sábado, 17 de diciembre de 2016

EL DESPRECIO





Tengo que confesar que peco de despistada.
Por despistada, perdí la carrera.
Por despistada, tarde abrí los ojos.
Por despistada, no te reconocí.
Por despistada, cambió la fortuna.

Era tarde en la noche para el mundo entero, y un amanecer nuevo de posibilidades para mis ilusiones. Caminaba con el corazón rebosando de esperanzas, convencida de encontrarle descanso pronto a la algarabía predicha hace tanto y sin caudal.

La cabeza torturaba con sus dolores inoportunos, como queriendo alegar por no poder escapar del encierro confinado, pero, qué importa, la aprendí a ignorar... "Seguro es hambre" Pensé justo cuando recordé que no había almorzado (Ni desayunado y ya eran las 7 pm) porque no hubo espacio para hacerlo. Hay que acabar con todo antes que el año acabe con nosotros.

- ¿No tienes un Paracetamol? Me duele la cabeza - Pregunté por única vez.
- No negra. Bajemos y vamos a comprar si quieres. Aquí, a la vuelta hay una farmacia.
- ¡Con 36 grados a la sombra! ¡Estás loco! Tiene que ser el calor. Se me ocurrió venir caminando. Ya va a pasar.
- ¿Segura?
-Segurísima.


El resto de la tarde transcurrió entre historias pasadas por alto desde la última vez que vi a mi viejo y querido (aunque insoportable y aburrido) amigo del Liceo. Increíble que después de tantos años, sigamos en contacto. Esta amistad se basa en "Si no me llama, significa que está bien".

Tenía el sueño acumulado durante toda la semana y la amenaza del trabajo asomándose en las cercanías de las horas continuas en su vaivén de oleadas de calor, se acrecentaba conforme aparecían más estrellas en el cielo.
Ni luces de lo que buscaba.

-Ya es tarde, Pedro. Me voy.
-¿¡Como!? ¡Quédate otro rato!
- Son las 9:30... - Le dije mientras me rellenaba la taza con agua hirviendo... Es la quinta taza de té que me ofrece.
- La última y te voy a dejar.
- Trato.

Pasó media hora más.

- ¿Y si bajamos a fumar? Bueno, tú fumas, yo te acompaño. -Propuso.
- Ok.

Dos cigarros más tarde, un montón de basura hablada y tras haber observado al universo moverse a 10.000 km/h, cientos de personas cruzar la plaza de enfrente sin detenerse, todavía ni rastros. Nada de nada. Tiempo perdido. 

- Ya Pedro, ahora sí, me tengo que ir.
- ¡No! ¡Quédate y hacemos una pijamada, como cuando estábamos en el Liceo!
- No puedo. Tengo que llegar a casa. Está la Amparito sola y mañana me toca trabajar en el consultorio.
- ¡Es un perro! ¡Ya! ¡Quédate aquí!
- No. Cuando salga de vacaciones, si quieres nos mandamos un maratón Netflix. Anda a dejarme. Todavía me pierdo. - Reí.

Habíamos caminado unos 10 metros desde la puerta de entrada del edificio y Pedro miró a la izquierda. En un acto reflejo, hice lo mismo y volví la vista al frente. "Vamos Pedro" dije al ver que se quedó quietoquieto en un paso. Y silencio por 20 metro más.

- ¿Era él verdad? -Me pregunta.
- No sé. Estoy sin lentes. No me pidas reconocer a mi madre a 20 metros si ando sin los lentes jajajajaja.
- Sí, era él.
- Bueno, será.
- ¡Tan expresiva!
- ¡Ah, si no lo vi! ¡Ni que fuera un desprecio! ¡No lo vi! Se acabó.

Llegamos al metro. Nos despedidos y quedamos en juntarnos otra vez, a penas terminara con mis pruebas. Me subí al vagón, pensando en que sí sólo hubiera tomado la séptima taza de té, o hubiera fumado un cigarro más, si no hubiera tenido que ir a trabajar al día siguiente, o si hubiera usado los lentes en vez de siempre apostar a la rudeza de un mundo con borrones, nos hubieramos hablado.

Me rindo.

Ya no sé qué más hacer (Y que resulte).

Tengo que confesar que peco de despistada.

Por despistada, volví la vista.
Por despistada, no seguí el juego.
Por despistada, tomé mal el metro.
Por despistada, me resigno.




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER.
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