el aire y hacer la respiración dificultosa.
Podrán despojarme de todo.
Pero nunca, quitarme la autonomía.
Nunca sacar al mar de mi ser.
Nunca robarme el suspiro.
Nunca, nunca las palabras que escribo.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

jueves, 15 de febrero de 2018

EL GRITO





Ese sonido.. ese devastador sonido hizo darme cuenta que la vida cobra factura cuando menos se espera.
Cargos por las mentiras dichas, los daños infligidos, por hablar mal y con odio de personas sin sentido,  por todo pecado realizado alguna vez…
Ese sonido que congela el tuétano de un golpe y trae de pronto,  imágenes fugaces de todo lo que pudo  haberse hecho antes para evitar tan tenebroso desenlace. “Si tan solo"… reinó en mis pensamientos… Si tan solo hubiera revisado, si tan solo hubiera esperado, si tan solo fuera más cuidadosa, sin tan solo… Ya nada servía y de mi arrepentimiento ¡Oh qué hablar de ellos! Aparecieron en batallones incriminándome por el descuido.

Ese sonido, el que uno no quiere escuchar jamás, porque se sabe es una forma tétrica de recordarnos la humanidad acarreada y lo imperfecta que resulta ser… Es el sonido de la dependencia haciéndose manifiesto y de la inutilidad enraizada a ella, la propia insignificancia, si se quiere, resumida a un acto que marca un antes y un después.

Ese sonido, ese puto sonido del celular cayendo al agua.


ESCRITO POR:FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 6 de febrero de 2018

A LO ROJO SE VA EL TORO.







-        -  Epa, epa, epa… ¿Qué haces dando tumbos por aquí? Nadie aparece después de tanto tiempo porque sí… - Dije al aire tras oír tu voz escarbando en mis recuerdos.

“¡Ay mi Fran, cómo se nos pasó el verano tan rápido!” Tenías razón en ese entonces, se nos hizo poco entre conversaciones mundanas sobre ideales distintos, tragos de tequila mirando las olas a medio turno de trabajo y música extraña para jugar a ser unos wurlitzer, pero no había vuelto a pensar en ti. Mis espacios vacíos los llenaba otro nombre, casi surreal por estas fechas, fórmulas de conversión a dosis pediátricas y un sinfín de síntomas apiñados para tal y cual enfermedad. Tú, de pronto fuiste, una buena anécdota para contarles a las amigas entre cervezas y cigarros.
-         - Aquí nos conocimos – Dije – y si nos volvemos a encontrar, tiene que ser aquí.

El día había aparecido cubierto de nubes de mar a cordillera, las olas reventaban con una fuerza magistral, se respiraba sal y olor a cochayuyos arrancados desde las profundidades: La atmósfera perfecta para salir a caminar sin rumbo.
Eso provoca los días grises en mí, la revitalización del alma austera, un golpe brutal de energía… A todos no se nos da eso del sol radiante.

Hacía ya tiempo no vestía de rojo, puede ser por las inseguridades levantadas con el correr de los años, pero “Qué más da – Pensé – A lo rojo se va el toro.”
Puse algo de brillo en mis labios, un par de aretes al tono, pantalón ajustado y sombrero de ala ancha para encubrir la mirada. Caminé horas por una playa al borde del abandono, colonizada por resto descuartizados de medusas sin suerte. No sé en qué momento el sol hizo su entrada triunfal, deshidratándome las ganas por descubrir lo que había un par de kilómetros más adelante.
Hice planes a futuro, conversé con el mar sobre mi mal de amores y él rió, organicé la lista del supermercado, canté a todo pulmón, luego de asegurarme que nadie pudiera escuchar, recé por mis muertos, agradeciendo el legado que me dejaron en bandeja, esperanzada en la idea, de algún día, poderlos abrazar de nuevo y contarles que después de todo, no lo hice tan mal, recogí un par de hultes secos para dárselos a mis perras al volver a casa. Son iguales que niños: se entretienen con tan poco. También agradecí por ellas.

Ya se me había acabado el agua cuando caí en cuenta que la tarde se escapó sin aviso. “Si tan solo el mar fuera potable, nada me detendría.”
Retomé camino conocido, sin importarme lo empapado del pantalón al ponerme a jugar a la tiña con el mar y media hora más tarde, una ventolera malintencionada me distrajo quitándome el sombrero. Levanté los ojos y sobre un socavón de arena, estaba este personaje de pelo oscuro alborotado y lentes de sol sumido entre las líneas de un libro amarillento recibiendo el respirar salino de las aguas en carnaval.
-          -   ¡Ay mi amor de verano, cómo se nos pasaron tan rápido estos años! – Suspiré tras percatarme que el niño que conocí había proscrito para darle paso a un hombre con el que, de seguro podría ser yo misma.
Me hice la desentendida y con paso raudo avancé sin mirar atrás…
Esa costumbre de sabotearme las coincidencias, es más fuerte que yo.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.