jueves, 7 de marzo de 2013

DUQUESA DE ORLEANS.


Extraño el fervor de unos besos inexpertos,
Los temblores de las caricias siniestras,
Las noches en vilo  buscando en el silencio las incoherencias
Concebidas por la fiebre de la bohemia…

Hay escases de sentimientos románticos en este corazón de piedra,
Vedado de por vida ante el amor lacerante
Que corroe a tantos sin que lo haga en sus ataduras,
Eternamente oxidadas de miedos taciturnos.

Hay hambruna de locura en mis almohadas
Que han dejado partir los matices de sus cabellos hacia el espacio,
Cuando ya mis latidos comienzan a quejarse de dolor
Por falta de cura o doctor que lo trate.

Extraño el roce sereno de las narices
Movidas por la nada a la continua proliferación juguetona,
Y las manos perdiendo sus límites
En la mezcolanza de dedos azarosos enredados porque sí.

Las conversaciones distantes transmitidas
En oníricos cánticos hacia donde estaría él: muy lejos de mí.
O las sonrisas mimetizadas con amenazas de conquista de repúblicas inventas
En la geografía de un cuerpo en letargo prematuro…

Extraño el revoloteo de gorriones en mi estómago
Al saberlo mío y próximo, inminente y apartado
Real y tan precioso, ángel y endemoniado,
El color impactante de sus ojos en la mañana.

Extraño las notas endémicas de amargura en sus lágrimas traslucidas,
Los versos inspirados en lo que él provocaba en mis entrañas,
Cuando cruza un rayo eléctrico por mi piel al despedirse,
Y el vaivén de nostalgia que aparece hasta volverlo a ver.

Llamarlo cuando el colapso empieza a cobrar víctimas.
Y es necesario escuchar el soporte centinela de quien guía mis pasos,
El susurro erotizado al pronunciar  mi nombre con el saludo matutino
Y las caminatas sordomudas desde el trabajo al taxi.

Extraño la recopilación de mis reencarnaciones pasadas
Y todo el encanto que acumulé al vivirlas.
La inocencia de la infancia primera, esa juventud
Que me arrebataron al nacer.

Esas respiraciones que la angustia me hizo perder,
Las inacabables noches  de vigilia penumbrosa,
Al extrañar su presencia gallarda,
En mí costado desprotegido…

Hoy soy solo una doncella sin galán ni escolta. 




ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER. 
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