martes, 2 de diciembre de 2008

¿ESTOY SOLA?

Creí que estaba sola, creí que había dejado de ser atormentada por los fantasmas de mi pasados o simplemente, de todo resto que se asemeje a un fantasma, pero no. Sigo estando sola, sentada en el sillón más cómodo de los que jamás se pudo haber fabricado, y tiembla el café en mi mano. No sé por qué, solo tiembla, como si algo lo moviera a propósito de mis lánguidos brazos. Sigo estando sola, pero siento como alguien me observa desde el pasillo que da a las espaldas del sillón, con una gélida mirada que carcome hasta el tuétano de mis huesos, como si buscase algo y no lo encuentra. Tomo un poco de café, antes de que el temblor lo derrame por completo sobre mis ropas.
Si estoy segura de que estoy sola, entonces ¿por qué se escucha el demabular de unos zapatos pesados cerca de mi? No lo sé ni me atrevo a preguntar la causa. Me repito una última vez, de que estoy sola, sin nadie cerca.

Se apagan las luces del cuarto y se prenden las del pasillo, si el mismo del cual me siento observada, pero ya no hay ruidos, solo las luces que parpadean cuando decido dar vuelta la cara para echar un vistazo. Comienzo a sentir miedo, no de lo que fuera que estuviese haciendo interferencia en la energía, sino de estar sola con mis pensamientos, y entrando en una pesadilla.

Tomo otro sorbo de café, ya no queda nada en la taza, unas cuantas gotas. Pasa algo rozando mis rodillas, como si fuese una nube transparente que se ha alojado dentro de mi casa. Siento frío. ¿iré a morir? ....

Las luces se apagan, ya no hay ruido, no se escuchan los pasos y la nebulosa ha desaparecido sin dejar rastro, pero la taza de café amenaza con lanzarse al vacío en un acto suicida, todo esto sin que nadie la toque, y mientras me vuelvo a repetir de que estoy sola.

Tomo mis cosas y me dirijo al pasillo, cobarde, lo admito, pero me dirigí. Apagué los interruptores, para evitar una electrocución innecesaria, y escuchaba las tersianas de la taza que iban al mismo ritmo que las manecillas del reloj. Volvió la nube.... tocó mi hombro, pronunció mi nombre con todas las letras: FRANCISCA. Casi morí.
¡estoy sola!- repetí hasta el cansancio, como si fuese mi credo: creo que estoy sola, creo en la soledad toda poderosa....

Miro al espejo y veo mi rostro pálido de tantas cosas, por la falta de café. De un momento a otro, algo distrae mi atención y dirijo mis ojos hacia el final del pasillo. Está oscuro y silencioso, pero no hay nada raro en él, mas sí en el espejo, porque mi reflejo no se movió. Sé que me mira aunque mi cara este mirando hacia el este... ¡me mirará!

Tres segundos para que sean las tres, y la casa cae en tinieblas, extingo el resto de café, y la taza blanca queda vacía... al igual que mi cabeza. Comienzo a sentir miedo de nuevo y no sé por qué.

Camino hacia mi cuarto, al final del pasillo, y en la cama veo como se hunden las frazadas, como si un cuerpo se posara en ellas, y los adornos de cristal empiezan a cantar desesperados al tacto de lo invisible, pienso que puede ser el viento, mas luego se aclara mi mente y llega a la conclusión de que es imposible, no hay ventanas abiertas ni puertas por donde se pueda escapar el aire. La colcha ya había vuelto a su posición normal y otra vez silencio.

volví al cuarto principal, evitando mirar al espejo que conservaba intacto mi rostro mirando hacia el frente, y tomo asiento en el primer sillón que encuentro, la taza de café estaba llena de nuevo, de la nada, y la nube de miedo se había alzado sobre mi cabeza. Mi mirada se pierde y siento como mis pupilas se dilatan en la sombra. Las baldosas empiezan a transfigurarse al reflejar el largo vestido de mi tormento.
-¿qué quieres?- pregunté, sin alzar la cabeza del piso.....- Pensé que te habías marchado.
- Quiero quedarme contigo, mal que mal este es mi hogar o ¿no?
- Ya no lo es más ¡estas muerto! ¡déjame continuar!
- No puedo, pues tu hora ya es finita, y tienes que venir conmigo, por eso he llenado tu taza de café, disfrútalo, será el último, y abre el cajón... son franceses, tus favoritos... cuando termines me avisas....

"son franceses" pensé, y no creía que iba a morir hasta que encendí el primero y me di cuenta de que estaba condenando a mi alma al poner ese cigarro en mi boca, porque él ya no era el que conocí hace veinte años atrás, se había convertido en alguien oscuro y malvado.... era el diablo en persona que venía por mi alma, para seguir condenándome por haber sido, alguna vez, una bruja más..... "son franceses" y di mi última exhalada.....


ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER
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