domingo, 23 de octubre de 2016

SI HA DE SER, SERÁ.




Sacaré entereza de donde no alcanza,
Dejaré de dormir ideando planes sin aristas,
Seré tenebrosa y despiadada para obtener la conquista
Y alzar la bandera y tu cabeza en la lanza.

Y si hay que luchar, lucharé, pero a ganar,
No por ti, ésta vez no, por todo lo demás, menos tu nombre,
Porque no merece la pena pelear por un hombre
Y  gastar tantas fuerzas por el alto precio que hay que pagar.

Y si va a ser, entonces que sea pronto,
Mas, ten en claro que yo no haré nada,
Porque las horas pasan, los años, los días y estoy cansada
De venderle mi alma al demonio por un tonto.

Pero si no va a ser, deja de mirarme por la cola del ojo,
Ya no vengas más a atormentar mis sueños,
Porque si no quieres ser, no digas que eres el dueño
De un corazón silenciado en el escándalo del despojo.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.


martes, 18 de octubre de 2016

ANTES QUE NADA




Yo, antes de arrepentirme, perdono tu cobardía. No todo el mundo persigue la felicidad, así como no todos le tememos a la muerte. Cada día converso con ella y a veces apostamos para ver cuál de las dos ganará un alma para sus reservas. Ella me cuenta sus males, sus victorias y desgracias.
Yo la odio por hacerte decidir entre la vida sin mí, pero vida al fin y al cabo, o la extinción de tu aliento secundario al veneno de mi amor.

Perdono tu marcha al otro lado del mundo para rehuirme, dejando tanto inconcluso, renunciando a tanto y decidiendo por ambos. Dejaste a oscuras el páramo, así que tuve que aprender a caminar a tientas, llenándome de moretones las piernas al caer, tocar fondo y levantarme luego, más fuerte. No cualquiera tiene tan buenos recuerdos de sus llagas. A mí me tocaron las mejores cicatrices, las que más dolieron y las que más enseñaron. Más suman que restan.

Perdono tu osadía al saludarme, porque con eso desataste el caos. ¿Nunca nadie te dijo que mostrar el cielo a un pecador es crueldad? Quizás en el infierno coincidamos, porque aquí, en la tierra, la antimateria está prohibida.

Perdono que me hayas tomado la mano a raíz de nada y mostrarme un camino sin bamboleos menesterosos.

Perdono las canciones susurrándome tu voz. No tienen culpa de contar la historia que pudo ser. Coincidencias de desdichas, espacio y nosotros. Nada más.

Perdono las risas ofrecidas al ocio y la flojera lastimosa que me obliga a pensar en ti. El tiempo debe rellenarse con algo y cuando se me cansan los ojos tras tanto leer, eres la excusa perfecta… Tus manos, mi piel…Un suspiro.

Perdono la pregunta “¿Podrías ser por un noche la luz que le hace falta a mi vida?” ¿Creías que lo había olvidado? ¡Mira, no me conoces! Perdono haberte respondido “Sí, podría” Perdono los silencios ulteriores y las lágrimas vinares atravesadas en mi garganta ahora, mientras canta Miguel Bosé a mi oído y alguien haba de “temas pendientes” en una conferencia de toxicología. “Posibles soluciones”…. Posibles soluciones… ¿Dónde nos encontramos a conversar? No se me ocurre otra posible solución.

Perdono el terrorismo de tus palabras a mis cuestiones. Son armas de defensa, lo entiendo. Cada cual se salva como puede, pero ya no intentes más. Aquí está mi existencia, haz con ella lo que quieras, por último dame un motivo para escribir porque ya me aburrí de contar la ausencia nacida al aferrarme a la posibilidad del azar.

Perdono la exhumación de tus restos a causa de mis nostalgias. Perdono amarte, odiarte, necesitarte y mandarte al carajo, llamándote con el pensamiento y quedarme ahí… Esperando.

Perdono no saber qué hacer con el nudo de frustraciones desatadas al pensar en el futuro prometido mientras tú estás lejos, yo aquí y nosotros… ¿Nosotros? ¡Já! ¡Nosotros! ¡Qué ilusa! Nosotros.
Fran: 0. Cupido: 1

No se puede ganar siempre… y eso también lo perdono.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER  

jueves, 13 de octubre de 2016

BESOS EN EL MARMOL

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¡    - Voy a salir! – Grité antes de cerrar la puerta.
-          - ¿Dónde vas? – Contestaron.
-         -  A perderme por el mundo.

Necesitaba ir a verte. La ausencia se hizo insostenible esta mañana, con la añoranza de un abrazo cándido para volver a ser una niña llorona de 5 años refugiada en su lugar favorito de mundo: Tus brazos.

Había melancolía rondando el aire, insuflándome los pulmones para asimilarse en lo más profundo del ánimo. El olor a tu piel de apoderó de mis recuerdos... 

¿Dónde estarás ahora?

 Iré a buscarte. Necesito hablar contigo.

Los aromos florecidos, el petricor levantándose del piso, la cuidad bajando revoluciones con la aparición de los arreboles y esa latencia de la venida del día de todos los santos, haciendo mixtura con la saciedad del espíritu al saber próximo el reencuentro entre lo nuestro.
Todo me gritaba tu nombre. 
Todo me hacía sentir ganas de lanzarme al vacío y escapar contigo ¡Es que te extraño tanto!

Te fuiste muy pronto de mi lado. 

Nunca he estado sola, es verdad, siendo rodeada de amor por doquier, empero no es lo mismo. Me faltas… ¡Por la cresta que me faltas! Quizás ahora, mientras me distraigo con caminatas al azar, me esperarías en casa con el almuerzo calientito sobre la mesa… Pero no. La vida es cruel y hay que aprender a vivir sin lo que más se quiere, a hacer de tripas el corazón y continuar mientras el alma se desgarra de dolor en silencio.

Un acontecimiento horrible, marcó el final de todo y tres meses se tardó en destruirse el mundo. Lo sabías y no me dijiste, simplemente, te fuiste. Yo no entendía, y aunque no me creas, sentía las advertencias de la disipación de la alegría por estos parajes. Todavía no regresa. Se pudo hacer perdido al alejarse tanto y por tanto tiempo ¿Quién no?

Tal vez por eso adoro tanto el mar. De una u otra forma, me trae reminiscencias tuyas de cuando gastábamos las tardes enteras caminando por los roqueros afilados con pies descalzos. Desde entonces, no importa si llueve, si el mar está enardecido, si acaba de haber un terremoto y se evacuó la costa completa o si vienen a invadir los marcianos, cada vez que me voy a la rivera de las olas, me paro a observar el bamboleo de las aguas, a pies descalzos sobre las rocas y te mando un beso, todo mi amor, un par de oraciones y la promesa de volvernos a ver.

Nunca dejará de doler, estoy segura. ¡Te amo tanto todavía! Quiero dejar de quererte así. Me hace mal, aunque intentar es inversamente proporcional al cariño guardado. Se me antoja que me caigas mal.

“¿Dónde metí las llaves? ¿Las traje? ¡No puedo ser tan tonta de no haberlas traído! ¡Aquí están!”  Ya tenía la cartera en el suelo con el contenido desparramado en el cemento.
Abrí la puerta y ahí estabas.

Te besé hasta congelarme los labios, dejando el mármol con labial rojo, mientras caían las lagrimas contenidas arruinándome el maquillaje (como si no me demorara nada en arreglarme las ojeras cada mañana).

“Te echaba de menos, pero ya vine. Parece que te gustaron las flores que te traje la última vez. ¡Qué falta que me haces!”

18 años pasaron y recién fui capaz de hablar de ti sin anhelar la misma muerte que te apartó de mi lado, abuela.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 


martes, 4 de octubre de 2016

MÁS QUE SEXO, EXPIACIÓN



Soñé con nosotros dos al desnudo completo,
Fusionados en el afán de encontrar muerte en el placer,
Recorriendo las aristas en tus hombros cuando aparece la piel
Siendo rehenes por voluntad del pecado perpetuo.

Soñé que me hacías el amor y fue sólo un sueño,
Pero ahí estabas, alimentándote de mis suspiros en tu boca inquisitiva,
Proclamando la enmienda de tanta vida perdida,
Dejando tu rastro lascivo en mi cama como único dueño.

Soñé que el tiempo en tus ojos había desaparecido,
Y lo único certero era el hecho de juntos yacer,
Entendiendo de un golpe que así debía ser,
Para que los suspensos entre los dos encontraran final merecido.

Soñé que el universo se condensaba en un gemido,
Que la luna era eclipsada por tus manos en mis pechos,
Que si era pecado y condena, la pagaríamos en el lecho,
Siempre que haya oscuridad, estorbe la ropa y tú, conmigo.

Soñé que no había arrepentimientos que pudieran detenerme de la consumación,
De entregarte mis más íntimos secretos mezclados con inocencia enardecida,
Agitando las mareas de tus deseos en el puerto de las caricias concebidas,
Bajo la excusa mentirosa de que más que sexo, era expiación.



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 


lunes, 3 de octubre de 2016

CUANDO TE VUELVA A ENCONTRAR





Un día, a media tarde, tras habernos encontrado por casualidad, te invitaría a cenar a casa y cocinaría el antojo predominante de esa semana, descorcharía una botella de vino  para al fin, usar las copas que siguen juntando polvo, mientras espero al sonido del timbre en mi puerta. Tal vez, no tenga tiempo de cambiarme el disfraz de hospital, pero es lo de menos. Música, como es habitual, de fondo y las luces de los departamentos vecinos, comenzando a encenderse. Suena el timbre. El corazón se detiene dos segundos y continúa.

Llegarías agobiado, tras el tumulto del metro en hora punta, algo más que reticente y solo estando ahí a la hora acordada, por cumplir, todavía convenciéndote que era buena idea lo de comportarse como adulto y conversar. ¿Yo? Sin respirar.

Un “hola” frío, distante, cordial, sin más expresión, seguido de un “Pasa, estas en tú casa”, “Huele bien. ¿Qué cocinas?”, “Lo de siempre: come y calla." Se tendrían que solucionar los asuntos pendientes entre los dos, antes de llegar al postre, o plantear un consenso decente, borrón y cuenta nueva o dejar todo como estaba y llevar la misa en paz, mal que mal, lo único que perseguía era una explicación al escándalo armado cuando Navidad desaparecía.

¿Café? ¿Té? ¿Vaina? ¿Whisky? ¿Qué prefieres?... Se me antoja un café… ¡Sí, con limón!  Todavía te acuerdas. Sí, sin azúcar.


 Está refrescando la noche ¿Y si entramos? Debuta el sillón. Tú en una esquina y yo en el polo opuesto, segura de cualquier artificio de pelea, con la sonrisa mentirosa para no delatar la ansiedad condensada durante años por verte volver.  ¿Recuerdas…? ¿Qué pendiente se puede resucitar para seguir hablando? Algo se me va a ocurrir para romper las distancias.


Hay olor a azares…primavera en plenitud. El desove de las fantasías traídas por la magia de una profecía.
Poco a poco se consumiría el intervalo en la inocencia de servir una copa más y cada vez, se haría ínfimo el espacio entre tu dominio y el mío. Cerca.

Ninguno podría, por más tiempo, mantener la fachada, trayendo de golpe la ternura a las miradas incineradas a fuego lento con las posibilidades de cumplir cuanto dejamos suspendido en un “Quizás”. Tú me mirarías, yo te miraría y sin querer nos encontraríamos estacionados en un centímetro cuadrado. Me acariciarías el cabello, burlándote de lo corto que lo uso en estas fechas, porque nunca pensaste que sería capaz de renunciar a la mejor arma de seducción. ¿Beso? Todavía no. Quiero perpetuar el momento, si no te molesta.


¡No sabes cómo te extrañé! ¡Cuánta falta me has hecho! ¡No sé cuándo me acostumbré a ti, pero sí, cuando lo descubrí y era tarde! ¡Fui tan tonta! ¡Te eché tanto de menos!

Me mirarías de la forma que solo en mis sueños he visto últimamente, igual a la vez que, entre súplicas tácitas, me confesabas tu devoción en pestañeos.

Era la hora.

El beso quedado en suspenso.

La magnificencia transmutada en pecado implícito, pero floreciendo en la reverberación de la necesidad.

A esos labios pertenecía y ahí debía morir. No sirvió de mucho mentir hasta la certidumbre, porque con ese beso, se confirmaría de golpe la verdad negada hasta lo absurdo: Siempre te amé. En una de esas, tú también.

Crecieron los ríos con los deshielos y las alboradas pasaban vanagloriosas dejando estragos en la piel tostada por la consecución de veranos implacables. Se vulneraron los árboles al despojarles de indumentaria, quedándoles las raíces expuestas. Yo aquí. Tú lejos. El viento hablando de amor…
Silencio. Después de todo, silencio en el cantar de los demonios.

Un puñado de años malgastados, una docena de historias que rellenaron el vacío intermitente entre esta, nuestra historia, y ahora, la ropa estorbaba.

Me abandonaría al instinto de probar condena, siempre y cuando, tus manos marcaran la cadencia de la desnudez.
Mis defensas serían aniquiladas y desde el fondo del pasillo, una puerta cerrada en perpetuidad, desataría sus cadenas, dejando entre abierta la cabida para el secreto.  Toda la vida quise guardar un secreto contigo, sólo nunca tuve las agallas para admitirlo.

Las insinuaciones estarían de sobra. Ya estamos viejo para bobadas.

Tengo miedo. Sí, eres tú de quien se trata, pero es precisamente eso lo que me agobia. La última vez que te vi éramos unos críos que todavía no sabían caminar sin ayuda.
 Mucha agua pasó bajo el puente y sin embargo, mucho menos de la que te puedes imaginar. Piensa que si el río suena, no siempre es porque lleva piedras, también suena porque no las lleva. A mí me da lo mismo lo que de aquí para atrás pasó. Cada cual carga con sus cruces. Tú no sabes lo que pesa la mía y yo no sé si alguien se ofreció a cargar la tuya cuando yo no estuve… Retórica… Retórica… Sabes de lo que hablo. Tengo miedo.


Me abandono en tus empresas y si tiemblo es porque empecé  a sospechar que la noche y su frescor se harán  menesterosos de más tiempo. 

Seríamos  tú  y yo de nuevo, en mi casa, un día  improvisado a media tarde, cuando después de dejar el manifiesto de tu propiedad en mi cuello y estremecer el alma anciana rehén de mis pesares, se desplegaría el porvenir, aunque ahora, en el ofrecimiento de la reivindicación, no sería  cobarde y cobraría poderío de lo que siempre fue mío: tú.  
Esta vez no saldría corriendo a ocultarme tras una broma forzada para salir del paso. No quiero salir. Me gusta la encrucijada. Reclamo soberanía. 

Si supieras la verdad de todo,  que cada que voy a charlar con Morfeo, le cuento esta misma quimera y él se ríe de mi estupidez. Si supieras que, de alguna u otra forma, escondo tu nombre en todo lo escrito (¿No te has dado cuenta? Busca ahora dónde.) Si supieras que la mayoría del día me traiciona la conciencia y vivo añejándome en reminiscencias tuyas y en decretos de fanfarrias con finales felices. Si supieras que en verdad te amo desde sólo  Dios sabe cuándo y nunca te dije por miedo a perderte.

"Quédate" Te diría entre suspiros porque hay mucho por poner al día: Los planes que teníamos, los besos que nos debemos, abrazos y manos buscando camino, amaneceres conversando, amando, seguros, en tus brazos, en mis brazos.

"Quédate" Te pediría, sin palabras, porque pronunciar deseos siempre se me hace difícil. Así  que recuerda mis mañas, mira que no han cambiado, o invéntame una excusa para alargar la noche ("Cerró  el metro ya. Me voy a ir caminando. Quiero escuchar música y aprovecho de elegir vivir sano" Esa la usé  yo ¿Te acuerdas? Y Resultó). Planea un plan planeadamente planeado o no me digas nada y simplemente, quédate.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 


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