martes, 9 de enero de 2018

LA MIRADA




He visto cómo te mira: Hambriento. 

Irascible por la sed que lo consume, siendo acorralado por la necesidad de probar un poco de absolución; un bocado prohibido para él desde que te vio sonreír. 
Hay inquietud en sus ojos al no encontrarte entre la gente, un dejo de incertidumbre sobre un futuro que no alcanzó a llegar y fantasías sin nacer. La desesperación de un loco ardiendo en el infierno, apaciguada solo por el rugir de tus tacones componiendo réquiem en el cemento ardiente de media tarde. 

Depravaciones nunca conocidas comienzan a tomar forma al despojarte de a una la indumentaria; un desquicio sin tratamiento aflora cuando la desnudez no es el siguiente paso por seguir. Se percibe la inmoralidad exasperada emanada de cada pestañeo con arabescos de consumación carnal elevándose entre sus plegarias antes de saludarte. Es sexo susurrado en los silencios. 

La furia de las olas se condensa a fuego lento, resucitando naufragios de deseos añejos sin concretar. 

He visto cómo te mira: La salvación. 

Un pacto implícito de su alma a cambio de un beso tierno entregado por azar al alinearse los planetas a su favor, esa esperanza que mantiene en vilo por las noches, concediendo luego, un día cargado de posibilidades, que mata y da vida, que agota y revitaliza, que hace daño y sana. 

La búsqueda incansable de una imagen borrosa rescatada desde un sueño febril traído de golpe a la realidad, tomándola por una y renunciando a lo conocido con tal de la felicidad, por efímera que sea. 

El indulto de los pecados a sabiendas de la condena al conocer el rostro de la salvación: El tuyo, para él. 

He visto cómo te mira: La reminiscencia. 

La añoranza de un pasado donde hubo calma y con tal de respirar aire limpio por una vez, vivir enraizado a un recuerdo, en la infancia más pura, donde no había destrucción, ni daño, ni corazones a medio partir, un mendrugo de familiaridad combinado con el miedo a lo desconocido: Un abismo sin fondo con escarcha de rosas en cristal. 

Un suspiro congelado en el tiempo, pospuesto una eternidad con tal de verte llegar y ahora que estás aquí, su mundo se acelera hasta colapsar en un instante, el mismo en el que le sonreíste porque te dio la gana, sin saber de la adoración profesada por un pobre condenado que nunca supo de qué se trataba el juego. Apostó consciente de la pérdida: Él contra el océano hecho mujer, catástrofe y hermosura. 

He visto cómo te mira: La promesa de sexo al caer la noche. 


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.  


lunes, 8 de enero de 2018

LA SEÑAL




Pedí por una señal y se enardeció la mar oscureciendo sus aguas hasta no dejar ver los secretos tallados en las rocas. Espuma se formó entre vaivenes sensuales de insinuaciones en respuesta a lo que pregunté, tentándome a lanzarme sin abrir los ojos antes de inhalar. Se apaciguó después de un rato.

De fondo empezó a sonar una canción que inevitablemente susurra tu nombre, aunque solo para mí. Ese sabor agridulce que acarrean los recueros al resucitar con tu rostro: dolor y alegría reducidos a ti.
Hay un barco echando redes cerca del horizonte… y detrás se aproxima amenazante la bruma…
De pronto, me encontré fantaseando con nosotros dos solos en la playa, sin nadie alrededor, cuando el mundo aún duerme, mirando el mismo barco echando redes, sumidos en coqueteos descarados, besos lentos suplicantes por no extinguirse jamás, perdida en el vibrato de tu voz camuflándose con el reventar de las olas, tus dedos jugueteando con mi pelo revuelto por le viento y yo, refugiándome en tu abrazo. Seríamos tan felices si nos decidiéramos.
Las golondrinas no pueden contra el suspiro del mar. Los alcatraces, sí.

Pedí una señal y tuve a la muerte de frente con dos opciones para ofrecer: acompañarla de una vez o dejar de desperdiciar la vida. Ahí fue cuando volviste a aparecer. Lo peor que puede pasar es que sigas sin querer saber de mí… Tengo que finalizar los asuntos inconclusos por si decide venir a buscarme o me voy a quedar vagando entre estas paredes por la eternidad.
Tengo ganas de tomar tu mano y caminar al caer la noche, hacer planes a futuro y reírnos de nuestra inocencia. Quedó un vacío tan grande al irte, exacerbándose cuando ataca la melancolía o cuando el deseo se convierte en fiebre incurable. Tengo ganas de retroceder el tiempo, maravillarme con la simpleza de un día cualquiera contigo matando las horas, contarte que tuve una profecía y que no importa lo jóvenes que fuimos, el amor era real y antiguo, de mil reencarnaciones, pero siempre tuya y siempre mío. Tengo ganas de desnudarte, de estudiarte, redescubrirte… de curarte. Sin embargo, nada de lo que quiero importa, porque de una forma u otra, muy en el fondo sé que no se cumplirán. 
Las golondrinas no pueden contra el suspiro del mar.  Los alcatraces, sí. Recuerdo un tiempo en que fui un alcatraz.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER. 

viernes, 5 de enero de 2018

CAMPARI CON HIELO




Vivo al borde de la latencia,
Estacionada en un segundo dilatado,
Atrapando los años en un puñado de amaneceres,
Pasando las noches sin dormir para no soñar

Esperando un momento en un torbellino de momentos,
Un día, en un desierto de milenios,
La llegada de El Salvador a esta tierra profana,
La absolución de los pecados justo antes de morir.

La vida en oscuridad para ver en el cielo
La luz de una estrella extinta hace eones,
Como diez años condensados a un volverlo a encontrar,
Un día cualquiera al doblar la esquina.

Aquí, detenida, a sabiendas de la pérdida,
Una juventud desperdiciada para recuperar el alma,
Por condenar al amor a podrirse en arrepentimientos
Al jugar con fuego sin saber qué hacer.

Un Campari con hielo cuando sean las diez,
Así me imagino un beso tuyo:
Tan amargo, tan dulce, tan perfecto,
Lo necesario para congelar la respiración.

Apostar todo sin tener carta segura,
El tiempo no se detiene pese a las ganas,
Así como las noticias tuyas no llegan
Aunque me coarte la cordura su ausencia.
La resignación intermitente susurrando al oído,
Condenación a la soledad, si no es contigo un segundo,
La tergiversación del sentido, buscándole una explicación
A la permanencia de este sentimiento desahuciado.

Arreboles poblando los atardeceres y el viento,
Las hojas cayendo tras morir de sed,
El trago en la mesa que adormece el dolor
De presentir que no te volveré a ver.


 ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

domingo, 17 de diciembre de 2017

LA CONTINUACIÓN INTERMITENTE DE UN AFÁN RECELOSO



Yo todavía te imagino entre mis piernas,
Desplegando a un ejército de contracciones involuntarias,
Vaciándome el alma de dolor y soledad
Para llenarlo con mariposas en pleno vuelo.

O todavía imagino tus manos torturándome la piel,
Entregando caricias mezquinas en las angulaciones del cuerpo,
Tu voz gimiendo por más y agotándome el aliento,
Convirtiendo el día, en otra noche sin dormir.

Yo todavía te imagino retorciéndote sobre mí,
Consumiéndome de a poco, deshidratándome las ganas,
Anclando tus dedos a mis caderas,
En la reverberancia del quebranto cercano al éxtasis.

Yo todavía te imagino buscándome en las sombras,
Liberando al silencio de su monotonía con tus suspiros,
El crujir de las maderas y el réquiem de besos extintos,
Tú y yo, condenados al otro.

Yo todavía te imagino desabotonándome el placer,
Permitiéndome al pecado por necesidad,
Invocar a tu hombría con mis insinuaciones
Y una mano adentrándose en Sodoma.

Yo todavía te imagino, donde te puedo ver,
Para luego desaparecer bajo las sábanas,
Declarando tu conquista con un escalofrío
En la vertiente más caudal de un cuerpo en algarabía.
ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.


lunes, 23 de octubre de 2017

DÉJAME DORMIR






No me dejen despertar. Que continúe el mundo sin mí.
¡Qué pasen los días y los años y mis ojos no se vuelvan a abrir!
¡Qué se vaya la vida, no me importa, pero déjenme dormir!
Porque todavía puedo sentir tu olor en mi cuello.


No me dejen despertar, porque te escucho reír,
Tras un halo de luz atravesando las cortinas
Y de pronto, estan tus ojos desnudándome con malicia,
Mientras tus manos contienen mi cintura.


Qué continúe el mundo sin mí, pues no le pertenezco.
Dejó de rotar al extinguirse tu voz.
Frío y desamparo lo invadieron. Yo perdí.
Fui esclava desde entonces: hambre y oscuridad.

Qué pasen los días y los años, que se arrugue mi piel,
Pero soñando que envejezco contigo, hasta dejar de respirar,
Los dos contra el mundo, como soliamos ser,
Tomados de la mano al perdernos en la noche.

Qué mis ojos no se vuelvan a abrir, si con eso te puedo besar.
Retroceder el reloj hasta el día que te tuve a solas,
Conquistar las aristas de tu hombría y el deseo,
Saciar por fin, la deprivación de la carne.

Qué se vaya la vida, para ir a buscarte entre quimeras,
Aquí no hay espacio para coincidir, el universo se expande a propósito
Y mi necesidad aumenta en exponencial cada segundo.
Me duele abrir los ojos. Esta realidad solitaria. Déjame morir.

Déjenme dormir, déjenme imaginar que nada ocurrió,
Que seguimos siendo jóvenes, terminando de crecer,
Descubriendo los albores del amor sin saber bien qué es,
Los dos con nuestro idioma secreto.

Porque todavía puedo sentir tu olor en mi cuello,
Porque todavía puedo ser, por una noche la luz que te le hace falta a tu vida,
Porque andas vagando en mis sueños siempre,
Porque yo todavía te amo.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

jueves, 12 de octubre de 2017

EL ALFA Y EL OMEGA





Niebla al pie de las montañas,
Una gota de lluvia que cayó en mi labio,
La ansiedad de tus manos
Y mi deseo en pausa.

Pólvora lanzada al aire en un suspiro,
Miles de puntos de ignición desplegados,
En el espacio ente tu mirada y la mía:
Cánticos susurrados por los muertos.

Un bamboleo inocente en el viento,
Con olores dulces del renacer de septiembre
Acarreando recuerdos olvidados,
Instando a la noche a dejarse caer.

Amenaza de tormenta en tu piel,
Premonición de terremotos al despertar,
Los sentidos de los videntes degenerándose,
Porque yo soy el Alfa y tú el Omega.

La comandancia de los mares ofrezco,
A cambio de invocarte hoy, en el zaguán,
Los misterios del porvenir desgranados
A quien traiga noticias tuyas pronto.

Universos se despliegan ante mis ojos,
Pero son ciegos para verte regresar,
Así como lo son para encontrarte entre las cartas
Barajadas en la mesa al preguntar por ti.
Atracción repulsiva para juntarnos en el mundo,
Malicia contenida por venganza,
Trayendo sufrimiento nacido del amor puro:
El dolor más grande que nadie ha sentido.

Niebla al pie de las montañas,
Una gota de lluvia que cayó en mi labio,
Cataclismos profesados al reencontrarnos,
Porque yo soy el Alfa y tú, el Omega.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 12 de julio de 2017

LA RESURRECCIÓN




Un domingo 2 de julio, en tierras lejanas la selección de fútbol lloraba la pérdida de la copa. Aquí, un médico mataba a balazos a personas dentro de un casino y un candidato arrasaba en las elecciones primarias para la presidencia... Yo te volví a ver.

Ha pasado el tiempo y se nota. Poco queda del niño de mirada diáfana que un día rellenó mis ausencias.Ya más viejo, algo maduro, sanado y reconstruido, sin las cicatrices que te hice. Ahí  estabas, en la foto de una amiga. La última vez, aparecía yo en el medio, con mi piel tostada irradiando felicidad por reírme de las estupideces que susurraste en mi oído... Casi 10 años en la memoria...La amiga, tú y yo.

Un domingo, 2 de julio, a  nueve días de tu cumpleaños y a 19 del mío, la vida me escupía en los ojos con desfachatez al traerte súbito  al aquí y ahora, cuando ya empezaba a acostumbrarme a esta dicotomía  de "tú en tu mundo y yo en el mío" siendo que, en esencia, es la misma porquería: El manejo expectante de un segundo dilatado.

Amplitud y lejanía, vaivenes contrariados por la fortuna de una jugada al azar, la decrepitud del raciocinio  y el insomnio atrofiándome de a poco, hace que mi mundo sea menos atroz de lo esperado  al quedar oscuro tras la sequía de tus ojos en mis días. Todo límite se disuelve a su mínima expresión para extrapolarse a otro jamás conocido. Siempre se puede llevar todo un poco más cerca al punto de quiebre, sin estar lo suficientemente en riesgo como para perder el aliento en un descuido.

Así se pasan los días aquí: Una rutina insostenible con cosechas fructíferas de cansancio en expansión, tanto que abunda, sin dejar cabida para el sueño, porque en la inconsciencia se libran peleas con los demonios habitantes en mis pensamientos y despertar significa haber vencido, tras dejar lágrimas de sangre sobre cadáveres de monstruos regados al sol. Despertar y caer en lo profundo de un abismo con el correr de las horas, para llegar a dormir y reanudar el ciclo, hasta ese domingo.
Fue el hecho de saberte bien, lejos del alcance de mi maldición, lo que hace que respirar costara menos, sin causar más dolor. El aíre continúa siendo poluto, pero ya no tiene sabor a alquitrán, tiene sabor a domingo 2 de julio, una cosa inexplicable, como la amalgama entre la mierda y la miel con chispas de ilusión disecadas para adornar el vacío avecinado en un futuro cercano que construyo sin saber bien para qué.
Creo sentir una pulsación distinta en la rotación de la Tierra, un vaticinio que me fue concedido hace ya tanto, pero quedado en latencia por los siglos de los siglos...Hasta ahora.
Algo tuvo que haber pasado para que tu foto haya salido a flote después del naufragio sin sobrevivientes que nos destruyó la vida.

Cuando alguien quiere ser encontrado es cuando más se esconde... Ya había desistido de buscarte sin victorias , y de pronto, se acaba la partida de ajedrez: No hay escondites, no hay más anonimato, ni misterios conspirativos, ni alineación planetaria, ni calendario Maya. No hay nada, excepto algo alterando el sentido del orden.

Han pasado 39 horas desde que cerré los ojos por más de cinco minutos. Tengo miedo de no volver a abrirlos, porque una vez pedí, entre llanto amargo, ver tus cara una vez más antes de morir...

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

viernes, 7 de julio de 2017

SAN JUAN SIN LUNA





Quise entrar al mar y tocar el horizonte.
Quise quedarme ahí hasta que me salieran branquias.
Quise seguir caminando hasta que mis pulmones se acostumbraran o simplemente, dejar de respirar.

Me quedé mirando, enajenada del mundo, ausente de mi misma, el correr de las horas, y el tamborilear de los segundos en el entrecejo, sin mover un músculo, porque ya no estaba. Creo que nunca estuve. Era una cáscara de la que solía ser, vacía por dentro y tan frágil ante la amenaza de una exhalación, que los resquebrajos se comenzaban a notar sin prisa. Me convertí en espacio cargado de desesperación y angustia, oscuro cuando la reverberancia de la luz aparece, e infertil para la alegría. Hace tiempo, casi una vida atrás, fue que parí la última... Las risas desde entonces, son todas mentirosas para aminorar el batallón de preguntas que se puede levantar si alguien se enterase de lo que ocurre: Caos y muerte.

Quise entrar al mar y congelarme...

El mundo pasaba por mi lado sin darme cuenta, sin importarme un carajo el agotamiento de la paciencia de los espectadores. Pasaba y se me iba la vida.
Pasaba a conciencia del desperdicio, sin embargo, no me moví. Él miraba sin decir palabra alguna. Yo sabía que me observaba. Me sentía segura, con esa certidumbre que nadie me prometió, de saberlo dispuesto a salvarme por si atacaban las ganas maliciosas de plantarme un tiro en el medio de la cabeza. Sabía que me detendría

Quise quedarme ahí y echar raíces, con él al lado, pese a que nunca se lo dije. Yo me quedé...


Amenazas de porvenir repleto de mierda, se levantaban por el oeste, disfrazadas de esperanzas caducadas antes de ser ofrecidas. Una sucesión de mañanas inagotables, impuros y con brío, llegaron de golpe sin darme tiempo de defenderme con estrategia de contraataque. Masacre por todos lados. Cadáveres de días, sangre pastosa extraída de los relojes regando el pasto, metrallas de segunderos incrustados en las paredes, mis ojeras tocando el piso, y mil heridas imaginarias al pensamiento degenerándose en demencia temprana. Cuando bajé los brazos, ya no estaba.

Gasté tanto tiempo tratando de mantenerme a flote, temiendo ser consumida por el abismo del futuro incierto, pese a la reberverancia de la vida misma, que no sé cuando se fue.
Yo pataleaba por no sucumbir ante lo desconocido. Me aferraba a los restos de cordura resagados para poder darle un sentido a tanta deprivación. Yo había dejado todo con tal de vencer. Incluso lo olvidé por un instante... Fue estúpido pensar que al voltear estaría ahí... Fue estúpido pensar que me rescataría...De mí.

Hoy quise volver a entrar al mar, y sentir, por dos segundos tu ojos sobre mi hombro, cuidando mis pasos...
Aquí no hay mar...


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER



miércoles, 31 de mayo de 2017

DIJE TU NOMBRE




Y ahí estaba yo: diciendo tu nombre en voz alta. Se escucha tan raro tras tantos años de silenciarlo cada que insistía en patalear causando caos y destrucción en la calma que me inventé.
Dije tu nombre, pero no por ti, sino por azar, por mero capricho o una coincidencia entre nubes. Sin embargo, lo dije y dolió.

Lingotes de ausencia comenzaron a encerrarme con el paso de los segundos mientras el eco de mi voz todavía se expandía entre cada letra de aquel nombre hecho sinónimo de desvelos, necesidad y latencia.

Sola, envuelta en la bruma levantada de un recuerdo polvoriento de cuando fui feliz y tu sonrisa adormecía a mis demonios  por las noches. Sola contra el mundo. Sola, devuelta al momento en que me rompiste el corazón: Un día sin fecha de febrero, con la luna en fulgor y la última frase obtenida de tu boca… "No me busques más"

Ahí estaba yo. Empapada de una realidad que no me gusta,  con un futuro vacío mirándome de reojo, un par de copas de vino cuando me vuelva a atacar la melancolía  si llegase a soñar contigo un día de estos. Veo venir tormenta camuflada bajo la excusa de primaveras tempranas o romances placebos. Destrucción por todos lados  y sábanas congeladas.

Dije tu nombre y miré con ternura los ojos  azules del que tenía delante. Con una  expresión de idiotez puesta en la cara  imaginé que te nombraría al llegar a casa esa tarde y el resto de las tardes por venir, todavía sin percatarme de dónde estaba, porqué tu nombre se coló de mis labios y hace cuanto no nos vemos. No entiendo porqué duele tanto. 

Hacía frío, como siempre después de las 4 pm, en mayo, con la noche aproximándose lento y penitente, como queriendo demorar el tormento que acarrearía tomar el auto, viajar poco más de una hora, con el parabrisas escarchado dibujando historias en cristal, llegar a una casa oscura, sin nadie excepto por el  olor a recuerdo viejo y el ruido de tu voz desprendiéndose del papel mural. Era mejor quedarse ahí. Los pacientes no hacen preguntas, no persiguen, no carcomen. 

Silaba tras silaba, estocada tras estocada, año tras año y cicatriz tras cicatriz, desfilaron rindiendo honores al sufrimiento que profesé por ti. En dos segundos se desbarató el circo y gobernó la rabia, por haberte perdido y ahora sin poderte encontrar. Rabia por no saber distinguir un palpitar normal de uno patológico,  una proliferación benigna como podría ser algo muy parecido al amor de un cancer estrepitoso con sensación de vacío. 
Comenzó a llover. Hace algunos meses no me tocaba mirar el agua correr desde dentro de las ventanas del hospital. Tiene un tinte nostálgico, y se siente rondar la muerte entre los pasillos. Hay tanto silencio. Tanto pesar. Hay tanto y estoy sola. 
Dije tu nombre y no te enteraste.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 



sábado, 22 de abril de 2017

MATEO 7:7




Pedí absolución y la tuve. Cargar la cruz costó menos cuando el camino dejó de ser empinado, mostrando después de tanto tiempo, la hermosura de un amanecer.
Ya no hubo clavos en las manos. Se habían borrado mis pecados.

Pedí que me quitaran la memoria, y ahora sé muy poco, casi nada, como si gran parte de mi vida hubiera sido extirpada, cual tumor donde no correspondía, quedando sólo una cicatriz mal hecha recordando lo olvidado ¿Qué será? Ni puta idea.

Quise empezar de cero, para esta vez hacer las cosas como corresponde: Bien y a la primera. Resultó, por lo menos hasta aquí. Cambié la casa, cambiaron los muebles, las flores, los jarrones, los libros y los cobertores, renovación de otoño sacando las telarañas del balcón, guardando el árbol de pascua (Sí, en abril, servía de adorno al lado de las otras plantas. Relleno de plástico, si se quiere), para hacerle espacio al "visitante permanente" acarreado por el éxodo universitario que sufrimos los que somos de lejos...

Pedí descanso, y la revoluciones comenzaron a bajar en caída libre hasta detenerse el motor. No me gusta. No sé qué hacer con tanto tiempo libre. Prefiero la vida a contrarreloj, dormir poco y estresarse como si fuera por deporte. La flojera llama flojera...


Pedí tranquilidad y se fue tu nombre a perder entre la bruma. Hoy los días son claros, pero sin dejarme sentir el calor del sol, como si tuviera que sobrevivir del recuerdo de sus rayos dorándome la piel en días parecidos a los que se presentan tras cada anochecer cargado de frío con su hielo en suspensión.

Pedí que se apagaran los incendios... Ahora hay desolación.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

martes, 4 de abril de 2017

EL OFRECIMIENTO




No hay sanidad en este asunto, querido.
No hay descanso en el sueño, porque hay vacío
Y se expande a expensas de mis inseguridades,
Inmensas como la improbabilidad de todo.

O los dos juntos para siempre y contra el mundo,
O mátame aquí mismo y no prolongues la muerte.
No es justo que juegues así con mis afanes,
A sabiendas que te pertenecen desde el principio.  

O es conmigo o no es con nadie, no hay opción,
Porque tan mío como el oxígeno en mi sangre,
Sangre que es tuya, latir que es tuyo,
Corazón enfermo de amor por tu causa mezquina.

Conmigo llevo todo lo que puedo ofrecer:
Un corazón forjado al fuego de mil desahucios condensados,
Las noches convertidas en días y mis días por tus días,
Un amor maduro por tanto tiempo haber hambruna.

La pureza del alma como lo puede ser luego de ir al infierno,
Un infierno divino bajo el resguardo de las sábanas,
Todo lo que sé por resolver tus conflictos,
Y mi sueño completo por velar el tuyo.

Poesías cada día con tu nombre al dormir,
Mi último suspiro y mi primera exhalación,
Los brazos dispuestos para cuando quieras llorar
Y más fuerza que nadie para cuando te toque caer.
  

Dale un motivo a mi existencia y quédate un segundo,
Sólo un segundo, detenidos, sin hablar,
Para entregarte lo único que puedo ofrecer:
Un alma vivaz, adiestrada con los siglos.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 

viernes, 17 de marzo de 2017

DESISTE DE MÍ



Despertar en las noches inundada en llanto,
Cuando la conciencia se jacta de mi soledad intermitente,
Y sé que es mi culpa porque nunca fue normal amarte tanto
Y traerte aferrado como un cáncer latente.

Trato y lo digo, de dejarte a la deriva de mi olvido
Naufrago ebrio de romance lascivo y abrazos,
Para desterrarte de mí y exorcizarte de lo vivido,
Rompiendo los cristales frágiles que contienen nuestros lazos.

Ya no escucho canciones de amor correspondido,
Porque en todas ellas tu voz dulce y amarga abunda,
Haciendo sangrar a mi amor entre indiferencia escondido,
De tu imagen con ojos de marea profunda.

Amor mío, vete para poder amar a otro, tras la larga espera,
Quita tus manos de mi piel acaramelada con rosas amarillas,
Desaparece de mi sueño donde tu poderío prospera,
Y no me vuelvas a besar porque tus labios son cuchillas.

                Te prohíbo, amor mío, cruzarte entre mis deseos bamboleantes,
Sacudir con tus dedos mis penurias y el dolor ingrato.
Quiero reír, no por ti, sino por las esperanzas cautivantes,
De vivir sin andróminas repletas de miedo barato.

Ya no quiero quererte de esta forma invisible,
Porque duele más que la muerte a tientas y peligrosa,
Dejando exangüe a mi voluntad hasta lo insostenible,
Por culpar a mí nombre por tu angustia culposa.

¿Es verdad que no esperas mi deceso prematuro?
¿Ni anhelas que deje de respirar por mala fortuna?
¿En serio me quieres dentro de tu futuro?
¿Por qué hay tanta mierda en toda esta tortura?

Siempre digo que será la ÚLTIMA vez que te escriba algo,
Pero sigo dedicando mis palabras a quién no vale la pena,
¿Podrá ser esta la ocasión en que encuentre tranquilidad en el letargo,
O me continuarás asechando como quejumbrosa condena?


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER


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Tu Arcano del dia

© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.