martes, 29 de diciembre de 2009

ABRIR LOS OJOS



Abro los ojos, en nada pienso,
Buscando una escusa para dejar de despertar,
Mientras la luz cae y los parpados tenso,
Respirando una, dos, tres veces antes de volver a pensar.


Abro los ojos y recuerdo algo distorsionado,
Sin embargo, siento en las entrañas,
El crecimiento de los sueños inundado
De todas esas cosas que a mi vida son hurañas.


Corro las cortinas perpetuando en el umbral
Alguna de las quimeras oscuras, volátiles y dulces
Que quedarán dando vueltas en el plano cerebral
Apenas se vuelva a la cordura con las primeras luces.


Corro las cortinas queriendo regresar a la cama,
Pues los ánimos no son buenos, no existen ganas
De seguir viviendo siempre con miedo al mañana,
De seguir esperando a que mi cabellos se tornen en canas.


Corro las cortinas, apago el cigarro y prendo una ilusión,
De pronto aparece en el horizonte una figura de pasos tambaleantes
Y un sentimiento, como nunca antes, inunda mi corazón,
Al ver que él regresa por el mismo camino por el que se fue antes.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 23 de diciembre de 2009

¡QUÉ SEAN LAS DIEZ Y MEDIA!





¡Qué sean las diez y media por favor!
Que las ansias me destruyen por segundo
Y el reloj no avanza, deteniendo el resplandor
De mi deseo entre vivo y moribundo.

¡Corre minutero, deja atrás a la madrugada!
Corre y tráelo contigo, que necesito verlo,
Besarlo, y seguir estando a conciencia embelesada
Y poder, entre mis lánguidos brazos, tenerlo.

¡Qué sean las diez y media! ¡Oh Dios!
Agota mi agonía completa y desquiciada
Que me retiene aquí, separando a este corazón en dos,
Y entre problemas de matemática crueles, enclaustrada.

Que se extingan las barreras de paredes y vidrios viejos,
Que se acabe la estúpida clase y continúe mi vida,
Que ya no aguanto, de verdad no aguanto, que esté lejos,
Justo hoy cuando parece haber sanado la herida.

¡Qué sean las diez y media y suene frenética la campana!
Para que mi pupila vea su imagen afuera parado.
¡Qué se congele el tiempo y jubile la mañana!
Pero no, el reloj sigue estancado.

¡Qué sean las diez y media para verla salir!
Piensa él, con frío y fuma algo de tabaco,
¡Qué sean las diez y media  y no tener que morir
Al no escuchar el sonido melodioso de sus tacos!

¡Qué sean las diez y media! ¡Atiendan luces del cielo!
Y manden respuesta a los problemas numéricos,
Que tiene que saber, como sea, que la quiero,
O llévense pronto mis sueños cadavéricos.

¡Qué sean las diez y media que ya se me acaba el cigarrillo!
Y Cronos se burla de mí por estar parado como idiota,
Aunque no le pongo atención y hurgo entre los cerillos
La esperanza de que el tiempo se agota.





¡Qué sean las diez y media! Sólo eso y no es mucho, pido
Que los engranajes giren y giren y vuelvan a girar,
Hasta el colmo insostenible de un mero silbido
Que ahogue mis oídos y que ella me pueda mirar.

“Ya son las diez y media” pensaron a dúo,
Y no saben si salir, entrar, quedarse simplemente donde están,
Si aguantar las ganas de decir “te quiero” o “cómo actúo”
Si están listos para empezarse a amar.

Y sale ella y entra él, se abrazan, se besan,
Se adoran como desde hace tantos años pasados,
Y se encuentran rehenes, torpes presos

De las garras de un cariño que los tiene condenados.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 21 de diciembre de 2009

Escucha las campanas


Escucha las campanas. Levántate de mi pecho,
Ya es mañana, se nos ha escapado la noche entre juegos.
Las estrellas han aprendido de todo lo que hemos hecho,
Ha aparecido el sol haciendo a la luna relego.

Escucha las campanas. Hay que salir del lecho,
Se hace tarde, desenredémonos los cuerpos,
Volviendo cada uno a sus vidas por derecho,
Y   a esperar a que muera sábado, sobreviviendo de recuerdos.

Escucha las campanas. Deja de merodear en el techo,
Vuelve, recuéstate a mi lado otros dos segundos. Ven. Ahora,
Fantasea con la atadura de mis caderas al asecho…
Son tuyas, aunque sólo por unas cuantas horas…

Escucha las campanas, amante maltrecho,
Corre lejos, bésame y sigue corriendo, conviértete en furtivo.
Entra en el molino, escóndete entre el afrecho,
Bésame, bésame, antes de que se despierte mi marido.






ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

domingo, 8 de noviembre de 2009

juego de estrellas.


Y sentir el olor a tierra mojada, tras un periodo de sequía considerable, dejar que se impregne en los poros, que corra por la sangre, después de asimilarla en la punta de la nariz, provocando la nostalgia inexplicable por recuerdos de la infancia alejada.
Bailar al compás del polen volatizado que se escondía entre las grietas del suelo y que ahora dibuja ilusiones con forma de corazones con alas transparentes y pedazos de carbón donde debiera ir marcado con fuego y con lágrimas de dolor austero, tras dejar ir al amor de las manos de los enamorados. El nombre del que pienso antes de dormir.
Correr con las ninfas a jugar frente al lago y agrupar las estrellas disponiéndolas de tal forma que puedan transmitir el mensaje que guarda mis secretos al hombre que los provoca…que atraviesen el mundo y le muestren lo que yo no soy capaz, por temerle al miedo de tremolar frente a sus ojos, pero que desfallezco sino llego a mirarlos antes que cante el gorrión y ahuyente a mis compañeras nocturnas.
Silbaré de noche entera canciones románticas que me limitan a solo pensar en el supuesto que se crearía si es que mis labios decidiesen vivir pegados a los tuyos… silbaré tu nombre mil veces por silbido, para atormentarme y caer exhausta buscando que tus brazos me cobijen… pero qué veo, el cielo se nubla, el viento corre ahora conmigo, el mensaje se esfuma y yo dejo de silbar, comienzan a cantar los grillos que saltan entre mis tobillos acariciando mis pies mojados por el rocío; las luciérnagas se forman delante de mi cabeza brillando como nunca antes el humano las ha visto y decoran mi cabello lacio y oscuro como los diamantes a la corona, el anillo y el collar; los queltehues deciden callar y tapar a sus crías, simplemente desaparecen de los caminos, las estrellas me distraen con su cintilar radiante, dejando al descubierto un universo de joyas exquisitas e inalcanzables, cubiertas por un lienzo aterciopelado negro y azabache, yo silbo de nuevo por la alegría de ver mi plan en marcha y por el olor a tierra mojada que se levanta con cada bocanada de aire tibio que el viento exhala en mi cara. Veo a los queltehues levantar el vuelo perturbando mi estado de trance inducido, observando en el cielo que la estrellas cambian de posición dando respuesta a mi mensaje, escribiendo sobre las techumbres de una cuidad en llamas de parejas un: “yo también”
Ya no estaba sola en un mundo de a dos, existía alguien lo suficientemente loco como para transportarse al firmamento y jugar con el éter y sus acompañantes, ahora solo restaba encontrarlo… pero ese es el trabajo de las abejas.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 3 de noviembre de 2009

El mejor momento de mi vida


El mejor momento de mi vida podría definirlo como: indeciso, porque ocupa tantos lugares al mismo tiempo que se vuelve casi insostenible la tentación de separarlo en capítulos o segmentos pigmentados con la fanfarria de elegir al mejor, relegando al resto a la vulgaridad de lo común, cuando, si se lo piensa con la mente fría y la sangre alborotada por la hipotermia que produce la escarcha matutina, cada instante es maravilloso por naturaleza.

El mejor momento de mi vida fue cuando aún no tenía conciencia propia, cuando todos los recuerdos que juro tener, resultan ser habladurías que suelen escucharse en las reuniones familiares, luego de un par de copas de vino añejo sobre la mesa y algunos más derramados en el mantel, desdibujando la realidad en la que aseguramos vivir, cuando, en verdad, estamos sumidos en una abstracción infantil ineludible, viendo felicidad donde sea que los ojos decidan posar su foco, riendo de todos los gestos que una cara puede formar.

El mejor momento de mi vida podría ser cuando decidí no volver a tomar decisiones sobre asuntos terrenales como: Qué me pondré mañana o qué cocinaré para el martes quince de julio de veinte años en el futuro o cómo titularé esto. Simplemente hacerle caso a las fantasías o a los primeros instintos que se atrevan a surcar por una mente falta de cabales cuerdos donde alojar. Solo decidir cuando el día amanece nublado si tendré el valor de pasear por el patio en cuerdos o cubierta con todo rastro de indumentaria presente en casa.

El mejor momento de mi vida fue cuando experimenté la alegría de un amor maltrecho, porque me enseñó a ver la belleza que se oculta tras las lágrimas teñidas de lápiz delineador, la acidez de un adiós meloso luego de digerirlo tiempo antes de tener que decirlo en serio.
El insomnio producido cuando una persona te consume tanto que hasta se apodera de tus sueños, rezos, lo oscuro del pensamiento y dolores que no son dolores, sino cosquillas punzantes que corroen la carne hasta encontrar hueso y grabar ahí con agua el nombre, las futuras fechas que serán malditas para el resto de la vida, o hasta que la memoria siga funcionando. Lo importante que es tener cerca un trozo de papel y un lápiz que escriba para desquitar en ellos lo que se carga en la conciencia y en el espíritu por el tiempo inmemorial.


El mejor momento de mí vida fue cuando de la nada apareció, uno tras otro, los romances, cuando moría uno y una herida comenzaba a gestarse, de quién menos pensaba salía un cariño mutante con ánimos de convertirse en tragedia medieval.
Moría ese y la lista corría hasta que no quedó nadie a quien llamar “amor”, salvo por uno que sí fue el amor hecho persona, que pese a todo se mantuvo relegado al papel del “mejor amigo” por muchos años, pasando su historia desde el enemigo mortal, mejor amigo, el amor más grande, enemigo mortal, mejor amigo otra vez. ¿Ha caído en un círculo vicioso? ¿Volverá a transformarse en enamorado, el mejor amigo de una mujer con mentalidad de infante frustrada? …..

El mejor momento de mi vida fue cuando vi al mar agitarse furioso y bravo porque le estaban robando un caracol escarlata y sus golpes rozaban mi rostro con caricias grisáceas y la corona de sal era depositada en mis sienes y los grilletes de algas que formaban parte de una caravana funeraria para los náufragos perdidos contemplando el horizonte, me encarcelaron. La bruma se levantaba escondiendo los pasos incautos que regalaban los que pisaban las riveras enlutadas, aquella tarde de Julio condenado a viciar de Septiembre, mientras los peces jugaban a teñir el mar con sus lomos metalizados traslúcidos entre el manto grueso de agua turbia de rencor y delicada de melancolía por la falta de su hijo querido. Lloraba, el pobre la ausencia del caracol, pero lloraba en realidad, porque no podía encontrar el mejor momento de su vida.
Habría de estar ahí por todo el tiempo que ya había estado y nueve mil veces más, sin que nadie le preguntase por qué la soledad, cuando su única distracción era acoger las lagrimas de la lluvia y los abrazos de los amantes entre la espuma rabiosa de sus labios salados.

El mejor momento de mi vida fue uno que todavía no puedo vivir….
El mejor momento de mi vida fue cuando aprendía a reconocer por la letra una canción con olor a naftalina los acontecimientos de mi existencia, los pasados y los que ahora vivo, cuando cada corchea se transfiguraba formando números de días que no habré de olvidar a la primera casualidad que ose amenazar a mi cordura. Distinguir entre un soneto la amnistía de la inmortalidad musicalizada y llevada a la gloria entre gritos placenteros en acompañamiento de un piano descalabrado, lleno de polvo tras no ser tocado por miedo a corromper su majestuosidad en progreso, en peligro de extinción y reservado a los dedos cianóticos de un pianista borracho de amores vagos, tristes y muchas veces torpes…

El mejor día de mi vida fue cuando vi en el espejo la imagen de una mujer que aparentaba ser yo sin serlo, tratando de acercarse a la perfección petrificada en un labial rojo italiano con destellos de ilusiones de conseguir un beso de otros labios distantes, pero de ella, aunque lejanos todavía, ya conocidos, probados, robados, inalcanzables, pero a la mano. Cuando esa mujer elevó al cielo un par de oraciones sin pedir nada, solo para agradecer todo lo que ya se le era concedido por beneficencia suprema o favoritismo demoniaco, lo que fuera, lo agradecía. Sin embargo, no era yo, porque aún no vivía lo suficiente como para aceptar que la perfección era un espejismo sediento de inseguridades úfanas y vanagloriadas de un ego monumental proliferado tras una sequía de autoestima continua. Ahí todavía no era feliz.

El mejor momento de mi vida fue cuando levanté la vista y encaré a la luna por no alumbrar en el momento en que sus brazos recorrían la aduana de mi cintura juvenil buscando el asilo territorial de un país que no le pertenecía. No alumbró, es cierto, quizás porqué razones no lo hizo, aunque las estrellas formaban nuevas constelaciones de mapas fronterizos de dos cuerpos vecinos aventurándose en la locura de la invasión de mundos perdidos bajo la condena de vestiduras.
Cuando vi en el éter dibujada una sonrisa de aprobación luego de diez mil toneladas de reproches por esto y aquello y que al final y al cabo, eran una forma de entablar conversación antes de que el letargo en el que Morfeo me mandó a cumplir sentencia, arrebatara de mi boca la elocuencia explosiva de peleas artificiales de agradecimiento.

El mejor momento de mi vida fue cuando fui valiente para sacar la voz y gritar al viento las verdades que deseaba escuchar tras años de mentiras llenas de perfidias que se convertían en verdad que no era necesario afirmar, porque el destino se encargaba de poner en el camino trozos de un cuadro imaginado en la cabeza, justo antes de perder el control de los pensamientos de esa utopía que se quiere idealizar en la cotidianidad de todos los días, de personas no conocidas por nadie salvo uno mismo, Dios y el Diablo.
Lo grité, me salvé del infierno liberando la carga de mi espíritu agonizante de descanso tras pasar por la terapia del: no volveré a hacerlo, a sabiendas de que no hay otra salida que volver a cometer los mismos pecados una y otra vez hasta que se encuentre otra forma de mentirse y no tener conocimiento.

El día más feliz de mi vida fue cuando vi en un bosque de pinos oscurecidos por las brazas ardientes del fuego voraz, el revoloteo sacrílego de los pájaros asfixiados por el  humo acarreando agua en sus alas, tratando de sofocar la furia del poderoso elemento que no perdona nada entre los pasos fulgurosos de esos izquierdazos al momento de tocar y preservar lo que no es inmortal.
Cuando los gritos desesperados de los animales me hizo pensar en lo afortunada que soy de nacimiento al estar lejos de peligro alguno, segura entre los recovecos de mis palabras desquiciadas, suplicantes de atención y de ser descubiertas por alguien al que le importe perder el tiempo leyendo abstracciones bizarras de una estudiante sin nada mejor que hacer escribir y quebrarse la cabeza buscando el mejor momento de su vida.

El mejor momento de mi vida fue cuando… conocí la vida, y no estoy hablando de cuando naces y ves la luz, no nada de eso, sino de cuando conoces el significado, cuando dejas de preguntar  “por qué a mí” frente a alguna tragedia, cuando ya puedes afrontarla con la madurez necesaria para dejar pasar las cosas, o con la inocencia enloquecedora al no tomar en cuenta nada de lo que aquí se ha dicho.


El mejor momento de mi vida, definitivamente, todavía no llega.





ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

domingo, 18 de octubre de 2009

LO QUE ME DEJÓ LA IDIOTEZ




Todo lo que tengo es un papel en anchura
Con la cara despierta infinita ternura,
Haciéndome caer en la insoportable hermosura
De un sentimiento bastardo que mi vida tortura.


Me extrae el alma, el gozo, la premura,
Las silabas, las palabras, las canciones y amarguras
Aunque todo lo que tengo es una hoja con pintura
Realzando los detalles de su magnificencia finura.

Son los ojos hipnóticos, los labios y el alma que procura
Contarme sus deseos de la carne en locura
Entre la sonrisa que me deslumbra con imposible blancura
Haciendo flaquear a las recepciones errantes de mi bravura.

Lo llamo con silencio cuando la noche está oscura
Para que acompañe a mis ganas de terminar la censura
Y poder sentir el roce de su mano con travesura
Por el contorno de mi cuerpo pintado con tintura.

Violácea, cobriza a ratos cuando invade la mesura
Por recobrar el aliento perdido en la fisura
Del deseo corrompido por trescientas torturas
Cuando baja el frío y la llegada del calor apresura.

Todo lo que tengo es una hoja con costura
Que lo muestra abrazándome por la cintura
Cuando su rostro alguna vez se cobijó en la soltura
De mis manos tiernas abriendo de su corazón, la cerradura.

Todo lo que tengo es su suspiro petrificado
Que resuena en mi cabeza como rezo condenado
De un preso que espera a que dicten su pecado
Por haber amado cuando no fue amado.

Todo lo que tengo es su imagen en mi memoria
Idealizándolo cada que pestañeo la historia,
Tantas veces hilada sin parsimonia
Que le merecía la tragedia que no alcanzó la gloria.





ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 16 de octubre de 2009

sombrero negro


Baja la mirada,
No permitas que nadie sepa lo que está ocurriendo,
Esconde las lágrimas que son derramadas
Bajo la larga vista del sombrero negro.

Baja la mirada,
Guarda para ti lo que pasa en tu mente,
Di adiós al amor del que estas embrujada,
Entre las sombras hurañas del sombrero imponente.

Baja la mirada,
Y olvida todo lo que el olvido esta reprimiendo
Y de una ves y por todas reconoce que estas enamorada
Del rostro cálido que se divisa a través del sombrero negro.

Baja la mirada,
Corre a sus brazos y obedece s tus pensamientos
Dile cuando le amas y cuéntale que estas condenada
A mirar sus ojos y a besar sus labios, a ser presa de tus sentimientos.

Baja la mirada,
Y da vuelta atrás, porque es prohibido amar a un obsoleto,
Que con las desgracias del tiempo maldecirás por estar encantada
Por el veneno maligno que conjuró aquel sombrero viejo.

Baja la mirada
Y divaga por la sonrisa que no perdura en el tiempo,
Quita todo de tu cabeza desconcertada,
Menos al amor, el odio, la venganza y ese sombrero negro


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

TORPEZA




¡OH! Torpeza mía
De caer enamorada del que no debía,
Por dejar que mis fuerzas flaquearan cada día
Cuando de fuerzas era de lo que presumía.

No hice nada mientras se reducían,
Porque enloquecí con los ojos que veía,
Llenándome de recuerdos, muerta en melancolía,
Al estar segura que de otra vida le conocía.

¡OH! Torpeza mía,
De ilusionarme de la belleza que no se reprimía
Al seducir mi candidez que pronto consumiría
Con las caricias que placer me  entregarían.

¡OH Dioses crueles! Si siempre supieron lo que se esgrimía
Por qué me dijeron que su amor aún tenía
Resultando ser verdad lo que mi pecho presentía,
Las posibilidades derrotadas que la nada adormecía

¡OH! Torpeza de amar a quien no me amaría,
Y regalar mi corazón al que no lo merecía,
Por dejarme viva cuando de sufrimiento gemía
Porque ya no era yo la que su corazón poseía.

Juro por mi llanto, pensé que yo sería
La que en las noches sus sueños velaría,
Y a sus demonios ahuyentaría,
Pero, nunca imaginé que no se quedaría…



ESCRITO POR: FRANCISCA KITSTEINER


miércoles, 14 de octubre de 2009

El mejor momento de mi vida


El mejor momento de mi vida podría definirlo como: indeciso, porque ocupa tantos lugares al mismo tiempo que se vuelve casi insostenible la tentación de separarlo en capítulos o segmentos pigmentados con la fanfarria de elegir al mejor, relegando al resto a la vulgaridad de lo común, cuando, si lo piensa con la mente fría y la sangre alborotada por la hipotermia que te produce la escarcha matutina, cada instante es maravilloso por naturaleza.

El mejor momento de mi vida fue cuando aún no tenía conciencia propia, cuando todos los recuerdos que juro tener, resultan ser habladurías que suelen escucharse en las reuniones familiares, luego de un par de copas de vino añejo sobre la mesa y algunos más derramados en el mantel, desdibujando la realidad en la que aseguramos vivir , cuando, en verdad, estamos sumidos en una abstracción infantil ineludible, viendo felicidad donde sea que los ojos decidan posar su foco, riendo de todos los gestos que una cara puede formar.

El mejor momento de mi vida podría ser cuando decidí no volver a tomar decisiones sobre asuntos terrenales como: el qué me pondré mañana o qué cocinaré para el martes quince de julio de veinte años en el futuro o cómo titularé esto. Simplemente hacerle caso a las fantasías o a los primeros instintos que se atrevan a surcar por una mente falta de cabales cuerdos donde alojar. Solo decidir cuando el día amanece nublado y si tendré el valor de pasear por el patio en cueros o cubierta con todo rastro de indumentaria presente en casa.

El mejor momento de mi vida fue cuando experimenté la alegría de un amor maltrecho, porque me enseñó a ver la belleza que se oculta tras las lágrimas teñidas de lápiz delineador, la acidez de un adiós melosos luego de digerirlo tiempo antes de tener que decirlo en serio.
El insomnio producido cuando una persona te consume tanto que hasta se apodera de tus sueños, rezos, oscuro del pensamiento y dolores que son dolores, sino cosquillas punzantes que corroen la carne hasta encontrar hueso y grabar ahí con agua el nombre, las futuras fechas que serán malditas para el resto de la vida, o hasta que la memoria siga funcionando. Lo importante que es tener cerca un trozo de papel y un lápiz que escriba para desquitar en ellos lo que se carga en la conciencia y en el espíritu por el tiempo inmemorial.

El mejor momento de mi vida fue cuando vi al mar agitarse furioso y bravo porque le estaban robando un caracol escarlata y sus golpes rozaban mi rostro con caricias brisaceas, corona de sal depositada en mis sienes y grilletes de algas que formaban parte de una caravana funeraria para los náufragos perdidos contemplando el horizonte. La bruma se levantaba escondiendo lo pasos incautos que regalaban los que pisaban las riberas enlutadas, aquella tarde de Julio condenado a viciar de Septiembre, mientras los peces jugaban a teñir el mar con sus lomos metalizados traslucidos entre el manto grueso de agua turbia de rencor y delicada de melancolía por la falta de su hijo querido. Lloraba, el pobre la ausencia del caracol, pero lloraba en realidad, porque no podía encontrar el mejor momento de su vida.
Habría de estar ahí por todo el tiempo que ya había estado y nueve mil veces más, sin que nadie el preguntase por qué la soledad, cuando su única distracción era acoger las lagrimas de la lluvia y los abrazos de los amantes entre la espuma rabiosa de sus labios salados.

El mejor momento de mi vida fue uno que todavía no puedo vivir….
El mejor momento de mi vida fue cuando aprendía a reconocer por la letra una canción con olor a naftalina los acontecimientos de mi existencia, os pasados y los que ahora vivo, cuando cada corchea se transfiguraba formando números de días que no habré de olvidar a la primer casualidad que ose amenazar a mi cordura. Distinguir entre un soneto la amnistía de la inmortalidad musicalizada y llevada a la gloria entre gritos placenteros en acompañamiento de un piano descalibrado, lleno de polvo tras no ser tocado por miedo a corromper su magnitud en progreso, en peligro de extinción y reservado a los dedos cianotipos de un pianista borracho de amores vagos, tristes y muchas veces torpes…

El mejor día de mi vida fue cuando vi en el espejo la imagen de una mujer que aparentaba ser yo sin serlo, tratando de acercarse a la perfección petrificada en un labial rojo italiano con destellos de ilusiones de conseguir un beso de otros labios distantes, pero de ella, aunque lejanos todavía, ya conocidos, probados, robados, inalcanzables, pero a la mano. Cuando esa mujer elevó al cielo un par de oraciones sin pedir nada, solo para agradecer todo lo que ya se le era concedido por beneficencia suprema o favoritismo demoniaco, lo que fuera, lo agradecía. Sin embargo, no era yo, porque aún no vivía lo suficiente como para aceptar que la perfección era un espejismo sediento de inseguridades ufanas y vanagloriadas de un ego monumental proliferado tras una sequía de autoestima continua. Ahí todavía no era feliz.

El mejor momento de mi vida fue cuando levante la vista y encaré a la luna por no alumbrar en el momento en que sus brazos recorrían la aduana de mi cintura juvenil buscando el asilo territorial de un país que no le pertenecía. No alumbró, es cierto, quizás porqué razones no lo hizo, aunque las estrellas formaban nuevas constelaciones de mapas fronterizos de dos cuerpos vecinos aventurándose en la locura de la invasión de mundos perdidos bajo la condena de vestiduras condenatorias.
Cuando vi en el éter dibujada una sonrisa de aprobación luego de diez mil toneladas de reproches por esto y aquello y que al final y al cabo, eran una forma de entablar conversación antes de que el letargo en el que Morfeo me mandó a cumplir sentencia, arrebatara de mi boca la elocuencia explosiva de peleas artificiales de agradecimiento.

El mejor momento de mi vida fue cuando fui valiente para sacar la voz y gritar al viento las verdades que deseaba escuchar tras años de mentiras llenas de perfidias que se convertían en verdad que no era necesario afirmar, porque el destino se encargaba de poner en el camino trozos de un cuadro imaginado en la cabeza, justo antes de perder el control de los pensamientos de esa utopía que se quiere idealizar en la cotidianidad de todos los días, de personas no conocidas por nadie salvo uno mismo, Dios y el Diablo.
Lo grité, me salvé del infierno liberando la carga de mi espíritu agonizante de descanso tras pasar por la terapia del: no volveré a hacerlo, a sabiendas de que no hay otra salida que volver a cometer los mismos pecados una y otra vez hasta que se encuentre otra forma de mentirse y no tener conocimiento.

El día mas feliz de mi vida fue cuando vi en un bosque de pinos oscurecidos por las brazas ardientes del fuego voraz, el revoloteo sacrílego de los pájaros asfixiados de humo acarreando agua en sus alas tratando de sofocar la furia del poderoso elemento que no perdona nada entre los pasos fulgorosos de esos izquierdazos al momento de tocar y preservar lo que no es inmortal.
Cuando los gritos desesperados de los animales me hizo pensar en lo afortunada que soy de nacimiento al estar lejos de peligro alguno, segura entre los recovecos de mis palabras desquiciadas, suplicantes de atención y de ser descubiertas por alguien al que le importe perder el tiempo leyendo abstracciones bizarras de una estudiante sin nada mejor que hacer escribir y quebrarse la cabeza buscando el mejor momento de su vida.

El mejor momento de mi vida fue cuando… conocí la vida, y no estoy hablando de cuando naces y ves la luz, no nada de eso, sino de cuando conoces el significado, cuando dejas de preguntar por qué a mi frente a alguna tragedia, cuando ya puedes afrontarla con la madurez necesaria para dejar pasar las cosas, o con la inocencia enloquecedora al no tomar en cuenta nada de lo que aquí se ha dicho.


El mejor momento de mi vida, definitivamente, todavía no llega.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 12 de agosto de 2009

capricho o cariño....versión mejorada xD


"¡Ya no me mira! ¿qué ha pasado con él?¿será que ha buscado a alguien más a quien observar desde lejos, sin atreverse nunca a hablar más de tres palabras por conversión? ya no me mira...- Y se detuvo.- ¿qué pasó? ¿el verano fue demasiado largo que tuvo ocasión de olvidarme?..."
todo el universo se había reducido a la imagen de ese hombre, en el color enardecido de unos ojos incandescentes y en la interrogante de que si se trataba de un capricho o un cariño, en solo un segundo.
Ttan solo habían pasado algo más de una semana luego de retornar a la monotonía de las clases, a volver a vestirse de azul marino, a las orejas matutinas ya las ansias de encontrar todo tal como se recordaba del año anterior, que a criterio colectivo seguía, prácticamente igual: el mismo tono de pintura en todas partes, las mismas caras, las mismas historias que se cuentan tras volver de las vacaciones, todo, menos él.

El otoño estaba por llegar y las miradas de ese hombre ya no seguían los pasos de Lizzette. las hojas caían para encontrar sepultura en la tierra, pero los saludos efusivos se habían extinguido la temporada pasada.
Se comenzaron a nublar los cielos, a oscurecerse el sol y derramar lágrimas avinagradas nacidas desde las alturas, mas, jamás regresaron las fugaces tardes en que se sabía observada por alguien.
Transcurrirán las semanas y no se daba cuenta de que se había convertido en la vigía incondicional de aquel que antes era su centurión sensorio de cada movimiento que decidiera dar, que estaba dejando todo dentro de una omisión permanente, aletargando los recuerdos de momentos mejores, para poder vivir de ellos en tiempo de inopia, persistiendo con la incógnita:¿capricho o cariño?

La nostalgia que le producía verlo en los pasillos, de toparlo en cualquier parte, de saber que simplemente existía, se acrecentaban con cada consejo errado que el mundo le entregaban sin pedir por ello, llenando el vacío de miradas con palabrerías baratas y clichés arcaicos.
Lizzette estaba segura de que la única forma de saber cuál de los dos misterios era el correcto, era ir y colgarse de su cuello, para descubrir en el acto lo que su corazón sentía de verdad o tenía ganas de sentir,aunque el ínfimo lazo que la mantenía atada al piso le impedía hacer lo que su mente le ordenaba a imperiosos gritos silenciados: ir.

Cabalgaban las horas perdiéndose en un pasado reciente y ella continuaba ensayando la excusa con la que se acercaría a hablarle: se sacaría de encima a las amigas, desaparecería por un par de minutos, llegaría por la espalda y le vendaría los ojos con las manos, preguntando con voz de cánticos ceremoniales si tenía idea de quién se trataba. Y así lo hizo.
Llegó donde él se encontraba tiritando de miedo a lo incierto. Puso sus manos sobre los escarlatas, impregnando su esencia a chocolate fundido en la nariz del hombre y dijo:
- ¿Sabes quién soy, cariño?
- Sí, si lo sé. - Respondió él, posando sus manos sobre las de Lizzette, mientras inhalaba un poco del perfume dulce y deslizaba un dedo por los anillos de plata con ánimos de trepar al resto del brazo.- Pero, contéstame algo... - Replicó sin poner en libertad a la mujer, soltando sus manos para dejarla cautiva en un abrazo hipnótico. - ¿Por qué tardaste tanto?...
- Porque tenía miedo de fracasar, porque tenía miedo al rechazo y porque tenía miedo de que fuese cariño y no capricho...
- ¿Y qué fue al final?
- Un híbrido extraño entre cariño y nostalgia de un beso tuyo....
_____________________________________________________________________________________

Ok...nada que decir, nunca pensé que esta cosa ganara un premio, pero así fue.... gané un premio con esta porquería....lo otro que nunca imaginé ni en mis sueños más locos, es el tema de que me afectara tanto. Mejor me dejo de hablar tonteras y subo la foto.... aunque....en realidad me afectó o no estaría escribiéndolo de nuevo con la esperanza de que algún día, por esas casualidades de la vida, el destino lo traiga justo aquí a leer y que se de a entender de que lo escribí pensando en...... tú ya sabes....
Un beso y un abrazo gigante....
ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER

lunes, 6 de julio de 2009

san marcos


Pensamiento de ____ en el cráneo de ___ El pensamiento pido y suplico que los sueños de ___sean dedicados y destinados para mí, para que con esta divina oración y el símbolo de San Marcos sea aprisionado ___ con cadenas, grillos y esposas que para ___ donde esté, piense en mí, ahora y siempre. Amen. Comprometiéndome a encender un vela todos los jueves al Santo Ángel de Guardia de ___ Donde esté piense en mí al comer, al dormir y al levantarse y no ha de tener gusto ni placer con otra persona ni por ahora y siempre. Amén Con dos te veo, con tres te ato, con el Padre, con el Hijo, con el Espíritu Santo. De espaldas te veo y de frente te saludo como a Jesucristo en el mundo Amén . Rece con recogimiento, y devoción el "Yo Pecador" diciendo luego: "Santo Dios, Santo Fuerte que siempre pienses en mí Así sea por el tiempo de nuestro poder y yo quiera". >Después de aprender de memoria esta oración quémela ante un cuadro de la imagen de San Marcos o del Anima Sola

lunes, 29 de junio de 2009

¿Estas ahí Dios?


¿Estas ahí Dios? Soy yo
Necesito hablarte,
Sí, soy la que un día creyó
Que sería capaz de ignorarte,
Pero ahora me arrepiento
Y busco, entre todo, tu consejo
Porque tengo miedo de mis pensamientos
Tanto como de mi reflejo,
Temo darme cuenta de la verdad,
De las personas, de mi error,
De que he cambiado en realidad,
Para que otros sufran mi dolor.
¿Estas ahí Dios? Soy yo,
No quiero que contestes
Solo escucha, por favor:
Me arrepiento de todo,
Menos de creer en ti, señor.
Admito que he pecado en demasía
Y que fue a conciencia de pecador,
Por eso ahora busco de tu guía,
Un camino para salir del horror
De vivir oculta en todo lugar,
Por no ser fuerte y no tener el valor
De alzar la vista para poder admirar
Toda tu gloria y tu esplendor.
¿Estas ahí Dios? Soy yo,
Sé que no he sido,
De tus creyentes, la mejor,
Que las tentaciones me han vencido
Alejándome de tu perdón,
Más hoy vengo, como nunca he venido,
A mostrarte sumisión,
Porque, en tinieblas, mi espíritu está perdido,
Rogando a gritos la omisión
De muchas cuentas vencidas
Que no lo hacen digno de tu amor.
¿Estas ahí Dios? Soy yo,
Déjame volver a ser la misma
Criatura hambrienta de tu voz
Para desaparecer del prisma
Las mil copias del rencor.

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un mes después de la última publicación...subo otra...pronto será cada un año...


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

martes, 9 de junio de 2009

DE CUANDO TE ESCRIBI UN POEMA

Si quieres saber, te diré:

Se comienza con una palabra desencadenando una reacción de ideas descabelladas dentro del pecho. Luego hay que hacer de tripas corazón y del rencor cariño para inventar un mutante extrovertido, congelando el tiempo un instante tan minúsculo incapaz de contener un alfiler dentro.
Se llora escribiendo para entender los reconcomios inexplicables que yacen aletargados en el fondo del mar azul encerrado en unos ojos tristes, en el prado verde de un alma y en un otoño inexorable de un cuerpo cansado.

Es difícil encontrar un por qué, transformarlo en un quién para morir con las ansias de averiguar el cómo, tras vender el alma a cambio del cuándo. Tener un romance de cinco minutos perdurando para siempre en la memoria de un agonizante por volver a amar.

Se siente la necesidad de ser feliz de la nada y no pedir más, o bien, quejarse de todo lo que no se hizo, dijo o querido entender.

Odiar, amar, vivir, morir, agradecer, renegar, pedir, dar, aprender, querer todavía más, y renunciar al universo, invocar a la trascendencia cuando se desnuda el pensamiento frente a un papel ardiendo de deseo por los toqueteos sagaces de un lápiz bailarin, que cuentan, después de hacer el amor, el motivo de tanta exuberancia para escribir un simple saludo. Hay tantas formas de saludar, que las palabras son prescindibles, la piel innecesaria, las distancias un chiste y el orgullo una cucaracha.

El mejor amigo de cualquier razón es el siempre impecable desgarro del silencio, en la exactitud ofrecida por el despliegue de imágenes soltadas de tiempos mejores al imaginar el protagonismo del romance entre un hombre medieval, venciendo a los gigantes de viento,  cabalgando sin rumbo y  la fantasía de enamorar a su Dulcinea tan terroríficamente idealizada.
Es entonces preciso volver a nacer con cada nueva mirada regalada al alba…

No todo empieza con un "érase una vez" y termina con un "vivieron felices para siempre", ni se trata de la princesa en peligro y el amor del príncipe encantador,  se trata de hacer el mundo más llevadero, al disponer de escenarios para que tú y yo sigamos siendo tú y yo, pese a que nunca lo fuimos. No hay muerte, ni destrucción, ni caos o despedidas, ojos vidriosos y corazones rompiéndose. Aquí, donde sólo yo puedo gobernar, la historia comienza con un "Ahí estaba él. Ahí estaba ella." y termina con un "No había nada por hacer, seguían amándose y esta vez, no lucharían contra eso."

Así fue como te escribí el primer poema.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.

viernes, 29 de mayo de 2009

paro de profesores

Hemos de dar un cambio drástico en el sentido de mis escritos, pero es que la molestia que me produjo escuchar hablar a una “señora”, porque supongo que es educada, aunque sus palabras me hacen creer lo contrario, dijo hoy en la radio, cuyo nombre no interesa, que los profesores están perjudicando a los niños al dejarlos sin clases y sin poder aprender, y que el gobierno debería sancionarlos como muestra de una escarmiento propio para tal impertinencia. Claramente he adaptado las frases a unas más armadas, ya que, siendo franca, no se puede repetir lo dicho por otras personas.

Pienso que la gente en general está haciendo comentarios de situaciones que no son de su incumbencia, y que no se informan para poder hablar como corresponde, sino que se dejan llevar por el famoso: “me lo dijo alguien” o “lo escuché por ahí”. Cosa que, personalmente, me causa un grave complejo de nauseas rotundas, por la poca cortesía de la que se valen estas personas para inmiscuirse en temas que no les corresponden.

Por otro lado, debemos pensar que es ahora o nunca cuando los profesores tienen que tomar las riendas de su destino y transformar la perspectiva que el mundo extradocentes ha tomado, cambiando el rol que les corresponde por sacramento a uno de “empleados domésticos” sin despreciar a quienes trabajan en ello.

Lo que me causa desagrado es que estas “señoras” se creen con el derecho de amenazar a quienes se les plazca porque sus hijos se encuentran en casa. ¿Es necesario recordar que con la “marcha pinguina” del 2006, los profesores apoyaron cien por cien, los paros nacionales, las tomas, y las causas por las que peleábamos? ¿Hay que trazar un lazo anexo, que sea notorio, que haga abrir los ojos, que todo esto que está aconteciendo, ha sido una forma de resguardar la seguridad escolar, al no tener clases y prevenir el contagio es esta pandemia atemorizante? ¿Hay que explicar a la sociedad, que lo que se pelea, es por plata que han malgastado? ¿Qué pasaría si a algunos de estos personajes cómicos que se les ocurre hablar, les tocan el bolsillo? ¿No se verían en la misma condición que los profesores?

Da que pensar el tema, pero claro… eso es mucho pedir a una población yoísta, que solo se preocupa del propio bienestar, y el resto, que se pudra, así de simple….


Otra cosa que me tiene mal, es que la JUNAEB sigue impartiendo las raciones de alimentos destinadas a los “niños prioritarios”. Es claro que no es de ellos la culpa, tener padres mediocres, que piensan que el gobierno tiene la obligación, porque eso es, de alimentarlos, mantenerlos, comprarles computadores y demaces. ¿No encuentran ustedes, queridos lectores, que es una forma de incentivar a la gente a sentirse libre de armar comentarios perfiditos a gusto y placer?


Saquen ustedes las propias conclusiones, pero era algo que no podía dejar pasar, por dos motivos:
1) A mi me educan profesores, al igual que a los hijos de estas “señoras”, y debemos apoyarlos.
2) Mi madre, y mi tía, son profesoras. Razones suficientes como para desencadenar una batalla.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 27 de mayo de 2009

POSIBLEMENTE....


Posiblemente te hable cuando te vea, posiblemente porque eso digo ahora, que estas lejos, ahora que no sabes que escribo mis planes; tal vez cuando te vea colapse en rubor notorio que dejará al descubierto lo que permanece oculto incluso para mí, pero no para el resto del mundo.

Posiblemente sueñe contigo más de una vez y desataré mis deseos en lo utópico para llenar los vacíos que deja mi realidad. Tocaré tu rostro y sentiré el calor de tu cuerpo y deseare morir por no poder hacerlo cuando caído a tu lado, porque mis manos son torpes y mi voluntad es débil.

Posiblemente nos toparemos caminando en círculos, uno tras el otro hasta perdernos en los laberintos de unos pies cansados por el tiempo, ansiosos de correr hasta el curso del consiguiente, pero no podremos, porque será tarde y yo ya no estaré, posiblemente, pensando lo mismo que tu.

Posiblemente nos hemos equivocado: ni tú debiste mirarme, ni yo debí quererte como lo hago. Nos hubiésemos ahorrado tanto sufrir, tantos sueños, tanto tiempo, tanta vida y tanto deseo.

Tú no serías por quién escribo y estaría dedicando líneas a otro hombre, amando a otro, rogando a Dios por la fuerza para ir y darte un beso que difumine las dudas de mi cabeza y calle las voces de aquellos que osan interferir entre nosotros.

Y yo no sería esa que causa tu penar. No trabajarías en una conquista que será solo eso: una conquista con ánimos viciosos de convertirse en un romance Shakesperiano.

Posiblemente sería feliz estando sola y no teniéndote en compañía del recuerdo borroso del primer-último encuentro que nos trasladó a un lugar y momento justo, disolviendo a la gente que rondaba alrededor nuestro, inquisidoras de acontecimientos que repartir entre almas inexistentes en un segundo. ¿Recuerdas? Éramos tres: tú, yo y unos trescientos a quienes olvidar.

Posiblemente las canciones no tendrían un gusto a tus labios, ni tus manos tocarían las mías entre los acordes de una guitarra polvorienta que llora por vernos distantes y tan cerca, porque no nos decidimos entre el sí y el no; y la mutación de una voz carcomida por los fantasmas de los tangos ancestrales y los poemas triste de Lope de Vega.

Posiblemente yo debí atreverme y perder el miedo a mirarte a los ojos y tú debiste haber tenido paciencia. Ahora que muero por ti: me desprecias. Y cuando tú morías, yo estaba ahí, dispuesta a recogerte del suelo y darte un soplo de vida, pero nunca moriste. Te fuiste agonizando a refugiarte entre los cuidados porfídicos de mujeres, dejándome relegada a un espacio oscuro con olor a ti.

Posiblemente miraría las estrellas y las llamaría por su nombre, pero tras compartirlas todas contigo, han adoptado tu nombre, formado tus ojos en cada resplandor que dan cuando deciden morir indemnes.

Posiblemente podría refugiarme en un par de cigarros añejos, pero sería inútil, porque no son tú y tú no eres ellos.

Ya no me queda nada que no me traiga a la memoria algún trozo de tu existencia.

Posiblemente, tendré que esperar hasta que aparezca otro que elimine tu recuerdo por un tiempo y sufriré por él hasta que vuelvas tú….

¿Te quedas conmigo?....posiblemente….contestarías….






ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 22 de mayo de 2009

EL BESO Y EL CAMINO


EL BESO Y EL CAMINO

Un beso que me muestre el camino
Que debo seguir hasta las puertas
Del deseoso abrazo furtivo
Y de las caricias siniestras.

Un
beso que me enamore profundo
Hasta el abismo de tu piel en fulgor,
Una palabra perdida en el desierto oriundo
De tantos supuestos callados por temor.

Un beso que nos limite a un segundo
Paralizando la respiración de los dos,
Sin tomar en cuenta al resto del mundo,
Ni los corazones que por jugar, dejamos destruidos.


Un beso con el que pueda responderte
A cada pregunta inocua que surja de tu boca,
Y contarte a cerca del temor por perderte
Cuando acabe el
día y me vuelva loca.

Un beso que me amarre hasta siempre en centésima
A pertenecer a tus brazos, labios y cariño
¡Qué se acabe el planeta! No me interesa,

Con tal de que te quedes aquí, conmigo. 

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

miércoles, 20 de mayo de 2009

Dedicatoria estacional


Por mucho tiempo he creido que el afanar en un probelma es provocar dilemas insípidos que alteran el curso natural de las coasa, el equilibrio estelar, el vulgar destino. En cambio el analizar situaciones distorcionadas de la realidad y convertirlas en pedazos de utopías lejanas, es desear algo mejor, una fantasía por la cual vivir, sin dejar de sentir por los problemas ni de soñar con la realidad. El escribir los detalles de las fechas, es derrumbar las barreras de la memoria, trascender en tiempo, siendo una especie de catalizador momentaneo, pero perdurable para siempre.

La realidad es frágil, los sueños: un espejismo, los problemas : un inferno y las palabras: un dote celestial que son ocupadas para la liberación de sensaciones aglutinadas en alguna parte del cuerpo, que no dejan continuar si no se les presta la debida atención, o si en el caso fortuito, se las toma mucho en la cuenta.

La vida es parte de una conglomeración de factores adyacentes que desequilibran la cotidiana anatomía de lo que significa vivir el día a día. Tenemos que aprender a sobrellevar los cambios que se experimentan al abrir los ojos y dar la primera mirada de una jornada incólume...


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Se llama "dedicatoria estacional" porque desde hace varios años, se ha arraigado en mi, la idea de escribir algo que de qué pensar el resto del año, y para recordarlo, lo hago en la primera página de mis nuevos diarios de vida. Cada vez que se acaba uno, se escribe : "la despedida" y cuando se empieza: "la dedicatoria" esta es estacional, por el solo hecho de que solo durará una estación....el otoño...mi eterno amigo hermoso


ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER
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Tu Arcano del dia

© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.