sábado, 9 de julio de 2011

PERDIDA EN EL PARAÍSO



Cierra los ojos y piensa en mí un momento ¿qué ves? La figura cándida de una mujer enamorada hasta el delirio, siempre quieta y desde las esquinas observando de reojo, llorando contigo cada tristeza y siendo feliz cuando me saludabas por la mera coincidencia de la angostura de un pasillo con una sola salida. La mujer que estuvo a tu lado cuando la melancolía invadía tus lágrimas, pendiente de plantar la carrera a penas tu rostro denotara el ligero rastro de la lluvia salada de unos ojos en cascada explosiva, dispuesta a convertirse en una fuente desbordante de agonía matutina.

Yo que fantaseaba con el aroma que emana de tu cuello e inunda los rincones de mi vida convirtiéndola en demasía tuya, ayer, y siempre, impregnando con tu esencia mis palabras taciturnas y esclavizando a mis poemas, victimas del deseo lascivo, haciendo perenne mi amor por ti, por tus ojos cargados de amargura e incapaces de mirarme porque para ti soy una más de la lista viciosa de victorias sangrientas producto de corazones rotos.

Ves, a la mujer ahogada en plegaras elevadas y enterradas, armada hasta el cansancio con frases cursis que pide un poco de cariño, pero del antiguo, del meloso y mortal. Traigo la luz que le robé a Zeus de sus rallos, porque te falta lumbre para calentar tus manos de crista, aunque todo brilla con tu sonrisa de ángeles supremos y me quedo sola, otra vez, contigo en mi cabeza dando vueltas como perdida que no quiere ser encontrada porque habita en el paraíso.

Cierra los ojos y piensa en mí un momento ¿qué ves? La figura cándida de una mujer enamorada hasta el delirio, siempre quieta y desde las esquinas observando de reojo, llorando contigo cada tristeza y siendo feliz cuando me saludabas por la mera coincidencia de la angostura de un pasillo con una sola salida. La mujer que estuvo a tu lado cuando la melancolía invadía tus lágrimas, pendiente de plantar la carrera a penas tu rostro denotara el ligero rastro de la lluvia salada de unos ojos en cascada explosiva, dispuesta a convertirse en una fuente desbordante de agonía matutina.

Yo que fantaseaba con el aroma que emana de tu cuello e inunda los rincones de mi vida convirtiéndola en demasía tuya, ayer, y siempre, impregnando con tu esencia mis palabras taciturnas y esclavizando a mis poemas, victimas del deseo lascivo, haciendo perenne mi amor por ti, por tus ojos cargados de amargura e incapaces de mirarme porque para ti soy una más de la lista viciosa de victorias sangrientas producto de corazones rotos.

Ves, a la mujer ahogada en plegaras elevadas y enterradas, armada hasta el cansancio con frases cursis que pide un poco de cariño, pero del antiguo, del meloso y mortal. Traigo la luz que le robé a Zeus de sus rallos, porque te falta lumbre para calentar tus manos de crista, aunque todo brilla con tu sonrisa de ángeles supremos y me quedo sola, otra vez, contigo en mi cabeza dando vueltas como perdida que no quiere ser encontrada porque habita en el paraíso.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

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