martes, 9 de septiembre de 2008

solo entonces.....


Habrá un día en que desesperes porque no sentirás mi presencia junto a la tuya, que no podrás apartar de tus memorias el pasado que nos condena a recordarnos entre las llagas de las mentiras y de las promesas inconclusas que juntos construimos.
Cuando ya no sientas que mis manos están cerca de las tuyas, podrás soportar la realidad que de el destino es cruel y ha llenado de ñáceras, lo que el complejo sentimiento hizo incólume, alguna vez, en algún momento, con algunas personas sin sentido del tiempo.
Cuando te arrepientas de haberme conocido, te acostumbraras a la idea de permanecer en soledad, pensando, llenando tu cuerpo de cafés hirviendo para ver si así puedes evaporar el resto de emociones que te provoca cada vez que escuchas mi nombre, y te darás cuenta de que no es a mi a quien odias, si no a ti por haberme amado, sin sentido, sin lugar, sin planearlo, sin quererlo.
Existirá la ocasión, en la que mires por la ventana, y veras caer las hojas doradas de las aventuras compartidas y te inunde la nostalgia por repetirlas y saber que es imposible, pues el tiempo se ha encargado de cegarnos y poner trampas en las que ambos caímos, en las que yacemos sin movernos, inertes, azules, con sentimientos mutuos, nunca enamorados.
y te aseguro que tendrás la oportunidad de confesar lo mas profundo de tu alma, cuando ya las estrellas se este alzando nostálgicas de una buena historia de amor que contar, mas no dirás nada por qué sé yo, orgullo, manías, hipocresías absurdas, lo que sea, pero no lo dirás, solo silencio, miradas abrazos, como siempre. Pero ahí estaré yo, en la penumbra esperando a que suene el teléfono y sea tu voz la que conteste del otro lado, con el típico "aló" con notas de ternura pulcra y de nervios infundados, de ansias por decir todas las cosas ocultas en el silencio, en las lóbregas cámaras de los recuerdos, pero nunca jamás pronunciadas por miedo, por tantas cosas. Ahí estaré yo para sostener en mi hombro tus lágrimas dulces, para guardar en ánforas de oro tus risas, y para aniquilar las incertidumbres del mañana. Ahí estaré yo para decirte que te quiero sin tener que esperar nada a cambio, para abrazarte si es que me da la gana o no decir nada y decirlo todo con una mirada felina.
SOLO ENTONCES TENDRÁS EL VALOR DE MIRARME A LA CARA Y DECIR: "¡TE QUIERO!" ahí la historia tendrá un final, mientras sigue adelante con infinitos puntos suspensivos.


ESCRITO POR FRANCISCA KITTSTEINER

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