jueves, 18 de julio de 2013

LLUEVE



Llueve y yo aquí pensando en él,
Llueve, tengo sueño y el frío juega al escondite entre mis dedos,
Llueve y en un bostezo he pronunciado su nombre otra vez,
Llueve y se remueven de su tumba mis miedos.

Llueve y el continuo caer de gotas hacen que de mi fluya sangre.
Ese dolor añejo con gusto a vino dulce se amalgama en mi boca,
Y mis entrañas se amotinan poniendo en el pecho, barreras de estambre,
Mientras, para callar mi cabeza, sirvo otra copa.

Otra copa que sigue lloviendo y él no está conmigo,
Invoco a un par de cigarros y algo de fuego que está larga la espera.
Quizás con quién anda que no llega mi amigo,
Quizás qué es lo que lo tiene entretenido afuera.

Llueve y nada más llueve y yo hecho raíces en este asiento roído
Y de a poco aparecen las hojas que cuelgan de mis cabellos lacios,
Cayendo frente a mí la manzana del pecado consumido,
Despertando al instante, la seguidilla de mis vicios.




Vicios triviales que comienzan con él y acaban en sus labios,
Con deseos fulgurosos del éxtasis sediento de lasciva locura,
Instintos asesinos desatados porque los demonios son sabios,
Contando que el sexo, oscuridad procura.

Llueve con olor a caramelo aglutinado de fantasías,
Depositándome suave sobre un cochón y trayéndome de vuelta,
Sacándome de encima las hojas, rociándome con supremas ambrosias,
Rodeada por relojes que me gritan y marcan la cuenta.

Cuenta del tiempo transcurrido y yo sin compañía.
Se me acaban los cigarros, mientras el día sigue condenado
Y sorbo licor de la copa ya medio vacía,
Rezando al cielo para que conceda un milagro improvisado.

Llueve y ya es tarde, estoy cansada y no ha llegado,
Lo maldigo hasta el cansancio por las fuerzas invertidas
Al quererlo tanto como ahora inconscientemente lo hago,
Pero por el orgullo que me queda, juro mientras cierro esta partida
Que no habrá excusa que valga a menos que esté muerto y enterrado.

Llueve y me fui caminando por las calles ese día,
Con la nariz roja por respirar aire congelado,
Mirando en todas partes nada más que porquería,

Hasta que me toma del brazo y se pone a caminar a mi lado.

Llueve y solo había llegado tarde.


Rancagua, 5 Mayo de 2010



ESCRITO POR: FRANCISCA KITTSTEINER
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