lunes, 26 de marzo de 2018

BITÁCORA DEL CAPITÁN, DÍA 1






Bitácora del Capitán, día 1:
Ansias… las ansias consumen peor que los pecados inconfesos. Se confunden con la angustia despertada desde el vacío dejado por un fantasma carroñero de juventud y prometedor de primaveras en fulgor: el amor.

Ansias como sinónimo de deseos impuros en su máximo esplendor, quitándome el descanso para convertirlo en despilfarre de horas plagadas de una fantasía tan real que casi logro tocarla con la punta de mis dedos, pero tan tenue como mi voluntad por estos días.
Ansias llamadas a combate tras ver el amanecer de una posibilidad tiznada de errores y tiempo bailando vals, separándonos en polos opuestos del mundo.

Sonrisa seductora que me arrebató la cordura.

La resurrección de esa sonrisa ponzoñosa cuando pensé se había convertido en un recuerdo sin recordar, perdido por los recodos de la memoria y ahogado en varias copas de alcohol después de haber proclamado por mi propia voz, desconocer a su dueño cuando el futuro llegara. Aquí está de nuevo, dirigiéndose directo a mis ojos, invocando a mis instintos a saciar su naturaleza.

Ansias de esa sonrisa por las mañanas y justo antes de dormir.

Navego por aguas surcadas mil veces y siento que esta vez la marea es distinta, los vientos son cálidos con olor a manzanas acarameladas y una esencia familiar, aunque indistinguible del beso salino de brisa en mi cara, se proclama por estribor como el ancla que detendrá mi huida de aquí. Las corrientes son tranquilas, particularmente tranquilas con un arrullo cargado de un gemido pospuesto, pero suyo, por mí.
Todo es tan igual… todo es tan distinto.

ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER

© Francisca Kittsteiner, 2008 - 2009.
- Franykityzado por Klaus, ©2009.