miércoles, 19 de enero de 2011

TODAVIA EXISTEN LAS GOLONDRINAS



Despertar una mañana con el ruido de las bocinas,
Con el calor del sol sobre mis ojos cansados
Y oír entre todo, el canto neurótico de las golondrinas,
Paradas en las ramas ancestrales de los robles despedazados.

Suspirar un rato con las sábanas pegadas al pecho
Y soñar todos los sueños que no concebí en el letargo,
Estirar los brazos para tratar de tocar el techo
Cayendo en la decadencia de los recuerdos que cargo.

Mover las piernas una por una antes de emprender la partida
Por los caminos oscuros que no se han recorrido,
Arañando la demencia de lo que se perdió en esta vida
Por desperdiciar el amor hace siglos dormido.

Sin embargo, hay quietud por sobre todo el ajetreo,
Como si fuese el día libre de las hadas madrinas,
Y es porque todavía está el continuo rastreo
De mis sueños infantiles a cerca de la existencia de las golondrinas.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

TENGO QUE CURAR MIS HERIDAS


Tengo que curar mis heridas

He llegado al punto donde ya no hay nada que hacer,
Tras recorrer el suspenso de caricias incurridas
Donde duele la hambruna perpetua del placer,
Y siguen sangrando mis patéticas heridas.

Hace calor y se desintegran mis sueños con el paso de un momento,
Y no corren ni vientos malos a estas alturas de mi vida,
Provocando que se desencadene el pago de mis pecados, el tormento,
La ausencia silenciosa de las palabras conocidas.

No es necesario que venga otro clavo para sacar el que ya tengo,
Solo son forzosas un par de canciones absurdamente sufridas
Para amortiguar toda la pena que he estado sintiendo
Desde que comenzaron a sangran, mis siempre abiertas, heridas.

Me pregunto, entre distracciones baratas y vino tinto,
La duración de todas las derrotas transcurridas,
Cuándo se acabarán los pinceles con los que pinto
Sobre el lienzo empalidecido de tantas mentiras.

Creo que es tiempo de dejar que lo que está escrito se concrete,
Para que otra historia pueda empezar a ser transferida,
a la vorágine salvaje del olvido de la gente
y yo pueda quedar, entre mis fantasías adherida.

Carezco de coraje para cobrar lo que es mío por decreto:
Hay tantos besos, abrazos, y un millardo de plegarias permitidas,
Que ya no tengo la cuenta de lo que se me adeuda en concreto,
Y no sé en qué minuto perdí mi punto de partida.

Creo y no estoy segura de que todavía me queda una carta por jugar,
Pero debo ser valiente para invocar a las legiones prohibidas,
Que atacaran por mí a Cupido y me dejaran conquistar
A aquellas aldeas pobladas de deseos y lujurias reprimidas.

He llorado cada noche de cada año ya pasado,
Porque hay sequía ingrata de la mera compañía
Que tanta falta hace, la presencia del ser amado,
Que cuide de mis sueños y me libere de la melancolía.

Asumo que es mi culpa lo que hasta aquí me ha tocado mirar,
Y he dejado supurando las llagas de mi alma ya podridas,
Todo porque no he comprendido lo que significa el amor,
Por no hacerme el tiempo de curar mis heridas.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

domingo, 9 de enero de 2011

ME ESTÁS PERDIENDO





Jura que esta vez me escucharás con atención.
Ten en cuenta que no es demasiado lo que estoy pidiendo,
Es sólo un minuto para explicarte ésta situación
Que hace algún tiempo me encuentro viviendo.

Cállate y mírame a los ojos aunque te cueste trabajo,
Que lo que tengo que decir es fuerte y se está pudriendo,
Pero no te quedes así todo obtuso y cabizbajo
Y comprende que de esa manera sólo me estás perdiendo.

No sé cuándo fue que terminamos de esta forma perversa,
Si se suponía que por el otro de amor, estábamos enloqueciendo,
Ni porqué abandonas a tu doncella en peligro e indefensa
A la sombra de un romance que continúa muriendo.

Es tú culpa lo que pasa, pero ven y enmiéndalo pronto,
Que es dolorosa la muerte  y aún más cuando la siguen posponiendo,
Ven y cura las llagas que tiene éste canceroso corazón roto,
O envenénalo cuando esté plácidamente durmiendo.




Habla si quieres o si tienes algo que contestar a mis ofensas,
Mas, no lo hagas si vas a seguir hasta el final mintiendo,
Y confiesa cuáles son las cosas en las que tanto piensas
Que te han mantenido lejos de mí sin saber lo que está ocurriendo.

Has silencio por un par de horas hasta que se calme el ambiente,
Y créeme que no hay rencor es más, te sigo queriendo,
Pero ya se aproxima la caterva y la gente no entiende,

(Ni yo) porqué continúas afanando en perderme…

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

viernes, 7 de enero de 2011

BESOS



Posar una mano sobre el rostro pálido,
Sentir como tiembla al acomodarse el cabello,
Palpar en el tacto el silencio cálido,
Y cubrir las estrellas con un lienzo bello.
Tomarlo por las manos y reír un poco,
Regalar la luna cuando está nublado,
Conversar un rato y cerrar los ojos,
Disfrutando al máximo de quién está al lado.
Acercar los labios preparando algo especial
Sabiendo que es imposible huir en dirección opuesta,
Correr con el soplido del viento al vuelo espacial
Y seguir riendo por las risas a cuestas.
Juguetear con el roce de la nariz contra otra,
Detener todo de golpe y olvidar de las acciones, la cordura,
Saborear de repente, la aventura de la boca
Que ya no tiene llaves ni tampoco cerradura.
Ya un segundo no lo será más,
Será solo una muestra taciturna del cariño guardado,
Prometiendo cosas que no se pueden improvisar,
Cuando dos personas se convierten en soldado.
Un soldado sin pistola ni armamento,
Únicamente provisto por las ansias del deseo
Y se borran los suspiros, las ilusiones, el momento,
Quedando en la memoria, fidedigno, el recuerdo.
Continuaremos afanando con los límites siniestros
Que se pueden encontrar al terminar lo que se busca;
La fusión universal de los cuerpos nuestros
Cuando llegue la luz y la muerte se luzca.
Acabaremos mirándonos perpetuos, hermosos inmortales,
Sonrojados por la dicha que emana por la frente,
Haciendo notar el morbo que nos transforma en animales
Y saldremos caminando por entre la turba de gente.
Pasaran los días, se apagará la luna y hablará Dios,
Hasta que nos reunamos otra vez, cuando el tiempo mande,
Y nos encontraremos como siempre, solos los dos,
Y no sabremos si besarnos en la cara o en otra parte.
Ahí irrumpiremos con el dilema perturbador,
Que encasilla a los labios a permanecer presos,
Hasta que tomen autonomía y enciendan el motor
De las ganas desquiciadas de volver a probar tus besos.


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© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
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