martes, 29 de noviembre de 2016

A QUIÉN CORRESPONDA. CARTA N°1






Han pasado tantos años que me pregunto si no habrá sido un error el habernos separado. Se agotaron las coincidencias que nos hacían coincidir  y el universo se extrapoló en dos si de juntarnos se trata. ¿Por qué las noticias tuyas entraron en sequía?
Esta vez soy solo yo, sin boato ni opalescencia, sin todos los caminos pedregosos que antes debiste transitar para llegar hasta mí. Vuelve aunque sea para decirme “adiós”, pues es cruel dejarme en suspenso la vida.
Vuelve y agita los mares de racionalidad que me atan a esta cordura y con eso a la cobardía.  Lancémonos al vacío y si hemos de morir que sea de felicidad: uno al lado del otro, beso contra beso, mi todo por tu todo, mis noches por tus días y mis días con tal de verte regresar, porque un romance tan inmenso que escapó a nuestra juventud, como si fuese herencia de una vida previa, reapareció en esta, clavándose hondo en el medio de los dos y que en el momento mismo en que nos vimos, reconocimos un amor sin envejecer… Mi amor sigue sin envejecer…Por eso vuelve, porque ahora sé cómo reparar los holocaustos artificiales que inundaron tus ojos, por la sapiencia irascible de mi completa ignorancia, si de entender los mensajes ocultos que me enviabas entre poemas prestados se trataba.  Puedo ofrecerte un futuro nunca más incierto y recoger del pasado lo mejor que vivimos hasta llegar a hoy, para bailar una canción, sin errores, sin espera, sin más preámbulos que nosotros dos, hasta la doceava campanada de media noche, cuando los horizontes se vuelven alcanzables y las noches se alargan a voluntad. Puedo entregarte ríos circulares donde enmendar lo remediable y huracanes de lascivia  que se doblegan por ti.
Han pasado tantos años que el tiempo se dividió: cuando era fácil respirar y mis manos tenían un lugar al cual pertenecer y las noches se iban entre conversaciones irracionales sobre un futuro venidero. Y después, cuando aparecieron los miedos cargados de vaticinios de un final,  y mis manos comenzaron a pendular en el aire sin que las tuyas fueran al rescate. Cuando  la escarcha cubrió el mundo y dolió respirar. Cuando ese futuro que pareció tan distante como inexistente, llegó  sin ti.
Aquí las horas transcurren lentas desde que tu sombra desapareció tras doblar la calle trayendo todo el peso de tu ausencia por compañía ¿Piensas en mí? ¿Sigue habiendo luz en tu mirada? Entonces, por qué no has vuelto y me dejas demostrar mi devoción por ti. Vuelve de regreso a Penélope que todavía espera ver señales en el horizonte de su Odiseo, pensando que continúa recordando el camino de regreso a casa.  Aún estoy aquí, perpetua, esperándote en medio de la vida y ya sin fuerzas, porque nunca antes un corazón roto dolió tanto, por saberte a dos cuadras y un suspiro de distancia y sin embargo, sin poder avanzar un paso, paralizada de miedo al creer que el final de todo apareció anticipado y me quedaré amando sola. Si me conoces ¿Por qué no has vuelto? Entendí que no era el mundo lo que necesitaba, sino solo a ti, alejado del mundo y ahogado en mis brazos.
Para ti mi vida, por ti, mis rezos, a propósito de tu nombre, lo que me queda de fe, mi último suspiro por un latir tuyo,  mi mundo a cambio de la salvaguarda de tus brazos, alguna noticia tuya por lo que me resta de cabales y si decides volver, para siempre, prometo amarte.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 





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