martes, 23 de abril de 2013

MURIERON LAS SIRENAS


Hay tanta belleza desplegada frente a mis ojos, kilómetros infinitos de mar turquesa, caravanas multicolores de peces que flotan por la rivera de la costa y la brisa de juventud que viene a tocar mi hombro preguntándome el porqué de la amargura que se amalgama en mis ojos cansados por falta de un sueño tranquilo o a quien dedicarle mis quimeras sin miedo al rechazo pueril de cualquier que los ocupe por tiempo contado. Tanta vida percibida bajo mis pies descalzos, y sin embargo  se congelan en la espera intermitente de que al volver a casa, mi suerte haya cambiado de la tierra a la luna dos veces, ida y vuelta, por un acto de magia o mera redención de la cantidad de pecados que cargo sobre mi espalda; tanta energía me regala el sol que me es imposible no devolverle a cambio una sonrisa por tratar de levantarme el ánimo, aunque sea inútil, porque me falta algo, pese a que lo tengo todo.
Me falta la candidez de un amor tierno que me acompañe justo ahora, en vez de estar escribiendo lo que me condena.
Veo tantas cosas hermosas y ninguna de ellas consigue sacar de mis pensamientos ese par de ojos verdes que nunca parpadean, que me observan desde las sombras, como si yo fuera la presa de un cazador oculto tras muros de concreto y a 10.00 kilómetros de distancia de mi cuello, porque lo único que espero es que clave en él sus colmillos feroces o que lo llene de besos dulces de principio a polo, pero no, nada, y vacío y la brisa que afana en recordarme que todavía quedan muchos años por vivir para sufrir tanto, en tan poco tiempo y por tan poco a secas.
Solo la melodía intermitente de la canción mas triste que se me puede ocurrir ocupo el lugar del sonido de las olas y veo los cadáveres de las sirenas salir a la superficie, mutiladas, exangües y a todas les arrancaron el corazón. ¿Moriré yo así? ¿Sin corazón?
Las veo florar hacia el horizonte donde se camuflan con los arreboles dibujados al atardecer y justo en el limbo entre la cordura y realidad, entre cielo y mar, vuelven a la vida y nadan en contra, evitando desbarrancarse hacia las aguas de la ultratumba, luchando por poder vivir lo que les restaba, cambiando su expresión de muerte por desesperación y desgarro ¿Por qué, si se les ofrece una segunda oportunidad tienen a la parca asechándole las aletas?...
Vuelven a morir, pese a todo, porque les faltaba el corazón.


ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 
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