lunes, 5 de septiembre de 2016

DE CUANDO ME ECHASTE DE MENOS





Vi los alcatraces pasar en perfecta alineación hacia el horizonte y de pronto, pensé en ti,  tan distante en estos días como el mismo punto donde el mar se funde con el cielo. Y eso que nos amábamos tanto, nos bastábamos el uno al otro para enfrentarnos al mundo, haciendo planes de un futuro incierto, siempre cerrado con un “tú y yo”.


Vi al sol dar su última exhalación con la belleza condensada para sí mismo y recordé el fulgor de tus ojos, un jueves, a las 7:45 de la mañana, 7 años a la fecha cuando por la misma puerta de todos los días me viste aparecer,  reconociendo en seguida, que nuestras vidas estarían atadas para la eternidad. La vida entera sería poco tiempo, como la vez anterior: Tantas reencarnaciones  atrás, con otras historias, otros nombres quizas, pero tuya y mío.


De repente, pienso que no fue menester habernos encontrado, ni menos siendo tan jóvenes, pero cuando las coincidencias coinciden para hacernos coincidir, rara vez preguntan si está bien o si es propicio. Sin embargo, nunca fui tan feliz como cuando, en las noches de frío, sujetabas mis manos para ahuyentarme los  miedos de no tenerte cerca. Me tenías y yo te tenía.


Vi las olas agitarse por el viento de febrero y recuerdos vagos aparecieron en primer plano, contándome de aquellos tiempos en que hablábamos de tener cuatro hijos, porque dos son muy pocos y con tres, siempre quedaría uno solo, de las cuatro casas para que pudiera escribir donde me apeteciera: En el campo, en la playa, en la cuidad y en la montaña. Cuando prometiste construir una casa submarina para invitar a La Sirenita a tomar el té y conversar la tarde entera sobre visitar la Atlántica. En nuestra inocencia, había amor.

Ahora que los años pasaron, que nuestros caminos son distintos, me pregunto si en este cuento habrá un final feliz cuando el príncipe lea las palabras que la princesa le escribió un día pensando en él. Me pregunto si  aún estás dispuesto a revivir el amor en esta resurrección.

Hace falta tu mano sujetando la mía y mi voz diciéndote lo que te quiero.

¿Qué  quieres? ¿Qué  recorra el mundo buscándote? ¡YA LO HICE! pero no te puedo encontrar. ¿Por qué  borraste todo tu rastro? 
¿Quieres que llore? Ve a preguntarle al mar cómo  fue que sus mareas ascendieron. 
¿Quieres que sufra? Ya no me queda nada... Ni un motivo, ni una razón para sonreír. 
¿Quieres que no vuelva a amar? No lo volví a hacer, aunque haya tratado de convencerme de lo contrario cada noche, cada día, en cada respiración y en cada beso entregado por tener qué. No volví  a amar porque nunca dejé  de amarte a ti. 
¿Quieres que muera de frío? El frío aquí  se hizo menester para mantener las esperanzas preservadas de la podredumbre al saberte lejos, olvidándome de a poco ¿A la fuerza? Posiblemente. La Muerte...La muerte no es la muerte. La Muerte es lo que queda tras perder el corazón. 

Pasó la bruma dejando escharcha en mis labios, una cosa así  como un premio de consuelo o una prueba para saber si aún continuaba ligada a la cordura. Se entumecieron y y odié  por eso. La sal los escocía y te odié un poco más. 

El viento me abrazó garrido en consuelo por la rotura estrepitosa y en expansión de mi alma desolada. 
Envuelta en sus caricias me susurró la respuesta a las dudas enraizadas, sin poderlas entender... No sé  qué  dijo. Hace tanto que no hablo con él  que perdí el acento y el vocabulario. 
Me volví terrena al alejarme de los parajes donde crecí, pero por sobre todo, al enamorarme de tus ojos. Ahí  perdí humanidad, lo naturalmente sobrenatural de las premoniciones, corazón, vida, deseo, fatiga,  albedrío...
Le pedí  un único favor: Te pregunte dónde  estás o te diga dónde  estoy. 

Nunca terminaste de conocer a la que estaba parada en frente de ti. 
"Ojo de loca no se equivoca." 
El cántaro  se rompió  por la caída constante del agua en sus inseguridades. 
Sé  que escuchas mis llamados al sucumbir en el letargo cada noche.
Todos los ríos llegan al mar. 
Algo del mar queda en mis venas todavía.
El destino, pese a lo que se diga, viene escrito desde la creación misma. 
Una vez, me dejaron echarle una leída a la rápida, tan a la rápida que puede que se haya convertido en efímero el recuerdo. 
Nos volveremos a encontrar. Probablemente, pronto. 
Deberíamos ponerle fecha y lugar, así dejamos de depender del azar para saber si seguimos vivos lejos del otro ( o si, y no lo quiero considerar, aparece quien te sacaría de mis pensamientos y a mi de tu corazón.) Deberíamos acordar.... El viento habla... ¿Qué  es lo que dice?  Habla más fuerte, por favor...

Me cuenta que aquella sensación de liberación de las cadenas puestas específicamente para unirnos los pasos, esa parecida a cuando a recuerda algo olvidado, eso como un "ah eso era" fue falsa. Hubo alguien caminando en la cuerda floja de este puente entre tu existencia y nos suspiros, por eso se tensó casi hasta romperse, pero sigue firme. Nunca se cortó. 
¿ Y sabes por qué  estoy tan segura? Porque vi tu rostro desvanecerse en los arreboles del atardecer, con los ojos fulgorosos y cargados de anhelo por si llegase otra coincidencia que nos hacen coincidir coincidentemente, porque me echas de menos.

Así  que tú  dirás dónde iremos a tomar un café.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER 



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